Mujeres y luchas ambientales

En la región latinoamericana se desarrolla con fuerza un modelo extractivo de los recursos naturales en un contexto que la socióloga Maristella Svampa llama consenso de los commodities. Se trata de un modelo basado en la exportación de bienes primarios a gran escala, desde el punto de vista de la lógica de acumulación.

Este proceso lleva a profundizar una dinámica de desposesión o despojo de tierras, recursos y territorios, al tiempo que genera nuevas formas de dependencia y dominación, como lo describe el geógrafo británico David Harvey. Durante estos procesos de despojo y avance del modelo productivista, muchos fueron los casos de mujeres promotoras de asambleas y puebladas contra el saqueo y la contaminación de la tierra.

Protagonismo femenino

A partir de este contexto, observamos el fenómeno emergente del protagonismo de las mujeres y sus organizaciones en las luchas por la defensa del territorio que recorren todo el continente. Existe una relación entre el feminismo, el socialismo y el cuestionamiento del modelo de “progreso” que impera en el mundo. Las mujeres a lo largo de la historia han participado de los procesos revolucionarios. Donde hubo transformación social ahí estaban las mujeres, pero la invisibilización de sus luchas es una de las consecuencias del sistema patriarcal.

En el siglo XXI resulta necesario destacar el fuerte protagonismo que ocupan las mujeres en los movimientos sociales y políticos. La psicóloga social Roxana Longo lo expresa así: “No solamente han mostrado una imagen pública que la cultura patriarcal les había cancelado, sino que además se han conformado como un sujeto social protagonista”. La participación de mujeres se destaca y presenta nuevos desafíos sociales, políticos y culturales al calor de las luchas emancipatorias: “Las mujeres han sido protagonistas en los movimientos de trabajadores desocupados, en las asambleas barriales y en las numerosas recuperaciones de fábricas que acontecieron en los últimos años, así como también en los partidos de trabajadorxs.”

Las corrientes que trataban estos temas por los años ’60 se identificaban con el ecofeminismo surgido en Europa, pero encontró su referencia en movimientos de mujeres defensoras de la naturaleza en la India. Otra expresión que relaciona a las mujeres con la naturaleza es el feminismo comunitario que se ubica dentro de la corriente del feminismo postcolonial, que vincula la lucha por el territorio y el “territorio” cuerpo. En ciertos casos proclaman el feminismo y las cosmovisiones indígenas: los derechos como mujeres y los derechos como pueblos originarios y la lucha por la emancipación.

Las mujeres latinoamericanas que defienden el territorio y los bienes comunes naturales no se autoproclaman explícitamente ecofeministas, aunque sus reclamos son por la soberanía alimentaria, contra la contaminación, el saqueo, la violencia machista y el racismo, entre otros.

La relación mujeres-naturaleza no es por una cuestión esencialista biologicista, sino por el lugar en que el capital las ha ubicado en el mercado, como improductivas al invisibilizar su trabajo, dando lugar a la superexplotación al ser fuente “inagotable”. La ecofeminista española Yayo Herrero explica esto mediante la modalidad de valorización del trabajo bajo el capitalismo. Al tratarse de un sistema que tiene a la producción ad infinitum de mercancías, pondera por sobre el resto los trabajos meramente productivos, actividades que generan plusvalor. Las mujeres, por el papel que el patriarcado les ha asignado en la división sexual del trabajo, han quedado “relegadas” a trabajos de “mera reproducción de la vida”. Y aunque juegan un rol esencial para el pleno funcionamiento del cuerpo social son invisibilizadas y más explotadas.

Al tiempo que naturaliza la dominación que se ejerce sobre nosotras, invisibilizando también las responsabilidades de los actores sociales y las instituciones involucradas, este sistema rechaza e intenta destruir y/o controlar la diversidad, la biodiversidad, lo diferente, todo aquello que escapa del modelo de referencia: el varón blanco heterosexual, el monocultivo, el modelo de “desarrollo”.

Luchadoras por naturaleza

En su libro La praxis del ecofeminismo, la filósofa hindú Vandana Shiva y la socióloga alemana María Mies explican que la base de la relación de las mujeres con la naturaleza se encuentra en la diversidad. Por eso las mujeres somos consideradas como lo otro, lo diferente, el segundo sexo. Si el hombre es la referencia, la mujer y las demás identidades somos lo diferente.

Esta incapacidad de aceptar lo diverso y que tiene su base tanto en el patriarcado como en el modelo de desarrollo capitalista avasalla con la diversidad en el mundo biológico. Así, Shiva expresa que el patriarcado no admite la diversidad sino la jerarquía. Por ende la mujer, al ser diferente, es inferior. Tampoco considera como un valor la diversidad en la naturaleza en sí misma, sino sólo cuando ésta le suministra un valor comercial para su explotación.

  • Entre numerosos ejemplos de mujeres que defienden el ambiente y el territorio podemos mencionar a la propia Shiva, opositora a los alimentos modificados genéticamente, los modelos productivos agroexportadores y el uso intensivo de agrotóxicos.
  • Berta Cáceres fue una gran luchadora, miembro de la comunidad originaria lenca en Honduras, que impidió la instalación de una represa en el río Gualcarque, lo que le costó la vida. El asesinato de esa mujer indígena y defensora de la naturaleza y el territorio fue un femicidio desde el Estado: la máxima expresión de la violencia del capitalismo extractivista y patriarcal.

En la Argentina, el extractivismo nos afecta a las mujeres directamente. Por un lado, por amenazar nuestra soberanía alimentaria al atentar contra nuestros territorios y contaminar agua y suelo. Por otro lado, ante un Estado que instaló con fuerza este modelo de “progreso”, la oferta de trabajo hacia las mujeres es casi nula, es decir que se reproduce la lógica de división sexual del trabajo. Nos sigue colocando a las mujeres en relación de dependencia respecto del varón. No obstante, somos las mujeres las que encabezamos las luchas por el territorio, con un lenguaje de valoración opuesto al del productivismo.

  • Entre las impulsoras de la lucha contra el extractivismo están las Madres de Barrio Ituzaingó, Córdoba, que se paran contra las fumigaciones con agrotóxicos, y las de Malvinas Argentinas, que se enfrentan a topadoras contra la instalación de la planta de Monsanto.
  • En la Patagonia, la lucha contra el fracking contaminante de las corporaciones petroleras y por la recuperación y defensa de los territorios mapuches a menudo encuentra a las mujeres a la cabeza.
  • En Chilecito, La Rioja, las mujeres está al frente de las movilizaciones junto a las asambleas y los partidos de izquierda como el MST en la defensa del Famatina, lo que hizo retroceder emprendimientos mineros.
  • En San Juan, quienes impulsaron la lucha contra la megaminería fueron las madres de Jáchal allá por el 2002. En los cortes de ruta en Veladero en 2015 y 2016 también fueron mujeres las principales víctimas de la represión de las fuerzas de seguridad.
  • Así como ayer fueron las primeras en enfrentar la megaminería en Andalgalá o las pasteras en Gualeguaychú, en muchos barrios del conurbano bonaerense son las mujeres las que vienen impulsando los reclamos contra la contaminación o las inundaciones.

La conjugación del capitalismo, el heteropatriarcado y el colonialismo opera en las mujeres y se sustenta en la explotación del trabajo y la acumulación de los mercados capitalistas sin considerar lo socialmente necesario para la humanidad y en convivencia con la naturaleza.

Desde el MST, Juntas y a la Izquierda y la Red Ecosocialista entendemos que no será posible construir una forma de vida diferente, donde seamos socialmente iguales y podamos convivir armoniosamente con la diversidad de especies, si no se combate y derrota el capitalismo heteropatriarcal y extractivista. Por eso damos pelea en cada frente de lucha, construyendo una herramienta revolucionaria que batalle en todas las estructuras donde opera el capital.

La realidad es que las mujeres seguimos en desventaja en relación a los varones y las consecuencias que genera este sistema impactan sobre nosotras y la tierra. La defensa del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, nuestro primer territorio, así como la defensa del territorio y los bienes comunes, constituyen una piedra angular en la lucha contra el sistema capitalista.

Como bien se dijo en el XIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Perú en 2014: “El patriarcado le hace a nuestros cuerpos lo que las economías extractivistas y capitalistas le hacen a nuestros territorios”.

Marcela Rodríguez Ruarte

(MST – San Juan)

Bibliografía:

Guillamón, Álex, y Ruiz, Clara; Feminismos y lucha por el territorio en América Latina, 2015. En www.revistapueblos.org/?p=18848

Harvey, D; El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión, 2004.

Herrero, Yayo; Propuestas del ecologismo social antes la crisis global, 2014, II Foro Ciudadano, Monovar, España.

Longo, Roxana; El protagonismo de las mujeres en los movimientos sociales, 2007, pág. 136.

Longo, R.; Hacia una pedagogía feminista, 2007. Pañuelos en Rebeldía. Colección Cuadernos de Educación Popular. Ed. El Colectivo. Buenos Aires.

Shiva, V., y Mies, M.; La praxis del ecofeminismo: biotecnología, consumo y reproducción, 1998, Ed. Icaria, Barcelona.

Svampa, Maristella; Debate sobre megaminería, extractivismo y patriarcado, 24/6/13. En www.agenciacta.org/spip.php?article8934

Svampa, M.; Consenso de los commodities, giro ecoterritorial y pensamiento crítico en América Latina, 2012, en OSAL (Buenos Aires: CLACSO), Año XIII, N°32, noviembre.