Irán: de la rebelión popular reprimida a las amenazas de EE. UU.
El alzamiento de 2025-26 retoma y profundiza la huella de los anteriores y expresa la decadencia del régimen fundamentalista islámico. Las masas ganaron las calles por derechos sociales y democráticos desafiando la represión. Aún es aventurado hacer un balance cerrado y trazar una perspectiva certera del proceso. La solidaridad con la lucha del pueblo iraní debe acompañarse del rechazo a la injerencia de Israel, EE. UU., otros imperialismos y los restos de la dinastía Pahlaví. La única vía progresiva es la autoorganización de los trabajadores en el camino de un Irán socialista y de la Revolución Socialista en Medio Oriente.
Por Rubén Tzanoff
De la huelga en el Gran Bazar al levantamiento nacional
El 28 de diciembre los comerciantes del Gran Bazar de Teherán demandaron huelga al grito de “Cierren, cierren”, ahogados por la drástica caída del rial frente al dólar y la hiperinflación. Esta acción marcó el inicio de una nueva oleada de manifestaciones masivas, enfrentamientos callejeros, bloqueos viales, quemas de vehículos policiales y acciones sobre sedes de las fuerzas de seguridad.
Durante más de un mes las acciones cruzaron transversalmente a la sociedad iraní, protagonizadas por estudiantes universitarios, trabajadores petroleros, mineros, sanitarios, jubilados y otros sectores populares, de los cuales surgieron llamados a la coordinación y a la autoorganización en barrios y fábricas de distintas regiones. Se extendieron como un reguero de pólvora desde la capital a localidades urbanas y rurales de todo el país, levantando consignas económicas como “pan, trabajo, salario digno” o “no a la carestía”, que rápidamente derivaron en consignas políticas como “Abajo la dictadura clerical”.
Las redes sociales fueron un canal clave para la difusión de las convocatorias y la denuncia de la represión, pero a partir del 8 de enero el flujo de comunicación fue interrumpido por el Estado con el apagón de internet y una severa censura para intentar esconder la interpelación frontal al poder.

La respuesta represiva fue brutal
La represión a las protestas fue ejecutada con fuego letal y sin contemplaciones por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés), la Organización para la Movilización de los Oprimidos (Basij), su milicia paramilitar subordinada, y la policía. El accionar criminal hizo que se multiplicaran por cualquier vía accesible las denuncias de ejecuciones, desapariciones, torturas y detenciones masivas. Una de las arbitrariedades más difundidas fue la condena a muerte del joven Erfan Soltani por su participación en las protestas de enero, que posteriormente fue cancelada con su liberación bajo fianza.

La cantidad de asesinatos es horrorosa
Las autoridades justificaron la represión alegando “terrorismo”, la acción de “agentes extranjeros” y que, si caía el Líder Supremo, volvería la monarquía proimperialista, y así desataron una matanza de su propio pueblo. El presidente Masoud Pezeshkian y otras fuentes del régimen reconocieron la existencia de 3.117 muertos entre civiles, “terroristas” y fuerzas de seguridad. Los datos oficiales son poco creíbles porque siempre están manipulados. Distintas ONG de derechos humanos denuncian cifras que van desde 6.200 a 30.000 muertos y otros miles de detenidos. Aunque las cantidades oscilan entre márgenes muy amplios que tal vez jamás sean confirmados, aun las más bajas son horrorosas porque se trata mayoritariamente de personas a las que los efectivos de seguridad asesinaron por el “simple” hecho de protestar para sobrevivir en libertad.

Resquebrajamiento profundo, futuro incierto
Los acontecimientos evidencian que la relación del régimen con amplios sectores del pueblo trabajador está más resquebrajada que nunca y difícilmente tenga retorno, por los padecimientos sociales, la brutal represión y los mártires que provocó. A pesar que a partir del 10 de enero, después de la manifestación oficialista en la plaza Azadí, las autoridades afirmaron tener la situación “bajo control”, las protestas continuaron, pero con menor participación y visibilidad. Habrá que ver cómo evolucionan en un futuro inmediato que se vislumbra incierto.
Alzamiento de 2022, una referencia que viene al caso
En la última década el régimen de los ayatolás atravesó distintas oleadas de protestas, como en 2017-18 por el alza de precios y en 2019 por el combustible, pero vale recordar las características del último alzamiento. Estalló en Teherán el 16 de septiembre de 2022 por el asesinato de Mahsa Amini bajo custodia de la “policía moral”, contó con una enorme participación popular, juvenil y de mujeres reclamando por sus derechos, libertades democráticas, contra la violencia estatal y el sistema teocrático. La utilidad de citar aquel gran alzamiento radica en poder dimensionar con mayor precisión los alcances del actual, ya que, aunque existen algunas semejanzas -como la rápida difusión por redes pese a la censura, la participación popular y la represión-, también se destacan rasgos distintos.
Rebeliones heroicas con debilidades repetidas
En el alzamiento de 2025-26 hubo una mayor confluencia de trabajadores, jóvenes, mujeres y capas medias empobrecidas, reflejando un profundo resquebrajamiento del tejido social. El proceso adquirió rasgos de semi insurrección que cuestionó al régimen como nunca, lo puso en jaque, lo debilitó y expuso su descomposición. No alcanzó para derrotar a los fundamentalistas islámicos e instaurar una institucionalidad distinta porque, como en otras gestas, también aparecieron debilidades. El proceso exhibió la voluntad de lucha y la valentía de las masas, pero la clase trabajadora y los organismos de poder dual no fueron factores cualitativos, ni hubo una dirección revolucionaria y socialista que condujera la gesta hacia el triunfo y un cambio cualitativo.
Irán y Medio Oriente en escalada permanente
Es un hecho que la tensión continúa agravando la situación regional. Israel sigue matando en Gaza, somete a Cisjordania y ataca al Líbano; Siria, con Turquía y Rusia, acorrala a los kurdos. Netanyahu y Trump utilizan el chantaje militar para amenazar a Irán, que a su vez responde con sus propias acciones de advertencia, mientras que Hizbulah y los hutíes afirman que lo defenderán en caso de un ataque estadounidense. Y, como telón de fondo, continúa la crisis capitalista que desde 2008 profundiza el sufrimiento de las masas, causa pobreza y, con sus particularidades, es un factor presente en los recientes levantamientos en Marruecos e Irán.

Se abren varios interrogantes
En Irán y Medio Oriente intervienen poderosos intereses contrapuestos y una realidad compleja que abre interrogantes: ¿hasta qué punto el andamiaje teocrático tiene condiciones de sobreponerse? ¿Ha cerrado el actual episodio de protestas masivas o se mantiene latente a corto o mediano plazo? ¿Cómo seguirán actuando sobre el pueblo las carencias económicas y democráticas? ¿Cómo influirán las amenazas y presiones de EE. UU. e Israel? ¿Cómo actuarán los principales socios de Irán, Rusia -a quien abastece de arsenal para la invasión en Ucrania- y China -a quien abastece de petróleo barato y ayuda para desafiar el control naval estadounidense en el Índico-?
Solidaridad con el pueblo iraní
La certeza para los revolucionarios es que hay que seguir apoyando al pueblo iraní y sus reclamos sociales y democráticos que van desde exigir la libertad de los presos por luchar hasta el castigo a los represores, y se concentran en un objetivo: la derrota del régimen fundamentalista islámico, reaccionario y represor. No se puede depositar ninguna expectativa consecuentemente “antiimperialista” en la política de su líder supremo, Alí Jamenei, que pasa de las acciones militares de advertencia, como el ejercicio naval en el estrecho de Ormuz, a los llamados a Trump para llegar a un acuerdo que le permita mantenerse en el poder o desarrollar su programa nuclear. La represión al pueblo iraní también dinamita el apoyo popular necesario para enfrentar al imperialismo y al sionismo con más fuerza. Ante cada crisis del régimen fundamentalista cobra cierta visibilidad el heredero del último sha, Reza Ciro Pahlaví, quien se postula para regresar y encabezar una “transición democrática” desde el poder. Aunque su incidencia es marginal, es necesario repudiarlo porque levanta una política tan proimperialista y contrarrevolucionaria como la de su padre.
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No a la injerencia de EE. UU. ni de otras potencias imperialistas
A la par, es indispensable rechazar cualquier nuevo ataque estadounidense a Irán, cuestión que no se puede descartar vistas las amenazas, el despliegue militar en el Golfo Pérsico y la reciente agresión a Venezuela que Netanyahu pide repetir con Teherán. Trump quiere reconfigurar Medio Oriente al servicio de los intereses imperialistas y de su gendarme sionista. En ese afán es capaz de apelar tanto a la guerra como a los acuerdos tramposos de dominación como el de Palestina. El llamado a la más amplia unidad de acción en la movilización para frenarlo es una necesidad urgente. Ni Rusia, ni China, ni la Unión Europea, ni los traidores gobiernos árabes que se ubican en una u otra órbita de las grandes potencias representan salidas para los pueblos. Los viejos y los nuevos imperialismos y sus satélites se manejan en base a sus intereses geopolíticos y de rapiña, no a las necesidades y derechos insatisfechos de los pueblos; por eso no tienen nada de progresivo, como falsamente defienden los campistas.
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La revolución socialista es la única salida estratégica
La salida positiva para Irán, Palestina y Medio Oriente no surgirá de ninguna variante del fundamentalismo ni de los viejos y nuevos imperialismos en disputa por la hegemonía, sino de la organización independiente de trabajadores, mujeres y juventud para derrotar al régimen de los ayatolás y lograr un gobierno de los trabajadores con sus propios organismos de autoorganización. Sólo construyendo partidos socialistas revolucionarios y avanzando en el reagrupamiento internacional de los revolucionarios podrá abrirse camino la Revolución Socialista en Medio Oriente como salida estratégica. Son tareas que la LIS impulsa cotidianamente en todo el mundo.
