afganistán – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Sat, 18 Sep 2021 22:51:14 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png afganistán – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Afganistán, “el cementerio de imperios” https://mst.org.ar/2021/08/28/afganistan-el-cementerio-de-imperios/ Sat, 28 Aug 2021 21:22:15 +0000 https://mst.org.ar/?p=30132 Le dicen así porque los afganos primero derrotaron a los británicos, luego a la invasión rusa y ahora se fueron los yanquis. En los dos primeros casos, al poco tiempo los invasores vieron caer sus imperios. Los yanquis salieron golpeados. Apostamos a que no pasarán muchos años antes de que este pueblo termine con la barbarie que pretenden imponer los talibanes.

Escribe: Gustavo Giménez

Afganistán está en Asia Central, sin salida al mar y gran parte de su territorio es montañoso. Enclavado en medio de la llamada “nueva ruta de la seda”, limita al sur y sureste con Pakistán, al oeste con Irán, al norte con las ex repúblicas soviéticas de Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán, y al este, por un estrecho corredor, con China. Con unos 40 millones de habitantes de distintas etnias, que en su mayoría viven en el campo, es uno de los países más pobres del mundo, aunque con grandes riquezas minerales bajo su suelo.

Tres veces intentó el imperio británico, que en el siglo XIX disputaba esa región con el imperio ruso, dominar al país y fracasó. En 1842 su ejército fue masacrado por tribus con escaso armamento en la batalla de Gandamak. Y en 1919, al fin de la 1ª Guerra Mundial, el emir Amanulá Khan les volvió a ganar y declaró la independencia.

Caída de la monarquía, revolución e invasión de la URSS

En 1973, una violenta explosión social, detonada por el hambre y la miseria que sufría la población, derrocó al reinado de Zaher Shah que duró 40 años. Se instauró una república presidida por el príncipe Daud, primo del rey, apoyado por la URSS y el PDP (partido nacionalista afgano prosoviético).

El proceso político se radicalizó y en abril de 1978 hubo un levantamiento dirigido por el PDP y una fracción militar. La llamada Revolución de Saur desaloja a Daud y sube al poder el PDP. Nur Mohammad Taraki asume como presidente del Consejo Revolucionario y lanza medidas progresistas, como la reforma agraria y la eliminación de la usura. Esto puso a los nobles terratenientes y los mujahidines (islámicos) en contra del gobierno.

Una ola revolucionaria con epicentro en Irán, que derrocó al régimen proyanqui del sha Reza Pahlevi, recorría esta región. Habitan allí muchos pueblos de culto musulmán, con vínculos hacia las repúblicas del sur de la ex URSS. En 1979, un nuevo golpe desplazó a Taraki y llevó al primer ministro Hafizullah Amin a la presidencia.

Los agentes soviéticos y el Consejo Revolucionario destituyeron y asesinaron a Amin. Así comenzó la invasión del ejército ruso a Afganistán, país en donde ya tenían más de mil asesores militares y un gran peso en sectores de la oficialidad.

La invasión de la burocracia rusa no tenía la intención de salvaguardar la revolución afgana ni impedir una supuesta invasión externa. Su objetivo real era “intervenir a toda costa para colocar una muralla que apuntalara el sistema capitalista afgano y el régimen del PDP, y que impidiera la extensión de la onda expansiva hacia la URSS”(1).

La ocupación del ejército ruso en Afganistán, durante 9 años, no apuntaló ninguna revolución socialista. Todo lo contrario: provocó un levantamiento que terminó derrotándola. La violación del principio de autodeterminación de los pueblos dio una excusa perfecta al imperialismo para alentar la invasión de Irak a Irán y bloquear económica y políticamente a la URSS. Le permitió al gobierno pakistaní y a la CIA armar a las guerrillas talibanas, entre ellas la dirigida por Bin Laden, que luego del retiro de las tropas rusas terminaron por derrotar al régimen prosoviético.

El desarrollo de las guerrillas manipuladas por la CIA podía haberse anulado si las masas afganas hubieran tenido respuesta a sus reclamos históricos, “pero el ejército de ocupación hizo lo opuesto: mantuvo y reforzó las atrasadas formas de explotación capitalistas, se apoyó en las vacías castas tribales-feudales-religiosas, y se negó a realizar ninguna transformación que condujera a un estado obrero”(2).

El gobierno talibán (1996-2001)

Los rusos retiraron sus tropas de Afganistán en 1989, aunque siguieron apoyando al gobierno militarmente hasta 1992. Sin este apoyo, el gobierno colapsó y se produjo una guerra civil que duró hasta 1996, culminando con el triunfo talibán.

Los talibanes en el gobierno, dirigidos por el mullah (clérigo) Omar, impusieron la sharia (ley islámica). Censuraron el cine, el teatro y la televisión. Prohibieron la escolarización de las niñas e impusieron el burka a las mujeres, que no podían trabajar y sólo podían salir de sus casas acompañadas por un hombre de la familia. Como castigo se impusieron lapidaciones en caso de adulterio, cortar las manos de los ladrones y se hicieron frecuentes ejecuciones públicas, todo ello producto de su interpretación fanática del islamismo. También se cometieron varias masacres contra minorías étnicas, religiosas y lingüísticas del país, en especial contra los chiítas y la población hazara, distintos a la rama sunnita que sostienen los talibanes.

La caída de las Torres Gemelas y la invasión de la OTAN

El 11 de setiembre de 2001 se producen los atentados de Al Qaeda a las Torres Gemelas de Nueva York y a la sede del Pentágono. El presidente yanqui, George Bush, le exige al gobierno afgano la entrega de Bin Laden y ante su negativa invade el país. El gobierno talibán huye al exilio. Bin Laden se refugia en Pakistán. El paso siguiente de la ofensiva imperialista fue la invasión de Irak, para deponer al gobierno de su ex aliado Sadam Hussein, con la excusa de que el mandatario iraquí tenía “armas de destrucción masiva”, nunca encontradas.

Durante los 20 años de ocupación imperialista, los EE.UU. llegaron a tener hasta 100.000 hombres en Afganistán y un gasto de 978.000 millones de dólares. La coalición original, la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), se disolvió en 2014. El pantano de Afganistán llevó al presidente Barack Obama a reforzar la presencia militar, contra lo que fueron sus primeras promesas e intenciones. Luego empezó un retiro paulatino de las tropas, dejando un fuerte destacamento en la capital, Kabul, para proteger al gobierno proyanqui, los barrios de clase alta y realizar operaciones encubiertas. Al mismo tiempo, adiestró un ejército local afgano que decía contar con 300.000 efectivos y sofisticado arsenal estadounidense.

Los talibanes nunca fueron derrotados del todo. Se refugiaron en distintas partes del territorio y siempre contaron con el apoyo de Pakistán. Trump tomó la iniciativa de negociar con ellos la retirada de las tropas yanquis y acordó, sin la participación del gobierno títere de Ashraf Ghani, la liberación de 5.000 talibanes presos. Biden continuó el plan trazado por Trump, con la convicción de que el ejército gubernamental podía detener el avance talibán.

Se equivocó: el régimen afgano, títere del imperialismo, se derritió rápidamente. Las tropas entregaron sus armas sin luchar en gran parte de los casos. Una guerrilla talibana mal armada, de unos 75.000 hombres de distintas procedencias, pudo en pocos días controlar el país. La falta de una dirección revolucionaria que interviniera en la lucha contra la ocupación norteamericana permitió que un gran logro, la derrota del principal imperialismo del planeta, trajera una nueva pesadilla para las mujeres y el pueblo afgano: la vuelta del horror talibán.

Distintas potencias como Rusia o China (que tiene fuerte injerencia económica en Afganistán) negocian con el nuevo dueño del poder afgano. La situación regional y mundial ha cambiado en estos 20 años. Los pueblos del mundo y la región vienen de protagonizar rebeliones y dar enormes luchas en la pre-pandemia y grandes contingentes empiezan a reaccionar. Este marco permite prever como perspectiva probable que el pueblo afgano, sus mujeres y sus trabajadores, van a dar batalla por sus derechos y contra el reaccionario régimen teocrático que los talibanes pretenden imponer. La solidaridad socialista e internacionalista será de gran ayuda en ese sentido.

 

1, Afganistán, una invasión que empezó mal y terminó peor, Carmen Carrasco, en Correo Internacional N° 39, marzo 1989.
2. Ídem.

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Declaración de la LIS sobre Afganistán https://mst.org.ar/2021/08/28/declaracion-de-la-lis-sobre-afganistan/ Sat, 28 Aug 2021 13:58:21 +0000 https://mst.org.ar/?p=30107 Contra la barbarie talibán y el imperialismo, solidaridad con el pueblo trabajador y las mujeres de Afganistán

19/8/2021

Después de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de Bush y sus cómplices internacionales invadieron Afganistán y comenzaron la «guerra contra el terrorismo». Supuestamente, el objetivo era eliminar a las organizaciones islamistas radicales como los talibanes y Al Qaeda en países como Afganistán e Irak y llevarles la supuesta democracia y libertades derrocando a dictadores como Saddam Hussein. Sin embargo, la experiencia de Afganistán muestra claramente que nada más que mentiras e hipocresía deben buscarse detrás de las elegantes palabras del imperialismo.

Al final de la guerra de 20 años, que se ha cobrado innumerables vidas, el destino del país de 38 millones quedó en manos del régimen ultrarreaccionario de los talibanes. Mientras éstos capturaban Kabul, los colaboradores locales de los imperialistas, como Ashraf Ghani, y los señores de la guerra como Rashid Dostum y Ata Muhammed Nur, huían del país sin mirar atrás, decenas de millones de las peores pesadillas se han convertido en realidad.

Después de la revolución Saur de 1978, la CIA comenzó a formar militantes islamistas en la región, política que se profundizó tras la invasión de la URSS el año siguiente. Estos fanáticos religiosos fueron entrenados, equipados y financiados por Estados Unidos y sus socios. Años después, estos fanáticos organizarían un baño de sangre sectario en los países musulmanes. Estas fuerzas oscuras también se utilizan como excusas para perpetrar intervenciones imperialistas. Sin embargo, ya estaba claro que para Estados Unidos y sus socios el peso de la guerra en Afganistán había perdido sentido. Los imperialistas, que han convertido el país en un infierno durante 20 años con el pretexto del terrorismo islámico, ahora encontraron la solución en la reconciliación con los talibanes.

El año pasado, el gobierno estadounidense firmó el «Acuerdo para llevar la paz a Afganistán» con los talibanes, con la mediación de Qatar. El gobierno de Biden, que se mantuvo fiel a este acuerdo, intentó tranquilizar al público con que los talibanes, que tienen un grupo de 75.000 combatientes, no tenían ninguna posibilidad de triunfar contra el ejército afgano de 300.000 soldados, equipado con el apoyo del imperialismo.

Sin embargo, hemos visto claramente cómo el ejército afgano se derrumbó tras la decisión de Estados Unidos de retirarse y cómo los ricos huyeron con el botín de guerra. En este sentido, debemos subrayar que Estados Unidos y sus socios imperialistas internacionales se estaban ahogando en el pantano afgano. Esto también muestra cuánto Estados Unidos, que ha asumido el liderazgo del imperialismo desde la Segunda Guerra Mundial, ha perdido su impulso y no logra producir alternativas.

Sin embargo, Estados Unidos y sus aliados están tratando de moldear sus fracasos de una manera que traerá nuevos enfrentamientos imperialistas y nuevas ecuaciones a la agenda. Diversas potencias imperialistas, tanto globales como regionales, incluidos los países vecinos de Afganistán, intervienen en la evolución de la situación en Afganistán.

China, Rusia y otros ven una oportunidad para afianzar su posición en base a la relación que mantienen hace tiempo con los talibanes, mientras Estados Unidos busca reubicarse tras su derrota y establecer alguna relación con el nuevo régimen. Figuras autoritarias islamistas como Erdogan, por otro lado, declaran a los talibanes casi como hermanos. En la medida en que los talibanes cumplan con los planes imperialistas, la opresión de las mujeres, los niños y todo aquel que no obedezca, no representarán un problema para el llamado «mundo democrático». Además de esto, la cuestión de quién compartirá el negocio del tráfico de drogas que se extiende desde Afganistán al mundo también está en la agenda de Estados Unidos.

Los que no quieren aceptar un futuro en Afganistán con los talibanes son mayoría, especialmente las mujeres, que ya han comenzado a alzar la voz contra ellos.

Los videos que muestran personas intentando huir del país agarrándose al ala de un avión han demostrado una vez más lo urgente que es la construcción de una vanguardia revolucionaria. La existencia de un sujeto revolucionario que pudiera postularse y dirigir la lucha contra la barbarie talibán en un contexto en el que el orden burgués se había derrumbado y los políticos burgueses buscaban hacia dónde escapar, habría cambiado por completo las ecuaciones no solo en Afganistán sino también en toda la región. La historia está llena de oportunidades y de derrotas. Si hubiera una organización revolucionaria que organizara la resistencia contra los talibanes en Afganistán hoy, podría crecer rápidamente y convertirse en la vanguardia del pueblo. Desde la LIS, somos conscientes de que tenemos la responsabilidad histórica de estar preparados para estas oportunidades con la vanguardia revolucionaria internacional que construimos.

El pueblo trabajador y los oprimidos de Medio Oriente también deben concluir de la experiencia de Afganistán que nunca se puede confiar en el imperialismo. La única preocupación de Estados Unidos y sus socios, que venden sus sueños de democracia, son sus intereses imperialistas. Por lo tanto, los trabajadores y los oprimidos solo pueden confiar en su propia organización y solidaridad contra la pobreza y la tiranía. La forma más concreta de hacer esto es perpetuar la revolución contra los dictadores locales, el capitalismo y el imperialismo, en base a la unidad socialista internacional. La unidad y lucha de los trabajadores es la única salida.

Desde la LIS, declaramos que nos solidarizamos con los trabajadores, las mujeres y el pueblo pobre de Afganistán y llamamos a la más amplia movilización contra la barbarie de los talibanes.

 

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Siria, Afganistán, Corea del Norte: PAREMOS A TRUMP, nuevo gendarme imperial https://mst.org.ar/2017/04/16/siria-afganistan-corea-norte-paremos-trump-gendarme-imperial/ Sun, 16 Apr 2017 14:32:05 +0000 http://mst.org.ar/?p=7990 En pocos días, EEUU ha lanzado un bombardeo sobre Siria, descargado su superbomba sobre Afganistán y enviado una poderosa flota para amenazar a Corea del Norte. Trump ha cambiado su discurso de campaña en forma radical, y aplaudido por gran parte del establishment imperialista ha retomado la intervención militar directa, como hace años no se veía.

Cuando aún no se habían apagado los ecos del bombardeo con 59 misiles Tomahawks a la base aérea siria se Shayrat, de donde habrían partido los aviones que con su carga química letal provocaron la masacre de 86 civiles en Khan Sheikhun, la ciudad opositora al régimen genocida de Al Assad; el lanzamiento y estallido de la “madre de todas la bombas” dejaba en Afganistán el saldo provisorio de más de 100 combatientes el ISIS muertos y una devastación de un kilometro y medio a la redonda.

En paralelo una flota naval de enorme poderío era despachada rumbo a Corea del Sur, desatando una grave y peligrosa crisis, ya que el gobierno coreano posee armas atómicas y promete usarlas si es agredido, mientras un ataque aéreo yanqui mataba por error a 18 combatientes aliados de la fuerza kurda que combate en la localidad de Tabqa, cerca de la capital de facto del ISIS en Raqqa. ¡El gendarme Trump se ha propuesto disciplinar al mundo a bombazo limpio!

La “madre de todas las bombas”

Así es llamada la bomba descargada en estos días sobre Afganistán con la excusa de combatir al ISIS y sus refugios en las galerías subterráneas del distrito de Achin, en la provincia de Nangarhar, al este del país. La potencia de la bomba lanzada es de 10 toneladas de explosivos. Es la bomba convencional (no nuclear) más poderosa. Destruye a todo ser vivo en un circulo de 1,6 km de diámetro y genera graves daños respiratorios unos cientos de metros más, ya que su carga de nitrato de amonio y aluminio provoca una reacción exotérmica al liberarse una gran cantidad de gases y calor. Tiene un poder destructivo similar a una pequeña bomba nuclear. Si se arrojara sobre cualquier ciudad destruiría el centro de la misma. Un arma de terror.

La bomba que fue desarrollada en el 2003 en la invasión a Irak, no fue usada en su momento, ya que estaba prevista para ser lanzada en aéreas rurales y las defensas iraquíes de aquel entonces se ubicaron cerca de las ciudades. Ahora, pese a la complicidad del actual gobierno afgano con el gendarme yanqui, se hicieron oír las voces de protesta de distintos funcionarios: “fuentes del Gobierno que han pedido permanecer en el anonimato han explicado a EL MUNDO que existe un gran descontento entre los líderes militares y políticos de Kabul ‘porque nuestro país no es un laboratorio de prueba’…” (diario El Mundo, España, 15/04/2017).

Varios analistas internacionales coinciden en que el argumento de “combatir al ISIS” es una excusa, ya que este solo contaría entre 1.000 y 1.500 combatientes en el  país, en el cual le ha costado hacer pie. El verdadero motivo habría sido mostrar una prueba del poderío militar yanqui y de la predisposición a usarlo si hiciera falta.

La amenaza de un “ataque preventivo” a Corea del Norte

El envío del portaaviones Carl Vinson con capacidad y propulsión nuclear, que transporta 6.000 militares y 90 aviones y helicópteros, equipado con un formidable armamento, dos destructores y una fragata misilística a Corea del Norte, para obligar al régimen coreano a abandonar sus pruebas de misiles y defensa atómica, es un salto en la escalada militar norteamericana: «Corea del Norte está buscando problemas. Si China decide ayudar, estaría muy bien. ¡Si no, solucionaremos el problema sin ellos!», tuiteó Trump…” (DW, Actualidad Política, 12/04/2017). Se trata de una jugada muy peligrosa ya que hay armas nucleares en los dos bandos. En respuesta el régimen de Kim Jong-un  mostró en el impresionante desfile militar para festejar el aniversario del nacimiento del fundador del régimen, Kim Il-sung, misiles ya probados de alcance medio, tanto para ser lanzados de submarinos como de lanzaderas móviles,  y declaró su decisión de responder con un contraataque de magnitud, si el país es agredido por la flota norteamericana. Corea del Norte tiene la capacidad militar de alcanzar en una primera hora de ataque, múltiples blancos en Corea del Sur y Japón.

Trump pretendía impedir un nuevo ensayo nuclear o prueba misilística de Corea del Norte que estaban anunciados para estos días, pasando de las sanciones económicas descargadas sobre el país asiático a una amenaza militar. Lo hace intentando comprometer al régimen chino, cuyo presidente Xi Jinping se entrevistó hace pocos días con Trump, en las presiones para “disuadir” al régimen coreano de las prueba nucleares. En el reciente encuentro entre los dos presidentes, si bien Trump insistió en equilibrar la balanza comercial altamente favorable a China, ubicó este tema en un segundo plano. En esa oportunidad señaló: «Le expliqué al presidente de China que tendrían un acuerdo comercial mucho mejor con Estados Unidos si solucionan el problema de Corea del Norte» (DW, Actualidad Política, 12/04/2017)

En este sentido China, que ha advertido sobre lo riesgoso de la situación planteada y pedido el retiro de la flota yanqui, hace rato que viene siendo correa de las presiones contra la independencia de Corea del Norte, al cortar sus importaciones de carbón (es el principal producto de exportación de Corea del Norte) y ahora en la crisis en desarrollo, al recortar sus vuelos a Pyongyang.

Informes periodísticos habrían hecho trascender una fuente anónima del Pentágono que señalan que el envío de la flota no tendría el propósito de un ataque militar inmediato, sino de ejercer una fuerte presión que permita negociar en mejores términos a la administración norteamericana. El reciente anuncio del lanzamiento “fallido” por parte de Corea del Norte este domingo, parece ser un primer resultado de estas presiones.

Sin embargo, y pese a que esta quizás pueda ser la primera intención, no puede minimizarse el peligro que significa la amenaza militar frente a una situación que si se sigue tensando puede colocar a la región al borde de una guerra nuclear. En todo caso se estaría negociando con el dedo en el gatillo… de los misiles nucleares…

Desde esta página los socialistas del MST no podemos sino repudiar estas acciones del gendarme yanqui, y exigir el retiro de sus fuerzas, tanto de Afganistán como de su flota de las costas coreanas. No tenemos ninguna coincidencia con la política de ese grupo fascistoide que es el ISIS y tampoco con el régimen totalitario que gobierna Corea del Norte, pero nada bueno vendrá para esos pueblos y la lucha de los pueblos del mundo, de manos de las bombas del terrorista mayor de la humanidad, el imperialismo yanqui. Estamos incondicionalmente del lado del pueblo afgano o norcoreano para, independientemente de sus gobiernos de turno, enfrentar a la “democracia imperial” de los Trumps, como combatimos codo a codo con nuestros soldados en la Guerra de Malvinas, contra la “demócrata” Margaret Thatcher.

Las razones del giro militarista de Trump

Todos los analistas coinciden que existe un cambio total en la política de “aislacionismo” y “América first” que el actual mandatario norteamericano desarrolló durante su campaña electoral y que sus primeros asesores, como el hoy desplazado Steve Bannon aconsejaban. Con el bombardeo al régimen sirio de Bashar al Assad y luego con el bombazo y el envío de la flota, EEUU habría cambiado cualitativamente su política, girando a la intervención militar directa, antes reservada a acciones en lugares marginales.

Si bien el discurso de campaña continuaba, el envío del proyecto de presupuesto por parte de la administración Trump al Congreso de EEUU, ya mostraba un incremento sideral del presupuesto dedicado a la defensa de un 10% (52.300 millones  de dólares), contrastando con la baja de todos los presupuestos de la seguridad social.

Las escusas del devenido en “líder democrático” Trump, son variadas: combatir al ISIS cuando justamente la administración norteamericana fue cómplice de su surgimiento, cuando permitió su inicial desarrollo, generosamente abastecido en armas y dinero por Turquía (miembro de la OTAN), Arabia Saudita y Qatar. O transformase en un “paladín humanitario” frente al ataque con gas sarín de Al Assad, después de haber coincidido con Putin en apoyar  al genocida con el objetivo de terminar no solo con el ISIS, sino con todas con  las facciones opositoras al asesino de Damasco, luego de que Obama dejara en manos de la ONU y de los rusos el control del armamento letal que poseía el régimen sirio.

Con Corea del Norte, al igual que hizo con Irán, el imperialismo yanqui tiene la decisión de frenar a cualquier costa el atributo soberano de ese país de dotarse del armamento necesario para su defensa, e impedir que el exclusivo club nuclear, cuya mayor potencia representa, vea cuestionada su hegemonía, necesaria para enfrentar la lucha de los pueblos por su independencia.

¿Significa este giro militar que los yanquis están más fuertes que antes, ahora con el magnate Trump a la cabeza? Tan criticado por el establishment en sus primeros pasos…  y ahora tan elogiado. ¿Se ha recuperado el imperialismo yanqui de la frustración de su invasión a Irak y el estancamiento en Afganistán?

La realidad aparece compleja. Como relatan los medios, solo unos pocos días antes de atacar a Siria, Donald Trump señalaba: “No soy y no quiero ser el presidente del mundo. Soy el presidente de los Estados Unidos, y de ahora en adelante Estados Unidos será lo primero” en un encuentro con líderes sindicales (diario La Vanguardia, Barcelona, España 14/04/2017). Lo hacía como en su campaña electoral, porque la situación interna de EEUU está lejos de ser la de la potencia floreciente que alguna vez se erigió como centro del mundo. Su discurso “primero América” tenía que ver con la necesidad de darle respuesta a un pueblo castigado por una importante caída del nivel de vida de su clase trabajadora y de su otrora prospera clase media, frente a un enorme crecimiento de la concentración de la riqueza en las  grandes multinacionales y un aumento histórico de la desigualdad social.

De allí su “guerra comercial” contra el mundo, que no es otra cosa que plantearle al resto de los países y potencias la necesidad de que una mayor cuota de la plusvalía mundial quede en EEUU. Más allá del cambio de discurso, sus “amenazas” al enemigo de los puestos de trabajo norteamericanos, el gigante chino, se han trocado en chantajes para que la burocracia china acepte equilibrar la balanza comercial deficitaria para EEUU y avance en su colaboración contrarrevolucionaria en la zona que influencia. De hecho cuando se realizó la entrevista Trump – Xi Jinping, se ejecutó el ataque norteamericano sobre Siria. Ataque que en otras circunstancias podría ser visto como un grave desaire y que ahora solo generó del mandatario chino (que es aliado de Al Assad), apenas una tímida protesta.

Otro tanto su discurso contra la inutilidad de la Otan. Ahora se convierte en “nuestra Alianza”, sin olvidar que los países miembros tienen que subir sus aportes a la alianza atlántica hasta cubrir el equivalente al 2% de sus PBI, como ya lo está haciendo Alemania. Y esta política es la que explica el destino el anterior romance contrarrevolucionario con su ex aliado Putin, al que su amigo el ex mandamás de ExxonMobil, el actual secretario de estado de Trump, Rex Tillerson, fue a conminar (por ahora sin suerte) a que trabaje con EEUU y no con su aliado Al Assad.

Lo cierto es que este resurgir de la prepotencia armada imperial, no es producto del florecimiento en el centro del imperio, sino justamente de lo contrario, de su decadencia. El imperialismo yanqui, como el resto del sistema capitalista imperialista, no se ha recuperado de la crisis del 2007. Para ello necesita extraer una cuota de plusvalía extraordinaria que la resistencia de los pueblos del mundo le está impidiendo obtener. En esa dura pelea ha visto debilitarse a aquellos aliados que le permitían frenar la lucha de los pueblos. La caída del estalinismo fue un gran golpe, ya que privo a la contrarrevolución imperialista de un gran aparato para frenar los procesos revolucionarios y lo obligó a comprometerse directamente en el enfrentamiento a todos los pueblos que cuestionaron su hegemonía.  Luego el deterioro de sus aliados en la dominación del mundo continuó. La brutal debacle de la socialdemocracia y de sus alternativas bipartidistas de la derecha liberal clásica, de sus expresiones en los países coloniales, están obligando a EEUU ha volverse a parar sobre su cañones, al servicio de enfrentar las revueltas que cuestionan el orden imperialista y disputar también una tasa mayor de la  plusvalía a sus competidores.

La escalada militar  es un reflejo de una situación mundial en el que el tradicional centro político se debilita, generando una polarización que obliga a una confrontación más directa entre el aparato imperial y los pueblos y el movimiento de masas que lo enfrenta. Podríamos decir que será cada vez más un signo de la época que nos toca vivir, caracterizada por enfrentamientos cada vez más duros entre las clases, una época de crisis, guerras y revoluciones.

Época en la cual la brutalidad imperial, ya expresada en crisis humanitarias como la que atraviesa el pueblo sirio, o en el uso de armamento prohibido hasta arribar al límite de la amenaza nuclear, va a profundizarse comprometiendo el futuro de la humanidad y en la que veremos a los trabajadores y a los pueblos pelear y enfrentarse con toda fiereza. Etapa histórica en la cual los socialistas creemos que tenemos la oportunidad de forjar la tan necesaria herramienta anti capitalista de masas, para conducir a la humanidad a un destino diferente que el que la barbarie imperialista capitalista ofrece.

Una herramienta que será necesariamente anti capitalista y que se formará en una pelea cotidiana contra todas aquellas direcciones que, o se han negado a dar la pelea hasta el final o directamente han traicionado, sean los restos (aun poderosos) del viejo aparato estalinista, las formaciones socialdemócratas en decadencia o los nuevos progresismos que se han demostrado totalmente incapaces para enfrentar al modelo capitalista y lo han sostenido con un discurso favorable a un inexistente y tramposo “capitalismo con rostro humano”.  La actual profundización de la crisis, y los enfrentamientos entre las clases y los pueblos que luchan contra el imperio, pone cotidianamente a prueba a las viejas formaciones y genera un amplio campo para los que estamos dispuestos a llevar la pelea hasta el final.

Una pelea en la cual es necesaria la más amplia unidad en la lucha de todos aquellos que están dispuestos a enfrentar la actual escalada del gendarme imperial. Para frenar su escalada militar, exigiendo el retiro de Corea del Norte, de Afganistán y todo Medio Oriente y reclamar el derecho de todos los pueblos a su independencia y autodeterminación para resolver su destino sin ninguna injerencia imperialista.

Gustavo Giménez

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