Biden – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Wed, 12 May 2021 21:42:18 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Biden – MST :: https://mst.org.ar 32 32 ¿Qué festejan de Biden? https://mst.org.ar/2021/05/12/que-festejan-de-biden/ Wed, 12 May 2021 21:42:18 +0000 https://mst.org.ar/?p=29752 En su discurso por los 100 días al frente del gobierno de Estados Unidos, Joe Biden anunció, entre otros temas, el plan de empleo «American Jobs Plan» y pidió liberar las patentes. Ante esto sectores del gobierno nacional, empezando por la propia Cristina Fernández, elogiaron sus medidas como muy «progres». ¿Es tan así? ¿Qué oculta la política de Biden para la economía yanqui y qué relación tiene con las economías y la vida de las y los trabajadores del resto de los países, en especial de América Latina?

Escribe: Cele Fierro

A los medios nacionales no les sorprendió tanto el discurso del presidente estadounidense, sino que se hicieron eco del hilo de tuits de la vicepresidenta, y luego, tras el discurso de Alberto Fernández que hizo referencia al pedido de Biden por la ley de sindicalización, lo nombró como «Juan Domingo Biden» y entonces las redes explotaron.

Por fuera de las tendencias en la red social del pajarito, es bueno hacer un par de reflexiones para quienes ahora creen que el jefe del imperialismo yanqui se transformó en «progre» y que, además, el peronismo hoy defiende las banderas de la clase trabajadora y la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. No es así.
Lo primero que no dicen es que en el país del norte el ejercicio 2020 cerró con un enorme déficit fiscal, de 3,13 billones de dólares, un 218% mayor al año anterior. Quizás asusta menos que en nuestro país, ya que allá tienen la máquina de emitir «verdes». Pero su déficit lo pagará el pueblo norteamericano y muchos otros pueblos del mundo con más ajuste, porque la economía de EE.UU. está profundamente ligada a la explotación de la clase obrera en todo el planeta.

Norteamérica succiona los dólares del resto del mundo a través de las corporaciones que explotan a las y los trabajadores en otros territorios, y envían las divisas a sus casas matrices, y también vía el cobro de las fraudulentas deudas externas y sus intereses. No hay que perder esto de vista ni por un segundo. Mientras apoyamos a los trabajadores yanquis a organizarse por sus derechos, como acá, no olvidamos nunca que los jefes del imperialismo dan a veces algunas concesiones buscando frenar el descontento que tuvo su punto más alto en la rebelión ante el asesinato de George Floyd, y tampoco olvidamos que pueden hacerlo gracias a que expolian y explotan a los pueblos y territorios de todo el mundo. Conclusión: nada que festejarle al imperialismo.

Ahora bien; cuando desde la izquierda planteamos la necesidad de liberar las patentes de las vacunas contra el COVID nos decían que son ideas utópicas. Pero cuando lo plantea Biden corren a decir «¡sí señor, eso hay que hacer!» Y vuelven a festejarlo. La pregunta nuevamente es: ¿qué festejan? El pedido de Biden al que se sumaron mandatarios de la Unión Europea y Rusia no obliga a la OMC a ponerles fin a las patentes ni se hará de forma automática. Recién en su próxima reunión, el mes que viene, pondrán el tema en discusión. Mientras siguen muriendo millones, ese pedido termina siendo un saludo a la bandera… yanqui, por supuesto.

Pero, además, ese pedido de Biden esconde que su administración ya acaparó el 30% de las vacunas a nivel mundial y que mientras se jacta de los porcentajes de su población vacunada hay decenas de países que no han visto llegar ni una sola dosis.

Sólo por referenciar la situación de nuestro país, las vacunas que se produjeron en nuestro territorio se fueron a EE.UU., mientras que acá solo el 3% de la población tiene las dos dosis y ni siquiera se ha llegado a vacunar a todo el personal esencial. Ahora el gobierno nacional festeja el posible regreso de 4 millones de dosis, de las producidas en Garín, pero omite decir que ya se llevaron más de 70 millones. Insisto: nada que festejar.

No hay un imperialismo bueno ni uno menos malo. Es nuestro mayor enemigo, es el enemigo de todos los pueblos, es el gendarme del mundo que bombardea y mantiene tropas en todo el planeta, el que nos explota y nos oprime para seguir beneficiándose y garantizando el ingreso de divisas a las corporaciones que defiende.

Por eso no le festejamos nada y rechazamos la política de la burguesía dependiente y de los sectores políticos, empezando por el macrismo, que no sólo son sumisos sino devotos del imperialismo. Y tampoco inquieta que quienes años atrás aclamaban «Braden o Perón» ahora hayan pasado al «Braden o Biden», mostrando que su antiimperia-lismo hoy es de cartón pintado. Por eso llamamos a quienes verdaderamente levantan las banderas antiimperialistas a rechazar esa política de elogios al jefe del imperio y a sumarse a una pelea consecuente contra los mandatarios de la continuidad y la profundización de las desigualdades.

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EEUU: debates en la izquierda https://mst.org.ar/2020/11/11/eeuu-debates-en-la-izquierda/ Wed, 11 Nov 2020 16:52:18 +0000 https://mst.org.ar/?p=29122 A continuación trascribimos extractos de la entrevista que Panorama Internacional le realizara a Ashley Smith, militante y escritor socialista, miembro del DSA y el Colectivo Tempest sobre las recientes elecciones y los debates que están planteados en la izquierda estadounidense.

Parte de la izquierda llamó a votar a Biden, argumentando la necesidad de derrotar el autoritarismo de Trump. ¿Qué balance haces de estos debates?

Creo que el debate de la izquierda fue esencialmente entre una posición clásica del «mal menor», que ha sido la posición dominante en la izquierda estadounidense durante 80 años, y una posición minoritaria, que yo comparto, que no se puede detener el mal votando por males menores. (…)

Y el mayor peligro ahora es que después de haber apoyado a Biden, la gente le de una luna de miel o lo defenderá cuando sea atacado por la derecha, lo que sucederá de inmediato. Y esta es una posición contraproducente, porque lo que hace es garantizar que las únicas dos opciones disponibles para la gente sean la derecha en la forma de Trump, y el Partido Republicano, y el centro neoliberal del Partido Demócrata. Y eso producirá una situación en la que es muy fácil imaginar que la izquierda no juegue un papel independiente en ninguno de los debates, eso sería una tragedia. Porque creo que en el contexto de la polarización en la que nos encontramos ahora, con algunas de las luchas episódicas que hemos visto explotar en los Estados Unidos durante los últimos años, existe la posibilidad de construir la izquierda como un polo independiente que pueda, con el tiempo, desafiar tanto a la derecha en la forma del Partido Republicano como al establishment capitalista en términos del Partido Demócrata.(…)

La izquierda tiene que salir de esta trampa del mal menor y comenzar a posicionarse como una fuerza independiente. De dos maneras, una, comenzando realmente a declarar la independencia política. Y dos, presentando candidatos con nuestra propia boleta y desafiando tanto a los Republicanos como a los Demócratas. (…) Incluso si perdemos las elecciones, comenzamos a posicionarnos como una voz independiente tanto de la derecha como del Partido Demócrata. Pero más importante que eso, necesitamos orientar y reorientar a toda la izquierda en la construcción de las luchas: Black Lives Matter, la lucha por el derecho al aborto, las luchas de la clase trabajadora. Porque ese será el único mecanismo para lograr cambios bajo la administración Biden. (…)

En tu opinión, ¿cuáles son los principales desafíos y tareas de la izquierda y del DSA? ¿Qué papel puede jugar un proyecto como Tempest ante estos desafíos?

Creo que tenemos que dar un paso atrás y pensar en dónde estamos en el capitalismo global y estadounidense. En este momento, estamos en una crisis de largo plazo, múltiples crisis que son el resultado de la forma en que opera el capitalismo a escala global y en los Estados Unidos. Es decir, tenemos una pandemia que tiene sus raíces en la internacionalización del agronegocio, tenemos una profunda crisis económica que fue desencadenada pero no causada por la pandemia. Y eso no muestra signos de disminuir, lo veremos. Estamos en medio de una recesión global, tenemos una crisis climática, tenemos una guerra internacional contra los inmigrantes, tenemos una epidemia de opresión racial y opresión de grupos minoritarios en todo el sistema mundial. Y tenemos, para la mayoría del mundo, crecientes desafíos para satisfacer nuestras necesidades básicas. (…) Y eso es lo que impulsó el ascenso de la derecha y está impulsando el ascenso de una nueva izquierda en Estados Unidos.

En muchos sentidos, creo que estamos en las primeras etapas del desarrollo de la nueva izquierda socialista en Estados Unidos. Y enfrenta grandes desafíos, pero también enormes oportunidades. El hecho de que hayan sido electas personas como Alexandria Ocasio-Cortez o la audiencia que obtuvo Sanders en sus dos candidaturas a la presidencia, es una señal de la profunda radicalización que se está desarrollando en el país. Creo que el desafío para la nueva izquierda socialista es el pensamiento de que realmente vamos a lograr cambios a través de la arena electoral. Porque creo que eso ha sido principalmente el foco durante los últimos cuatro o cinco años en la izquierda estadounidense. (…) Y creo que la mayoría de la gente en el DSA todavía piensa en eso y también ve la importancia de la lucha. Y creo que necesitamos tener un debate dentro de DSA y de toda la nueva izquierda socialista sobre una reorientación del enfoque predominante en las elecciones hacia la organización de las luchas populares. (…)

Creo que el nuevo movimiento socialista debe reorientar sus energías hacia la construcción de la organización de base en los sindicatos, la construcción en la lucha de clases, en los lugares de trabajo, va a haber huelgas contra las condiciones que están creciendo. Ya las hemos visto en medio de la pandemia, van a estallar. Y necesitamos que los socialistas se arraiguen más profundamente en esas luchas de la clase trabajadora. Y también en los movimientos sociales. Acabamos de tener el levantamiento más grande en la historia de este país, la rebelión de Black Lives Matter. Y en su mayor parte, el DSA y la izquierda socialista en general, no fueron un actor independiente en esas luchas. Y como resultado, esas luchas se desviaron del levantamiento de las vidas negras importan, hacia los votos Negros importan detrás del Partido Demócrata. Y entonces creo que subraya la importancia de estar más profundamente implantados en las luchas sociales y en la lucha de clases. (….)

Creo que tenemos que ganar una discusión dentro del DSA a favor de la política independiente, la lucha social y el posicionamiento del nuevo movimiento socialista como un polo de atracción. Que sea una alternativa tanto frente a la derecha como frente al Partido Demócrata, el centro neoliberal del sistema.

Y lo último que diré, ¿cuál es el papel de Tempest? Creo que Tempest es un proyecto modesto. Y está en sus etapas iniciales. Pero creo que ha comenzado a posicionarse como una voz crítica que evalúa la debilidad de esta estrategia electoral predominante que ha tenido el DSA en el nuevo movimiento socialista, y argumenta positivamente esta reorientación hacia la lucha de masas y la política independiente. Entonces, con suerte, Tempest y otras fuerzas dentro y fuera de DSA pueden plantear cada vez más un frente unido de fuerzas de izquierda que están a favor de esta reorientación hacia la lucha de clases y social, y la construcción de un partido independiente propio, un nuevo Partido Socialista.

Nominalmente, casi todos en el DSA están de acuerdo con ese objetivo. La pregunta es cómo y cuándo vamos a hacer eso. La mayoría de la gente en el DSA y sus alas predominantes, o ven apoderarse del Partido Demócrata como la finalidad (…), o una larga marcha a través del Partido Demócrata sumando representantes electos. Y algunas personas dicen que serán 20 ó 50 años. No tendremos una sociedad habitable en 20 ó 50 años. La ciudad de Nueva York estará bajo el agua con el cambio climático global. Así que necesitamos un argumento mucho más agresivo de la izquierda, que tenemos que empezar a sentar las bases para construir un nuevo partido propio. Eso no va a pasar por Tempest. No vendrá a través de ninguna organización o publicación en particular de la izquierda. Tiene que ser un frente de gente de izquierda discutiendo en esa dirección común, y ganando ese argumento dentro del DSA a través del debate y la discusión con paciencia y camaradería, y lo más importante, la colaboración en la lucha, donde podemos construir la confianza y dar el debate al mismo tiempo. Porque creo que estamos en un punto de inflexión, especialmente en la convención del DSA que se avecina este verano, donde necesitamos desesperadamente una reorientación de la izquierda socialista hacia la independencia y la lucha.

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EE.UU: Biden declarado ganador https://mst.org.ar/2020/11/11/ee-uu-biden-declarado-ganador/ Wed, 11 Nov 2020 13:57:43 +0000 https://mst.org.ar/?p=29113 Primer análisis y perspectivas

Escribe: Luis Meiners

Entrada la mañana del sábado 7 de noviembre, luego de tres días de recuento de votos, Biden ha sido declarado ganador de las elecciones. En una elección muy ajustada en varios estados clave para la definición en el Colegio Electoral, el triunfo del candidato del Partido Demócrata se considera irreversible a partir del triunfo en el estado de Pennsylvania. Trump continúa con sus declaraciones sobre fraude y prepara acciones legales, pero ha perdido apoyo entre algunos aliados para continuar en este camino.

Más allá de cómo se desenvuelvan los acontecimientos en las próximas semanas, la transición hasta la votación del Colegio Electoral el 14 de diciembre, y la asunción presidencial el 20 de enero, es importante realizar un primer análisis del resultado electoral y de las perspectivas políticas para lo que viene. Este artículo busca ser un primer aporte en este sentido.

El triunfo del Partido Demócrata

El Partido Demócrata logró capitalizar el rechazo a Trump. Esto lo condujo a obtener más de 74 millones de votos, unos 9 millones más de lo obtenido por Hillary Clinton en 2016, y a derrotar a Trump en el voto popular con una diferencia de alrededor de 4 millones de votos. Sin embargo, Biden no logró cosechar un triunfo contundente, y los resultados del Colegio Electoral dependieron de pequeñas diferencias a su favor en un puñado de estados clave. Al mismo tiempo, el Partido Republicano probablemente retendrá el control del Senado.
Luego del despliegue de unidad durante los últimos meses, en los que el sector «progresista» del partido se volcó con todas sus fuerzas a la campaña por Biden, el resultado electoral por detrás de las expectativas ha hecho resurgir las diferencias. El «centro» del partido ha salido rápidamente a decir que los planteos «radicales» del ala progresista alienaron a parte del electorado. De esta manera preparan el terreno para lo que vendrá bajo su gobierno.

Sería más preciso caracterizar lo sucedido como una derrota de Trump que un triunfo de Biden. Aun cuando esa derrota no haya sido contundente. No ha sido el entusiasmo generado por Biden el que ha logrado cosechar millones de votos más que en 2016. La histórica rebelión antirracista que movilizó a millones contribuyo considerablemente más a motivar a las personas para derrotar a Trump que la campaña de Biden. Esto puede verse en estados como Georgia, donde los demócratas no ganaban desde 1992, y ahora parecen estar muy cerca de lograrlo. Este estado tuvo una participación juvenil por encima de la media nacional (21% de los votantes contra 17% de los votantes). Esta franja se volcó a favor de Biden, particularmente la juventud negra de la cual el 90% votó a Biden. El 35% de los jóvenes negros de Georgia identificó al racismo como su principal preocupación a la hora de votar.

El futuro del «Trumpismo»

Los resultados electorales reflejan la polarización que ha sido uno de los elementos fundamentales del escenario político de Estados Unidos desde la crisis de 2008, y se ha acentuado durante la presidencia de Trump. Lejos de producirse una caída en la cantidad de votos de Trump, éste obtuvo alrededor de 7 millones de votos más que en 2016, pasando de casi 63 millones de votos a más de 70 millones. Con este resultado, está claro que el «trumpismo» seguirá siendo una fuerza política considerable.

Para analizar este fenómeno es importante tener en cuenta que su existencia responde a causas estructurales profundas. Trump fue el emergente por derecha de un escenario político modelado por la crisis del régimen de acumulación capitalista, su forma neoliberal, el estado imperialista y las formas de representación política que prevalecieron durante las últimas cuatro décadas. La crisis del 2008 expuso el agotamiento y la crisis del régimen bipartidista estadounidense. Un partido demócrata que fue vehículo de las reformas neoliberales, de los tratados de libre comercio internacional, perdió parte de su base electoral tradicional. La frustración de las esperanzas de cambio depositadas en Obama fue el golpe final.

Este proceso abrió la puerta para la emergencia de Trump. En 2016 desplazó a otros candidatos del establishment republicano, tanto «conservadores» como «moderados».

Durante su presidencia la crisis del Partido Republicano se ha mantenido. Una parte de los republicanos «tradicionales» ahora se alinearon detrás de Biden, mientras gran parte de los representantes electos republicanos se han disciplinado detrás de Trump bajo cálculos electorales. Parte de este partido esperaba que una derrota contundente de Trump abriría la puerta para que el establishment republicano «recupere» el partido. Sin embargo, con o sin Trump, el Partido Republicano parece consolidarse en la política del «trumpismo».

El «Trumpismo», más allá de cuan aberrante puede ser, no es una aberración sino un «síntoma mórbido» de una crisis más profunda. Continuará siendo una presencia estable y significativa en la política estadounidense hasta que las condiciones estructurales que le dieron origen sean transformadas radicalmente. Es en este sentido que hay que interpretar sus declaraciones sobre el fraude electoral. Más que lograr revertir el resultado, apuntan a consolidar su base social y darle continuidad.

Sin embargo, es importante descartar análisis unilaterales sobre la «derechización» del electorado. La realidad es más compleja y contradictoria, y esto ha tenido expresiones incluso en el terreno electoral. En el estado de Florida, por ejemplo, donde Trump obtuvo el 51% de los votos, también ganó con el 60% de los votos una iniciativa popular que lleva el salario mínimo a 15 dólares la hora. Una encuesta nacional realizada por la cadena conservadora Fox News, reveló que el 72% de los votantes están a favor de cambiar hacia un sistema de salud estatal (39% muy a favor y 33% algo a favor), que el 72% del electorado está a favor de camino hacia la ciudadanía para los inmigrantes ilegales frente a un 28% a favor de la deportación y que el 71% está a favor de sostener el fallo Roe vs. Wade que abrió las puertas para el aborto legal.

Perspectivas

Estados Unidos se enfrenta a una serie de crisis entrelazadas. El declive estructural de la hegemonía imperialista, la crisis del modelo de acumulación prevaleciente durante las últimas décadas, la crisis del régimen y los partidos políticos. Frente a este panorama los demócratas buscarán construir un gobierno de «unidad nacional». Ya se han aproximado a figuras republicanas para integrar el gabinete de Biden. Durante toda su campaña Biden hizo eje en «unir a los americanos». El programa de restauración imperialista, de recuperación de la economía capitalista y de la reconstrucción de la legitimidad del régimen político, enfrenta enormes obstáculos. Requiere, por lo tanto, de la construcción de un gobierno de «unidad nacional».

Ejecutar este programa no será una tarea sencilla. En primer lugar, porque venimos de una rebelión histórica que, a su vez, estuvo precedida por una década de radicalización con varios puntos álgidos. Esto significa que existen grandes reservas en el movimiento de masas para las peleas que vendrán. Biden no se enfrentará a un movimiento de masas derrotado y desmoralizado, sino a uno que viene de protagonizar una rebelión. Tampoco ha logrado despertar gran entusiasmo, en contraste con el triunfo de Obama 12 años atrás. Los festejos en las calles se deben más a la derrota de Trump que al triunfo de Biden. Segundo, porque la pandemia y crisis no están ni cerca de estar resueltas. Esto implica que los márgenes de maniobra del gobierno de Biden serán reducidos. Tercero, porque las condiciones que alimentan la polarización siguen intactas, por lo que la derecha seguirá siendo un actor político de la realidad y buscará obstaculizar al gobierno de Biden para postularse políticamente.

El proceso de radicalización de los últimos años ha dado origen a un crecimiento de la izquierda que se ha desarrollado junto con importantes debates en torno a cuestiones de táctica y estrategia. Llevados al terreno de la elección presidencial, estos debates se expresaron en el hecho que una parte sustancial de la izquierda socialista llamó a votar por Biden. Los argumentos de este sector giraron esencialmente en torno a la excepcionalidad de Trump como amenaza para la democracia y la posibilidad de que éste diera algún tipo de golpe para sostenerse en el poder.

Sin embargo, como hemos visto en las últimas semanas, estos análisis descansaban sobre una evaluación equivocada sobre la orientación y dinámica estructural de la clase dominante y el estado imperialista. Ninguna fracción considerable del aparato militar ni de la burguesía apoyaba una salida de este tipo. Ni siquiera contaba con el apoyo de la totalidad del Partido Republicano. El jueves la Asociación Nacional Manufacturera expresó en un comunicado su fe en el proceso democrático y en el recuento de votos y llamó a que todos los votos sean contados. La Cámara de Comercio también llamó a respetar el proceso electoral. Figuras importantes del Partido Republicano han desestimado las declaraciones de Trump.
Incluso medios como el Wall Street Jornal, y aún más, la cadena Fox, que han sido cercanos a Trump, han tenido una línea editorial enfocada en el respeto por el resultado electoral. Finalmente, a pesar de la existencia de acciones de grupos de derecha en algunos lugares de recuento de votos, no hemos visto una reacción masiva en las calles de la base de Trump.

Este debate resulta importante para la política de la izquierda frente a la presidencia de Biden. Los republicanos seguramente controlarán el Senado, y la derecha seguirá siendo una fuerza importante en las calles. Como ha sucedido otras veces en la historia, desde el Partido Demócrata se intentará disciplinar a los movimientos sociales dentro de los límites de la defensa del gobierno de Biden ante la «amenaza de la derecha». Ante este escenario, la independencia política y de clase de la izquierda socialista es más importante que nunca. La tarea de construir una alternativa política socialista frente a los dos partidos del capital, que se delimite tanto de la derecha reaccionaria del trumpismo como del gobierno de Biden, es fundamental para la dinámica que vendrá.

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