Comuna de París – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Thu, 25 Mar 2021 22:52:41 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Comuna de París – MST :: https://mst.org.ar 32 32 A 150 años, la Comuna de París todavía divide aguas https://mst.org.ar/2021/03/25/a-150-anos-la-comuna-de-paris-todavia-divide-aguas/ Thu, 25 Mar 2021 13:57:12 +0000 https://mst.org.ar/?p=29565 «¿Viva la Comuna?» Así titula The Guardian una nota sobre el 150º aniversario de la Comuna de París. El diario británico resalta que la Comuna no es reivindicada por la historia oficial francesa como la Revolución burguesa de 1789 o el Mayo de 1968. También a nivel internacional hoy la Comuna genera más división que consenso.

Escribe: Vicente Gaynor

Una pancarta de la poderosa huelga ferroviaria que sacudió Francia hace dos años señalaba: «No nos importa mayo del 68, queremos 1871». Mientras tanto, la inocua propuesta de la intendenta de París de plantar un árbol conmemorativo de los comuneros es recibida con una ola de rechazo por amplios sectores de la casta política francesa.

La iniciativa es atacada por «provocadora» y «apologista de la violencia». No es ninguna casualidad que mientras los sectores más radicalizados de la clase obrera reivindiquen a la Comuna, la alta sociedad francesa siga condenando esa experiencia revolucionaria.

Una confrontación inasimilable

La Revolución Francesa de 1789 culminó en el ascenso al poder de la burguesía moderna en el mundo. Hoy, sus contradicciones son relativizadas para hacerla simbolizar el triunfo de la democracia sobre la tiranía y el surgimiento de la civilización humanitaria. El Mayo francés también ha sido asimilado en gran medida. Sus aspectos más radicalizados, y la gigantesca huelga general que puso en jaque al gobierno de De Gaulle, se esconden o minimizan para presentar a ese proceso sólo como un necesario cuestionamiento intelectual y moral a los aspectos más retrógrados de la sociedad capitalista de entonces.

Pero la Comuna es inasimilable. A diferencia de 1789, que elevó la actual clase burguesa al poder, se sublevó contra la misma. A diferencia de 1968, que enfrentó a un gobierno burgués, la Comuna derrotó al gobierno de la Tercera República francesa, lo expulsó de su capital, y tomó el poder en sus manos. Esta es la razón por la cual la Comuna sigue dividiendo aguas y por la cual la ideología burguesa no la puede asimilar, no la puede esterilizar y reivindicar como propia: porque demuestra que los trabajadores podemos derrotar a la burguesía, podemos tomar el poder y podemos gobernar por nuestra cuenta.

El primer gobierno obrero

Cuando el gobierno de «defensa nacional» de la naciente Tercera República encabezada por Adolfo Thiers intentó retirar los cañones de París que estaban en manos de la Guardia Nacional para cumplir con los términos de la rendición que había firmado con Prusia, el pueblo parisino se rebeló. Thiers y su gobierno tuvieron que huir de la ciudad y reubicarse en los palacios monárquicos de Versalles. Los siguieron la mayor parte de los oficiales del ejército regular y la burguesía parisina.

La ciudad quedó entonces en manos de los trabajadores y su Guardia Nacional, que establecieron un gobierno provisional y convocaron a elecciones para formar un Concejo Comunal. Lo que surgió de dichas elecciones fue el primer gobierno obrero de la historia. De arranque la Comuna destruyó una de las mentiras más grandes que la ideología burguesa aún hoy reproduce: que los trabajadores no podemos autogobernarnos, que la estabilidad social y la administración de gobiernos sólo la pueden mantener especialistas políticos, abogados y empresarios exitosos.

Cuando el Concejo Comunal inauguró su primera sesión el 28 de marzo de 1871, casi la mitad de sus miembros eran obreros, y el resto eran profesionales, artesanos y pequeños comerciantes. La mayoría eran republicanos radicales, neo-jacobinos o revolucionarios independientes, como se hacían llamar. Y una importante minoría estaba compuesta por prudonianos, anarquistas y socialistas afiliados a la Asociación Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional, que tenía a Marx entre sus principales dirigentes.

La clase obrera parisina de 1871 no era el proletariado industrial numeroso y concentrado que protagonizaría las revoluciones del siglo XX. Estaba repartida en cientos de talleres pequeños, y los más grandes, situados en la periferia de la ciudad, llegaban a concentrar unos pocos centenares de trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, a la cabeza de su propia revolución, lograron coordinar, tomar el poder y centralizarlo en un gobierno efectivo. Es un dato que deben esquivar los sectores posmodernos, que sostienen que la dispersión y la precarización de la clase obrera en el siglo XXI la descartan como el sujeto de la revolución anticapitalista y socialista.

El cielo por asalto

Los comuneros de París procedieron a implementar una serie de medidas que la ideología dominante y todo el espectro de reformistas y posibilistas de hoy insisten en considerar imposible, impracticable o irrealista.

Absolvieron las deudas de los inquilinos, artesanos y comerciantes; restauraron los salarios y pensiones de la Guardia Nacional; abolieron el trabajo nocturno; establecieron salarios mínimos y prohibieron reducciones salariales; habilitaron a los trabajadores de empresas abandonadas por sus dueños a ocuparlas y ponerlas a trabajar. Otra medida clave fue igualar los salarios de los funcionarios al salario obrero promedio, que Lenin y Trotsky retomarían décadas después para evitar los privilegios burocráticos en la administración del Estado ruso tras la revolución de 1917.

Contra la Iglesia fueron contundentes. La separación del Estado y la Iglesia, que aún hoy en muchos países aparece como algo extremadamente radical, los comuneros la concretaron de un plumazo y de manera completa. Desvincularon a la Iglesia por completo de la educación, suprimieron los salarios que cobraba el clero del Estado y expropiaron sus propiedades y bienes.

Los comuneros se quedaron cortos en un punto estratégico: no tocaron los bancos. En particular, no expropiaron el Banco Nacional de Francia que, estando dentro de París, quedó en manos del gobierno de Thiers. Sin embargo, esto fue por un error político del propio Concejo Comunal y no porque no hubieran podido hacerlo. Como también quedó la duda histórica de si podría haberse extendido la revolución si hubieran marchado contra Versalles inmediatamente después de la insurrección.

El legado y la actualidad de la Comuna

Marx escribiría sobre los logros de la Comuna: «La gran medida social de la Comuna fue su propia existencia, su labor. Sus medidas concretas no podían menos de expresar la línea de conducta de un gobierno del pueblo por el pueblo».

La experiencia global de la Comuna de París demuestra, por sobre todo, que cuando la clase trabajadora se levanta contra el poder burgués y tiene la convicción de hacerlo no hay obstáculo que no pueda superar. Fue el ejemplo y el modelo que siguieron los bolcheviques en la Revolución Rusa y es un ejemplo aún de cómo los trabajadores y trabajadoras podemos ejercer el poder.

La burguesía también tiene claridad sobre este punto. Masacrar a 30.000 parisinos no les alcanzó para aplastar la amenaza latente de ese ejemplo. Tenían que hacer lo posible por enterrar su recuerdo. En la colina de Montmartre, donde comenzó la insurrección de 1871, la burguesía francesa construyó la pomposa iglesia de Sacre Coeur. Al ubicar la piedra fundacional, su arquitecto declaró: «La construcción de una iglesia en el lugar donde fueron arrebatados los cañones para la causa de la insurrección será motivo de alegría». Y en los muros del cementerio de Père Lachaise quedan todavía las marcas del fusilamiento de 147 federados, combatientes de la Comuna.

Las aguas que todavía hoy divide la Comuna de París son las adecuadas. Los reiterados argumentos de ir sólo por «lo posible» o de que «la relación de fuerzas no da» fueron dejados atrás por la audacia y la convicción revolucionaria de las masas parisinas. Lo indigerible que resulta esa gesta obrera para la burguesía un siglo y medio después reafirma la vigencia de su audaz ejemplo para quienes aún pretendemos tomar el cielo por asalto.

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El primer gobierno obrero. La Comuna de París https://mst.org.ar/2021/03/25/el-primer-gobierno-obrero-la-comuna-de-paris/ Thu, 25 Mar 2021 13:56:34 +0000 https://mst.org.ar/?p=29568 La Commune es la sección francesa de la Liga Internacional Socialista. Su nombre homenajea a aquel primer gobierno obrero, hace 150 años. Esta es la nota de su periódico sobre el primer día de los 72 que duró esa experiencia revolucionaria.

I. Las causas de fondo de la Comuna de París: la burguesía contra la revolución

“Después de cada revolución, que marcó una fase más avanzada en la lucha de clases, el carácter puramente represivo del poder del Estado resurgió con un ímpetu cada vez más impúdico”. 1

La Comuna de París es la última revolución del siglo XIX. Es también, durante la Semana Sangrienta, el último asalto que lideró la burguesía contra el proletariado en el siglo XIX, el último de una larga serie desde la Revolución Francesa de 1789 y uno de los más sangrientos.

Durante el siglo XVIII, la clase burguesa obró para disponer plenamente y en su propio interés del aparato de Estado establecido durante la monarquía absoluta, o sea para apropiarse del poder político. La revolución de 1789 es el momento clave de la burguesía, donde toma el poder y se lo roba a la aristocracia y al clero. Esa burguesía monárquica todavía no necesita a la república para hacer sus negocios.

El 17 de julio de 1791, en el Campo de Marte, hizo masacrar a la gente que reclama que caiga la realeza y se proclame la república. Después de la toma del Palacio de las Tullerías el 10 de agosto de 1792 por los sansculottes (descamisados) y de proclamada la Comuna insurreccional, la burguesía se ve forzada a abolir la monarquía pero usará todos los medios para vencer al proletariado y bloquearlo durante el período reaccionario siguiente.

Marginada por la aristocracia que volvió al poder durante la Restauración, la burguesía con Adolphe Thiers al frente entra en acción durante la revolución de 1830. Como explica Marx, “esa revolución, que resultó un traspaso del gobierno oligárquico a los capitalistas, lo traspasó de los antagonistas más lejanos de los obreros a sus antagonistas más directos” 2. Con Louis-Philippe, los banqueros vuelven a tomar el centro de la escena y dirigir el gobierno. La explotación industrial de clase obrera y de sus hijos crece sin pausa en la primera mitad del siglo XIX. La lucha de clases se exacerba hasta 1848, en especial en 1834 en Lyon con la revuelta de los canuts (obreros de la seda) y en todos grandes centros urbanos e industriales cuyos trabajadores luchan por su supervivencia y sus derechos.

En febrero de 1848, el proletariado estaba en armas en las calles de París. Se promulga la IIª República. A fin de junio, la revolución es ahogada en sangre…
Ante la amenaza del proletariado y la lucha de clases, la República, con Luis Bonaparte presidente, es por ahora el régimen que les permite a todas las clases dominantes, aristócratas y burgueses, llevarse bien: “Las trabas que bajo regímenes anteriores sus propias divisiones todavía generaban en el poder estatal fueron excluidas por su unión; y ante el levantamiento del proletariado amenazante, luego usaron este poder estatal despiadado, con ostentación, como la máquina de guerra nacional del capital contra el trabajo”. El Imperio, tras el golpe del 2 de diciembre de 1851, se convirtió para esa burguesía en la forma de gobierno útil para desarrollar la banca, el comercio y la industria mientras reprimía a las masas. Si bien para eso la burguesía debe renunciar a su poder parlamentario, concentra poderes económicos y políticos como nunca antes.

Aun oprimidas, las masas no ceden. Las huelgas crecen y los trabajadores se organizan: en 1864, en Londres, se funda la Asociación Internacional de Trabajadores. Ferozmente reprimida en junio de 1848, la clase obrera no se desarma y se opone al Imperio.
En ese marco, buscando salvar el Imperio y asegurar su dinastía, mientras que el proletariado se fortalece cada día contra el poder Napoleón III recurre a un nuevo plebiscito. Si bien gana el “Sí”, el industrial Este francés y las grandes ciudades, París, Marsella, Lyon, Burdeos, Toulouse, donde viven los obreros, expresa su fuerte oposición al Imperio.

Entonces Napoleón III y su gobierno ven a la guerra contra Prusia como la mejor respuesta para restaurar el orden y aumentar la grandeza del Imperio: una guerra externa para resolver problemas internos. Desde su nacimiento, el II Imperio afirmó la vuelta a las fronteras del primero. En particular, la margen izquierda del Rin era muy codiciada. Durante la guerra austro-prusiana de 1866, a cambio de la neutralidad del Imperio francés, Bismarck había prometido compensaciones territoriales antes de incumplir su palabra. Bajo un pretexto diplomático menor3, el 19 de julio de 1870 el Imperio francés le declara la guerra a Prusia.

II. Las causas inmediatas de la Comuna: la guerra franco-prusiana y el sitio de París

Desde inicios de agosto de 1870, el Imperio francés fue de derrota en derrota. A la vez, el alza revolucionaria creció con la entrada en guerra. Las marchas en Le Creusot y contra la guerra en París, los intentos de instaurar comunas en Marsella y Lyon, testimonian el clima insurreccional en los centros urbanos e industriales.

Con el anuncio de la derrota del ejército francés y la detención de Napoleón III el 2 de setiembre, la revolución empieza en las grandes ciudades, que a la vez proclaman la República en París, Marsella y Lyon. El 4, en París, los manifestantes ocupan la Asamblea Nacional.

Enseguida los diputados republicanos de París corren al Hôtel-de-Ville4 y se declaran gobierno provisional para limitar la voluntad de los manifestantes de los suburbios, militantes de la Internacional y socialistas. Esos diputados, en nombre de la República y de la lucha contra el enemigo prusiano en marcha sobre París, forman un gobierno de defensa nacional que preside el general Trochu.

Ese gobierno, asistido por Thiers, enviado especial a los tribunales europeos para pedir su mediación, finge enfrentar a Prusia pero se dedica a negociar la rendición con Bismarck para mejor aplastar a la clase obrera que se alza.

En París, donde empezó la revolución, se cristalizará la guerra civil entre la burguesía y el proletariado. Desde el 19 de setiembre, París está rodeada por tropas prusianas. Empieza el primer sitio, que dura cuatro meses en medio de un gran frío, hambre y bombardeos. Para defenderse, la gente se moviliza y se arma: los 24 mil guardias nacionales pasan a 300 mil durante el sitio, además del ejército regular. Se compran cañones por colecta popular para defender París.

“Pero el París armado era la revolución armada. Una victoria de París sobre el agresor prusiano hubiera sido una victoria del obrero francés sobre el capitalista francés y sus parásitos de Estado. En este conflicto entre el deber nacional y el interés de clase, el gobierno de la ‘defensa nacional’ no dudó ni un minuto en volverse un gobierno de ‘deserción nacional’”. 5

Las capitulaciones del ejército, liderado por los generales monárquicos, se multiplican mientras el proletariado de París, Lyon y Marsella intenta retomar el poder. El 31 de octubre, la clase obrera ocupa el Municipio.

El gobierno juega la farsa de la “defensa nacional” hasta el 28 de enero de 1871, donde caen las máscaras. El gobierno firma el armisticio con Prusia y acepta perder Alsacia y Lorena contra la seguridad de poder dirigir sus ejércitos contra los insurgentes parisinos, que tanto sufrió el sitio por la traición del gobierno de “defensa nacional”.

El armisticio estipula que debe haber elecciones legislativas en tres semanas y que luego la Asamblea electa ratificará la paz. El 8 de febrero se elige una Asamblea mayormente monárquica y reaccionaria, lista para todos los pactos para volver al orden.

El 17 de febrero Thiers fue elegido “jefe del poder ejecutivo” por la Asamblea. Desde entonces multiplica las medidas para decapitar al proletariado parisino: amenaza de abolir la paga de los guardias nacionales; pago inmediato de los atrasos de alquileres y letras de cambio; traspasa la capital de París a Versalles; nombra embajadores reaccionarios; sentencias de muerte contra Blanqui y Flourens, líderes de la insurrección; prohibición de los periódicos parisinos “rojos”. Y al fin decide desarmar París tomando los cañones que el propio pueblo ayudó a pagar con colectas. Es la máxima traición.

III. El 18 de marzo de 1871

Es el primero de los 72 días de vida de la Comuna. La noche previa, el gabinete, presidido por Thiers decide incautar los cañones agrupados en Montmartre, Belleville y otros barrios que la guardia nacional había trasladado para ponerlos fuera del alcance de los prusianos que entrarían a París a inicios de marzo. El gabinete también prevé arrestar a los principales jefes revolucionarios y militarizar París. Pero el 18 de marzo nada pasó como lo imaginaba el gobierno. A las tres de la madrugada, poco después de la reunión de gabinete, las tropas invierten los distintos barrios de París, el retiro de los cañones resulta más complicado de lo previsto y, sobre todo, los barrios obreros de Montmartre y Belleville despiertan e impiden la toma de los cañones. Negándose a obedecer las órdenes de los oficiales de disparar contra la multitud, las tropas confraternizan con ella. Ante la contraofensiva de la guardia nacional, Thiers y su gobierno huyen a Versalles. A medianoche, el comité central de la guardia nacional toma el Municipio.

Para describir el ambiente de este primer día de la Comuna citamos a dos mujeres que participaron, una muy famosa, maestra, activista feminista, Louise Michel, y la otra paramédica, cantinera y enfermera, Victorine Malenfant, ambas luchadoras en las barricadas, y a un periodista que cubrió el día a día de la Comuna.

“Bajo la colina, mi rifle bajo mi abrigo, llorando: ¡traición! Se formó una columna, todo el comité de vigilancia estaba allí: Ferré 6, el viejo Moreau, Avronsart, Lemoussu7, Burlot, Scheiner, Bourdeille. Montmartre se despertaba, el alerta sonaba, yo de hecho volvía, pero con los demás al asalto de las colinas.

Al amanecer oíamos la alarma; íbamos a subir a la carga, sabiendo que en lo alto había un ejército alineado para el combate. Pensábamos morir por la libertad. Estábamos como peso muerto. Nosotros muertos, pero París habría resucitado. En ciertos momentos, las multitudes están a la vanguardia de la marea humana. La colina estaba envuelta en una luz blanca, un espléndido alba de liberación. De repente vi a mi madre cerca de mí y sentí una angustia terrible; ella había venido, todas las mujeres estaban allí, subió al mismo tiempo que nosotros, no sé cómo.

No era la muerte lo que nos esperaba en las colinas donde el ejército ya preparaba los cañones para unirlos a los de Batignolles secuestrados durante la noche, sino la sorpresa de una victoria popular.

Entre nosotros y el ejército, las mujeres se lanzan sobre cañones y las ametralladoras; los soldados se quedan inmóviles. Cuando el general Lecomte ordena disparar a la multitud, un suboficial sale de fila, se pone delante de su compañía y grita más alto que Lecomte: ¡Al aire! Los soldados obedecen. Verdaguerre, en especial por ese hecho, fue fusilado por Versalles unos meses después. Se había hecho la Revolución.

…La victoria fue completa; hubiera sido duradera si al otro día, en masa, hubiéramos ido a Versalles donde el gobierno había huido. Muchos de nosotros hubiéramos caído en el camino, pero la reacción habría sido sofocada en su cueva. La legalidad, el voto universal y todos los escrúpulos de este tipo que hacen perder las revoluciones entraron en la línea como siempre” 8.

“A eso de las 10, escuchamos a los diarieros gritando en las calles de París: ‘Sorpresa, Montmartre atacado, cañones capturados, la Guardia Nacional confraterniza con el ejército, los soldados huyeron, ¡el general Lecomte está preso!’ Mi esposo y yo fuimos a averiguar qué había verdad en estos chismes. El barrio Saint-Germain parecía tan lejano de la vida activa de los otros suburbios. Pasamos por la plaza municipal, donde había gran animación. Los diarieros habían dicho la verdad. El comité central completo se reunió en el Municipio. Todos estaban muy felices, el sol se había asomado, un día espléndido. El París que quería su liberación parecía respirar una atmósfera más saludable; en realidad pensamos que se iba a abrir una nueva era. Pero no basta con triunfar, hay que saber mantener el terreno conquistado.

El pueblo y el comité central no pensaron ni siquiera en tomar las medidas necesarias para continuar su victoria y asegurar su éxito. Eran casi las 2 a.m. cuando estábamos en laplaza del Municipio; todo el mundo parecía celebrar, y este pobre París que siempre necesita oropel nos dio el espectáculo de un magnífico desfile militar, los gendarmes iban a Versalles que, con cajas, baúles y bultos sobre sus hombros, llevando con ellos dinero y archivos; y, además, todos esos muchachos iban a reforzar los batallones de Thiers y compañía, que en realidad en ese momento estaban en desorden. Se dice que la gente es malvada y cruel, yo digo que es estúpida; sigue siendo el pobre pájaro que se deja desplumar, y esta vez, de verdad, lo hizo tontamente, estúpidamente.

…El 18 de marzo, tan hermoso en su aurora, fue ya derrotado en el ocaso. El fracaso de la revolución se da íntegro en este día que tanto prometió. Si en el primer momento de efervescencia se hubieran cerrado las puertas de la capital e impedido robar archivos y dinero y hacer justicia con esta gente, no digo matarlos, sino simplemente encarcelarlos, hasta que la fuerza moral hubiera derrotado a la fuerza bruta, Thiers no habría tenido tiempo de engañar a la opinión pública del interior con sus mentiras y su corrupción” 9.
…A las siete y media, el Municipio está rodeado. Los gendarmes que lo ocupan huyen por el sótano del cuartel de Lobau. Hacia las 8.30, Jules Ferry y Fabre, totalmente abandonados por sus hombres, sin órdenes del gobierno, partieron. Poco después, la columna de Brunel emerge en la plaza y toma posesión de la Casa Común desierta y negra. Brunel enciende el gas e iza la bandera roja al campanario.

…El lugar vivía como a pleno día. Por las ventanas del Municipio se veía circular la vida, pero nada parecido a los tumultos pasados. Los centinelas sólo permitían entrar a oficiales o miembros del comité central. Habían llegado uno a uno desde las 11 y estaban reunidos como veinte en la misma sala donde Trochu había dado la conferencia, muy ansiosos y vacilantes. Ninguno había soñado con este poder que caía tan pesadamente sobre sus hombros.

Muchos no quisieron sentarse en el Municipio y repetían sin cesar: ‘No tenemos mandato de gobierno’; la discusión renacía con cada nueva llegada. Un joven, Edouard Moreau, puso las ideas en orden. Se convino que no se podía abandonar el puesto conquistado, sino que se quedarían allí sólo para las elecciones, dos o tres días como máximo…
La noche fue calma, de una calma mortal para la libertad. Por las puertas del sur, Vinoy llevó regimientos, artillería y equipaje a Versalles. Los soldados se arrastraron, insultando a los gendarmes. El Estado Mayor, según sus tradiciones, había perdido la cabeza, olvidando en París tres regimientos, seis baterías, todas las cañoneras que bastaba abandonar en el curso del agua. La menor demostración de los federados hubiera detenido este éxodo. Lejos de cerrar las puertas, el nuevo comandante de la guardia nacional, Lullier, le dejó -y se jactó ante el consejo de guerra- todas las salidas al ejército”10.
Su historia es límpida y se une a los análisis de Marx y Engels sobre la ofensiva que se debió llevar a cabo el 18 de marzo de 1871 contra Versalles y sobre la requisa de oro del Banco de Francia11. Ambos episodios nos demuestran la sabiduría de la famosa fórmula de Marx: “La clase obrera no puede simplemente tomar una máquina de Estado ya lista y usarla para sus propios fines”. Como escribió Trotsky en 1921: “Así podemos hojear página a página la historia de la Comuna y encontraremos allí solo una lección: hace falta una fuerte dirección de partido”12.

1. Marx, La guerra civil en Francia, 1871: La Comuna de París, Londres, 30/5/1871.
2. Marx, íb.
3. La candidatura de un príncipe alemán al trono de España.
4. Sede del Municipio.
5. Marx, íb.
6. Comunero, fiscal suplente y luego delegado a la seguridad general, ejecutado en Satory.
7. Comisionado para las delegaciones judiciales de la Comuna.
8. Louise Michel, La Commune, historia y memorias, The Discovery, Pocket 1999, 1ª edición 1898.
9. Victorine Brocher, Memorias de un muerto vivo, una mujer del pueblo en la Comuna de 1871, Libertalia 2017, 1ª edición 1909.
10. Prosper-Olivier Lissagaray, Historia de la Comuna de 1871, La Découverte / Poche 2000, 1ª edición 1876.
11. Sobre la ofensiva contra Versalles, ver la carta de Marx a Karl Liebknecht del 6/4/1871. Sobre el Banco de Francia, ver la introducción de Engels desde el 18/3/1891 hasta La guerra civil en Francia de Marx.
12. Trotsky, Las lecciones de La Comuna, febrero 1921.

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La Comuna de París: el primer gobierno obrero https://mst.org.ar/2020/03/30/la-comuna-de-paris-el-primer-gobierno-obrero/ Tue, 31 Mar 2020 00:42:25 +0000 https://mst.org.ar/?p=22076 “…Yo seré despiadado; la expiación será completa y la justicia inflexible… El suelo está cubierto de sus cadáveres; ese espectáculo horroroso servirá de lección”  Con estas palabras Thiers, jefe del poder ejecutivo de la Tercera República Francesa, anunciaba la derrota de la Comuna.  Cerca de 30.000 parisienses asesinados; unos 45.000 detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles desterrados o condenados a trabajos forzados. Así  la burguesía francesa castigaba  la osadía de un pueblo que mostró por primera vez que la clase obrera  podía tomar el poder en sus manos y parir un nuevo orden social.

La guerra franco-prusiana y la revolución

En 1870, bajo la dirección del canciller Otto Von Bismarck, Prusia avanzaba hacia la unificación alemana amenazando la hegemonía francesa en Europa.  El 15 de julio el imperio de Luis Bonaparte (Napoleón III) le declara la guerra. La aventura duró poco. El 2 de septiembre Napoleón III es derrotado y cae prisionero junto a más de 100 mil soldados.

El 4 de septiembre multitudinarias movilizaciones en París derriban el imperio y fuerzan  la proclamación de la República. Se crea un gobierno de Defensa Nacional que en realidad obstaculiza y abandona toda defensa de París. La capital es sitiada por las tropas prusianas durante cuatro meses.

El gobierno sólo buscaba negociaciones de paz. El 28 de enero de 1871 se decide la rendición de la ciudad. Bismarck acuerda  una tregua para que se convoque a elecciones a una Asamblea Nacional que ratifique las condiciones impuestas por Prusia: desarme del ejército de París, pago de una indemnización millonaria y la cesión a Alemania de las ciudades de Alsacia y Lorena. En las elecciones triunfan los sectores más reaccionarios y Thiers es nombrado como jefe del poder ejecutivo de la III República Francesa. El nuevo gobierno se instaló en la ciudad de Versalles, a pocos kilómetros de la capital. Su principal objetivo fue desarmar al pueblo parisiense.

La insurrección

La resistencia parisina estaba comandada por la Guardia Nacional,  un cuerpo diferente al ejército regular  que se componía de la población en armas y cuyos oficiales eran elegidos por los batallones.  El 16 de marzo Thiers llega a París con el objetivo de desarmar al pueblo. En la madrugada del 18 de marzo, el ejército trató de apoderarse de  los cañones de la Guardia Nacional. La clase obrera se lanzó a las calles con las mujeres a la cabeza. En pocas horas los trabajadores ganaron para su causa a muchos soldados y expulsaron al resto.  A la noche, el Comité Central de la Guardia Nacional, formado por delegados de los batallones, era la única autoridad de París ante la huída del gobierno y de la burguesía.

La primera medida del Comité Central fue convocar a elecciones para elegir representantes en todos los distritos de París.  El resultado de esas elecciones es el surgimiento de la Comuna,  cuyos miembros eran casi todos trabajadores  o representantes reconocidos por ellos. Así nacía el primer gobierno obrero de la historia.

La Comuna en el poder

La Comuna reunía funciones legislativas y ejecutivas. Todos los cargos administrativos, judiciales y educacionales eran electivos, revocables y  percibían el mismo salario que los demás trabajadores.

En los dos meses que duró, pese a la crisis económica por un lado y a la guerra contra Versalles por el otro, la Comuna llevó adelante medidas de ruptura con el régimen burgués dirigidas  a la realización de un nuevo orden social al servicio de la clase obrera y los sectores oprimidos del pueblo.

Se abolió el ejército permanente suplantándolo por el pueblo armado, declarando a la Guardia Nacional como única fuerza armada. Perdonó los pagos de los alquileres de las viviendas y las deudas de comerciantes y artesanos.  Decretó la separación de la iglesia del estado, suprimió los sueldos que se le pagaban al clero y declaró propiedad nacional todos los bienes de la Iglesia. Se declaró la laicidad de la enseñanza. Suprimió el trabajo nocturno y entregó a las organizaciones obreras todos los talleres y fábricas que habían abandonado los patrones.

Dirá Marx que “fue ésta la primera revolución en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única clase capaz de iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina — tenderos, artesanos, comerciantes –, con la sola excepción de los capitalistas ricos.”

La derrota

No sólo la burguesía francesa, sino toda la europea  se aterrorizaron ante ese nuevo Estado Obrero y democrático reclamando su liquidación. A principios de abril comienza la ofensiva de Versalles para aplastar la Comuna.  Thiers pacta con Bismarck para disponer de 170 mil soldados, la mayoría prisioneros dejados en libertad por Alemania, un “hecho sin precedente de que en la guerra más tremenda de los tiempos modernos el ejército vencedor y el vencido confraternicen en la matanza común del proletariado (…). La dominación de clase ya no se puede disfrazar bajo el uniforme nacional; todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado“(Marx)  El 20 de mayo logran ingresar a París y comienza “la Semana Sangrienta”. El 28 de mayo la Comuna es derrotada. Las matanzas en masa y ejecuciones sumarias siguieron hasta mediados de junio.

La ausencia  de un plan pre concebido, la inexperiencia y  la existencia de distintas corrientes ideológicas dentro de la Comuna son factores que  explican en parte las vacilaciones que facilitaron la victoria de la reacción: No apoderarse del Banco de Francia, donde se encontraba el dinero de la burguesía ni avanzar sobre Versalles para derrotar al gobierno central en su momento de  mayor debilidad, a comienzos de marzo, antes de que Thiers y Bismarck pactasen el refuerzo del  ejército. Probablemente la suerte de otros levantamientos (Lyon, Marsella, Toulouse, etc)  hubiera sido distinta y la Comuna no habría quedado aislada.

Lecciones del primer gobierno obrero

Los dos meses que duró la Comuna fueron de una rica experiencia para la clase obrera mundial. A pesar de la derrota  ayudó a sacar importantes enseñanzas, enriquecer la teoría  marxista sobre el Estado y preparar a la clase obrera y a los revolucionarios para las luchas que vendrían.  Marx escribe como una conclusión central que “la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines” y afirma que la Comuna “era la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo.”

Esa nueva forma descubierta al fin consistía  en el reemplazo del  ejército profesional  por “el pueblo en armas”. La sustitución de las  instituciones de la democracia burguesa por una democracia directa donde todos los delegados son revocables, sin privilegios y con un  salario similar al de un obrero.  La generalización de los soviets rusos y su desarrollo  como organismos del poder obrero y popular  46 años después tiene sus raíces en la experiencia de los comuneros.

A 149 años de una de las gestas más heroicas de la historia del movimiento obrero las palabras de Lenin mantienen plena vigencia: “La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.”

 Emilio Poliak

Fuentes

Marx: “La guerra civil en Francia”

Lenin: “En memoria de la Comuna”

  1. Balmartino: La Comuna de París (en Historia del Movimiento Obrero)
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