elecciones presidenciales – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Thu, 03 Nov 2022 21:30:51 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png elecciones presidenciales – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Brasil: ¡Bolsonaro nunca más! https://mst.org.ar/2022/11/03/brasil-bolsonaro-nunca-mas/ Thu, 03 Nov 2022 13:56:40 +0000 https://mst.org.ar/?p=31888 Alternativa SocialistaPSOL, LIS– Brasil*

Ayer Bolsonaro fue derrotado, demostrando que la mitad del electorado le dijo basta a su proyecto de guerra contra la clase trabajadora y los sectores populares. Lula vence por un margen apretado de 1,8%, 2,1 millones de votos, confirmando un escenario de fuerte polarización social en el país. Se abre una nueva etapa en la que pueblo trabajador y pobre deberá organizarse y luchar en defensa de sus conquistas e ir por más. Con independencia política y ganando las calles, porque solo así podremos avanzar en favor de las mayorías, sin confiar en ningún gobierno al servicio de los intereses del 1%.

El pueblo en la calle festeja la derrota de Bolsonaro

Apenas se confirmó el triunfo de Lula el pueblo salió a las calles masivamente. Se expresó la alegría popular por haber derrotado a Bolsonaro, el responsable de más de medio millón de muertes en la pandemia Covid-19, de la destrucción del Amazonas y el medioambiente, de los constantes ataques a la educación, salud y todo lo público, el miliciano decidido a derrotar conquistas democráticas del pueblo brasilero y enemigo público de las mujeres, les LGBTQIA+, les indígenas y del pueblo negro. En definitiva, las calles se colmaron de pueblo festejando una importante victoria.

El día después y las editoriales de los medios burgueses

“Lula tiene que dar muestras inmediatas de responsabilidad presupuestaria y de voluntad de acercarse al centro, política y económicamente. Debe rodearse de expertos y cuadros cualificados, más allá del estrecho radio del partido y de los aliados de la izquierda.” (Editorial Folha).

“¿Qué Lula gobernará? ¿El socialdemócrata de la primera mitad de su primer mandato? ¿El que defendió un ajuste fiscal a largo plazo capaz de reducir la deuda pública, aumentar el superávit primario, promover reformas para mejorar el entorno empresarial, mejorar los instrumentos de crédito y reducir las restricciones a la competencia en el sector privado? ¿O el nacional-desarrollista que vino después?” (Editorial O Globo).

Además de los gestos que ya habia dado en la campaña, Lula expresó su compromiso con la “unidad y paz entre los brasileros”. Comprometiéndose con empresarios y corporaciones para realizar sus ganancias en un “Brasil que vuelva a producir, reconstruyendo un capitalismo serio”, como repite constantemente en sus discursos y declaraciones. Alckmin, el tucano afiliado al PSB y encargado de la “transición económica” en el nuevo gobierno, la mdbista y empresaria del Agronegocio Simone Tebet, el neoliberal Henrique Meirelles y un equipo de economistas amigos de este, son algunos de los nombres que se manejan para ocupar los principales ministerios y puestos gubernamentales. O sea, el Lula de este tercer mandato parece ajustarse a la medida de la burguesia que le exige moderación y gobernar para “mejorar el entorno empresarial”.

La editorial de O Globo de hoy también dice: “Él está ahí no sólo porque es Lula, sino sobre todo porque no es Bolsonaro.”, un mensaje claro para el nuevo gobierno que surje y que cuenta con un apoyo circunstancial motorizado por la ausencia de la deseada tercera vía que no fue y que se asienta en un hecho que es real, Lula y el PT están lejos de ser aquella dirección de masas que apasionaba al pueblo brasilero en los años 90. En el próximo período se demostrará si Lula es capaz o no de responder a la demanda empresarial de disciplinar al 99% sobre la base de un nuevo pacto de conciliación de clases y paz social al servicio del lucro del 1%.

Organizar la lucha para derrotar la extrema-derecha en las calles!

Mucho se habló, y todavía se habla, sobre la posibilidad de una aventura golpista por parte de Bolsonaro y su banda de extrema derecha. El mismo domingo de la elección el bolsonarismo orquestó una operación de la Policia Rodoviária Federal, parando omnibus con electores lulistas en el nordeste, principal zona electoral a favor del presidente electo, lo que no pasó a mayores y la elección siguió con normalidad. La realidad es que no hubo ninguna tentativa golpista, sólo hubo  fervorosos discursos electorales de Bolsonaro que no pasaron de amenazas bien recibidas por una base bolsonarista que se juntó a rezar y llorar en la puerta del Palacio de La Alborada, mientras el presidente derrotado apagaba las luces y se iba a dormir sin querer hablar con nadie.

Claro que esto no significa dejar de ver el peligro que expresa la existencia de la extrema-derecha bolsonarista, que ahora gobierna el estado de San Pablo (el mayor en todo el país y centro económico nacional), tiene la mayor bancada parlamentar, y casi el 50% del electorado. Por eso, y como defendemos desde siempre, es necesario derrotar a Bolsonaro con la lucha del pueblo trabajador y pobre en las calles. Derrotar a este gobierno en las urnas era necesario y eso fortalece a les explotades y oprimides, pero esto no puede separarse de la necesaria construcción de lucha y movilización popular en defensa de las conquistas, para recuperar los derechos que perdimos y ganar más.

Lula cede a la derecha y al bolsonarismo, desmovilizando y llamando a confiar en la institucionalidad burguesa, por eso es fundamental fortalecer la movilización, ocupar las calles y no confundirse con los cantos de sirena socialdemócratas.

Por más izquierda, con independencia de clase y un programa socialista

Ahora el desafio es organizar toda esa fuerza popular expresada en los festejos, recuperar las calles y derrotar por fin el bolsonarismo, defender nuestras conquistas y enfrentar cualquier tentativa de ataque, vengan de la extrema derecha bolsonarista o del gobierno de unidad nacional que surge con Lula y Alckmin a la cabeza. Estos seguramente (como ya hicieron en los gobiernos anteriores) irán a pedir “paciencia” y “esfuerzos” al pueblo trabajador, y que no critique al nuevo gobierno en nombre de una “unidad nacional” para evitar que la extrema-derecha y Bolsonaro vuelvan a gobernar.

Este es un desafio que va a tensionar debates en el amplio espectro del progresismo brasilero, como con aquellos socialdemócratas que se adaptaron a los márgenes del régimen democrático burgues del estado capitalista y que gobiernan al servicio del status quo, o los que defienden la hipótesis reformista de “cambiar las cosas desde dentro” y se asimilan a la institucionalidad burguesa, conformando gobiernos de conciliación de clases, discusión que tendrá lugar en las filas del PSOL, partido que construimos.

Entramos en un momento crucial en el PSOL. Fue correcto llamar a votar por Lula en el Segundo Turno, pero la negativa a presentar condidatura propia en el Primer Turno, tanto para la presidencia como para gobernador o gobernadora en estados importantes como São Paulo, fue un error grave de la dirección mayoritaria que debilita al partido. El PSOL se diluyó detrás de Lula y el PT y desapareció como alternativa de izquierda delante de las masas. Y ahora más que nunca tenemos que prepararnos para ser oposición de izquierda, levantando un programa al servicio del pueblo trabajador y no para conformar un gobierno patronal. Por eso, no es un debate más, es un debate fundamental que definirá la continuidad o no del Partido Socialismo y Libertad.

De nuestra parte, seguiremos defendiendo y construyendo una alternativa política de izquierda independiente, que intervenga en las luchas que los explotados y oprimidos dan cotidianamente, y así disputar el poder y conquistar un gobierno de aquellos y aquellas que nunca gobernaron, los y las trabajadoras y el pueblo pobre. Sólo así conseguiremos acabar con la extrema derecha, la derecha liberal que se disfraza de centro y cualquier gobierno que intente atacar nuestros derechos y conquistas. Es con este objetivo que construimos la Liga Internacional Socialista en el mundo y en Brasil, donde avanzamos a paso firme con el surgimiento de un nuevo proyecto unitario y revolucionario que está consolidandose en el Comité de Enlace entre Alternativa Socialista y Lucha Socialista, corrientes internas del PSOL. Hoy festejamos esta victoria, pero no paramos ahí y vamos por más.

*Artículo publicado en la web de la LIS – Liga Internacional Socialista / lis-isl.org

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Brasil: declaración de Anticapitalistas en Red https://mst.org.ar/2018/10/30/brasil-declaracion-de-anticapitalistas-en-red/ Tue, 30 Oct 2018 20:40:32 +0000 https://mst.org.ar/?p=15855 Ganó Bolsonaro. El próximo presidente de Brasil es racista, misógino, homófobo y protofascista, y no podemos subestimar el peligro que esto significa para la democracia, para los trabajadores, los negros, los pueblos originarios, las mujeres y la disidencia sexual brasileña. El ex capitán reivindica abiertamente la dictadura militar que gobernó Brasil de 1964 a 1985; en la recta final de la campaña prometió “barrer a los rojos del país”, amenazó con encarcelar o exiliar a opositores, censurar a la prensa que lo critica.

Detrás de Bolsonaro se encolumnan la gran burguesía, la oligarquía terrateniente, las Iglesias evangélicas y elementos abiertamente fascistas ligados a las Fuerzas Armadas. Su programa implica una brutal ofensiva contra los trabajadores, para maximizar las ganancias capitalistas incrementando la explotación al máximo. También implica una ofensiva de la agenda conservadora contra los derechos de las mujeres y la disidencia sexual, los negros y los pueblos originarios.

Sin embargo, el voto mayoritario a Bolsonaro representa el hartazgo de gran parte de las clases medias y los sectores más empobrecidos, pero no un apoyo a su programa. Por el contrario, los millones que salieron a las calles al grito de “ele não” en los días previos al ballotage, demuestran que sí sobran fuerzas en el pueblo brasileño para frenarlo. Qué tanto logre o no avanzar Bolsonaro se dirimirá en las calles. Es hora de organizar la resistencia.

A su vez, no es posible comprender el triunfo de Bolsonaro, ni organizar una resistencia efectiva, sin tomar en cuenta que fueron la traición y el fracaso del PT y de los gobiernos “progresistas” de la región, que le abrieron la puerta a la derecha. América Latina tuvo una oportunidad histórica la década pasada, a partir del ascenso revolucionario que liquidó a varios regímenes que habían implementado la sumisión al neoliberalismo imperialista, y llevó al poder a nuevos gobiernos que generaron expectativas en un rumbo soberano, independiente, y -en el caso del bolivarianismo- socialista. Pero todos aceptaron el marco del capitalismo como límite y se transformaron en gerentes del mismo. En todos se desarrolló una extendida corrupción. Ante la crisis económica mundial, ninguno tomó medidas a favor de los pueblos, todos optaron por salvar las ganancias capitalistas e imponer regímenes autoritarios y represivos para aferrarse en el poder. La crisis humanitaria venezolana y la dictadura asesina de Ortega en Nicaragua son la peor cara del fracaso del “progresismo” latinoamericano. Pero Brasil no fue excepción.

Lula, el presidente obrero, llegó a la presidencia en 2003 con más de 70% de aprobación. Pero las gigantescas expectativas que los trabajadores depositaron en el PT, se convirtieron en amarga desilusión. Lula gobernó para las corporaciones y los terratenientes. Dilma además comenzó a aplicar un brutal ajuste al pueblo cuando entró la crisis económica. La resultante pérdida de base social le permitió a la derecha orquestar el golpe institucional y posteriormente encarcelar y proscribir a Lula. Tampoco ante esos hechos estuvo el PT dispuesto a confiar en la movilización o llamar al paro y la lucha para enfrentar a la derecha.

Como tampoco la campaña de Haddad ofreció nada nuevo que entusiasme a los brasileños para que lo votasen. Tras el fulminante resultado de la primera vuelta, en la que Bolsonaro le sacó casi 20 puntos de diferencia a Haddad, el candidato del PT se dedicó a buscar el apoyo de los demás candidatos del establishment y de intentar convencer a la burguesía de que él sería mejor garantía que Bolsonaro para sus negocios.

Muy a pesar de Haddad y el PT, que se esfuerzan por mostrarse como todo aquello que los brasileños vienen rechazando -y que Bolsonaro viene capitalizando- las masivas movilizaciones de los últimos días de campaña, un verdadero movimiento en defensa de la democracia, lograron achicar la brecha de votos por la mitad, y demostraron la fuerza con la que el pueblo enfrentará el gobierno de Bolsonaro.

Hoy la tarea urgente es organizar la resistencia para enfrentar el programa reaccionario del nuevo gobierno. Al fascismo sólo se lo puede derrotar en las calles, organizando en los barrios, las universidades, las fábricas y todos lados. Al mismo tiempo, tenemos el desafío impostergable de fortalecer al PSOL como alternativa real a Bolsonaro, el PT y demás partidos capitalistas, lo cual sólo es posible si recuperamos un rumbo anticapitalista que ofrezca a los millones de brasileños que no quieren saber más nada con el establishment, una salida por izquierda y socialista. Por todo esto, necesitamos una organización revolucionaria que se ponga a la cabeza de las luchas y dispute por una orientación consecuente en el PSOL. Nuestros compañeros de Alternativa Socialista-PSOL y Anticapitalistas en Red nos comprometemos enteramente a esta tarea.

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Elecciones en Brasil: un balance necesario https://mst.org.ar/2018/10/11/elecciones-en-brasil-balance-necesario/ Thu, 11 Oct 2018 13:55:20 +0000 https://mst.org.ar/?p=15621 Conocidos los resultados de las elecciones, consideramos necesario avanzar en un balance profundo de cuáles fueron las causas para llegar al escenario actual. En estas líneas intentaremos explicar los motivos que llevaron al triunfo, en esta primera vuelta, del fascista Bolsonaro y precisar una orientación para seguir enfrentándolo.

¿Por qué gana Bolsonaro? Son casi 50 millones los que hoy votaron por el ex militar, y muchos millones más se preguntan, en el país y en todo el mundo, cómo un personaje como Jair Bolsonaro logró estar como primera opción del pueblo brasilero, llegando al 46,03% de votos válidos de apoyo en la primera vuelta electoral. Con un discurso misógino, homofóbico, xenófobo y racista, plantea implementar una política que vulnera los derechos de toda la población y que reivindica los momentos más oscuros del país, como fue la dictadura. Durante sus 28 años dentro del Congreso Nacional coleccionó frases como “lo malo de la dictadura fue haber torturado y no matado”.
Su proyecto no es uno más de la derecha, es un proyecto fascista, que se apoya en las fuerzas armadas y los sectores más reaccionarios para, con mano dura, ir contra todos los derechos adquiridos por los trabajadores, las mujeres y la juventud y evitar que se conquisten nuevos, lo que puede abrir la puerta a un desenlace más complejo y crítico.
Partiendo de esta caracterización sobre quién es Bolsonaro, también tenemos que poner sobre la mesa otros factores, que son los que hoy pueden explicar este resultado.
Las causas son una combinación de factores internacionales y nacionales. La crisis capitalista ha puesto a los regímenes nacionales en la necesidad de avanzar  junto a políticos que permitan aplicar las medidas necesarias para garantizar el aumento de la tasa de ganancia, atacando a la clase trabajadora. En ese contexto se agudiza la polarización de la población entre candidatos de antagónicas posiciones. Esto en Brasil se combina con la falta de una alternativa real de izquierda fuerte, y encuentra como opción al ya conocido PT, que luego de más de una década en el gobierno y luego de los casos de corrupción en los que está envuelto, ha cosechado un fuerte rechazo en un arco muy grande de la población que más bien votó a Bolsonaro contra su retorno del PT. Lugar destacado tiene que tener el rol reaccionario que han tenido las iglesias,  como se mostró en Argentina con la lucha por el derecho al aborto legal, y acá con su ferviente apoyo a la campaña de Bolsonaro.
Un triunfo en la segunda vuelta de Bolsonaro, agudizará la lucha de clases, porque el pueblo de Brasil, y como ya se demostró el pasado sábado 29 con las mujeres a la cabeza, no va a dejar que sus derechos sean arrebatados.

La responsabilidad del rol de PT

Uno de los factores más importantes de que hoy exista Bolsonaro, es responsabilidad de la propia dirección política del PT, partido que estuvo en el gobierno durante tres mandatos y medio. Llegó con un discurso de izquierda pero rápidamente adaptó su política al régimen burgués. No solo no impulsó medidas de ruptura con el imperialismo, sino que fue quien garantizó durante todo su mandato la rentabilidad para las grandes corporaciones capitalistas. Perdió así gran parte de su propia base social, principalmente entre los trabajadores y sectores medios que lo apoyaban. Debido a estas medidas y los planes de ajuste a los jubilados o el recorte de presupuestos sociales que implementó durante sus años de gobierno, adquirió una base social más clientelar, que nunca intento politizar, y que se mostró más fácil de cambiar su voto que ha sido confundida y ganada por las propuestas nacionalistas de Bolsonaro y las mentiras con las que la bombardearon desde todos los sectores reaccionarios que apoyaban a este fascista.
Todo esto se suma a los hechos que han sido de público conocimiento sobre corrupción y que llevaron a que se produzca el golpe institucional contra Dilma y que hoy Lula esté preso.
Es muy importante remarcar todo esto, dado que no depositamos ningún tipo de confianza en un nuevo gobierno de PT, que en esta vuelta no logró llegar al 30% de los votos (29,28%).
Consideramos que si se logra revertir la votación, algo muy difícil, y el PT llegara al gobierno nuevamente, será un gobierno más débil al cual habrá que seguir enfrentando, organizados en las calles ya que intentará profundizar el curso neoliberal que siguió todos estos años.

El PSOL

La organización, de la que Alternativa Socialista es parte, ha desarrollado una muy baja performance en la elección a Presidente, logrando solo alcanzar el 0,6% de los votos, lo que contrasta con las buenas elecciones que ha realizado en varios de los Estados tanto a Gobernador como a cargos legislativos.
Esto se explica por dos fenómenos: uno la gran polarización que se generó y de la cual no pudimos ser nosotros la alternativa; y el segundo es debido a la política que se ha dado la mayoría de la dirección, que postuló como candidato a presidente a una persona que se ha reivindicado y declarado en apoyo a los gobiernos del PT, que mantuvo durante toda la campaña un discurso conciliador e hizo que se pierda un rasgo característico de la organización desde su nacimiento, que fue ser la oposición de izquierda al PT. Así se perdió la oportunidad de quedar como la alternativa en esta situación de crisis.
Estamos convencidos que el PSOL tendría que haber propuesto una radicalización del proyecto político, alejándose de las posiciones que lo asemejan al PT y eso podría haber posicionado al partido a nivel nacional, dificultando muchísimo más el triunfo de Bolsonaro.
Esta última consideración es la que también explica los buenos resultados en distintos Estados, tanto para gobierno como para las representaciones parlamentarias,  ya que han sido en todos los casos campañas muy distintas a la nacional: independientes, de izquierda, en oposición a Bolsonaro pero también criticas y alejadas del PT.
Ejemplo de esto es el Estado de Pernambuco, donde la candidata al gobierno Dani Portela, ha logrado una votación histórica, saliendo de los 27.000 mil votos de las últimas para casi llegar a los 190.000 o la candidatura colectiva de 5 mujeres que obtuvieron una banca, con una propuesta de mandato conjunto para los próximos 4 años.
A nivel de diputados nacionales, el PSOL pasó de tener 6 diputados (5 hombres y  1 mujer) a 10 diputados (5 mujeres y 5 hombres). Es la primera vez, que el PSOL va a tener jóvenes en su bancada nacional (Fernanda, Taliria y Aurea), representantes negros y una amplia representación de mujeres.
Estos primeros datos nos plantean la necesidad de hacer un gran debate hacia adentro de la organización, porque hace falta fortalecer la misma con un fuerte perfil de izquierda, para enfrentar la política de quien quiera avanzar contra nuestros derechos en un marco represivo, sea del color político que sea, y así transformarnos en la alternativa que el pueblo busca y necesita para transformar la sociedad. Y también hacia afuera, porque esta elección también muestra que el pueblo cuando encuentra una alternativa real de izquierda la apoya, a pesar del avance de sectores reaccionarios, como ha quedado demostrado.

Ante el triunfo de Bolsonaro en primera vuelta 

Ya con los resultados de la elección, creemos que es importante remarcar que al fascismo se lo tiene que enfrentar en las calles, desde el día de hoy tenemos que salir y exigir a las direcciones políticas y sindicales que se pongan a la cabeza de esta movilización, porque no podemos permitir el avance de este proyecto. Hay que impulsar una gran campaña contra la posibilidad de que Bolsonaro se transforme en el nuevo presidente. Por eso también ante la segunda vuelta, deberemos tomar una posición, y en el marco de entender que los dos candidatos actuales no son lo mismo, el voto contra Bolsonaro tiene que ser un voto profundamente crítico, sin depositar ningún tipo de confianza en un proyecto que ya demostró, cuando fue gobierno, que no tiene nada para ofrecer a los trabajadores y que en vez de apoyarse en la movilización ante los avances de la derecha como fue en el golpe contra Dilma o la detención de Lula, confió en la institucionalidad del régimen del cual se siente parte, o que ante la convocatoria para movilizarse contra el ajuste de Temer, vía la Central Única de los Trabajadores (CUT) que dirigen, terminó desmovilizando y llamando a levantar el paro general 3 días antes de realizarlo en diciembre 2017. Por todo esto, como lo hemos enfrentado ante cada golpe a la clase trabajadora, creemos que lo vamos a tener que seguir haciendo, si lograra revertir la elección y ser electo. Algo que se presenta muy difícil debido a la gran diferencia que le sacó el monstruo que está emergiendo.
En definitiva, hoy la salida revolucionaria es un voto contra el fascismo, sin lavarle la cara a una posición de centro izquierda populista, y seguir construyendo una alternativa política de izquierda que sea la opción real para las mujeres, la juventud, y la clase trabajadora en su conjunto. Desde Alternativa Socialista en PSOL nos proponemos este camino, y te proponemos hacer de conjunto esta campaña.

Declaración de Alternativa Socialista / Anticapitalistas Em Rede – Brasil
Nuestra posición sobre el segundo turno de las elecciones presidenciales

Terminado el primer turno de las elecciones presidenciales de la República, se confirmó el escenario que ya venían planteando desde hace algunas semanas las principales encuestadoras de opinión. Con 46,03% de los votos, el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro (PSL) salió primero y enfrentará a Fernando Haddad (PT), que terminó con 29,28%, el día 28 de octubre. Independientemente de quien gane, la situación no será nada favorable para la clase trabajadora, dado que tanto una candidatura como la otra, no proponen de hecho una ruptura con el actual sistema de explotación, y la polarización experimentada en esta contienda electoral, tenderá a agudizarse, una vez que uno de los dos salga insatisfecho con los resultados de las urnas. El ex capital del ejército, proto-fascista, ya dejó claro que no está dispuesto a aceptar una posible derrota.
Antes que nada queremos reafirmar nuestra posición de repudio a este candidato reaccionario, y el proyecto de país que él representa; de ataques brutales a los derechos de trabajadores y trabajadoras, de incitación al odio contra las mujeres, negros y negras, comunidad LGBT, pueblos originarios, organizaciones de izquierda, y de exaltación de la violencia. El candidato del PSL defiende y representa lo que fue lo peor de la política brasilera, un gobierno suyo sería lo peor para la mayor parte de la población de nuestro país. Al mismo tiempo, no nos ilusionamos con la candidatura de Fernando Haddad como hacen erróneamente muchas organizaciones y militantes sinceros de izquierda. El principal resultado de más de 13 años de gobierno del Partido de los Trabajadores fue la desmovilización de la clase trabajadora y la traición de las principales direcciones obreras y de la juventud. Eso sin hablar de la completa desmoralización de la izquierda en general, que hoy tiene que cosechar los frutos de la conciliación de clases de Lula y Dilma y de la relación promiscua de sus gobiernos con partidos políticos burgueses, con contratistas y grandes empresarios. Nosotros haremos una campaña por la democracia y en contra del fascismo. No para el programa de gobierno presentado y representado por el PT.

¿Qué hacer?

Ante la grave situación que se presenta, defendemos un voto profundamente crítico al PT, no porque creemos en su programa, pero no podemos permitir el retroceso que significaría la elección de alguien como Jair Bolsonaro. No hacemos coro con los sectarios, que ya empiezan a hacer campaña en defensa del voto blanco o nulo, como si los dos postulantes a la presidencia de Brasil fueran la misma cosa, y tampoco caemos en un apoyo acrítico de los reformistas y oportunistas de turno.
Como socialistas, tenemos el deber de hacer lo máximo para defender a la clase trabajadora de un mal más grande, que en este momento, no tenemos dudas, que se trata del candidato fascista del PSL. Eso no significa que iremos a las calles a levantar las banderas del PT, o subirnos a su campaña electoral con figuras del partido.
Nuestra Bandera es “En las calles y en las urnas Contra el Fascismo”, y ese va a ser el tono que pondremos a esta campaña en la segunda vuelta, fortaleciendo la unidad en las calles con todas aquellas y todos aquellos que estén dispuestos a no permitir un avance de la ultraderecha y hacer la defensa incondicional de los derechos de todos los explotados y oprimidos de este sistema injusto.

Fortalecer el PSOL

Ante las elecciones y un escenario donde es probable que termine ganando un fascista en el gigante del continente es necesario no perder de vista que hay un gran sector del pueblo brasileño que busca una alternativa a la izquierda del PT.
El PSOL, corriente que desde su conformación ocupó éste espacio, debido a la gran polarización y a una política equivocada de seguidismo al PT en esta última elección por parte de su candidato a presidente, perdió la oportunidad de posicionarse como la opción alternativa por izquierda a Bolsonaro, obteniendo el peor resultado nacional de su historia (sacó 600 mil votos menos que en las presidenciales de 2014).
Esto no se reflejó en las elecciones legislativas y en algunas ejecutivas de distintos estados, donde las campañas se hicieron con un perfil bien de izquierda, en opción a la derecha reaccionaria en crecimiento, siendo parte activa en todos los estados de la convocatoria a las enormes movilizaciones por Ele Nao, pero también haciendo campañas muy críticas de los gobiernos y políticas petistas.
Esta política, es la que fortaleció la bancada de PSOL en la Cámara Federal, obteniendo la mayor representación desde su fundación, alcanzando 10 diputados nacionales. En la elección anterior habían conquistado seis bancas. En Río de Janeiro se colocaron como la primera fuerza a nivel legislativo, logrando elegir cuatro diputadxs nacionales, mientras que en la elección pasada solo se obtuvieron dos. La nota por la negativa la dio Jean Wyllys, ya diputado por PSOL en Río de Janeiro, que en 2014 obtuvo 144.000 votos y en estas elecciones cayó a solo 24.000, aunque fue reelecto. Creemos que esa baja de votos es un reflejo de las posiciones del diputado, como su apoyo al Estado sionista de Israel y de su acercamiento creciente a los cuadros del PT. Algo que se asemeja al error de dirección política que cometió Guillerme Boulos como candidato del PSOL a presidente.
En cuanto a las diputaciones por estados, en la elección de 2014 el PSOL había conquistado 12 representantes, ahora se eligieron 18 representantes estaduales en 9 estados (Rio Grande do Sul, Sao Paulo, Rio de Janeiro, Minas Gerais, Pernambuco, Amapá, Distrito Federal (Brasilia), Rio Grande do Norte y Ceará), ganando una mayor representación en el estado de Sao Paulo con 4 electos y 5 en Rio de Janeiro.
En las elecciones a gobernadores, hay dos estados donde el PSOL quedó como tercera fuerza: en Rio de Janeiro, alcanzando el 10,72% de los votos con Tarcsio Motta como candidato y en Pernambuco con Dani Portela, donde se pasó de 27.895 votos en 2014 a obtener en esta elección 188.087 (4.97%).
Estos son datos concretos que muestran la potencialidad que tiene una construcción amplia y unitaria de la izquierda como el PSOL cuando se posición como una alternativa real, tanto a la derecha como a la falsa izquierda. Necesitamos fortalecer esta herramienta, para poder seguir al frente de las batallas que tendremos que dar para enfrentar al fascista de Bolsonaro en las calles. Ese es el desafío que han asumido nuestros compañeros de Alternativa Socialista en Brasil y que desde el MST y Anticapitalistas en Red apoyaremos con todas nuestras fuerzas.

Celeste Fierro / Lucas Tiné

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México: La centroizquierda de López Obrador arrasa en las elecciones https://mst.org.ar/2018/07/04/mexico-centroizquierda-de-lopez-obrador-arrasa-en-elecciones/ Wed, 04 Jul 2018 19:56:37 +0000 https://mst.org.ar/?p=14436 El domingo 1° de Julio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó las elecciones presidenciales de México con el 53% de los votos. Su triunfo refleja el hastío que tiene el pueblo mexicano con los partidos que sostienen el régimen político. Fuertes aires de cambio soplan en este inmenso país que seguramente van a impactar sobre todo el continente.

Cuando aún se están recontando los votos de la Alianza “Juntos haremos historia” (MORENA, PT y PES) que obtuvo la presidencia para López Obrador con más de la mitad de los votos emitidos, las proyecciones indican que el nuevo presidente controlaría el Congreso y que ha ganado 5 de las 9 gobernaciones en disputa: Veracruz, Chiapas, Morelos, Tabasco y la estratégica Ciudad de México. Suma a estos logros más de 250 ayuntamientos (intendencias), en una elección en la que se disputaron más de 4.300 cargos públicos, muchos de los cuales cambiaron de bando, luego del batacazo de AMLO.
Hubo una importante asistencia a las urnas de 56 millones de votantes, el 63% de asistencia (datos de El Comercio) y varios millones de nuevos votantes jóvenes que votaron por AMLO en una importante proporción.
Los derrotados, el PRI del actual presidente Peña Nieto que quedó tercero y la alianza entre el derechista PAN y el otrora “progresista” PRD, han sido los pilares del régimen político mexicano de las últimas décadas. Un régimen que con el PRI a la cabeza gobernó México durante 70 años y a partir del 2000 alterna sus presidencias con el PAN.
Ambos partidos han sido los responsables de aplicar las políticas neoliberales que con una fuerte ola de privatizaciones, entre ellas la pérdida del monopolio del gigante petrolero estatal Pemex, han llevado a que en la segunda economía latinoamericana casi la mitad de la población bordee la línea de pobreza.
México sufre una creciente degradación social y tiene una enorme corrupción en todo el aparato estatal, profundamente penetrado por el narcotráfico. Las mafias narcos que controlan territorios, que realizan operaciones paramilitares, que están imbricadas tanto en el aparato político como en las fuerzas de seguridad, han generado un gran desarrollo de la violencia e inseguridad, que ha convertido al hermano país en uno de los países más violentos del mundo. Solo en el 2017 se registraron 27.000 asesinatos.
La violencia política que se cobró la vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que en esta campaña electoral dejó 106 candidatos muertos, no solo de MORENA sino también de los partidos del régimen y que tienen como blanco privilegiado a los periodistas que las denuncian, es el producto de estas peleas y disputas mafiosas en los territorios.

López Obrador

Algunos lo han comparado con Perón por su discurso a favor de los pobres y sectores populares, sus frases nacionalistas y un pragmatismo que lleva, a un líder que se autotítula como de izquierda, a conformar una alianza que, junto a cuadros provenientes de la izquierda y los sectores progresistas incluye a una formación evangelista conservadora enemiga del aborto legal y los derechos de género, como es el PES. (1)
López Obrador nació a la práctica política en el viejo PRI para luego integrar las filas de su desprendimiento progresista, el PRD, que con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza prometía rescatar las banderas nacionalistas de la revolución mexicana y del gobierno de su padre que nacionalizó el petróleo en la década del 30.
Como parte del PRD, al que llegó a presidir, fue alcalde de la Ciudad de México (2000-2005) y dos veces candidato a presidente en el 2006 y en el 2012. Le arrebataron la presidencia con un fraude escandaloso en la primera ocasión y luego en la segunda perdió a manos del actual presidente del PRI Peña Nieto, en una elección ajustada y en la cual hubo también muchas maniobras fraudulentas.
A partir del 2012 Obrador abandona el PRD que ya estaba integrado completamente al régimen político y funda su actual agrupación MORENA que va a ir creciendo en su performance electoral en las elecciones intermedias de estos años.
La magnitud del triunfo y la debacle del viejo régimen, la afluencia masiva a las urnas de millones de mexicanos, impidieron el fraude masivo. Una victoria que solo se puede explicar por las luchas del pueblo mexicano por sus derechos durante estos años, como la de los pueblos originarios, los docentes, las de los padres de las víctimas de Ayotzinapa o el gasolinazo del año 2017, entre otras.

Las contradicciones de AMLO

Su discurso de campaña a favor de los pobres y los pueblos de México, contra la corrupción del viejo régimen político y por atacar la violencia del narcotráfico desarrollando fuentes de trabajo, creando condiciones dignas de vida para la población, de aminorar la ola migratoria con un fuerte impulso al desarrollo del mercado interno, etc., choca brutalmente contra las limitaciones de su programa que no cuestiona las bases del capitalismo mexicano responsable de la pobreza de este enorme país.
En sus discursos Obrador ha dejado claro que va a respetar las inversiones de los capitalistas y que no va a romper con el hoy cuestionado por Trump, Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá (NAFTA). Aunque no era el candidato de la gran burguesía mexicana, ante su inevitable triunfo, magnates como Slim y otros se han acercado a su campaña para luego poder negociar con él. Hasta Trump lo felicitó y señaló que tuvo una cordial comunicación con el nuevo mandatario.
Esta contradicción de su pseudo progresismo, entre sus promesas electorales y su proyecto político que no cuestiona las bases capitalistas de México, más temprano que tarde va a llevar a traicionar las expectativas que los sectores populares han depositado en él, siguiendo la traza que ya desandaron los Kirchner, Lula o Maduro. Por eso es fundamental que los trabajadores y los luchadores no se dejen cooptar por la centroizquierda de AMLO y desde una posición independiente militen para construir el partido revolucionario necesario para llevar las luchas hasta el final y desarrollar un programa antimperialista y anticapitalista.

Un impacto continental

El triunfo de AMLO, refleja en forma distorsionada, superestructural, un profundo cambio en la situación y las luchas del movimiento de masas de ese país que lo ha utilizado para derribar a un régimen odiado de 70 años de reinado. Por su tamaño y ubicación geográfica el proceso mexicano va impactar en la lucha de los migrantes contra Trump en EEUU, en la Centroamérica convulsionada por la revolución contra el régimen represivo de Ortega en Nicaragua y se va a entrelazar con los procesos sudamericanos donde las formaciones de derecha neo liberal como Macri en la Argentina, Temer en Brasil o Martín Vizcarra de Perú atraviesan una profunda crisis, ya que no pueden terminar de imponer los planes de ajuste que la crisis capitalista exige, ante una resistencia cada vez más enconada del movimiento de masas.
Y en donde está planteada en la perspectiva la caída de viejos gobiernos y regímenes, el surgimiento de nuevos fenómenos políticos y la gran oportunidad de crear partidos revolucionarios que empalmen con esos nuevos fenómenos, si se tiene una política audaz para aprovechar las nuevas luchas y oportunidades.

Gustavo Giménez

(1) La alianza “Juntos haremos historia” está integrada por MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) el partido de López Obrador, el PT (Partido del Trabajo) de orientación maoísta y el PES (Partido Encuentro Social) de ideología evangélica conservadora.

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Balance de Marea Socialista sobre las Presidenciales en Venezuela https://mst.org.ar/2018/05/22/balance-de-marea-socialista-presidenciales-20-de-mayo-en-venezuela/ Tue, 22 May 2018 22:01:00 +0000 https://mst.org.ar/?p=13765 Caracas, mayo 21

Los resultados electorales en Venezuela dan como ganador a Nicolás Maduro (PSUV) por un 67,8 % de los votos, con un volumen de 6.190.612 votos a favor (de acuerdo con el 2do Boletín Electoral del CNE).

Fue derrotado el principal contrincante, Henry Falcón, que representa a sectores de derecha y de centro, partidarios de la participación -pues otra parte de la derecha opositora se abstuvo- ya que alcanzó un 21 %, con  1.917.036 votos, lo que marca una diferencia del 46 % de los votos entre uno y otro.

Falcón, un ex-chavista que se pasó hace muchos años a la oposición, fue el candidato abanderado por Avanzada Progresista, Movimiento al Socialismo (MAS), de corte socialdemócrata,  y Copei, de filiación social-cristiana.

Un tercer candidato, el pastor evangélico Bertucci, obtuvo el 10,8 %, con 988.761 votos.

El único candidato de izquierda no madurista, Reinaldo Quijada, de UPP89, apoyado por Marea Socialista obtuvo el 0,39 %, con 36.246 votos.

Entre todos los candidatos distintos a Maduro, éstos suman aproximadamente un 32 % de los votos.

Pero el hecho más destacado es el 54 % de abstención, que históricamente nunca pasó del 30 %. Sólo votó un 46 % del electorado,  9 millones 261.839 electores. Hubo 1,9% (176.210) de votos nulos.

La participación en la elección presidencial del 20 de mayo fue la más baja desde 1958, aún con las proyecciones del CNE de que podría quedar en el 48% al terminar los escrutinios.

El volumen de la abstención cambia la interpretación de los resultados completamente.

Porque, si sumamos los votos contrarios a Maduro con la abstención, tomando en cuenta la población total de electores y no sólo los que votaron, podemos observar que un 68 % de los electores no votó por Maduro y que entre los votantes contrarios más los que se abstuvieron, abarcan a casi dos tercios del electorado, que no apoya al presidente electo: 14 de los 20 milones que componen la población electoral.

Gran parte de los partidos de la oposición de derecha, antes integrados en la MUD, tuvo una posición abstencionista y de desconocimiento del proceso electoral.

Esta posición fue alentada por el gobierno de Trump y por el llamado Grupo de Lima, que congrega a los gobiernos más reaccionarios de América Latina. Sin embargo, esto no quiere decir que la actitud abstencionista de gran parte de los electores implique un seguimiento de las directrices de la derecha, sino que expresa el descontento y malestar general con el gobierno de Nicolás Maduro y la falta de una alternativa clara anticapitalista y de ruptura.

Una parte de la abstención es habitual y por lo general ha estado entre el 20 y el 25 %, pero al menos un 30 % de esa abstención pudiera ser calificada como “abstención consciente” o “militante”, sea cual sea su signo, pudiendo abarcar inclinaciones hacia la derecha o posiciones conocidas como el “chavismo crítico”.

La altísima abstención y la suma de los votos contrarios, convierten al gobierno del presidente Maduro en el gobierno de una minoría, y hacen que su victoria electoral tenga, contradictoriamente, elementos de una derrota politica. Porque, en realidad, refleja un retroceso y pérdida de respaldo de la población respecto a votaciones anteriores, con una disminución muy notable de la participación que tiene una significación negativa respecto al gobierno y al sistema electoral.

Pero, también se produjo, en muy poco tiempo, un descenso considerable respecto a los resultados de las también cuestionadas elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente, que se eligió en julio de 2017 sin la participación de la oposición y en la que los votos informados por el CNE fueron superiores a los 8 millones. De ahí que la pregunta sea: ¿Qué se hicieron y dónde están los demás votos favorables al gobierno?

Sin entrar a cuestionar los resultados numéricos de estas elecciones presidenciales, es necesario señalar las denuncias relacionadas con todo el proceso pre-electoral y en el desarrollo mismo de los comicios, donde fueron evidentes numerosos y distintos tipos de irregularidades y abusos como: ventajismo, manipulación arbitraria y sorpresiva del calendario electoral y sus pasos, peculado de uso de los recursos y medios del Estado, coacción y amenazas, utilización clientelar de las políticas de distribución de beneficios sociales, presión sobre los empleados del Estado, control social con instrumentos como el Carnet de la Patria, bonos de recompensa por el voto, instalación de puntos de control del voto oficialista en las inmediaciones de los centros electorales, votos asistidos (violando el derecho al voto secreto), entre muchos otros ilícitos electorales. Hay, entonces, una gran cantidad de votos forzados, que no expresan el libre ejercicio decisorio de los electores.

De manera que, aunque Nicolás Maduro haya sido reelecto y objetivamente se mantenga en el gobierno, para un nuevo período presidencial fijado hasta el 2025, esto sucede con una reducción sustancial de su caudal de votos y de su base social, dado que la gran mayoría de la población votó en su contra o se mantuvo al margen de las elecciones, enviando de esta manera una señal de rechazo al gobierno y el regimen de conjunto.

No obstante, cuenta con un nicho, anclado en el aparato del Estado (funcionarios públicos), en movimientos sociales burocratizados y clentelizados, y en sectores muy pobres de la población que dependen de los subsidios estatales para sobrevivir en la crisis o temen perder lo que aún queda de las conquistas más importantes de la revolución bolivariana en tiempos de Chávez (por ejemplo, las viviendas populares). Estos sectores también manifiestan cierto grado de descontento, pero aún así continúan votando por el gobierno de Maduro y el PSUV, además de temerle a una vuelta de la derecha tradicional.

De manera que Maduro no solo viene retrocesiendo en el terreno electoral desde su ascension, sino que ya no cuenta con la mayoría de la población a pesar de haber logrado la mayoría relativa de los votos; su triunfo tiene “sabor a poco”, y lo central de la votación ha sido el predominio de la abstención, relacionada en buena medida con la ausencia de una alternativa o referencia política atractiva para quienes han apoyado la revolución de Chávez y hoy experimentan decepción frente a Maduro, o para aquellos que rechazan a Maduro y a la derecha tradicional, pero no ven una opción con posibilidades de hacerse gobierno.

Lo que también queda claro, es que la oposición de derecha tradicional ( hay quienes consideran que el Gobierno-PSUV ya es otra derecha) está en crisis, dividida en sus tácticas para enfrentar al gobierno de Maduro-PSUV, ya que una parte (liderada por Falcón) asumió ante las elecciones una actitud más conciliadora, mientras que la otra  tiene una línea conspirativa-insurreccional-golpista, a la sombra de los Estados Unidos y los gobiernos más derechistas de América Latina. Esta fracción de la derecha venezolana, que estuvo nucleada en la ex MUD ahora está principalmente en el Frente Amplio, con algunos factores procedentes del chavismo, contrarios a Maduro, partidarios de lo que llaman “unidad nacional contra la dictadura”).

El pronóstico de este escenario, respecto al Gobierno-PSUV es que éste acentuará su autoritarismo, dando paso a una conducta cada vez más contrarrevolucionaria de su dirección política burocrática y degenerada. Sin embargo esto no descarta que en el juego de “el garrote y la zanahoria” los actores políticos puedan procurar salidas negociadas o alguna forma de “transición” pactada en caso de perderse por completo la gobernabilidad.

La falta de respuesta que den soluciones frente a la crisis economica ( hiper inflacion) el autoritarismo, la perdida de libertades, el incrmento de la represion y persecuciones a activistas populares podría llevarnos a una situación proclive al incremento de las protestas y las luchas, al no poder el gobierno dar salida real a la terrible situación de penurias que atraviesa el pueblo venezolano desde hace varios años por las nefastas políticas del “madurismo” y por el acoso de una derecha digitada por Washington que no renuncia a procurar la administración directa del Estado por la vieja burguesía y por los intereses del Norte. También sabemos que las presiones del imperialismo van a ser mayores.

En este marco, la alianza electoral de Marea Socialista con el voto para Reinaldo Quijada (UPP89) ha sido una táctica defensiva para intentar una mayor proyección y condiciones más favorables de construcción, apuntando a poder levantar desde nuestra fuerza, en primer lugar una opción independiente de la burocracia y de la burguesía, que pudiese canalizar lo que se fue desde la izquierda o el chavismo crítico hacia Falcón o hacia la abstención inorgánica, y  en segundo termino estar mejor posicionados para el impulso de la construcción de una nueva referencia política alternativa que pueda tener a Marea Socialista como principal promotor.

En ese sentido,la perpectivas mas probable es a mayor crisis inestabilidad y resistencias del  movimiento de masas, una mayor tension social en la cual debemos participar para al calor de las luchas grandes y pequeñas que seguramente continuaran y se iran incrementando, seguir avanzando en la construccion y desarrollo de MS, altiempo que seguimos en  la busquedas de nuevos sectores organico o no que esten dispuestos a sumarse a la tarea de construir una referencia politica anticapitalista que de una verdadera salida de fondo a los trabajadores y el pueblo Venezolano.

Gonzalo Gomez–Sergio Vargas
EON Marea Socialista

 

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“Presidenciales” e internacionalización de la crisis: ¿Adónde va Venezuela? https://mst.org.ar/2018/02/13/presidenciales-internacionalizacion-de-crisis-adonde-va-venezuela/ Wed, 14 Feb 2018 01:36:04 +0000 https://mst.org.ar/?p=11876 El previsible  fracaso del “Dialogo” en República Dominicana, el adelanto unilateral de las elecciones presidenciales para el 22 de abril por parte del gobierno de Maduro y la oficina electoral del Ejecutivo  conocida como CNE, junto con la gira del ex directivo de Exxon Móvil y actual Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson por América Latina, para poner en marcha el plan de injerencia  más ambicioso de este siglo contra un pueblo  de la región; todo esto sumado al colapso hiperinflacionario que está en desarrollo; son los pilares sobre los que se construye un nuevo escenario de desenlace a la crisis integral que vive Venezuela, y que tendrá, sin dudas, como ya lo manifiesta el extraordinario fenómeno de migración que se está desarrollando, un enorme impacto en el continente.

1. La evolución de la crisis ha dado un nuevo paso,  ya no sólo se juega en el terreno nacional, cada vez más acotado, sino que se desenvuelve también en el regional e internacional. Las medidas anti migratorias (incluido el cierre parcial de fronteras y la movilización de tropas con la cooperación de expertos gringos en el terreno)  tomadas por los gobiernos de Colombia y Brasil contra ciudadanos venezolanos que buscan el exilio como salida a las penurias que provoca la crisis; la suspensión de exportaciones de Nicaragua, tradicional socio del ALBA, a nuestro país para no caer en las sanciones que promete Estados Unidos hacia todos aquellos que no se adhieran a su plan; las supuestas “ventajas” para los exiliados criollos que ofrecen otros gobiernos como los de Argentina, Chile y Perú; los planes de abastecimiento petrolero de EE.UU. para algunas islas del Caribe en sustitución de fenecido Petrocaribe, prometidos por Tillerson en su gira, y el anuncio por  parte de casi 40 países, incluidos los de la Unión Europea, de que las elecciones presidenciales convocadas no serán reconocidas, son apenas algunos de los elementos de un menú aún no conocido en su totalidad, pero que cada día va quedando a la vista con nuevos anuncios. Estos hechos sugieren que la escalada injerencista norteamericana ha pasado de las declaraciones a los hechos.

Esas medidas y la prometida progresión de sanciones como la suspensión de la compra de petróleo venezolano por parte de Estados Unidos, tendrán efectos devastadores sobre nuestro pueblo. Buscan, al mismo tiempo, la capitulación total de un gobierno pusilánime que ha dado sobradas muestras de su voluntad de cumplir con las exigencias del capital internacional uno de cuyos ejemplos emblemáticos en la entrega del Arco Minero del Orinoco, sin importar las consecuencias para el país, y por eso mismo es repudiado por la mayoría absoluta de la población.

De no lograr la capitulación total del Madurismo o una parte importante de él (lo que no es descartable) con estas presiones, la orientación, hecha pública por Estados Unidos es buscar, en el mejor y menos costoso de los casos para ellos, que un sector de mandos de las fuerzas armadas nacionales produzca un pinochetazo enmascarado detrás de un discurso falsamente liberador, cuentan para ello con la complicidad del gobierno de Santos y la presión que está realizando las fuerzas armadas colombianas en la frontera. Es lamentable, en este escenario, que la burocracia madurista con su política pro neoliberal, autoritaria y antipopular, le haga el juego irresponsablemente a la escalada intervencionista al haber horadado y desmoralizado a la base social necesaria para enfrentar la agresión.

2. Por otra parte,  el anuncio unilateral de la fecha de las elecciones presidenciales con la complicidad de un CNE amañado y sin legitimidad a los ojos de los venezolanos,  se corresponde con el nuevo momento político en el que ha entrado el país. Se trata de otro paso en la búsqueda de consolidación de un régimen político autoritario, cada vez más cerca de un bonapartismo clásico, contrarrevolucionario. El maquillaje electoral de este régimen se desarrolló luego de la instalación de la fraudulenta Constituyente. Las elecciones a gobernadores y alcaldes y ahora ésta «presidencial”, intentan  mantener una apariencia democrática donde sólo hay represión, amedrentamiento y terror  como política de estado hacia una población agotada por la crisis económica y el descalabro social.

La detención indiscriminada tanto de opositores acusados de conspiración que luego son liberados, como de ciudadanos comunes que protestan por las miserias del día a día, y de dirigentes y activistas chavistas que reclaman contra el rumbo del gobierno como los obreros de Lácteos los Andes. Así como la llamada “masacre” del Junquito o los asesinatos producidos por las fuerzas de seguridad en barrios populares, van construyendo el camino sobre el que la cúpula burocrática y boliburguesa encabezada por Maduro y Cabello, transita en su objetivo de eliminar todo vestigio democrático y consolidar un sistema de control social que cabalga sobre el hambre, el miedo  y la impotencia a la que están arrastrando al pueblo venezolano.

Su debilidad consiste justamente en esta orientación, opuesta por el vértice a la de Chávez. Mientras el bonapartismo sui generis o cesarismo progresivo que encarnó Chávez se apoyaba en la movilización y participación relativa del movimiento popular para resistir algunas políticas imperiales, este autoritarismo madurista se apoya en la represión indiscriminada y brutal sobre la población y en la entrega de todos los recursos, para buscar la simpatía y confianza del gran capital, una ilusión inútil que le está costando muy cara al país.

En este contexto, las elecciones presidenciales así convocadas, de manera unilateral, violando, a propia cuenta y riesgo todas las reglas constitucionales y de la ley orgánica de procesos electorales, se inscribe en el desesperado intento de esa cúpula de evitar las presiones internacionales y de mostrarse como víctima frente a un pueblo hambreado y maltratado, y eludir su enorme  y principal responsabilidad en la situación actual del país y su fracaso frente a la crisis.

Al no representar un ejercicio democrático real, las elecciones tienen un resultado anticipado. Ni el apoyo abierto de Rusia ni el más encubierto o vacilante de China, podrán lograr los resultados declarados desde el poder. Un poder que Maduro quiere construir como absoluto, aunque no puede ocultar su propia y extrema debilidad.

La participación en ellas se justifica como parte del aprovechamiento de los escasos y reducidos espacios democráticos que aún subsisten, para intentar avanzar en un proceso de reorganización del movimiento social hoy disperso y extremadamente reducido, tratar de instalar en el limitado debate popular la responsabilidad del gobierno en las penurias actuales que sufrimos y poner en discusión un nuevo proyecto nacional contra el de la burocracia parasita y la oligarquía tradicional y para hacer el intento de dar los pasos iniciales en la construcción de una nueva alternativa política.

3. El fracaso del “Dialogo” es al mismo tiempo un nuevo momento  del derrumbe de la vieja oposición política organizada en la MUD. La práctica politiquera de los viejos partidos y dirigentes que conformaron esa plataforma, más preocupados por su destino y ventaja personal que por la situación del país y su pueblo, ha chocado de frente con su propia incapacidad. La sucesión de graves errores cometidos en las últimas dos décadas por estos dirigentes y partidos se explican por su propia naturaleza, tan entreguista y antipopular como la de la burocracia gobernante en la actualidad.

Estamos presenciando el derrumbe definitivo de esa oposición. Su división entre sectores que participan de la fiesta del reparto madurista y aquellos que están siendo perjudicados y perseguidos por el gobierno se hará cada día más patente y se terminará expresando en la elección presidencial como lo hizo antes en las de alcaldes.  Estos dirigentes y partidos están dando los últimos respiros cómo bloque opositor. Algunos de ellos más confiables para el imperialismo norteamericano y otros más comprometidos por intereses crematísticos o por miedo y cobardía con el régimen de Maduro y Cabello.   Tomen la decisión que tomen sobre su participación en las elecciones presidenciales, ya dilapidaron el capital político que les tocó administrar en diciembre de 2015.

4. Un último elemento de análisis pero no el menos importante, es el colapso económico al que se desliza el país por ahora sin freno a la vista. Algunos de los elementos que lo caracterizan son: la brutal dinámica hiperinflacionaria que se ha desatado; la caída en picada de la producción petrolera que según algunos pronósticos tocaría durante 2018 un piso de un millón de barriles diarios, contra los dos millones seiscientos mil con los que se inició 2017; la situación de default de hecho y desordenado en relación a la deuda externa, que parece inevitable, entre muchos otros.  Todo esto con el impacto tremendo que provoca este desastre económico en la vida cotidiana de la población que vive de su trabajo.

5. El rechazo contundente a las maniobras imperiales que como está demostrado históricamente, solo traerán mayor destrucción y penurias al pueblo y al país, no puede estar separado de la lucha contra un régimen interior autoritario, hambreador y entreguista.

Pero la simplificación de leer la realidad como divida en apenas dos campos, entre un enemigo principal y otro secundario para justificar la intervención internacional encabezada por Estados Unidos con la excusa de que primero hay que salir de Maduro y después “como va viniendo vamos viendo”, es la contracara de otra visión equivocada que conduce a identificar “proceso” con “gobierno” y a partir de esta atrocidad, cerrar filas con Maduro y el gobierno, responsable principal del colapso del país.

En el terreno electoral esta simplificación empuja a sectores centristas algunos de los cuales pudieran estar ingenuamente bienintencionados, a buscar el peligroso atajo de proponer al candidato de los gringos, un Macri caribeño en la figura de Lorenzo de Mendoza, con la falsa ilusión de que un “empresario exitoso” buscaría un modelo de producción para el país, olvidando que el éxito de este empresario y su familia se debe fundamentalmente a la apropiación mafiosa y corrupta de la renta petrolera de todos los venezolanos en provecho personal y con la complicidad de las cúpulas políticas. Lo mismo sucede con los que se preparan para participar en las elecciones apoyando a Maduro o presentar otros candidatos que sostengan una propuesta acrítica y funcional al gobierno.

Somos conscientes que sostener una política independiente, democrática y en defensa de los intereses populares y nacionales es extremadamente difícil en las actuales condiciones de amenaza intervencionista, polarización y entrega. Pero aunque en un primer momento esta orientación resulte minoritaria, capitular a cualquiera de los polos, incluso en el terreno electoral resultaría una traición abierta al proceso de independencia que se abrió en el país a finales de la década de los ‘80 del siglo pasado.

Los pilares para construir esa política independiente son, desde nuestro punto de vista, los siguientes: a) rechazar de manera contundente la intervención imperialista en todas sus variantes, incluido el Golpe de Estado o la agresión militar del gobierno de Colombia u otras. b)Poner en pie un amplio movimiento ciudadano democrático, soberano e independiente de las cúpulas políticas actuales, que impulse la lucha directa por recuperar el marco constitucional, la defensa de los derechos humanos elementales e instale un espacio amplio de debate nacional con la participación activa de los movimientos sociales hacia un gobierno provisional. c)articular un plan de emergencia económica soberano e independiente, que dé prioridad a la alimentación, salud y trabajo de los venezolanos por encima de cualquier otra prioridad como por ejemplo los pagos de deuda externa.

De la misma manera hacemos un llamado a los pueblos hermanos de Nuestra América para que al tiempo que rechacen activamente y en las calles la cooperación de sus gobiernos con la agresión imperialista a Venezuela, repudien el rumbo abiertamente autoritario, represivo y hambreador del gobierno de Nicolás Maduro, y expresen una solidaridad activa con los venezolanos que han debido exiliarse en sus países.

La crisis en Venezuela la debemos resolver de manera democrática, sin injerencias ni intervenciones, y entre venezolanos.

Editorial #27

Equipo Operativo Nacional de Marea Socialista (Venezuela)

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Estados Unidos: en noviembre se vienen las presidenciales https://mst.org.ar/2012/09/12/estados-unidos-en-noviembre-se-vienen-las-presidenciales/ Wed, 12 Sep 2012 12:29:50 +0000 http://www.mst.org.ar/2012/09/12/estados-unidos-en-noviembre-se-vienen-las-presidenciales/ Cuando el demócrata Barack Obama asumió en enero de 2009 una encuesta de USA Today le adjudicaba un nivel de aprobación del 80%. Venía de derrotar a uno de los presidentes más odiados de la historia, George W. Bush. Que favoreció a los ricos y fomentó las agresiones militares. Por eso la figura de Obama y su campaña de “esperanza” habían despertado grandes expectativas en millones de estadounidenses de que las cosas cambiarían.
Hoy se encuentra en una contienda cabeza a cabeza con Mitt Romney, un ultra-conservador del Partido Republicano de Bush. En los cuatro años que han transcurrido, la Administración Obama se encargó de una paulatina desilusión que lo trajo al apriete en el que se encuentra ahora. Incumplió, una tras otra todas las promesas que había hecho en su campaña.
En vez de la prometida ley de salud universal, negocia con los republicanos el recorte de los “beneficios” de salud y seguridad social. Le dio rescates millonarios a los bancos sin dar solución alguna a los millones que pierden sus hogares por la crisis inmobiliaria. Superó a los republicanos en políticas contra los inmigrantes, incluyendo más de un millón de deportaciones. En lugar de la prometida ley que facilitaría la afiliación sindical, dejó correr diversas reformas laborales que erosionaron la negociación colectiva.
Pero fundamentalmente, en medio de la peor crisis que golpea a EEUU desde la Depresión de los años 30, se encargó de que los empresarios más ricos recuperen y mantengan sus ganancias, mientras la pobreza y la desocupación afectan a franjas cada vez más amplias. El ingreso medio de los estadounidenses ha decaído cada año de su administración.
La primera señal de esta traición a la esperanza que había sembrado se vio en las elecciones legislativas de 2010, en la que los republicanos ganaron la mayoría de la cámara baja y casi ganan también el Senado.
Sin embargo, en estos mismos cuatro años surgió la rebelión obrera de Wisconsin, con su masiva toma de la Legislatura de ese estado, contra las medidas anti-obreras de su Gobernador. Se expandió por el país el movimiento “Occupy Wall Street” contra el 1% y sus rescates a los bancos. Y de a poco van creciendo las luchas de diversos sectores como los docentes de Chicago que están de paro en estos días en defensa de la educación.
Son reflejos de un pueblo trabajador, que va haciendo la experiencia con los dos partidos del capitalismo yanqui, y sacando la conclusión de que tienen que prepararse para luchar, sea demócrata o republicano el que ocupe la Casa Blanca.

Federico Moreno

 

 

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