Estados Unidos – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Fri, 06 Feb 2026 12:28:20 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Estados Unidos – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Fuera ICE El mensaje de los artistas en los Grammy 2026 https://mst.org.ar/2026/02/02/fuera-ice-el-mensaje-de-los-artistas-en-los-grammy-2026/ Mon, 02 Feb 2026 12:25:00 +0000 https://mst.org.ar/?p=39901 Por Santiago Ledesma

Artistas de alcance global convirtieron la gala en una tribuna contra el racismo de Estado y la persecución a migrantes, señalando a ICE como símbolo de una política de deportaciones, represión y deshumanización impulsada por la administración Trump.

La música, esta vez, no fue neutral

En una de las ceremonias más politizadas de su historia, la 68ª edición de los Premios Grammy celebrada este domingo en Los Ángeles se convirtió en un escenario de fuerte protesta contra la agencia migratoria estadounidense ICE (Immigration and Customs Enforcement) y las políticas de deportación y represión bajo la administración de Donald Trump, en medio de una ola de indignación social que se vive en Estados Unidos y más allá.

Artistas de primer nivel aprovecharon su tiempo en el escenario para enviar mensajes directos de rechazo a la agencia migratoria y a la criminalización de migrantes, en un gesto inusual para un evento musical de alto perfil pero que responde a un contexto de movilización social en las calles y en los medios.

Uno de los momentos más potentes fue el del artista puertorriqueño Bad Bunny, que al recibir el Grammy al mejor álbum de música urbana por Debí Tirar Más Fotos –convirtiéndose  en el primer artista galardonado con ese premio con un disco completamente en español– transformó su discurso de agradecimiento en una dura crítica política. Antes de los tradicionales agradecimientos, lanzó la consigna “¡Fuera ICE!”, proclamando que “no somos salvajes, no somos animales, no somos extraterrestres, somos humanos y somos americanos”. Sus palabras, que apelaron a la humanidad y dignidad de millones de migrantes, fueron recibidas con una ovación del público presente en la ceremonia.

Pero Bad Bunny no fue un caso aislado. Otras figuras presentes también usaron su presencia en el escenario para hablar de migración y políticas de estado. La cantante Billie Eilish, ganadora del premio a la Canción del Año, subrayó que “nadie es ilegal en tierra robada” y continuó con una crítica directa a las prácticas de ICE, que meses atrás fueron objeto de protestas ciudadanas tras represiones violentas en ciudades como Minneapolis.

Además, varios artistas, incluidos Kehlani, Olivia Dean y otros ganadores, lucieron pines con el lema “ICE OUT” durante la transmisión, evidenciando un gesto colectivo de rechazo a las políticas migratorias y a las instituciones que las implementan.

Más allá de la música, los Grammy 2026 reflejaron un sector del espectáculo que históricamente evitaba tomar posiciones políticas visibles y esta vez optó por romper el silencio y solidarizarse con un movimiento amplio contra la criminalización de la migración y la violencia estatal. Este posicionamiento se enmarca en un contexto de protestas y movilizaciones sociales que, en los últimos meses, han denunciado la represión, las deportaciones masivas y los operativos de ICE en distintas ciudades de Estados Unidos.

Estos discursos en los Grammy no son solo declaraciones individuales, sino parte de una respuesta más amplia contra un aparato estatal que trata a las personas migrantes como problemas administrativos más que como seres humanos con derechos. En esa perspectiva, convertir un premio musical en tribuna política es también una forma de interpelar a una audiencia global y un recordatorio de que la lucha por los derechos humanos atraviesa todas las esferas de la vida social y cultural.

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Irán: de la rebelión popular reprimida a las amenazas de EE. UU. https://mst.org.ar/2026/02/01/iran-de-la-rebelion-popular-reprimida-a-las-amenazas-de-ee-uu/ Sun, 01 Feb 2026 20:08:00 +0000 https://mst.org.ar/?p=39860 El alzamiento de 2025-26 retoma y profundiza la huella de los anteriores y expresa la decadencia del régimen fundamentalista islámico. Las masas ganaron las calles por derechos sociales y democráticos desafiando la represión. Aún es aventurado hacer un balance cerrado y trazar una perspectiva certera del proceso. La solidaridad con la lucha del pueblo iraní debe acompañarse del rechazo a la injerencia de Israel, EE. UU., otros imperialismos y los restos de la dinastía Pahlaví. La única vía progresiva es la autoorganización de los trabajadores en el camino de un Irán socialista y de la Revolución Socialista en Medio Oriente.

Por Rubén Tzanoff

De la huelga en el Gran Bazar al levantamiento nacional

El 28 de diciembre los comerciantes del Gran Bazar de Teherán demandaron huelga al grito de “Cierren, cierren”, ahogados por la drástica caída del rial frente al dólar y la hiperinflación. Esta acción marcó el inicio de una nueva oleada de manifestaciones masivas, enfrentamientos callejeros, bloqueos viales, quemas de vehículos policiales y acciones sobre sedes de las fuerzas de seguridad.

Durante más de un mes las acciones cruzaron transversalmente a la sociedad iraní, protagonizadas por estudiantes universitarios, trabajadores petroleros, mineros, sanitarios, jubilados y otros sectores populares, de los cuales surgieron llamados a la coordinación y a la autoorganización en barrios y fábricas de distintas regiones. Se extendieron como un reguero de pólvora desde la capital a localidades urbanas y rurales de todo el país, levantando consignas económicas como “pan, trabajo, salario digno” o “no a la carestía”, que rápidamente derivaron en consignas políticas como “Abajo la dictadura clerical”.

Las redes sociales fueron un canal clave para la difusión de las convocatorias y la denuncia de la represión, pero a partir del 8 de enero el flujo de comunicación fue interrumpido por el Estado con el apagón de internet y una severa censura para intentar esconder la interpelación frontal al poder.

Bloqueo callejero.

La respuesta represiva fue brutal

La represión a las protestas fue ejecutada con fuego letal y sin contemplaciones por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés), la Organización para la Movilización de los Oprimidos (Basij), su milicia paramilitar subordinada, y la policía. El accionar criminal hizo que se multiplicaran por cualquier vía accesible las denuncias de ejecuciones, desapariciones, torturas y detenciones masivas. Una de las arbitrariedades más difundidas fue la condena a muerte del joven Erfan Soltani por su participación en las protestas de enero, que posteriormente fue cancelada con su liberación bajo fianza.

Gases contra los manifestantes.

La cantidad de asesinatos es horrorosa

Las autoridades justificaron la represión alegando “terrorismo”, la acción de “agentes extranjeros” y que, si caía el Líder Supremo, volvería la monarquía proimperialista, y así desataron una matanza de su propio pueblo. El presidente Masoud Pezeshkian y otras fuentes del régimen reconocieron la existencia de 3.117 muertos entre civiles, “terroristas” y fuerzas de seguridad. Los datos oficiales son poco creíbles porque siempre están manipulados. Distintas ONG de derechos humanos denuncian cifras que van desde 6.200 a 30.000 muertos y otros miles de detenidos. Aunque las cantidades oscilan entre márgenes muy amplios que tal vez jamás sean confirmados, aun las más bajas son horrorosas porque se trata mayoritariamente de personas a las que los efectivos de seguridad asesinaron por el “simple” hecho de protestar para sobrevivir en libertad.

Cadáveres en un centro médico de Teherán.

Resquebrajamiento profundo, futuro incierto

Los acontecimientos evidencian que la relación del régimen con amplios sectores del pueblo trabajador está más resquebrajada que nunca y difícilmente tenga retorno, por los padecimientos sociales, la brutal represión y los mártires que provocó. A pesar que a partir del 10 de enero, después de la manifestación oficialista en la plaza Azadí, las autoridades afirmaron tener la situación “bajo control”, las protestas continuaron, pero con menor participación y visibilidad. Habrá que ver cómo evolucionan en un futuro inmediato que se vislumbra incierto.

Alzamiento de 2022, una referencia que viene al caso

En la última década el régimen de los ayatolás atravesó distintas oleadas de protestas, como en 2017-18 por el alza de precios y en 2019 por el combustible, pero vale recordar las características del último alzamiento. Estalló en Teherán el 16 de septiembre de 2022 por el asesinato de Mahsa Amini bajo custodia de la “policía moral”, contó con una enorme participación popular, juvenil y de mujeres reclamando por sus derechos, libertades democráticas, contra la violencia estatal y el sistema teocrático. La utilidad de citar aquel gran alzamiento radica en poder dimensionar con mayor precisión los alcances del actual, ya que, aunque existen algunas semejanzas -como la rápida difusión por redes pese a la censura, la participación popular y la represión-, también se destacan rasgos distintos.

Rebeliones heroicas con debilidades repetidas

En el alzamiento de 2025-26 hubo una mayor confluencia de trabajadores, jóvenes, mujeres y capas medias empobrecidas, reflejando un profundo resquebrajamiento del tejido social. El proceso adquirió rasgos de semi insurrección que cuestionó al régimen como nunca, lo puso en jaque, lo debilitó y expuso su descomposición. No alcanzó para derrotar a los fundamentalistas islámicos e instaurar una institucionalidad distinta porque, como en otras gestas, también aparecieron debilidades. El proceso exhibió la voluntad de lucha y la valentía de las masas, pero la clase trabajadora y los organismos de poder dual no fueron factores cualitativos, ni hubo una dirección revolucionaria y socialista que condujera la gesta hacia el triunfo y un cambio cualitativo.

Irán y Medio Oriente en escalada permanente

Es un hecho que la tensión continúa agravando la situación regional. Israel sigue matando en Gaza, somete a Cisjordania y ataca al Líbano; Siria, con Turquía y Rusia, acorrala a los kurdos. Netanyahu y Trump utilizan el chantaje militar para amenazar a Irán, que a su vez responde con sus propias acciones de advertencia, mientras que Hizbulah y los hutíes afirman que lo defenderán en caso de un ataque estadounidense. Y, como telón de fondo, continúa la crisis capitalista que desde 2008 profundiza el sufrimiento de las masas, causa pobreza y, con sus particularidades, es un factor presente en los recientes levantamientos en Marruecos e Irán.

Se abren varios interrogantes

En Irán y Medio Oriente intervienen poderosos intereses contrapuestos y una realidad compleja que abre interrogantes: ¿hasta qué punto el andamiaje teocrático tiene condiciones de sobreponerse? ¿Ha cerrado el actual episodio de protestas masivas o se mantiene latente a corto o mediano plazo? ¿Cómo seguirán actuando sobre el pueblo las carencias económicas y democráticas? ¿Cómo influirán las amenazas y presiones de EE. UU. e Israel? ¿Cómo actuarán los principales socios de Irán, Rusia -a quien abastece de arsenal para la invasión en Ucrania- y China -a quien abastece de petróleo barato y ayuda para desafiar el control naval estadounidense en el Índico-?

Solidaridad con el pueblo iraní

La certeza para los revolucionarios es que hay que seguir apoyando al pueblo iraní y sus reclamos sociales y democráticos que van desde exigir la libertad de los presos por luchar hasta el castigo a los represores, y se concentran en un objetivo: la derrota del régimen fundamentalista islámico, reaccionario y represor. No se puede depositar ninguna expectativa consecuentemente “antiimperialista” en la política de su líder supremo, Alí Jamenei, que pasa de las acciones militares de advertencia, como el ejercicio naval en el estrecho de Ormuz, a los llamados a Trump para llegar a un acuerdo que le permita mantenerse en el poder o desarrollar su programa nuclear. La represión al pueblo iraní también dinamita el apoyo popular necesario para enfrentar al imperialismo y al sionismo con más fuerza. Ante cada crisis del régimen fundamentalista cobra cierta visibilidad el heredero del último sha, Reza Ciro Pahlaví, quien se postula para regresar y encabezar una “transición democrática” desde el poder. Aunque su incidencia es marginal, es necesario repudiarlo porque levanta una política tan proimperialista y contrarrevolucionaria como la de su padre.

También puedes leer: “Declaración de la LIS en solidaridad con las protestas populares en Irán”.

No a la injerencia de EE. UU. ni de otras potencias imperialistas

A la par, es indispensable rechazar cualquier nuevo ataque estadounidense a Irán, cuestión que no se puede descartar vistas las amenazas, el despliegue militar en el Golfo Pérsico y la reciente agresión a Venezuela que Netanyahu pide repetir con Teherán. Trump quiere reconfigurar Medio Oriente al servicio de los intereses imperialistas y de su gendarme sionista. En ese afán es capaz de apelar tanto a la guerra como a los acuerdos tramposos de dominación como el de Palestina. El llamado a la más amplia unidad de acción en la movilización para frenarlo es una necesidad urgente. Ni Rusia, ni China, ni la Unión Europea, ni los traidores gobiernos árabes que se ubican en una u otra órbita de las grandes potencias representan salidas para los pueblos. Los viejos y los nuevos imperialismos y sus satélites se manejan en base a sus intereses geopolíticos y de rapiña, no a las necesidades y derechos insatisfechos de los pueblos; por eso no tienen nada de progresivo, como falsamente defienden los campistas.

También puedes leer: “Putin bendice al gobierno sirio y su masacre de kurdos”.

La revolución socialista es la única salida estratégica

La salida positiva para Irán, Palestina y Medio Oriente no surgirá de ninguna variante del fundamentalismo ni de los viejos y nuevos imperialismos en disputa por la hegemonía, sino de la organización independiente de trabajadores, mujeres y juventud para derrotar al régimen de los ayatolás y lograr un gobierno de los trabajadores con sus propios organismos de autoorganización. Sólo construyendo partidos socialistas revolucionarios y avanzando en el reagrupamiento internacional de los revolucionarios podrá abrirse camino la Revolución Socialista en Medio Oriente como salida estratégica. Son tareas que la LIS impulsa cotidianamente en todo el mundo.

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Decadencia de la CTA. De proyecto de central alternativa a felpudo del embajador yanqui https://mst.org.ar/2022/09/21/decadencia-de-la-cta-de-proyecto-de-central-alternativa-a-felpudo-del-embajador-yanqui/ Wed, 21 Sep 2022 21:13:52 +0000 https://mst.org.ar/?p=31677 La foto de dirigentes de la CTA-T con el embajador yanqui produjo una gran indignación y se ha transformado en la expresión más bizarra de la decadencia de la CTA. Lejos, muy lejos, de sus postulados fundacionales allá por los años noventa, la CTA de los orígenes se fragmentó, nunca pudo superar los moldes del modelo sindical burocrático y devino en corrientes político sindicales integradas al gobierno actual.

Escribe: Guillermo Pacagnini

El Encuentro de Burzaco, realizado el 17/12/91, colocó la piedra fundacional de lo que sería la CTA. Un proyecto que se presentó como alternativo a la burocracia tradicional de la CGT. Esta venía acumulando traiciones y aparecía alineada con el gobierno menemista que estaba descargando un tremendo plan de ajuste y entrega. Las expectativas entre los trabajadores y camadas de activistas fueron tan importantes como posteriormente defraudadas.

El acta que refrendaron los sectores allí reunidos graficó: «Vivimos las consecuencias de un plan económico que sólo prioriza el pago del endeudamiento externo…(hacen falta) nuevas formas de construcción política y social… por un nuevo modelo sindical… el viejo modelo sindical sostenido por su dependencia del poder político y su grado de complicidad con el poder económico… 1. Autonomía sindical con respecto al Estado, los patrones… 2. Democracia sindical, rechazando las estériles divisiones y el sectarismo…» Y el documento culmina fustigando a las «dirigencias caducas que terminan legitimando el ajuste»…
Hoy parece ciencia ficción, pero esas afirmaciones programáticas, parciales pero que apuntaban a un cambio, no solo fueron completamente abandonadas por esta dirigencia, sino que el camino que emprendió fue en el sentido completamente opuesto. Terminaron apoyando el endeudamiento externo, volviendo a las viejas estructuras políticas peronistas, renunciando a la autonomía, renegando de la democracia sindical y, en definitiva, volviendo a las fuentes. Tan es así, que Yasky y sus secuaces anunciaron sus intenciones de regresar a la CGT. Si no se produjo esa «unidad» por la que abogó en su campaña el presidente Fernández, es porque la disputa caníbal al interior de la CGT se lo viene dificultando.

Ascenso y debacle

El nuevo sindicalismo se quedó en los anuncios. El proyecto encabezado originalmente por De Gennaro que hizo dependiente a la central del aparato financiero de ATE, terminó en un fracaso completo de su modelo sindical y también de sus aspiraciones de poner en pie un nuevo movimiento político y social. Si bien tuvo prota-gonismo en muchas de las luchas contra el menemato, al no impulsar realmente la renovación sindical, combatir la radicalización de un valioso activismo autoconvocado y no desarrollar la democracia sindical en esas peleas, no estuvo a la altura para enfrentar las privatizaciones. Muchas luchas fueron directamente traicionadas. En terreno político fueron furgón de cola y apoyaron el proyecto de la Alianza de De la Rúa que terminó profundizando el ajuste de Menem. Y el broche de oro fue haber llamado a desmovilizar en el Argentinazo de 2001. Las divisiones y la decadencia fueron el curso posterior acorde a la magnitud de haber estado a contramano de las necesidades de los trabajadores y de la renovación sindical combativa que prometieron. La burocractización y la integración a proyectos y gobiernos patronales, los asimiló con claridad al viejo modelo sindical burocrático que dijeron combatir.

La cegetización y la integración a los gobiernos

La fracción «CTA Autónoma», se volvió a dividir por peleas de aparato (las «centrales» de Godoy y Micheli), nunca aceptó reformar sus estatutos y democratizar el funcionamiento incorporando la representación proporcional y la decisión democrática de las bases y terminó transformada en una corriente devaluada e integrada al gobierno actual.
La fracción de Yasky, CTA de los Trabajadores, que originalmente venía del sindicalismo ubaldinista, se hizo célebre por conducir la consolidación burocrática de la CTERA, abandonando el viejo programa de Huerta Grande y transformando a la confederación docente en una estructura verticalista. Y fue quien más rápidamente abandonó los postulados de Burzaco y se cegetizó.

Yasky acuñó la frase «autonomía no es neutralidad», como una servil justificación, no para defender el pluralismo que debe existir en toda orgenización sindical, sino para justificar su alineamiento primero con el gobierno kirchnerista y ahora con el del Frente de Todos. Y, en esa dinámica decadente, terminó acompañando el giro proimperialista del gobierno del superministro Massa, igual que la CGT, con la bendición del embajador norteamericano.

La necesidad de una nueva dirección combativa y democrática

La dirigencia de las CTAs, como la de la CGT, tienen fecha de vencimiento. Su ritmo, va a depender del desarrollo de la lucha de clases y el rol activo de la izquierda clasista.
La perspectiva de un mayor ajuste al ritmo del FMI, coloca la necesidad de una nueva dirección que impulse un modelo sindical independiente, democrático y para la lucha. Y que empuje, desde la autonomía con el estado y los gobiernos, el desarrollo de una alternativa política de los trabajadores, de izquierda, anticapitalista.

La izquierda y el activismo combativo hace años que vienen dando avances, aunque la burocracia de todo pelaje controla todavía la mayoría del aparato de los sindicatos, por más que acumule bronca por abajo y apele al fraude y las maniobras para sostenerse. No podemos minimizar esta pelea, porque pese a todo ello, los Yasky, Godoy, los Moyano y Cía, actúan ante la ausencia de un polo combativo frenando la posibilidad de planes de lucha de conjunto, han enterrado los paros nacionales y todavía fabrican ilusiones de que son un freno «a la derecha que se viene». Mientras los combatimos y exigimos medidas de lucha, sin la menor confianza, tenemos que apoyar y desarorllar lo que viene surgiendo, el nuevo activismo. Los dirigentes que han ganado internas y cuerpos de delegados, los procesos de autoconvocatoria y los sindicatos recuperados y los nuevos sindicatos combativos.

La pelea por un nuevo modelo verdaderamente autónomo, que pelee por desterrar toda dependencia del Estado y los gobiernos, que impulse la soberanía de las asambleas, que defienda a rajatabla la representación proporcional de todas las corrientes de opinión, empieza apenas se recupera un puesto sindical para los trabajadores sea una junta interna o un sindicato. Y se transforma en la tarea clave del activismo que madura en las luchas que van despuntando.

 

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Declaración de la Liga Internacional Socialista (LIS) Ucrania https://mst.org.ar/2022/02/10/declaracion-de-la-liga-internacional-socialista-lis-ucrania/ Thu, 10 Feb 2022 15:48:20 +0000 https://mst.org.ar/?p=30742 ¡No a la agresión del imperialismo ruso a Ucrania!
¡Fuera la OTAN y EE.UU. del este europeo!
¡Basta de guerras al servicio de los imperialistas!

1. Nuevamente, el continente europeo está bajo la amenaza de una guerra a gran escala. Apenas empezó a caer en el olvido la guerra sangrienta en el territorio de la antigua Yugoslavia, las contradicciones Inter imperialistas y las ansias de expansión vuelven a poner a Europa al borde del abismo.
2. El debilitamiento de la hegemonía imperialista de EE.UU. está abriendo paso a un mundo completamente distinto. Rusia como nueva potencia imperialista está tratando de recuperar parte de lo perdido en los 90 y posicionarse hacia el futuro como socio prioritario del pujante imperialismo chino. El imperialismo estadounidense por su parte, con Biden como presidente es cada vez más agresivo y bajo la consigna de que “América ha vuelto” está intentando recomponerse.
3. La expansión continua de la OTAN para rodear a Rusia, su presencia cada vez mayor en el Mar Negro, la acumulación militar de EE.UU. en Grecia a partir del Acuerdo de Defensa conjunto, la venta de armas de alta tecnología a Ucrania por parte de Gran Bretaña y Turquía y la provocación que significa la intención por parte del imperialismo occidental de incorporar a Ucrania a la OTAN alimentan la posibilidad de un desenlace sangriento en la región.
4. El imperialismo ruso por su parte, que viene de lograr un éxito significativo en la carrera por los últimos sistemas de armas, ha designado el territorio de la antigua Unión Soviética como una esfera de sus “intereses vitales”. Una mezcla de temor por el deterioro de los regímenes amigos en su zona de influencia y el avance de la OTAN por un lado y sus aspiraciones expansionistas por el otro lo están llevando a una intervención cada vez más activa sobre sus vecinos. Más recientemente, las tropas de la CSTO bajo el liderazgo del ejército ruso llevaron a cabo un acto de agresión contra el pueblo de Kazajistán, aprovechando el pánico del régimen autoritario-burocrático frente a los trabajadores que se rebelaron contra el deterioro de su nivel de vida y la falta de libertades democráticas. Antes de eso, el imperialismo ruso también desempeñó un papel clave en la represión de las protestas sociales del pueblo bielorruso contra la cínica falsificación de las elecciones presidenciales de 2020 por parte del régimen autoritario-burocrático de Lukashenko. La piedra de tropiezo para el establecimiento del control completo y total del imperialismo ruso sobre el territorio de la antigua URSS viene siendo Ucrania. La intención de EE.UU. de incorporarla a la OTAN es una provocación que ha reforzado las intenciones de Rusia.
5. La Ucrania burguesa, débil en comparación con el poderío militar ruso y extremadamente dependiente tanto de los grupos oligárquicos internos como del apoyo externo del imperialismo occidental, en opinión de los líderes del Kremlin, sería un bocado que podría tomar sin mucha dificultad. Aunque el reforzamiento en el terreno militar que está llevando adelante la OTAN en las últimas semanas lo está haciendo dudar sobre los posibles resultados y abre la posibilidad de un acuerdo.
6. Las expectativas excesivamente optimistas que a nuestro juicio ha venido teniendo la élite del Kremlin se basan en una serie de factores. Entre ellos, en primer lugar, la dependencia cada vez mayor de los países de la Unión Europea del suministro de gas ruso. El rechazo de los países de la UE a su propia generación de carbón y la eliminación gradual del sector de la energía nuclear objetivamente ha hecho que muchos países clave de la UE dependan de Rusia y su Gazprom. Alemania ya se niega a proporcionar su espacio aéreo para el suministro de armas defensivas a Ucrania para “no enojar a Rusia” y han creído que esta tendencia sería la dominante. Sin embargo, en la medida que la presión de EE.UU. aumenta, el resto de las potencias europeas comienzan a alinearse con la Casa Blanca.
7. También debe señalarse que las autoridades burguesas de Ucrania han estado aplicando durante muchos años una dura política antisocial y neoliberal, que llevo a la mayoría del pueblo trabajador a una situación de extrema pobreza. En tal situación, el llamamiento de las autoridades ucranianas a los sentimientos patrióticos de los ciudadanos de Ucrania y los llamamientos a luchar contra la amenaza de la ocupación rusa siguen encontrando una resistencia bastante oculta. Pero está presente y más masivamente en el sur y el este de Ucrania, donde el imperialismo ruso está tratando de crear una base para sí mismo, utilizando demagógicamente el lema “protección de la población de habla rusa”. Por supuesto, aquí no estamos hablando de ninguna “protección de la población de habla rusa”, sino solo de un pretexto para la implementación de la agresión imperialista contra Ucrania.
8. Desafortunadamente, muchos segmentos del movimiento de izquierda de la ex Unión Soviética han sido influenciados por narrativas rusas que llaman a los trabajadores a luchar exclusivamente contra “su capitalismo” e ignorar la agresión imperialista rusa externa. Sin embargo, este llamado es solo una manipulación en manos de la burguesía imperialista rusa. La experiencia de los internacionalistas de la “Izquierda de Zimmerwald” en 1915 muestra muy claramente que el llamado a los socialistas de cada uno de los países beligerantes a concentrar su lucha contra su propia burguesía estaba dirigido precisamente a los socialistas de los países imperialistas. Mecanicistamente, un llamado similar a los socialistas ucranianos significa en la práctica y cínicamente llamarlos a ignorar la agresión imperialista rusa y abandonar cualquier intento de resistirla.
9. ¡La Liga Internacional Socialista llama a los trabajadores del mundo y en especial a la clase obrera rusa a oponerse a la ocupación de Ucrania que impulsa su gobierno y a evitar que esta se convierta en un campo de batalla de las potencias imperialistas! Somos muy conscientes de que Ucrania se ha convertido en un rehén en el juego y la competencia de los principales imperialismos del mundo. Entendemos perfectamente todo el cinismo y la mezquindad del imperialismo estadounidense y occidental, que ahora juegan a los “defensores de Ucrania” ante la comunidad internacional, temiendo perder su control decisivo sobre la economía de un país débil y dependiente del capitalismo periférico. Somos muy conscientes de que ambos campos imperialistas no defienden los intereses del pueblo ucraniano, sino exclusivamente sus propios intereses geopolíticos. La clase obrera de Ucrania no debe hacerse ilusiones sobre estos imperialismos “amigos” y sus verdaderas intenciones y exigir el retiro de la OTAN de todo el este europeo.
10. Sólo un giro socialista de izquierda radical en la política ucraniana y mundial dará a los trabajadores de todos los países las condiciones previas para obtener el control de su propio destino. En condiciones donde el capitalismo mundial persista en su fase imperialista, las amenazas de expansión militar externa persistirán y se multiplicarán. Pero ahora las tareas más urgentes pasan por enfrentar una posible invasión de Rusia a Ucrania y que esta se convierta en una nueva guerra sangrienta al servicio de los intereses imperialistas.

Nuestras consignas socialistas del momento actual:

• ¡No a la agresión imperialista rusa contra Ucrania!
• ¡Fuera la OTAN y el imperialismo occidental del este europeo!
• ¡Retirada inmediata de las tropas rusas de las regiones de Donetsk y Luhansk de Ucrania, así como de Crimea, para abrir paso a un proceso de autodeterminación de esas regiones!
• Trabajadores rusos: ¡únanse resueltamente a la lucha internacional para prevenir la agresión imperialista contra Ucrania y enfrentar a su propio gobierno!
• Trabajadores ucranianos: ¡únanse para enfrentar las agresiones de Rusia y sacarse de encima a los capitalistas títeres del imperialismo norteamericano que los gobiernan!
• ¡Reforcemos la solidaridad internacional de la clase obrera de todo el mundo con los hermanos y hermanas ucranianos de la clase proletaria! ¡Rechacemos el derramamiento de sangre proletaria al servicio de los imperialistas!

29/1/22

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Nuevo pacto militar imperialista. AUKUS le hace pagar a la clase obrera la guerra con China https://mst.org.ar/2021/09/29/nuevo-pacto-militar-imperialista-aukus-le-hace-pagar-a-la-clase-obrera-la-guerra-con-china/ Wed, 29 Sep 2021 12:56:54 +0000 https://mst.org.ar/?p=30240 Publicamos aquí la ilustrativa nota del compañero Mick Armstrong publicada originalmente el 23 de setiembre en Red Flag (Bandera Roja), la web de nuestros amigos de Socialist Alternative (Alternativa Socialista) de Australia(2).

Estamos siendo testigos de una agresiva preparación para una confrontación con China por parte de los Estados Unidos y sus aliados. La administración de Joe Biden está realizando mejoras masivas en la capacidad militar de ese país y la está reorientando drásticamente para enfocarse sobre China. Al mismo tiempo, los Estados Unidos están librando una guerra de propaganda contra China y tratando de encolumnar a sus aliados, incluyendo a los llamados países del «Quad»(3) (India, Japón y Australia), para formar un bloque anti-China(4). El gobierno australiano ha dejado en claro en los últimos años que está muy de acuerdo con este proyecto estadounidense.

Australia no está siendo arrastrada en contra de su voluntad por los Estados Unidos. Las autoridades australianas han estado instando a los Estados Unidos. Están encantados con el enfoque de Biden ya que lo ven como mucho más serio y resuelto que el errático Donald Trump. Esta orientación no es el resultado de algún tipo de resabio colonial por parte del establishment australiano. Lejos de ello. El ejército australiano y el establishment de la política exterior han hecho una evaluación calculada de que los intereses imperialistas de la clase dominante australiana se beneficiarán más con un compromiso sincero con el lado estadounidense en cualquier enfrentamiento con China.

Precisamente de eso se trata la nueva alianza «AUKUS» entre Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos. AUKUS no es una alianza defensiva en ningún sentido. No existe la amenaza de un ataque chino y mucho menos de una invasión exitosa al continente australiano, en ningún momento en el futuro previsible. Los chinos simplemente no tienen ese tipo de capacidad ahora y no la tendrán en ningún momento en las próximas dos décadas.

No, AUKUS no se trata de «defender» a la masa de la población australiana de ser conquistada por las tropas invasoras chinas. Es una alianza agresiva que hace sonar los tambores de guerra para mantener el dominio imperialista estadounidense en la región del Indo-Pacífico(5).

El acuerdo para que Australia utilice tecnología estadounidense y británica para construir una flota de submarinos de ataque de propulsión nuclear es el paso inicial de esta nueva alianza. El ministro de Defensa, Peter Dutton, ha señalado que abriría las puertas a que más tropas estadounidenses, buques de guerra y aviones militares de primer ataque estén estacionados en suelo australiano.

Los submarinos nuevos y altamente sofisticados serán el gasto militar más caro de Australia de todos los tiempos. Con más de 7.000 toneladas, son más del doble del tamaño de los actuales submarinos de clase Collins de Australia y tienen una mayor capacidad operativa. Están siendo construidos para propósitos completamente agresivos. Estos submarinos deben ser altamente sofisticados y, en consecuencia, enormemente costosos, porque su función será operar durante largos períodos de tiempo en connivencia con la Marina de los Estados Unidos frente a las costas de China, a 5.000 kilómetros de Australia.

La clase trabajadora tendrá que pagar el costo de estos submarinos de propulsión nuclear increíblemente caros: más de 100 mil millones de dólares para construir solo seis de ellos, y otros 145 mil millones de dólares en costos de mantenimiento durante su vida útil. El gasto militar de Australia ha aumentado más rápidamente que la mayoría de los demás componentes del gasto público hace varios años. Australia tiene actualmente el noveno gasto militar por habitante más alto del mundo. Ahora aumentará aún más. Como dijo Scott Morrison6: «El gasto en defensa de Australia, como porcentaje del PBI, seguirá aumentando porque no se trata sólo de submarinos. Se trata de una amplia gama de otras capacidades».

Según la Oficina Parlamentaria de Presupuesto, el gasto militar australiano aumentará en un 68% hasta alcanzar los 75.700 millones de dólares anuales a principios de la próxima década. Para 2030-31, representará 9 de cada 100 dólares de gasto presupuestario. Al mismo tiempo, el tesorero federal Josh Frydenberg está anunciando recortes drásticos en áreas vitales del gasto público, como educación y bienestar social, para frenar la creciente deuda de los gastos relacionados con el COVID y la desaceleración económica.
No serán los bancos y las compañías mineras increíblemente rentables ni la creciente clase de multimillonarios los que soportarán el peso de esta acumulación militar. El gobierno liberal está recortando una vez más las tasas de impuestos corporativos y los impuestos a las personas con mayores ingresos. Será el contribuyente medio de la clase trabajadora quien tendrá que pagar la factura. Mientras tanto, el FMI está instando al gobierno a aumentar todavía más la tasa del altamente regresivo Impuesto a los Bienes y Servicios(7), una medida que cargaría aún más sobre la gente de la clase obrera el financiamiento de las prioridades políticas de la clase dominante.

En cualquier guerra que haya con China también serán las personas de la clase trabajadora las principales víctimas. Cualquier guerra seria con China, inclusive una librada con armas convencionales, conducirá a un horrendo nivel de muertes.

Si la lucha se convierte en una guerra nuclear, lo cual es un riesgo real dado que tanto los Estados Unidos como China tendrían mucho en juego, decenas de millones podrían morir. Este es el peligroso camino por el que nos está conduciendo el gobierno de Morrison.
Vergonzosamente, el laborismo ha respaldado la alianza AUKUS y la compra de la flota de submarinos de propulsión nuclear. Esto no debería ser una gran sorpresa, ya que el laborismo ha defendido durante mucho tiempo los intereses del imperialismo australiano y el aumento del gasto militar. Después de todo, fue el gobierno laborista de Rudd quien elaboró el plan inicial para una nueva flota de submarinos.

Es necesario construir una resistencia concertada en los próximos años frente a esta implacable escalada militar y la agudización de las tensiones imperialistas. Este impulso hacia la guerra debe ser detenido en seco. La alternativa para los trabajadores de Australia, de los Estados Unidos y de China es demasiado catastrófica como para contemplarla.

1 La sigla AUKUS incluye AU por Australia, UK por United Kingdom (Reino Unido de Gran Bretaña) y US por United States (Estados Unidos).
2 Mike Armstrong, 23 de setiembre 2021. AUKUS makes workers pay for war with China. Red Flag.
3 Abreviatura de Diálogo de Seguridad Cuadrilátero, acuerdo iniciado en 2007 entre los Estados Unidos, Japón, Australia e India.
4 AUKUS no incluye a las potencias imperialistas de Europa continental, como Francia, Alemania y otros países miembros de la OTAN, que han hecho públicas sus críticas.
5 Región geográfica que abarca desde el Océano Índico al Océano Pacífico occidental.
6 Primer ministro de Australia, líder del Partido Liberal.
7 GST, según sus siglas en inglés.

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Biden asumió la presidencia de EE UU: Análisis y perspectivas https://mst.org.ar/2021/01/28/biden-asumio-la-presidencia-de-ee-uu-analisis-y-perspectivas/ Thu, 28 Jan 2021 11:56:33 +0000 https://mst.org.ar/?p=29353 Escribe: Luis Meiners

Biden asumió en una ciudad preparada como zona de guerra en la coyuntura marcada por el asalto al capitolio. Tanto la ceremonia como sus primeros días de gobierno se presentaron como una “vuelta de página”, un momento de “unidad nacional”. Tal fue el eje central del discurso inaugural. Los medios destacan la ruptura con Trump, y destacan una “agenda progresista”. ¿Qué tareas tiene por delante el nuevo gobierno y en qué condiciones se encuentra? ¿Qué desafíos y debates presenta para la izquierda? Este artículo intenta abordar algunos de estos elementos.

Estabilidad en casa

La siguiente cita al CEO de una importante corporación en un artículo reciente del New York Times sintetiza lo que ven como la tarea del momento: “Necesitamos estabilizar. Necesitamos certeza. Si no logramos unirnos, si no logramos estabilizar, o si las cosas empeoran, no sería bueno para los negocios.” Estas palabras reflejan el cansancio de la burguesía con la inestabilidad asociada a la presidencia de Trump, al que habían tolerado a pesar de no ser su candidato en 2016 y cuyos recortes impositivos habían celebrado. Pero el asalto al capitolio fue demasiado. La Asociación Nacional de Manufactureros, la Cámara de Comercio, y otras representaciones del empresariado condenaron los sucesos. Fue un momento de quiebre.

Biden buscará recuperar la estabilidad, y restaurar la legitimidad de las instituciones de la democracia burguesa. La ceremonia de asunción ha estado al servicio de proyectar esa imagen. Hacia adelante, buscará construir un consenso bipartidista, trabajando de cerca con los sectores del partido republicano que se han alejado de Trump. Las recientes declaraciones de Mitch McConnel, presidente republicano del Senado, responsabilizando a Trump por los sucesos del Capitolio, muestran que hay apertura en sectores de un Partido Republicano dividido para esta estrategia bipartidista de “unidad nacional”.
Recuperar “liderazgo”

La otra tarea clave para Biden es la de reafirmar la hegemonía imperialista de Estados Unidos. Al declive de las últimas décadas, con el empantanamiento en guerras interminables en medio oriente, y el ascenso sostenido de China, se sumó una política internacional de Trump que debilitó las relaciones con aliados y las instituciones multilaterales a través de las cuales EEUU ejerce su hegemonía. Como escribió el propio Biden en la influyente revista Foreign Policy: “El próximo presidente tendrá que salvar nuestra reputación, reconstruir confianza en nuestro liderazgo, y movilizar a nuestro país y nuestros aliados rápidamente para enfrentar nuevos desafíos.”

La promesa de Biden de restaurar el liderazgo de Estados Unidos en el mundo está totalmente en sintonía con las preocupaciones expresadas por el aparato de Seguridad Nacional. Refleja claramente tanto el entendimiento de que Estados Unidos debe enfrentar un mundo de mayor inestabilidad y competencia interimperialista como la conciencia de que su relativa debilidad significa que no puede hacerlo solo. Por eso, busca dejar atrás el enfoque unilateral de «Estados Unidos primero», recuperar su posición con sus aliados tradicionales para formar una base sólida para «ponerse duros» con los nuevos y viejos rivales en el escenario mundial.

Las condiciones

Sintetizando, podemos decir que las principales tareas que tiene por delante el nuevo gobierno son la restauración de la estabilidad, los “negocios como de costumbre” para el capital, y la legitimidad de las instituciones, y, en el plano internacional, la reafirmación de la hegemonía imperialista. En un sentido se trata de hacer retroceder el reloj cuatro años y retomar el hilo de la presidencia de Obama. Pero difícilmente sea suficiente con eso.

En primer lugar, porque las propias condiciones de 2016 contenían los elementos fundamentales que se desplegaron durante los cuatro años siguientes. Trump no fue un “cisne negro”, un evento impredecible. Su presidencia fue producto de una creciente polarización política y social que hunde sus raíces en la crisis de 2008 que, a su vez, expresó el agotamiento de un modelo de acumulación, de una hegemonía imperial y un orden institucional. Estas crisis combinadas no desaparecerán con la salida de Trump de la Casa Blanca.

En segundo lugar, porque a estas condiciones se han sumado nuevos elementos y se han agudizado tendencias anteriores. La pandemia fue el disparador de una crisis económica y sanitaria que ha tenido un particular impacto en Estados Unidos, donde ya se ha superado la marca de las 400 mil muertes. La economía sufrió una fuerte caída y la recuperación vista en el tercer trimestre de 2020 se ha frenado. En diciembre el desempleo volvió a subir, y los datos revelaron una caída en el consumo. En este marco, se agudiza la competencia con rivales como China, que han salido relativamente fortalecidos del último año.

La polarización y radicalización de la última década ha tenido en el último periodo un marcado protagonismo. La inmensa rebelión contra el racismo y la violencia policial movilizó a millones durante meses en 2020. Sus efectos seguirán sintiéndose, como lo hicieron en la derrota electoral de Trump. Biden asumirá con un movimiento de masas que no ha sido derrotado, y que constituye un fuerte condicionante sobre su margen de maniobra. Del otro lado, la extrema derecha se ha vuelto más audaz durante la presidencia de Trump. Desde Charlottesville en 2017 hasta el asalto al capitolio, aparece como un actor en el escenario nacional que permanecerá relevante en el próximo periodo.
Todos estos elementos se combinan y actúan como condicionantes de la presidencia de Biden y explican las debilidades estructurales que tendrá para llevar adelante su programa. Aun cuando en la coyuntura pueda verse fortalecido por la “unidad nacional” y el cierre de filas del establishment detrás de su figura para dar vuelta de página. Estas debilidades estructurales marcarán el ritmo del próximo periodo y se harán cada vez más visibles en la medida en que se disipe la cortina de humo de la transición.

Desafíos, oportunidades y debates en la izquierda

El escenario político, por todo lo dicho anteriormente, está marcado por una serie de crisis combinadas y un gobierno y un régimen con debilidades estructurales para enfrentarlas. Esto significa que, más allá de la coyuntura, la inestabilidad política, la polarización y la radicalización continuarán siendo elementos fundamentales en el periodo que viene. Esto abre importantes oportunidades y desafíos para la izquierda.

Como hemos visto en las últimas semanas, la extrema derecha seguirá siendo un actor relevante. Aunque pequeños numéricamente, tienen la capacidad de realizar acciones con visibilidad nacional. En la coyuntura, el asalto al capitolio los ha puesto a la defensiva y los ha aislado, pero también se transforma en un hecho de propaganda que los envalentona y fortalece su capacidad de reclutamiento. Frente a un gobierno que no resolverá las causas estructurales que alimentan su desarrollo, la extrema derecha seguirá creciendo.
Esto plantea un desafío para la izquierda. Existen condiciones para el desarrollo de una alternativa socialista independiente, la rebelión antiracista da sobradas muestras de ello. Pero una parte sustancial de la izquierda va en sentido contrario. Tras el asalto al capitolio, Bernie Sanders y Alexandria Ocasio Cortez aparecieron como defensores de la institucionalidad. Se alinean detrás del gobierno de Biden y el Partido Demócrata para “defender la democracia”. La izquierda podía jugar un papel fundamental en la coyuntura, llamando a movilizaciones masivas contra Trump, la extrema derecha y los protofascistas, desde una posición independiente a la “institucionalidad” y el Partido Demócrata. Existen condiciones para ello.

Ante la presidencia de Biden, es urgente que la izquierda aparezca como una alternativa independiente en el escenario nacional, enfrentando tanto a la extrema derecha como al gobierno de Biden. De no hacerlo, contribuirá a que el escenario político se polarice entre el gobierno y las iniciativas de la derecha. El peligro es grande, pero las oportunidades también. Sin dudas serán momentos fundamentales para el desarrollo de la izquierda en EEUU.

Las primeras medidas del nuevo gobierno

Los primeros días del nuevo gobierno buscaron proyectar la imagen de intensa actividad para revertir el legado de la presidencia de Trump. En pocas horas Biden firmó una serie de decretos para revertir algunas de las medidas más irritantes del gobierno anterior. Al mismo tiempo, promete dar prioridad legislativa a una respuesta a la pandemia y la crisis económica. Los medios de comunicación han celebrado la “vuelta de página”, destacando la diversidad del nuevo gabinete y la agenda política “progresista” del gobierno.
Lamentablemente, parte de la izquierda ha repetido variantes de este argumento. Sin embargo, una mirada más cercana a las primeras medidas muestra otra realidad.

Entre los 30 decretos firmados por Biden se destacan temáticas como inmigración, la respuesta a la pandemia, el ambiente y la economía. Así, frenó la construcción del muro físico en la frontera, revierte los límites al ingreso de personas provenientes de países de mayoría musulmana, reingresa a la OMS y al Acuerdo de París, frena la construcción de un controvertido oleoducto y revierte desregulaciones ambientales de la administración anterior, extiende la moratoria de desalojos, etc. Tomados de conjunto, reflejan esencialmente un retorno a la “normalidad” pre-Trump. En algunos casos, se ha quedado por detrás de sus promesas de campaña. Por ejemplo, prometió revertir en su primer día la política de obligar a las personas que buscan asilo a esperar respuesta fuera de EEUU, pero no cumplió.

Responder a la pandemia

En momentos en que EEUU ha superado las 400 mil muertes y los 25 millones de casos de Covid19, la pandemia es un tema central de la agenda. En este aspecto Biden busca marcar un claro contraste con la administración anterior, tarea no particularmente difícil si recordamos el negacionismo criminal de Trump. Catorce de los 30 decretos presidenciales de los primeros días de gobierno apuntan a esto. En síntesis, buscan dar cierta coordinación federal a la respuesta sanitaria frente al virus, que Trump había dejado en mano de los gobernadores. En este sentido, se instaura la obligatoriedad del uso de mascarillas en todos los espacios alcanzados por la regulación federal y medios de transporte interestatal; obliga a los viajeros internacionales a presentar un test negativo; busca expandir la capacidad de testeo y vacunación, etc. En definitiva, se trata en su mayor parte de medidas elementales que han sido adoptadas internacionalmente. Mientras tanto, sigue avanzando hacia la reapertura total de la economía.

Biden ha anunciado que enviará al congreso un paquete de rescate de 1.9 billones de dólares. Sería el tercer paquete de estímulo de la economía desde que comenzó la pandemia, luego del CARES act de 2.2 billones aprobado a finales de marzo de 2020 con consenso bipartidista, y un segundo paquete de 900 mil millones aprobado en diciembre luego de meses de negociaciones entre ambos partidos. La nueva propuesta ha sido presentada como un quiebre con décadas de políticas de austeridad, llegando incluso a compararlo con el “New Deal” de Roosevelt. Sin embargo, tiene más elementos de continuidad con los dos paquetes anteriores de lo que sugieren estas miradas.

En materia de asistencia directa la propuesta de Biden propone enviar cheques de 1400 dólares por adulto, cifra que se reduce a partir de un umbral de ingresos anuales, y 600 dólares por cada dependiente. Esto supera los $1200 y $500 respectivamente del CARES Act, y, los $600 por adulto y $600 por dependiente menor de 16 años aprobados en diciembre. También plantea extender la población que recibiría estos cheques para incluir a dependientes mayores de 17 y familias con estatus migrante “mixto”, aunque los detalles de esto aún están por verse. En cuanto al seguro de desempleo, plantea un adicional de $400 dólares semanales, superando los $300 dólares semanales establecidos en el paquete de diciembre pero por debajo de los $600 semanales del CARES act.
La propuesta de Biden incluye además asistencia para las pequeñas y medianas empresas, fondos para la reapertura de escuelas, vacunación masiva y asistencia a los estados y municipios, fondos de asistencia para inquilinos, expansión de programas contra el hambre, etc. Muchos de estos elementos ya se encontraban presentes en los paquetes anteriores. Biden también ha llamado a que se establezca un salario mínimo federal de $15 dólares la hora, aunque no está claro cómo sería su implementación efectiva.

En síntesis, el paquete no representa un “quiebre histórico” con lo hecho hasta el momento, aun cuando incluya algunos elementos nuevos y por el momento no contenga recortes impositivos a los ricos y subsidios a las grandes empresas, al menos en lo anunciado públicamente. Además, el gobierno ya ha expresado la voluntad de arribar a una propuesta de consenso en el Congreso que seguramente limitará aún más su alcance. Refleja la existencia de un consenso entre la clase dominante y el establishment de que salir de la crisis requerirá expandir el gasto y permitir déficit. Pero esto no significa que no habrá medidas de austeridad. El incremento del déficit en los distintos niveles del estado, sin ninguna reforma que altere un sistema impositivo extremadamente favorable a los ricos, implica más temprano que tarde fuertes recortes. Algunos ya están desarrollándose a nivel local y estadual.

Debates

Las primeras medidas muestran lo equivocado de depositar expectativas en el nuevo gobierno. Esta actitud puede llevar a una “luna de miel” que deje la iniciativa política en manos de la derecha. Sobredimensionar el “quiebre” que estas medidas representan y las potencialidades “progresistas” del nuevo gobierno contribuye a esto. Tiende a reducir las tareas de la izquierda, el movimiento obrero y los movimientos sociales a “presionar” a Biden para que gire a la izquierda.

Así, un artículo reciente en Jacobin1 plantea que algunas de las primeras medidas “representan un distanciamiento más decisivo de lo que hubiéramos esperado con respecto a la reaganomics2 bipartidista”, y luego llama a la izquierda a “no ignorar al nuevo Biden ni decir que el viejo se ha ido para siempre”. Otros van más lejos, sosteniendo que Biden está en la disyuntiva de seguir los pasos de Obama y apostar al compromiso, o los de Roosevelt y enfrentar a la oligarquía3.

Así, más allá de los matices, estas posiciones tienden a subordinar a la izquierda frente al nuevo gobierno, apelando a una estrategia basada en la presión para “mover” a Biden. Frente a esto, es fundamental evitar el peligro de una “luna de miel”, dando el debate por una alternativa socialista independiente, que pueda organizar la pelea contra el gobierno y la derecha.

1. “If Joe Biden moves left, you can thank the Left” (Si Joe Biden gira a izquierda, puedes agradecerle a la Izquierda) de Liza Featherstone en Jacobin.
2. Término que designa las políticas económicas neoliberales que prevalecieron a partir de la presidencia de Ronald Reagan.
3. “To achieve a real legacy, Biden will have to be more radical – and ready to fight” (Para lograr un verdadero legado, Biden tendrá que ser más radical – y prepararse para pelear”). David Sirota en The Guardian.

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EEUU: debates en la izquierda https://mst.org.ar/2020/11/11/eeuu-debates-en-la-izquierda/ Wed, 11 Nov 2020 16:52:18 +0000 https://mst.org.ar/?p=29122 A continuación trascribimos extractos de la entrevista que Panorama Internacional le realizara a Ashley Smith, militante y escritor socialista, miembro del DSA y el Colectivo Tempest sobre las recientes elecciones y los debates que están planteados en la izquierda estadounidense.

Parte de la izquierda llamó a votar a Biden, argumentando la necesidad de derrotar el autoritarismo de Trump. ¿Qué balance haces de estos debates?

Creo que el debate de la izquierda fue esencialmente entre una posición clásica del «mal menor», que ha sido la posición dominante en la izquierda estadounidense durante 80 años, y una posición minoritaria, que yo comparto, que no se puede detener el mal votando por males menores. (…)

Y el mayor peligro ahora es que después de haber apoyado a Biden, la gente le de una luna de miel o lo defenderá cuando sea atacado por la derecha, lo que sucederá de inmediato. Y esta es una posición contraproducente, porque lo que hace es garantizar que las únicas dos opciones disponibles para la gente sean la derecha en la forma de Trump, y el Partido Republicano, y el centro neoliberal del Partido Demócrata. Y eso producirá una situación en la que es muy fácil imaginar que la izquierda no juegue un papel independiente en ninguno de los debates, eso sería una tragedia. Porque creo que en el contexto de la polarización en la que nos encontramos ahora, con algunas de las luchas episódicas que hemos visto explotar en los Estados Unidos durante los últimos años, existe la posibilidad de construir la izquierda como un polo independiente que pueda, con el tiempo, desafiar tanto a la derecha en la forma del Partido Republicano como al establishment capitalista en términos del Partido Demócrata.(…)

La izquierda tiene que salir de esta trampa del mal menor y comenzar a posicionarse como una fuerza independiente. De dos maneras, una, comenzando realmente a declarar la independencia política. Y dos, presentando candidatos con nuestra propia boleta y desafiando tanto a los Republicanos como a los Demócratas. (…) Incluso si perdemos las elecciones, comenzamos a posicionarnos como una voz independiente tanto de la derecha como del Partido Demócrata. Pero más importante que eso, necesitamos orientar y reorientar a toda la izquierda en la construcción de las luchas: Black Lives Matter, la lucha por el derecho al aborto, las luchas de la clase trabajadora. Porque ese será el único mecanismo para lograr cambios bajo la administración Biden. (…)

En tu opinión, ¿cuáles son los principales desafíos y tareas de la izquierda y del DSA? ¿Qué papel puede jugar un proyecto como Tempest ante estos desafíos?

Creo que tenemos que dar un paso atrás y pensar en dónde estamos en el capitalismo global y estadounidense. En este momento, estamos en una crisis de largo plazo, múltiples crisis que son el resultado de la forma en que opera el capitalismo a escala global y en los Estados Unidos. Es decir, tenemos una pandemia que tiene sus raíces en la internacionalización del agronegocio, tenemos una profunda crisis económica que fue desencadenada pero no causada por la pandemia. Y eso no muestra signos de disminuir, lo veremos. Estamos en medio de una recesión global, tenemos una crisis climática, tenemos una guerra internacional contra los inmigrantes, tenemos una epidemia de opresión racial y opresión de grupos minoritarios en todo el sistema mundial. Y tenemos, para la mayoría del mundo, crecientes desafíos para satisfacer nuestras necesidades básicas. (…) Y eso es lo que impulsó el ascenso de la derecha y está impulsando el ascenso de una nueva izquierda en Estados Unidos.

En muchos sentidos, creo que estamos en las primeras etapas del desarrollo de la nueva izquierda socialista en Estados Unidos. Y enfrenta grandes desafíos, pero también enormes oportunidades. El hecho de que hayan sido electas personas como Alexandria Ocasio-Cortez o la audiencia que obtuvo Sanders en sus dos candidaturas a la presidencia, es una señal de la profunda radicalización que se está desarrollando en el país. Creo que el desafío para la nueva izquierda socialista es el pensamiento de que realmente vamos a lograr cambios a través de la arena electoral. Porque creo que eso ha sido principalmente el foco durante los últimos cuatro o cinco años en la izquierda estadounidense. (…) Y creo que la mayoría de la gente en el DSA todavía piensa en eso y también ve la importancia de la lucha. Y creo que necesitamos tener un debate dentro de DSA y de toda la nueva izquierda socialista sobre una reorientación del enfoque predominante en las elecciones hacia la organización de las luchas populares. (…)

Creo que el nuevo movimiento socialista debe reorientar sus energías hacia la construcción de la organización de base en los sindicatos, la construcción en la lucha de clases, en los lugares de trabajo, va a haber huelgas contra las condiciones que están creciendo. Ya las hemos visto en medio de la pandemia, van a estallar. Y necesitamos que los socialistas se arraiguen más profundamente en esas luchas de la clase trabajadora. Y también en los movimientos sociales. Acabamos de tener el levantamiento más grande en la historia de este país, la rebelión de Black Lives Matter. Y en su mayor parte, el DSA y la izquierda socialista en general, no fueron un actor independiente en esas luchas. Y como resultado, esas luchas se desviaron del levantamiento de las vidas negras importan, hacia los votos Negros importan detrás del Partido Demócrata. Y entonces creo que subraya la importancia de estar más profundamente implantados en las luchas sociales y en la lucha de clases. (….)

Creo que tenemos que ganar una discusión dentro del DSA a favor de la política independiente, la lucha social y el posicionamiento del nuevo movimiento socialista como un polo de atracción. Que sea una alternativa tanto frente a la derecha como frente al Partido Demócrata, el centro neoliberal del sistema.

Y lo último que diré, ¿cuál es el papel de Tempest? Creo que Tempest es un proyecto modesto. Y está en sus etapas iniciales. Pero creo que ha comenzado a posicionarse como una voz crítica que evalúa la debilidad de esta estrategia electoral predominante que ha tenido el DSA en el nuevo movimiento socialista, y argumenta positivamente esta reorientación hacia la lucha de masas y la política independiente. Entonces, con suerte, Tempest y otras fuerzas dentro y fuera de DSA pueden plantear cada vez más un frente unido de fuerzas de izquierda que están a favor de esta reorientación hacia la lucha de clases y social, y la construcción de un partido independiente propio, un nuevo Partido Socialista.

Nominalmente, casi todos en el DSA están de acuerdo con ese objetivo. La pregunta es cómo y cuándo vamos a hacer eso. La mayoría de la gente en el DSA y sus alas predominantes, o ven apoderarse del Partido Demócrata como la finalidad (…), o una larga marcha a través del Partido Demócrata sumando representantes electos. Y algunas personas dicen que serán 20 ó 50 años. No tendremos una sociedad habitable en 20 ó 50 años. La ciudad de Nueva York estará bajo el agua con el cambio climático global. Así que necesitamos un argumento mucho más agresivo de la izquierda, que tenemos que empezar a sentar las bases para construir un nuevo partido propio. Eso no va a pasar por Tempest. No vendrá a través de ninguna organización o publicación en particular de la izquierda. Tiene que ser un frente de gente de izquierda discutiendo en esa dirección común, y ganando ese argumento dentro del DSA a través del debate y la discusión con paciencia y camaradería, y lo más importante, la colaboración en la lucha, donde podemos construir la confianza y dar el debate al mismo tiempo. Porque creo que estamos en un punto de inflexión, especialmente en la convención del DSA que se avecina este verano, donde necesitamos desesperadamente una reorientación de la izquierda socialista hacia la independencia y la lucha.

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EE.UU: Biden declarado ganador https://mst.org.ar/2020/11/11/ee-uu-biden-declarado-ganador/ Wed, 11 Nov 2020 13:57:43 +0000 https://mst.org.ar/?p=29113 Primer análisis y perspectivas

Escribe: Luis Meiners

Entrada la mañana del sábado 7 de noviembre, luego de tres días de recuento de votos, Biden ha sido declarado ganador de las elecciones. En una elección muy ajustada en varios estados clave para la definición en el Colegio Electoral, el triunfo del candidato del Partido Demócrata se considera irreversible a partir del triunfo en el estado de Pennsylvania. Trump continúa con sus declaraciones sobre fraude y prepara acciones legales, pero ha perdido apoyo entre algunos aliados para continuar en este camino.

Más allá de cómo se desenvuelvan los acontecimientos en las próximas semanas, la transición hasta la votación del Colegio Electoral el 14 de diciembre, y la asunción presidencial el 20 de enero, es importante realizar un primer análisis del resultado electoral y de las perspectivas políticas para lo que viene. Este artículo busca ser un primer aporte en este sentido.

El triunfo del Partido Demócrata

El Partido Demócrata logró capitalizar el rechazo a Trump. Esto lo condujo a obtener más de 74 millones de votos, unos 9 millones más de lo obtenido por Hillary Clinton en 2016, y a derrotar a Trump en el voto popular con una diferencia de alrededor de 4 millones de votos. Sin embargo, Biden no logró cosechar un triunfo contundente, y los resultados del Colegio Electoral dependieron de pequeñas diferencias a su favor en un puñado de estados clave. Al mismo tiempo, el Partido Republicano probablemente retendrá el control del Senado.
Luego del despliegue de unidad durante los últimos meses, en los que el sector «progresista» del partido se volcó con todas sus fuerzas a la campaña por Biden, el resultado electoral por detrás de las expectativas ha hecho resurgir las diferencias. El «centro» del partido ha salido rápidamente a decir que los planteos «radicales» del ala progresista alienaron a parte del electorado. De esta manera preparan el terreno para lo que vendrá bajo su gobierno.

Sería más preciso caracterizar lo sucedido como una derrota de Trump que un triunfo de Biden. Aun cuando esa derrota no haya sido contundente. No ha sido el entusiasmo generado por Biden el que ha logrado cosechar millones de votos más que en 2016. La histórica rebelión antirracista que movilizó a millones contribuyo considerablemente más a motivar a las personas para derrotar a Trump que la campaña de Biden. Esto puede verse en estados como Georgia, donde los demócratas no ganaban desde 1992, y ahora parecen estar muy cerca de lograrlo. Este estado tuvo una participación juvenil por encima de la media nacional (21% de los votantes contra 17% de los votantes). Esta franja se volcó a favor de Biden, particularmente la juventud negra de la cual el 90% votó a Biden. El 35% de los jóvenes negros de Georgia identificó al racismo como su principal preocupación a la hora de votar.

El futuro del «Trumpismo»

Los resultados electorales reflejan la polarización que ha sido uno de los elementos fundamentales del escenario político de Estados Unidos desde la crisis de 2008, y se ha acentuado durante la presidencia de Trump. Lejos de producirse una caída en la cantidad de votos de Trump, éste obtuvo alrededor de 7 millones de votos más que en 2016, pasando de casi 63 millones de votos a más de 70 millones. Con este resultado, está claro que el «trumpismo» seguirá siendo una fuerza política considerable.

Para analizar este fenómeno es importante tener en cuenta que su existencia responde a causas estructurales profundas. Trump fue el emergente por derecha de un escenario político modelado por la crisis del régimen de acumulación capitalista, su forma neoliberal, el estado imperialista y las formas de representación política que prevalecieron durante las últimas cuatro décadas. La crisis del 2008 expuso el agotamiento y la crisis del régimen bipartidista estadounidense. Un partido demócrata que fue vehículo de las reformas neoliberales, de los tratados de libre comercio internacional, perdió parte de su base electoral tradicional. La frustración de las esperanzas de cambio depositadas en Obama fue el golpe final.

Este proceso abrió la puerta para la emergencia de Trump. En 2016 desplazó a otros candidatos del establishment republicano, tanto «conservadores» como «moderados».

Durante su presidencia la crisis del Partido Republicano se ha mantenido. Una parte de los republicanos «tradicionales» ahora se alinearon detrás de Biden, mientras gran parte de los representantes electos republicanos se han disciplinado detrás de Trump bajo cálculos electorales. Parte de este partido esperaba que una derrota contundente de Trump abriría la puerta para que el establishment republicano «recupere» el partido. Sin embargo, con o sin Trump, el Partido Republicano parece consolidarse en la política del «trumpismo».

El «Trumpismo», más allá de cuan aberrante puede ser, no es una aberración sino un «síntoma mórbido» de una crisis más profunda. Continuará siendo una presencia estable y significativa en la política estadounidense hasta que las condiciones estructurales que le dieron origen sean transformadas radicalmente. Es en este sentido que hay que interpretar sus declaraciones sobre el fraude electoral. Más que lograr revertir el resultado, apuntan a consolidar su base social y darle continuidad.

Sin embargo, es importante descartar análisis unilaterales sobre la «derechización» del electorado. La realidad es más compleja y contradictoria, y esto ha tenido expresiones incluso en el terreno electoral. En el estado de Florida, por ejemplo, donde Trump obtuvo el 51% de los votos, también ganó con el 60% de los votos una iniciativa popular que lleva el salario mínimo a 15 dólares la hora. Una encuesta nacional realizada por la cadena conservadora Fox News, reveló que el 72% de los votantes están a favor de cambiar hacia un sistema de salud estatal (39% muy a favor y 33% algo a favor), que el 72% del electorado está a favor de camino hacia la ciudadanía para los inmigrantes ilegales frente a un 28% a favor de la deportación y que el 71% está a favor de sostener el fallo Roe vs. Wade que abrió las puertas para el aborto legal.

Perspectivas

Estados Unidos se enfrenta a una serie de crisis entrelazadas. El declive estructural de la hegemonía imperialista, la crisis del modelo de acumulación prevaleciente durante las últimas décadas, la crisis del régimen y los partidos políticos. Frente a este panorama los demócratas buscarán construir un gobierno de «unidad nacional». Ya se han aproximado a figuras republicanas para integrar el gabinete de Biden. Durante toda su campaña Biden hizo eje en «unir a los americanos». El programa de restauración imperialista, de recuperación de la economía capitalista y de la reconstrucción de la legitimidad del régimen político, enfrenta enormes obstáculos. Requiere, por lo tanto, de la construcción de un gobierno de «unidad nacional».

Ejecutar este programa no será una tarea sencilla. En primer lugar, porque venimos de una rebelión histórica que, a su vez, estuvo precedida por una década de radicalización con varios puntos álgidos. Esto significa que existen grandes reservas en el movimiento de masas para las peleas que vendrán. Biden no se enfrentará a un movimiento de masas derrotado y desmoralizado, sino a uno que viene de protagonizar una rebelión. Tampoco ha logrado despertar gran entusiasmo, en contraste con el triunfo de Obama 12 años atrás. Los festejos en las calles se deben más a la derrota de Trump que al triunfo de Biden. Segundo, porque la pandemia y crisis no están ni cerca de estar resueltas. Esto implica que los márgenes de maniobra del gobierno de Biden serán reducidos. Tercero, porque las condiciones que alimentan la polarización siguen intactas, por lo que la derecha seguirá siendo un actor político de la realidad y buscará obstaculizar al gobierno de Biden para postularse políticamente.

El proceso de radicalización de los últimos años ha dado origen a un crecimiento de la izquierda que se ha desarrollado junto con importantes debates en torno a cuestiones de táctica y estrategia. Llevados al terreno de la elección presidencial, estos debates se expresaron en el hecho que una parte sustancial de la izquierda socialista llamó a votar por Biden. Los argumentos de este sector giraron esencialmente en torno a la excepcionalidad de Trump como amenaza para la democracia y la posibilidad de que éste diera algún tipo de golpe para sostenerse en el poder.

Sin embargo, como hemos visto en las últimas semanas, estos análisis descansaban sobre una evaluación equivocada sobre la orientación y dinámica estructural de la clase dominante y el estado imperialista. Ninguna fracción considerable del aparato militar ni de la burguesía apoyaba una salida de este tipo. Ni siquiera contaba con el apoyo de la totalidad del Partido Republicano. El jueves la Asociación Nacional Manufacturera expresó en un comunicado su fe en el proceso democrático y en el recuento de votos y llamó a que todos los votos sean contados. La Cámara de Comercio también llamó a respetar el proceso electoral. Figuras importantes del Partido Republicano han desestimado las declaraciones de Trump.
Incluso medios como el Wall Street Jornal, y aún más, la cadena Fox, que han sido cercanos a Trump, han tenido una línea editorial enfocada en el respeto por el resultado electoral. Finalmente, a pesar de la existencia de acciones de grupos de derecha en algunos lugares de recuento de votos, no hemos visto una reacción masiva en las calles de la base de Trump.

Este debate resulta importante para la política de la izquierda frente a la presidencia de Biden. Los republicanos seguramente controlarán el Senado, y la derecha seguirá siendo una fuerza importante en las calles. Como ha sucedido otras veces en la historia, desde el Partido Demócrata se intentará disciplinar a los movimientos sociales dentro de los límites de la defensa del gobierno de Biden ante la «amenaza de la derecha». Ante este escenario, la independencia política y de clase de la izquierda socialista es más importante que nunca. La tarea de construir una alternativa política socialista frente a los dos partidos del capital, que se delimite tanto de la derecha reaccionaria del trumpismo como del gobierno de Biden, es fundamental para la dinámica que vendrá.

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Elecciones en EEUU. Biden más cerca de una victoria https://mst.org.ar/2020/11/06/elecciones-en-eeuu-biden-mas-cerca-de-una-victoria/ Fri, 06 Nov 2020 17:36:45 +0000 https://mst.org.ar/?p=29100

En la tarde del miércoles 4 de noviembre el candidato presidencial del Partido Demócrata habló en un tono más triunfalista, expresando su confianza en que será el ganador una vez que todos los votos sean contados. A pesar de que el resultado final es aún incierto, la balanza parece inclinarse para Biden. El congreso seguiría dividido con una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y republicana en el Senado.

Los números actuales

La participación electoral ha sido la más elevada de los últimos 100 años, aunque casi un tercio del electorado no votó. Biden ha obtenido más de 70 millones de votos, y supera a Trump en alrededor de 3 millones de votos. Los resultados que fueron cerrando en el transcurso del día confirmaron el triunfo de Biden en Wisconsin, Michigan y Arizona, estados que Trump había ganado en 2016.

Restan definirse los estados de Nevada, Pennsylvania, Carolina del Norte y Georgia. Si Biden gana el primero, donde tiene una leve ventaja, alcanzaria los 270 votos necesarios para ganar la elección en el Colegio Electoral. De esta manera no dependería de ninguno de los otros tres estados, donde Trump tiene una ventaja hasta el momento. Evitaría tener que definir la contienda en Pennsylvania, estado sobre el cual ya han descendido cientos de abogados y en el que la disputa puede terminar resolviendose en las cortes. Se prevé que Nevada anuncie los resultados en la mañana del jueves.

Perspectiva

Dependiendo de cómo se den estos resultados la contienda podría resolverse en los próximos días, o estirarse y volcarse hacia una resolución judicial. Trump busca activamente esta última alternativa, que claramente tiene que ser rechazada. Durante todo el día estuvo fustigando desde twitter y ha hecho movimientos hacia una batalla legal. Pero sus posibilidades parecen estar reduciéndose. Incluso algunos referentes republicanos han salido a desmarcarse.

La posibilidad de un triunfo de Biden junto con una victoria republicana en el senado fue bien recibida por los mercados, que registraron subas luego de cierta volatilidad. Esto no es casualidad. Ya durante la campaña el candidato demócrata había cosechado adhesiones de Wall Street y el aparato militar. Es que hoy representa una apuesta que da más certidumbre a la clase dominante, en un contexto marcado por la creciente inestabilidad mundial acelerada por la pandemia. En un mundo en crisis, Biden promete restaurar la legitimidad del estado imperialista, tanto puertas adentro como a nivel internacional. Y su historial como campeón del neoliberalismo durante sus casi cuatro décadas como senador y luego como vicepresidente proveen ese reaseguro.

Esta tarea no le será fácil. La elección confirmó la enorme polarización social que existe en Estados Unidos. Y también mostró las grietas y la crisis del régimen político. Esta no quedará cerrada por el resultado electoral, sea cual fuera. No podemos olvidar que las elecciones estuvieron antecedidas por una rebelión histórica, y que el país sigue sumido en una crisis económica y sanitaria que no tiene una perspectiva de resolución rápida. La votación de Trump también refleja que la derecha es un actor que llegó para quedarse, y que seguramente intentará ganar presencia callejera y postularse como principal oposición en caso de confirmarse un triunfo de Biden. Si se da este escenario, será fundamental evitar cualquier “luna de miel” con el nuevo gobierno, y continuar el camino marcado por la histórica rebelión de este año.

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EEUU: elecciones, crisis y debates de la izquierda https://mst.org.ar/2020/10/14/eeuu-elecciones-crisis-y-debates-de-la-izquierda/ Wed, 14 Oct 2020 13:58:55 +0000 https://mst.org.ar/?p=29002 Falta menos de un mes para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, y en muchos estados ya ha comenzado la votación anticipada por correo. Sobre un trasfondo de crisis, rebelión y polarización, la campaña se ve sacudida por nuevos acontecimientos cada semana.

Escribe: Luis Meiners

Dos días después del desastroso debate entre los candidatos presidenciales, Trump dio positivo por Covid-19 agregando aún más volatilidad a la coyuntura. De acuerdo a las encuestas, la ventaja de Biden se amplía. Frente a esto, Trump refuerza su retórica negacionista y polarizadora, y continúa cuestionando el proceso electoral.

La dinámica de la coyuntura está envuelta en síntomas de una crisis profunda, estructural, que las elecciones no lograrán cerrar. En este marco, hay profundos debates sobre el papel de la izquierda y su política hacia las elecciones y sobre el escenario que vendrá en los próximos meses.

Las raíces profundas de la polarización

Uno de los elementos centrales de la situación política en Estados Unidos es la fuerte polarización. Este proceso se desarrolla desde la crisis del 2008, pero sus raíces se encuentran en el agotamiento de la ofensiva patronal y neoliberal de las últimas décadas. Las políticas de ajuste y austeridad aplicadas desde la década del 70, sumadas a la globalización neoliberal, provocaron un fuerte crecimiento de la desigualdad. Para el año 2008, la concentración de la riqueza alcanzó los niveles previos a la crisis de 1929.

La crisis de 2008 demostró que este proceso no había logrado resolver los problemas profundos de la economía capitalista. La década que le siguió, con una «recuperación» económica en la que se incrementaron los niveles de desigualdad y de precarización laboral, se caracterizó por un ascenso de la lucha de clases acompañada de radicalización política. La crisis económica y el ascenso en las luchas, se combinaron y contribuyeron a una crisis de legitimidad del régimen político bipartidista. Ambos partidos del capital se vieron sacudidos por este proceso.

La pandemia ha acelerado todos los componentes de esta situación. La inmensa e histórica rebelión contra el racismo y la violencia policial ha sido la gran protagonista de los últimos meses. En respuesta a esto, Trump ha desplegado una fuerte ofensiva política, apoyándose en los departamentos de policía, en algunas agencias federales, y desplegando un discurso de «ley y orden» que se ha convertido en su eje principal de campaña. Esto ha movilizado a grupos de ultraderecha contra las protestas, como el caso de las milicias de las cuales era integrante Kyle Rittenhouse que mató a dos manifestantes en Kenosha.

Recta final hacia las elecciones

La campaña presidencial transita su recta final. Aunque el escenario sigue siendo volátil, Biden mantiene una ventaja sólida en las encuestas a nivel nacional y en varios Estados clave para los votos en el Colegio Electoral. El brote de Covid-19 en la Casa Blanca, y el comportamiento errático e irresponsable de Trump frente a ello, volvió a colocar el manejo de la pandemia como principal tema de la campaña. El resultado ha sido un crecimiento en la ventaja de Biden en las encuestas. Hay señales de que los republicanos se preparan para la posibilidad de una dura derrota. Ted Cruz, senador de Texas y figura importante dentro del Partido Republicano, advirtió sobre la posibilidad de perder tanto la presidencia como ambas cámaras en «un baño de sangre de las proporciones de Watergate», en referencia a la derrota electoral luego del escándalo de Nixon.

Con su retorno a la Casa Blanca tras haber estado internado, Trump redobló su campaña de cuestiona-miento al proceso electoral. Apunta fundamentalmente contra el voto por correo, continúa negándose a afirmar que reconocerá el resultado electoral y ha convocado a su base a vigilar los locales de votación. Teniendo en cuenta esto, y aunque un triunfo claro de Biden hoy es el resultado más probable, no se puede descartar la posibilidad de que una votación ajustada desemboque en cuestionamientos legales y mayor polarización en las calles.

Debates en la izquierda

En este marco se desarrollan importantes debates en la izquierda, que tienen hilos de continuidad con las discusiones en torno a las perspectivas estratégicas. Un aspecto del debate gira en torno a la caracterización de Trump y de la situación política. Parte de la izquierda ve a Trump en una posición de fuerza, a la ofensiva, y lo caracteriza como fascista. Esto puede verse en las posiciones expresadas por firmantes de la carta abierta titulada «Dump Trump, then battle Biden» (Terminar con Trump, luego combatir a Biden). El otro argumento central también parte de una evaluación derrotista y defensiva de la situación, y por lo tanto entiende al escenario electoral como el único terreno posible para la intervención política. Así, acepta los términos en los que los demócratas plantean el escenario.

El ejemplo más reciente de esta orientación ha sido una carta abierta titulada «Miembros del DSA organizando contra Trump». En esta breve declaración firmada por reconocidos miembros del DSA, incluyendo varios integrantes de sus organismos de conducción nacional y de varias regionales, se reitera el argumento central de la política del mal menor: «Una derrota de Trump sería inequívocamente mejor para la clase trabajadora y para nuestro movimiento que una victoria de Trump en su búsqueda de una reelección.» Sobre esta base expresa su compromiso para hacer «todo lo que podamos para asegurar una derrota de Trump.»

Este argumento parte de una visión equivocada sobre la relación de fuerzas entre las clases, y sobre la propia orientación política de la clase dominante. Si bien existen grupos de extrema derecha, y nunca hay que subestimarlos, lo que marca la dinámica es la inmensa rebelión antiracista. La movilización de la derecha ha sido precisamente en respuesta a esto, y en números incomparablemente menores. Por otro lado, la clase dominante de EEUU ha dado muestras de su apoyo a Biden, y de rechazo a Trump. El candidato demócrata viene cosechando más contribuciones económicas a su campaña, y en el último mes figuras importantes del aparato del estado han expresado públicamente su apoyo.

Esta perspectiva, además, está anclada en la idea de que las elecciones son el terreno fundamental de la política. La idea de que la izquierda solo puede tener incidencia real a través de la competencia electoral utilizando al Partido Demócrata, pretende que sólo así se pueda modificar la correlación de fuerzas entre las clases y generar mejores condiciones para la lucha de clases y el desarrollo de la izquierda. De ahí deduce que votar a Biden es el único camino realista en la coyuntura actual.

Al llamar a votar a Biden una parte importante de la izquierda contribuye a posponer la urgente tarea de construir una alternativa independiente. Además, no logrará su objetivo declarado de frenar a la extrema derecha. Un triunfo de Biden no resolverá las condiciones estructurales que posibilitan el desarrollo de estas fuerzas. La agenda neoliberal e imperialista de Biden las profundizará. El camino para frenar a la extrema derecha estará en la movilización, no en estas elecciones, y para esa tarea es fundamental construir una fuerza independiente.

 

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