Golpe de estado – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Fri, 11 Sep 2020 20:09:04 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Golpe de estado – MST :: https://mst.org.ar 32 32 La tragedia de Chile https://mst.org.ar/2020/09/11/la-tragedia-de-chile/ Fri, 11 Sep 2020 20:08:37 +0000 https://mst.org.ar/?p=27393 Hace unos días publicamos un artículo por los 50 años del triunfo de la Unidad Popular en Chile. Tres años después, a pesar de la determinación de la clase obrera chilena en avanzar hacia el socialismo, el 11 de septiembre, la “Vía Pacífica al Socialismo” terminaba en una dictadura fascista que duraría casi dos décadas.

Escribe: Carlos Mareco

En 1970 Allende ganaba las elecciones con el 36% de los votos. Que pudiera asumir o no su mandato dependía del Congreso, ya que la UP no había alcanzado el 50% de los votos. Latinoamérica vivía un doble proceso, por un lado la ofensiva neocolonial del imperialismo yankee y por el otro el alzamiento obrero y popular que se abrió en la década del ´60. En ese contexto la burguesía estaba dividida en torno a cómo frenar el proceso revolucionario. Ya desde antes del triunfo de Allende un sector derechista manejaba la opción golpista en diálogo directo con los EE UU y la CIA mientras otro temía la respuesta obrera y popular si se desconocía el resultado de las elecciones. Este sector prefería cercar a Allende y además no veía mal ampliar sus riquezas sacando provecho de la nacionalización de empresas. Finalmente, el 3 de noviembre de 1970 y con el aval del Partido de la Democracia Cristiana, Allende asumió la presidencia. Dos días antes una banda de ultraderecha había asesinado al Comandante en jefe del ejército, General Schneider.

En el primer año de gobierno se nacionalizó el cobre, el hierro, el salitre, el 90% del crédito bancario fue estatizado al igual que casi 100 empresas y se inició la reforma agraria con la expropiación de 1.400 latifundios, mejoró el poder adquisitivo de los trabajadores y al mismo tiempo la burguesía nacional aumentaba sus ganancias. El segundo año, por el boicot internacional mediante la baja del precio del cobre y la necesidad de importar productos para el consumo interno se disparaba una espiral inflacionaria. Ante esto Allende respondía con nuevos aumentos de salarios, permitía el aumento de los precios de las empresas no estatizadas, el congelamiento en las empresas estatales y se rompían todos los récords productivos con el aumento de la producción, beneficiando a la burguesía industrial y en especial a la comercial, que seguía controlando la distribución y comercialización de los productos.

El Programa de la Unidad Popular planteaba “llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y sectores progresistas de las capas medias”… “Transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”. Prometieron “una nueva constitución política, de una Cámara Única, la Asamblea del Pueblo” y que se “rechazará el uso de las Fuerzas Armadas para oprimir al pueblo”, todo esto mediante “una movilización de masas” que “construirá desde las bases la estructura del nuevo poder”. Pero nada de eso ocurrió, al contrario, el Partido Comunista y el Partido Socialista se dedicaban exclusivamente a atraer a “sectores democráticos y progresistas” de la burguesía nacional y las FF AA para que apoyen y se sumen al gobierno, al mismo tiempo combatían todo tipo de autoorganización y movilización de la clase trabajadora porque asustaría a los “progresistas” sectores burgueses del ejército y a  la Democracia Cristiana.

Los Cordones Industriales, el poder obrero

Reproducimos un extracto de una entrevista de Avanzada Socialista, prensa del PST, publicado en su edición Nro 72 en agosto de 1973. La entrevista es a Armando Cruces, 26 años, presidente de Elecmetal y del Cordón Vicuña Mackena. Según la redacción de AS, al momento que lo encontraron, el compañero Cruces se encontraba descargando un camión de alimentos, de los que abastecieron a la población.

«El compañero Allende, reformista, militante de mi Partido Socialista, transa con el enemigo a cada momento. Hay vacilaciones. Además el Partido Comunista de Chile se ha demostrado por entero en meter la «paz social» en Chile y en esto ha arrastrado al propio presidente de la república. Hay situaciones difíciles, donde los militares diariamente allanan empresas, Cordones Industriales, poblaciones, donde hay enfrentamientos con carabineros. ¡Y los trabajadores en Chile estamos en estos momentos revolucionados! Tenemos cientos de empresas en poder de nosotros, administradas por los trabajadores… desgraciadamente hoy en día, cuando ya la clase obrera ha avanzado mucho, se la quiere frenar. Se la quiere llevar a un terreno reformista, y en que aquello que nosotros hemos logrado con tanto sacrificio, derramando propia sangre de nosotros, pretenden que esto se devuelva.

En Vicuña Mackena movilizamos 5.000 a 7.000 trabajadores en cada movilización y caen tres o cuatro muertos. La fuerza en estos momentos está en los Cordones Industriales y no en la CUT»…

… «En estos momentos hay una lucha contra el fascismo, y también hay una lucha en contra del reformismo, que es bastante peligroso»…

“Los Cordones Industriales tienen un trabajo muy fuerte. Se necesita la participación de los trabajadores, decisión. Y aquí en Chile han nacido los Cordones Industriales… en estos momentos, en que se le han caído los pantalones al gobierno, nosotros a la burguesía los hemos acorralado. A los fascistas los hemos acorralado. Porque ya en las empresas no hay fascistas, los hemos echado. Y están afuera, están acorralados en el Barrio Alto de Santiago. Por eso decimos, es difícil la tarea del Cordón, pero sí es bastante positiva. Se lo repito, estamos siendo la vanguardia del proceso en estos momentos. Y de una u otra manera, en el enfrentamiento que se ve venir, los cordones industriales van a continuar siendo la vanguardia y van a ser donde los trabajadores, desesperados, se van a refugiar, y no en la Central Única de los Trabajadores…»

«Los Cordones Industriales tienen una Coordinadora ahora… es una Coordinadora que tienen los Cordones de Santiago, son siete u ocho Cordones. Y demostró poderío que esta Coordinadora da la orden y se paralizan los siete Cordones y se para todo Chile. Es un poderío. Agrupa a 80.000 trabajadores».

…»a Allende ayer se le cayeron los pantalones, por la presión de los camioneros y por todo lo que está ocurriendo en el país. Hizo renunciar su gabinete, y nosotros los trabajadores entendemos que lo hizo renunciar con un solo fin: para así poder integrar a las Fuerzas Armadas nuevamente al gabinete, al gobierno y nosotros los trabajadores decimos ¡No, no puede ser! Nosotros los trabajadores somos antimilitares. Odiamos al fascismo. El fascismo está en los generales, está en los oficiales de las Fuerzas Armadas con estructuras fascistas creadas por ellos mismos. Y al pueblo cuando tenga la oportunidad nuevamente lo van a arrasar como están haciendo en Brasil y  lo han hecho en otros países».

La clase obrera demostró en incontables ocasiones su decisión de luchar hasta el final por el socialismo, se encargaron de garantizar el abastecimiento de alimentos y productos de primera necesidad cuando la burguesía los acaparaba y escondía. Los trabajadores hicieron un esfuerzo enorme por garantizar la producción, tomando en sus manos el funcionamiento de las fábricas, el transporte y las empresas cuando las patronales reaccionarias y proimperialistas desarrollaban el lock out; se encargaban de encontrar los depósitos de alimentos escondidos y garantizaban la distribución y racionalización de los mismos. Entendían que las dificultades que se vivían eran producto del boicot patronal y exigían que se avance con más expropiaciones y el control obrero de todas las fábricas, así nacían los cordones industriales y las coordinadoras interfabriles que eran de hecho la expresión del poder dual de los obreros, que se proponía realizar las medidas que Allende y la UP no hacían. Los obreros buscaban por todas las vías armarse para lo que se venía. Algunas fábricas lo lograban de manera aislada, a los gritos exigían armas, en todos los barrios, fábricas y tierras ocupadas, por su parte el gobierno se dedicó a requisar a los obreros armados al mismo tiempo que adquiría nuevo armamento para las fuerzas represivas.  Las tareas de autoorganización que impulsaban los trabajadores, lejos de ser tareas económicas o administrativas, eran tareas políticas, empezaban a tomar el destino de su futuro en sus propias manos.

Pero mientras los obreros organizados eran perseguidos y asesinados por los altos mandos de las FF AA y las bandas fascistas, los sediciosos seguían organizando libremente el golpe que se vendría. Hicieron una primera prueba con el “Tanquetazo”, la burguesía demostraba estar dispuesta a recuperar sus privilegios a sangre y fuego, la clase dominante reconocía que sólo existían dos opciones, o el gobierno de los trabajadores o la dictadura militar de la burguesía. Soldados de la marina habían intentado en su momento rebelarse contra las tendencias golpistas de los altos mandos, pero fueron duramente castigados y abandonados por el propio gobierno “socialista”.

Luego del Tanquetazo la Armada de Chile empezó a organizar el golpe, se le sumaron los altos mandos de las Fuerzas Aéreas y finalmente el cuerpo de Carabineros. El 11 de septiembre mientras Allende dormía en su residencia las fuerzas represivas se levantaban contra el gobierno y se desplegaban por el país. Cuando Allende se da cuenta ya era tarde. Estando en la Moneda intenta contactar a Pinochet para que éste detenga a los golpistas, pero era él mismo quien estaba encabezando el golpe. Ni el PC, ni el PS y mucho menos Allende confiaron nunca en la clase obrera, permitieron que los fascistas se hicieran camino desde todos los espacios. El día del golpe la clase obrera con sus poderosos Cordones Industriales se quedó sin un comando centralizado, resistieron aisladamente el uno del otro sin armas ni la conducción que reclamaban las circunstancias. Mediante el despliegue de tanques, aviones y artillería se iniciaba una feroz matanza que liquidó a toda la vanguardia obrera socialista y revolucionaria e incluso se persiguió hasta a los más reformistas como el PC y el PS, se ilegalizaron los partidos, se disolvió el parlamento, se impuso el terror, el Estadio de Chile y el Estadio Nacional se convirtieron en un charco de sangre.

Estaban dadas todas las condiciones objetivas, de conciencia y de autoorganización de las masas y principalmente de la clase obrera para avanzar hacia la toma del poder y la instauración del socialismo, pero sin una dirección revolucionaria, esto es, un Partido Socialista, Obrero y Revolucionario es imposible lograr el socialismo. Esta sigue siendo la tarea fundamental de los revolucionarios en el Siglo XXI, en el que estamos viviendo la mayor crisis del sistema capitalista y procesos revolucionarios en todo el planeta.

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90 años del golpe de Uriburu y la impotencia de la burguesía “nacional” https://mst.org.ar/2020/09/06/90-anos-del-golpe-de-uriburu-y-la-impotencia-de-la-burguesia-nacional/ Sun, 06 Sep 2020 14:42:03 +0000 https://mst.org.ar/?p=27044 Escribe: Carlos Carcione

El 6 de septiembre de 1930 se produce el primer golpe de Estado en la Argentina moderna. Un movimiento militar encabezado por el Teniente General José Félix Uriburu derroca a Hipólito Irigoyen, presidente electo por voto “universal”, aunque limitado solo a los hombres. El dirigente Radical había sido elegido dos años antes para un segundo mandato de seis. El golpe daría origen a la llamada “Década Infame”, un periodo de gobiernos “civiles” elegidos a base de fraudes monumentales. Se iniciaba así una fase de participación directa de las fuerzas armadas como árbitro en los conflictos en la clase dominante y su relación en la disputa interimperialista, incluso en algún caso, para intentar derrotar el ascenso obrero cuando los mecanismos de la democracia burguesa son insuficientes.  Entre 1930 y 1976 se dieron seis golpes militares triunfantes, todos ellos con fuerte impulso, acompañamiento y apoyo civil, empresario y clerical y con el programa de la burguesía local. El último de este ciclo es el que lleva al llamado Proceso de Reorganización Nacional que dio origen a la dictadura genocida instalada en marzo de 1976. “Proceso” que fue derrotado revolucionariamente por el movimiento de masas en 1982, luego de haber desaparecido y asesinado a 30.000 luchadores y de haber llevado a la derrota en la Guerra de Malvinas.

En la caracterización del golpe de septiembre de 1930 y en la dinámica del proceso histórico que abrió, se encuentran las claves de la decadencia burguesa del país y de la imposibilidad de encontrar un proyecto nacional liderado por ese sector social, en síntesis, de su fracaso como clase dirigente independiente. Por eso no se trata de una simple curiosidad histórica anclada en el pasado. Por el contrario fue colocado en la agenda de actualidad por las declaraciones del ex presidente provisional Eduardo Duhalde en los últimos días de agosto de este año. Duhalde, frente al momento de crisis potencialmente explosiva que atraviesa el país, agitó el espectro del  golpe como chantaje a los partidos burgueses frente a la perspectiva del estallido de la crisis, definió al país como campeón en golpes de estado, y reculó cuando percibió el impacto de terror que causó en las elites argentinas y los comunicadores  que hacen la vocería de esa elites salieron a acusarlo de loco. Pero más allá del ataque psicótico en el que se excusó el propio Duhalde, refleja la memoria de la clase dominante Argentina de que es capaz de recurrir a una represión despiadada para imponer sus salidas, aunque hoy le de pánico incluso escuchar a algunos de sus dirigentes políticos decirlo en público. En realidad no hay una burguesía democrática y otra golpista, hay una clase social privilegiada incapaz de poner en pie un proyecto nacional pero que no está dispuesta a perder sus privilegios. El golpe del 6 septiembre de 1930 y los otros que se dieron durante el Siglo XX fueron un recurso que utilizó periódicamente sólo cortado por la revolución democrática de 1982.

La crisis del 29, el golpe y el proyecto burgués

El golpe dirigido por Uriburu se da en el contexto de la gran crisis capitalista mundial de 1929 que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Esa crisis aceleró las disputas interimperialistas, sobre todo entre el Reino Unido en decadencia acelerada y el ascendente imperialismo norteamericano. El impacto de una de las crisis más imponentes del sistema capitalista pegó de lleno en el país; ya para enero de 1930, meses antes del golpe, se desplomó el precio internacional de los granos, la principal fuente de ingresos del país. Esta situación agudizó la presión de la burguesía hacia el gobierno de Yrigoyen, acusándolo exagerada y falsamente de favorecer a las masas más desposeídas y a los trabajadores. Milciades Peña, joven militante trotskista e historiador ad hoc, describe la situación de la siguiente manera en su trabajo Historia del Pueblo Argentino:

“La crisis del capitalismo que tuvo lugar tras el crack bursátil de Nueva York, en 1929, trajo aparejada una caída de los precios internacionales de las materias primas, y esto significó un duro golpe para la economía Argentina y su modelo agroexportador.

Yrigoyen, el primer jefe de Estado electo por el voto universal y secreto, consagrado por la Ley Sáenz Peña en 1916, cumplía su segundo mandato y su autoridad comenzó a ser seriamente cuestionada por sectores sociales y políticos que creían que el Ejército debía hacerse cargo de la situación.

Así, diarios como La Nación, La Prensa y Crítica -propiedad del empresario Natalio Botana- iniciaron una campaña de desprestigio contra el gobierno y la figura del viejo caudillo popular.

Se acuñó, en los días previos a la asonada, el mito de que a Yrigoyen sus acólitos “le hacían un diario” en el que le contaban una realidad a su medida. Sin embargo, se trató de una mentira difundida por la prensa opositora, interesada en mostrar al presidente como un hombre confundido y senil…

…Bajo el amparo de los sectores terratenientes, que veían con preocupación que ante la crisis el gobierno tomara medidas que pusieran en riesgos sus intereses, los militares pusieron en marcha la conspiración.

Desde un comienzo se vislumbraron dos posturas claras en el movimiento golpista: los que pretendían instaurar un Estado fascista y corporativo al estilo del que regía en Italia con Benito Mussolini y los conservadores que soñaban con volver al régimen político anterior al de 1916, caracterizado por el fraude electoral.

Los que soñaban con un Estado corporativo se identificaban con Uriburu y estaban inspirados en las ideas que proclamaba el escritor Leopoldo Lugones, en tanto que los conservadores se aglutinaban detrás de la figura del general Agustín P. Justo.

El sábado 6 de septiembre de 1930, una partida de cadetes del Colegio Militar marchó sobre Buenos Aires y desalojó de la Casa de Gobierno al vicepresidente Enrique Martínez, en ejercicio del Poder Ejecutivo, ya que Yrigoyen se encontraba de licencia por enfermedad.

No obstante, el presidente fue apresado y llevado a la isla Martín García; Uriburu asumió la presidencia dos días después, y el 10 la Corte Suprema emitió una sentencia que convalida el golpe en una abierta violación a la Constitución Nacional.

El régimen naciente de ese hecho ilegal impuso una fuerte censura, estado de sitio, ley marcial, intervino las universidades y las provincias, con excepción de Entre Ríos y San Luis.

En lo económico, ante la necesidad de afrontar compromisos externos, tomó créditos con entidades financieras internacionales y aplicó fuertes reducciones del déficit fiscal.”

La Década Infame y el paréntesis del primer peronismo

La disputa entre los corporativistas de Uriburu  y los conservadores de Agustín P. Justo, ambos generales, se resolvió dos años después del golpe con la salida de Uriburu del gobierno y la convocatoria a elecciones que inauguró el periodo de los gobiernos del “fraude patriótico”, la manipulación de las elecciones con el adicional de prohibir la participación de los radicales Yrigoyenistas. El procedimiento reconocido por los dirigentes de los partidos del fraude se apoyaba en un argumento directo y simple, evitar el triunfo del radicalismo o de los socialistas.   Pero el fraude electoral de los conservadores tenía el objetivo de servir al imperialismo inglés, así lo demostró el Senador por Santa Fé Lisando De La Torre, que produjo una investigación que develaba una estafa colosal contra el país y contra la incipiente industria local, por parte de los frigoríficos ingleses que monopolizaban la exportación de carne enfriada.  De esta época también es el pacto Roca-Runciman, conocido así por el vicepresidente de Justo e hijo del genocida de la “conquista del desierto”, y el ministro de exteriores de Inglaterra. Este acuerdo significaba una cesión de soberanía económica hacia el Reino Unido superior a la de sus propias colonias.  Los preparativos y el estallido de la Segunda Guerra, aisló al país y a pesar de la pusilanimidad  su clase dirigente comenzó un proceso de industrialización relativa y la creación de algunos organismos estatales de regulación de la producción y la economía. De este proceso son el Banco Central, la Junta Nacional de Granos, la Junta Nacional de Carnes, Fabricaciones Militares y Altos Hornos Zapla, etcétera y con el proceso de industrialización se produjo el desplazamiento de la población rural a las grandes ciudades.

La disputa interimperialista una vez finalizada la Segunda Guerra quedó resuelta a favor de Estados Unidos. Inglaterra en el bando de los triunfadores pero agotada por el esfuerzo de guerra junto con Europa en pleno proceso de reconstrucción no tenía energías para disputar con éxito al imperio emergente. Y relacionado con el avance a nivel mundial de la hegemonía estadounidense, se produce el golpe de 1943 que abriría paso al surgimiento del movimiento político que marcó al país desde la segunda mitad del siglo XX en el país, el peronismo.

La experiencia del primer peronismo es un paréntesis de relativa independencia apoyada en el movimiento de masas. Con una dirección política conservadora con fachada nacionalista y un apoyo político y de las estructuras sindicales obreras da paso, al decir de Trotsky al caracterizar al gobierno de Lázaro Cárdenas en México, a un régimen bonapartista sui generis que maniobra frente a la ofensiva del imperialismo ascendente estimulando y controlando desde arriba la movilización de los trabajadores y el movimiento de masas. Recostado sobre el viejo dominio del Reino Unido y tratando de resistir el impulso yanqui maniobra en un período convulsivo en el que se agrega el protagonismo de una joven clase obrera de segunda generación. Pero Perón, la dirección política del movimiento y los sectores burgueses y burocráticos que lo sostuvieron, no fueron capaces de romper o no quisieron enfrentar la ofensiva imperialista que derivó en el golpe del 16 septiembre de 1955 y abrió paso al dominio de Estados Unidos en el país, dejaron resistiendo sola a la clase obrera mostrando la incapacidad de la burguesía para llevar adelante un verdadero proceso de independencia nacional. En este periodo se completa  la centralidad yanqui, y cualquier medida de un gobierno que buscara tímidamente regular sus negocios en el país terminaba con un  golpe, así sucedió el 29 de marzo de 1962 con el derrocamiento de Arturo Frondizi, y el del 28 de junio de 1966 cuando se terminó con el gobierno de Arturo Illia.

 El golpe del 76 y la revolución democrática

La relativa estabilidad que había logrado el sistema capitalista mundial desde finalizada la Segunda Guerra se quebró durante la década del ’60. Nuevas revoluciones y  la maduración de una crisis económica que se presentaría entre finales de los ’60 y principios de los ’70.  La Revolución Cubana, el ascenso mundial cuyo epicentro fue el Mayo Francés y la derrota de Estados Unidos en Vietnam desestabilizan los pactos de Yalta y Potsdam, entre tanto la crisis de los petrodólares marca el agotamiento del modelo de extracción que a un alto costo había logrado imponer el imperialismo yanqui  y que  imperaba desde los ‘40.

En el país la resistencia obrera a la Revolución Libertadora, una lucha más o menos abierta o sorda, deriva en el Cordobazo y abre una etapa de luchas obreras y populares que culminarían con el retorno de Perón al país. Un Perón que había utilizado la potencia de la “juventud maravillosa”, las formaciones especiales, pero sobre todo el ascenso obrero, para negociar su regreso con una dictadura militar herida de muerte por una sucesión de semi insurrecciones urbanas de las cuales el Cordobazo es el símbolo más destacado.  Ese Perón, que ya no era el de la resistencia o roces con el imperialismo, fue  aceptado por una burguesía que había perdido el control y recurrió a él, “el león herbívoro” como lo llama el último dictador de la llamada Revolución Argentina Agustín Lanusse, para detener el ascenso obrero y popular.

La muerte de Perón, el ascenso obrero y popular, el espiral de enfrentamientos armados, aislados de la voluntad de los trabajadores, y el cansancio de un sector de la sociedad de esa violencia, deciden a la burguesía y al imperialismo a dar el golpe del 76. El último del ciclo abierto por el que el General Uriburu dio del 6 de diciembre de 1930.

La decisión de adaptar el país a las nuevas condiciones de la explotación capitalista y de la extracción imperialista, dio la dimensión de la contrarrevolución que la dictadura encabezada por Videla debía ejecutar con métodos de guerra civil. La actuación como fuerza de ocupación en un país invadido, la desaparición y ejecución de 30.000 luchadores, el 66% de ellos activistas o dirigentes obreros de base, en su mayoría muy jóvenes, apuntaba a la liquidación de toda memoria de lucha.  Pero estalló la primera crisis de deuda externa de este periodo y derivó en una crisis bancaria, con la quiebra del Banco de Intercambio Regional (BIR) en 1980, y esa crisis abrió la puerta a la recomposición del ascenso obrero y popular que se pudo expresar en la huelga general del 30 de marzo de 1982 convocada por una de las dos CGT en las que estaba dividida la organización sindical, encabezada por Saúl Ubaldini. Dos días después, el 2 de abril de 1982, la Junta de gobierno integrada por las tres fuerzas armadas intenta el operativo de recuperación de las Islas Malvinas, con la ilusión de ganar base social popular y extender indefinidamente su gobierno. Poco más de dos meses después el 14 de junio una cúpula irresponsable, cobarde, inoperante y asesina se rendía, ante el ejército inglés, dejando más de 650 soldados nacionales muertos y 1082 heridos.

Al conocer la rendición millones que habían apoyado la recuperación de las islas, se movilizaron en todo el país exigiendo la caída de la dictadura. Una verdadera revolución democrática que el 18 de junio logra la renuncia del presidente de la Junta Militar Leopoldo Galtieri y que se disuelva la Junta. Sólo 15 días después asume con el compromiso de convocar elecciones inmediatamente el General Reynaldo Bignone, nombrado sólo por el Ejército.  El ciclo de golpes triunfantes que se inició en 1930 se cerró con este triunfo revolucionario sobre las Fuerzas Armadas y la prueba palpable de la incapacidad de la burguesía local para desarrollar un proyecto nacional. Lo que siguió es otra historia.

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50 años del triunfo de Allende en Chile https://mst.org.ar/2020/09/04/50-anos-del-triunfo-de-allende-en-chile/ Fri, 04 Sep 2020 17:53:05 +0000 https://mst.org.ar/?p=26979  El 4 de septiembre de 1970 la Unidad Popular ganaba las elecciones presidenciales. Su triunfo despertó enormes expectativas y puso a prueba la teoría de la  “vía pacífica al socialismo” preconizada por el Partido Socialista y el Partido Comunista. Tres años después el golpe encabezado por Pinochet terminaba trágicamente con esa experiencia. Extraer las conclusiones de este proceso en momentos donde las masas chilenas vuelven a jaquear el régimen heredado del pinochetismo y un ascenso obrero y popular recorre el mundo es de suma importancia para quienes luchamos por terminar con el sistema capitalista.

Emilio Poliak

La década del ´60 estuvo marcada en Latinoamérica por la radicalización de sectores importantes del movimiento de masas a partir del triunfo de la Revolución Cubana y por el ascenso que tuvo entre sus expresiones salientes el Mayo Francés, el Cordobazo y otras luchas importantes alrededor del mundo. La elecciones de 1970 se dan en ese contexto y con  un ascenso que desde 1967 venía creciendo en Chile como respuesta al deterioro económico y la represión del gobierno de Democracia Cristiana.

En ese cuadro, frente a las elecciones presidenciales la burguesía se divide entre el Partido Nacional y la Democracia Cristiana, facilitando el triunfo de la Unidad Popular. Las fuerzas dirigentes de esta coalición eran el Partido Socialista y el Partido Comunista y la integraban también partidos burgueses como el Partido Radical y el MAPU (ruptura de la DC). Salvador Allende obtuvo el 36,3 %, superando a  Jorge Alessandri el PN (34,9%) y a Radomiro Tomic  de la DC (27,8%). De todas maneras, por el régimen político chileno, al no obtener más de la mitad de los votos era el parlamento, con mayoría de la derecha, quien debía ratificar el triunfo. A pesar de las presiones de sectores de la burguesía y  el imperialismo, en un clima marcado por movilizaciones y atentados el congreso finamente ratificó a Allende como presidente electo. El peligro de desatar un proceso de rebelión de consecuencias impredecibles y el compromiso de Allende de respetar los marcos de la legalidad burguesa fueron decisivos a la hora de la definición. El  3 de noviembre, Allende asumió la presidencia en medio de una gran movilización popular.

La vía chilena al socialismo

El programa de la UP señalaba que “la única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el Gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile” (I)

Al momento de definir cómo se llevaría adelante este  proceso Allende decía “se nos mira con afecto fraternal y combativo por millones de hombres, mujeres y jóvenes en el mundo, que ven en la experiencia nuestra la tentativa consciente de un pueblo que abre un poderoso cauce de transformaciones a través de la vía eleccionaria. Dentro de la democracia burguesa vamos a encontrar los resortes que nos permitan realizar los cambios fundamentales que modifiquen a fondo la vida política, económica y social de nuestro pueblo. Hemos ganado por los cauces legales. Hemos vencido a través del camino establecido por el juego de las leyes de la democracia burguesa, y dentro de estos cauces vamos a hacer las grandes y profundas transformaciones que Chile reclama y necesita. Dentro de la propia Constitución modificaremos esa Constitución, para dar paso a la Constitución Popular, que expresa auténticamente la presencia del pueblo en la conquista y ejercicio del poder.” (II)

Y en su primer discurso ante el parlamento señalaba “Los escépticos y los catastrofistas dirán que no es posible. Dirán que un Parlamento que tan bien sirvió a las clases dominantes es incapaz de transfigurarse para llegar a ser el Parlamento del Pueblo chileno. Aún más, enfáticamente han dicho que las Fuerzas Armadas y Carabineros, hasta ahora sostén del orden institucional que superaremos, no aceptarían garantizar la voluntad popular decidida a edificar el socialismo en nuestro país. Olvidan la conciencia patriótica de nuestras Fuerzas Armadas y de Carabineros, su tradición profesional y su sometimiento al poder civil […] Por mi parte declaro, señores miembros del Congreso Nacional, que fundándose esta institución en el voto popular, nada en su naturaleza misma le impide renovarse para convertirse de hecho en el Parlamento del pueblo. Y afirmo que las Fuerzas Armadas chilenas y el Cuerpo de Carabineros, guardando fidelidad a su deber y a su tradición de no interferir en el proceso político, serán el respaldo de una ordenación social que corresponda a la voluntad popular expresada en los términos que la Constitución establezca.”(III)

Es decir, la política de la Unidad Popular consistía en llegar al socialismo a través de los mecanismos de la democracia burguesa. El reformismo de la socialdemocracia, asumido por el stalinismo se ponía a prueba. El resultado tomaría un carácter trágico poco tiempo después.

Una vez en el gobierno, Allende impulsó medidas tendientes a llevar adelante el programa de la UP. Se nacionalizó el cobre, principal producto de exportación y la gran minería de  hierro, carbón, salitre y cemento. El sistema bancario fue nacionalizado quedando el 90% del crédito en manos de la banca estatizada. Cerca de 100 fábricas fueron estatizadas pasando al área social y se dinamizó la reforma agraria expropiando unos 1400 latifundios. Los recursos obtenidos a partir de esas medidas sirvieron para aumentar el poder adquisitivo de los sectores populares y fomentar planes de viviendas entre otras medidas sociales. Todas esas medidas fueron votadas en el paramento, es decir apoyadas por la oposición, especialmente de la DC que reflejaba a sectores de la burguesía que no veían mal recuperar algo de la renta cedida ante la penetración imperialista de las últimas décadas. Claro que la pretensión de esos sectores era que la renta recuperada se distribuyera mayoritariamente entre la burguesía y no en las masas populares. Estas contradicciones de clase estallarían en poco tiempo.

La derecha reacciona, la clase obrera responde

Las  presiones del imperialismo yanqui comenzaron rápidamente, limitando las compras al país y propiciando la baja del precio internacional del cobre. Esto agudizó los problemas de abastecimiento que venían del gobierno anterior y provocó la aparición de una espiral inflacionaria. Se ponía a la orden del día avanzar en el control estatal de la distribución, pero la política de Allende fue tolerar los aumentos de precios en las industrias no estatizadas, a la vez que autorizaba algunos aumentos salariales para compensar. De esta manera buscaba, coherente con su orientación, ganar  o neutralizar a sectores de la burguesía industrial y comercial, cosa que no lograría. A mediados de 1972 comenzaron las primeras manifestaciones de la derecha con cacerolazos. En lugar de profundizar el camino de las nacionalizaciones y expropiaciones el gobierno retrocedió en las que estaban planeadas y renunció al proyecto de crear una red estatal de distribución. Esto no calmó a la derecha que en octubre se lanzó a una huelga patronal encabezada por los dueños de camiones y comercios que duró tres semanas.

La respuesta de la clase obrera no se hizo esperar, movilizándose para quebrar el lock out patronal. Se organizaron comités de defensa y comités de fábrica que tomaron la producción en sus manos. Surgieron los cordones industriales, que reunían todas las fábricas de un determinado sector, con sus direcciones elegidas por las bases. No tenían como eje las tareas económicas sino políticas, tales como organizar la defensa del territorio, establecer qué industrias del sector debían pasar al área social, y determinar los métodos de lucha (tomas, movilizaciones, concentraciones, huelgas, etc.). Se trasformaron en  un verdadero esbozo de poder dual cuando se coordinaron con comités barriales En lugar de jugarse a la movilización y al desarrollo y centralización de estos organismos, el gobierno se recostó sobre el ejército dándole todas las tareas de control y vigilancia e incorporando al gabinete tres ministros militares.

En este marco de polarización, el 4 de marzo de 1973 se realizaron elecciones donde la UP no sólo volvió a ganar sino que aumentó su caudal de votos, pasando al 44%. Las masas chilenas mostraban que a pesar de las dificultades y a  que en sectores cada vez más extendidos crecían las  críticas a las vacilaciones del gobierno, estaban dispuestos a defender sus conquistas, sus organizaciones y a derrotar a la derecha reaccionaria.

Sin embargo el gobierno siguió con su orientación priorizando el diálogo con la Democracia Cristiana. El Partido Comunista, a través de su principal dirigente no dejaba lugar a dudas “…Pero junto a la opinión de Leighton [dirigente democristiano] ya se perfila otra entre las tendencias no derechistas del PDC [Partido Demócrata Cristiano] y ella sostiene que al igual que después de las elecciones presidenciales existen condiciones objetivas favorables para buscar la integración de la Democracia Cristiana a responsabilidades de Gobierno. Una buena ayuda para alcanzar esta posibilidad la constituye la presencia de las Fuerzas Armadas en el Gabinete de Salvador Allende, lo que entrega una base nacional que puede servir de puente para una colaboración política más amplia. De ser esto posible se abrirían perspectivas «históricas» puesto que, conforme al criterio de los que sostienen esta posición, sería posible integrar a la base de respaldo de los partidos de la Unidad Popular prácticamente a toda la base de la Democracia Cristiana, con lo cual se conseguiría una «ancha mayoría» para respaldar el proceso de cambios iniciados y asegurar sus indispensables correcciones…” (IV)

Del Tancazo al golpe

Las vacilaciones del gobierno no sólo desarmaban a obreros y campesinos sino que dejaban las manos libres para que la derecha siga intentando desestabilizar al gobierno. Los intentos de hacerlo por la vía del régimen apelando a un juicio político o variantes por el estilo se esfumaron después de las elecciones de marzo y dieron paso rápidamente al intento de hacerlo a través de un golpe.

El 29 de junio el Regimiento Blindado Nº2 a las órdenes del teniente coronel Roberto Souper dirigió sus tanques hasta la Case de la Moneda, sede del gobierno, efectuando varios disparos mientras intentaba que otros regimientos se sumen. La rebelión militar fue sofocada por las tropas comandadas por el General Prats, jefe del ejército y ministro del gobierno.

Años más tarde Pinochet, que había actuado bajo las órdenes de Prats, reconoció que “la acción había servido para que los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas pudieran medir la capacidad de respuesta de las fuerzas pro Unidad Popular, registrar el tipo de armas que éstas usaban y comprobar el nivel de respuesta de la población a los llamados de Salvador Allende.”(V) Es decir, mientras la derecha se preparaba para derrocar al gobierno, la Unidad Popular en lugar de preparar al pueblo para enfrentarlos lo desarmaba. El propio Allende en un discurso pronunciado luego de la derrota del tancazo decíaY desde allí llamé al pueblo dos veces por radio. Primero, para señalarles que tuvieran confianza en las Fuerzas Armadas, Carabineros e Investigaciones […] Mientras sucedían estos hechos –repito– el Comandante en Jefe del Ejército, junto con los generales Pinochet, Pickering, Urbina y Sepúlveda, trazó el plan para reprimir a los subversivos.” (VI)

Mientras la derecha se armaba para el golpe, Allende llamaba a confiar en los militares como Pinochet y Urbina, que lo encabezarían o  Pickering y Sepulveda Squella que al igual que Prats renunciaron, dejando el camino abierto al golpismo. Luego del Tancazo, se creó un gabinete de Seguridad Nacional en el que se incorporaron los tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y el Director General del Cuerpo de Carabineros, según el PC para “asegurar la constitucionalidad, para decirle a todo el país que ha llegado la hora de normalizar la situación sediciosa.”(VII) Para completar la orientación  conciliatoria el partido Comunista se dedicó a intentar que la Democracia Cristiana también se incorporase al gobierno. Así lo contaba su Secretario General: “No hemos señalado dos obligaciones (de los comunistas después de las elecciones) sino tres; la tercera es asegurar llegar a las elecciones del 76 y asegurar el triunfo de un nuevo gobierno popular y revolucionario que continúe la obra que le ha correspondido iniciar al compañero Allende. Estas tres obligaciones están íntimamente unidas y en el fondo trazan una perspectiva revolucionaria que no hace sino reafirmar la conocida orientación del Partido Comunista en el sentido de considerar que es posible, en las condiciones concretas de nuestro país, realizar la revolución antiimperialista y antioligárquica y construir el socialismo sin necesidad de un enfrentamiento armado.”(VIII)  En plena polarización la estrategia del PC era ganar en las elecciones a celebrarse tres años después y reafirmar la vía pacífica al socialismo

Mientras tanto la polarización tenía su reflejo al interior de las fuerzas armadas. En agosto, los  marinos de Valparaíso y Talcahuano se organizaron para denunciar la preparación de un nuevo golpe. NI el gobierno, ni el PS, ni el PC les brindaron apoyo, por el contrario los abandonaron a su suerte y fueron encarcelados y torturados por sus jefes. En lugar de aprovechar la división de las FFAA para ganar  a las bases contra los superiores que respondían a la reacción siguieron confiando en los mandos, allanando el camino al golpe.

Paralelamente  el movimiento obrero había empezado a armarse por sus propios medios. En las fábricas se fabricaban armas, bombas molotovs, granadas, etc. Y también los partidos distribuyeron algunas armas principalmente cortas, además de algunos fusiles.

Finalmente, el 11 de septiembre el “democrático” General Pinochet encabezaba un nuevo golpe. A las  10:30 de la mañana, Allende habló por segunda vez y dio cuenta a los trabajadores que recibió un ultimátum para que renunciara. Reafirmó que no iba a renunciar y lamentó que los militares hubiesen traicionado su profesionalismo, diciendo que la historia los habría de juzgar. Pero nunca llamó al  movimiento obrero a resistir. Únicamente dijo que los trabajadores debían estar alertas en la defensa de sus conquistas. Luego se despidió. Tampoco e PS ni el PC dieron ninguna instrucción a sus militantes o a los trabajadores. La instrucción de los partidos era que se debía obedecer las órdenes de la CUT. Y la orden de la CUT fue tomar todas las fábricas, todos los locales de trabajo, todos los fundos y permanecer “alerta esperando nuevas instrucciones”, pero las nuevas instrucciones no llegaron nunca. No hubo  ningún plan de resistencia, ni comando centralizado. La única instrucción que tuvieron fue de quedarse en sus fábricas: y los militares fueron fábrica por fábrica, destruyendo fácilmente la resistencia que hubo. La resistencia se dio, en forma espontánea y aislada, fábrica por fábrica, en los Cordones Industriales. Una vez muerto Allende, acalladas las radios de izquierda, los militares cercaron las fábricas. Los obreros resistieron desde adentro, pero entonces se inició el bombardeo de esas fábricas. La resistencia heroica, desesperada y aislada de la vanguardia obrera no consiguió frenar el golpe.

Lecciones de septiembre

El relato histórico de los hechos tiene como objetivo extraer las conclusiones de un proceso que anunciado como la vía pacífica al socialismo, contando con un apoyo y fuerza tremenda de la clase obrera y el campesinado terminó en una tragedia que significó varios miles de muertos, la destrucción de las organizaciones obreras y populares, la perdida de las conquistas obtenidas y una dictadura de 17 años que cambió la estructura económica del país en favor de los grandes capitalistas y el imperialismo. Trotsky, analizando la revolución de Octubre, señalaba que sin la existencia de una dirección revolucionaria como el Partido Bolchevique la energía de las masas se hubiera disipado en estallidos sin lograr el triunfo de la revolución. En Chile, esa dirección no existió. El Partido Socialista y el Partido Comunista llevaron hasta el final su concepción reformista, de mantenerse dentro de los límites del régimen democrático burgués. El MIR, una fuerza guevarista que no formaba parte de la UP tampoco estuvo a la altura de las circunstancias. Uno de sus dirigentes escribía  en su prensa: “Las Fuerzas Armadas tienen un papel verdaderamente patriótico y democrático que jugar junto al pueblo, apoyando a los trabajadores en su lucha contra la explotación de la burguesía…”(IX) Tampoco tuvo una política para desarrollar los Cordones Industriales, más bien los  ignoraba intentando crear otros organismos artificiales por fuera de los que genuinamente se daba el movimiento obrero.  A lo sumo, al  igual que el PC planteaba integrarlos a la burocrática CUT dirigida por los comunistas. El trotskismo lamentablemente carecía de una presencia significativa. Se produjo una radicalización de sectores importantes en la base de casi todas las  corrientes, sobre todo en el Partido Socialista, donde las críticas al reformismo de su dirección fueron muy importantes. Pero esto no alcanzó para dar forma a una dirección alternativa que pudiera guiar la fuerza obrera y popular hacia el desarrollo de los organismos de doble poder, la centralización de los comités de defensa y tener una política hacia las bases del ejército para intentar quebrarlo. A la hora del golpe definitivo de la reacción, no hubo una resistencia organizada capaz de derrotarla y darle a la lucha de clases una perspectiva para avanzar hacia la revolución socialista.

En el siglo XIX ya Marx había señalado que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines” (X) y que no se trata de “hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venía haciendo hasta ahora, sino romperla y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular” (XI) El planteo de que el proletariado debía establecer un nuevo tipo de Estado a partir de nuevos organismos creados por él mismo, distintos a los de la burguesía, lo desarrolló al calor de la  experiencia de la Comuna de París que definió básicamente como “la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado” y un organismo de la democracia obrera no parlamentario, sino de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo con miembros electos por las bases, revocables y sin privilegios materiales. A partir de esas elaboraciones y de su propia experiencia los bolcheviques impulsaron a  los soviets como la forma del nuevo Estado Obrero. En Chile, donde los Cordones Industriales comenzaban a ser embriones de organismos democráticos de doble poder y la clase obrera comenzaba a armarse, todas estas conclusiones fueron pasadas por alto, manteniendo la máquina del Estado burgués, especialmente su ejército profesional, con consecuencias trágicas conocidas. Lamentablemente sectores que se reclaman de izquierda, progresistas o anticapitalistas parecen no haber asimilado todavía las enseñanzas de la historia. El Partido Socialista chileno se pasó definitivamente del lado de la burguesía como garante del pacto de la concertación pos pinochetista, administrando el Estado Capitalista al servicio de la misma burguesía que se enriqueció durante la dictadura. Y en momentos en que el pueblo chileno retoma las luchas en una verdadera revolución contra los resabios del régimen heredado de la dictadura nuevamente el Partido Comunista y el recientemente creado Frente Amplio intentan canalizar toda la movilización por las vías de la institucionalidad burguesa.

Para la clase obrera y los sectores populares la necesidad de crear organismos propios de autodeterminación democrática como instrumentos de lucha y  como germen de un nuevo Estado es una tarea fundamental. La construcción de una dirección revolucionaria sigue siendo el mayor desafío para que la energía de las masas no termine en nuevas frustraciones. La experiencia chilena, así como las experiencias fallidas de los progresismos latinoamericanos del siglo XXI muestran que no es evitando la radicalización de las masas y otorgando concesiones a la derecha como se puede neutralizarla o derrotarla y obtener conquistas significativas para el pueblo trabajador, sino desarrollando los organismos democráticos  de las masas en lucha y una dirección revolucionaria que destruya las bases económicas e institucionales de los capitalistas avanzando en la revolución socialista.

  • Programa de la Unidad Popular
  • Discurso en el XXIII Congreso General Ordinario del Partido Socialista de Chile de La Serena Pronunciado el 28 de enero de 1971.
  • Discurso ante el Congreso de la República, 21 de mayo de 1971
  • Chile Hoy, N° 43
  • “Camino recorrido: Memorias de un soldado”, 1990
  • Discurso de Salvador Allende hablando al pueblo desde La Moneda el 29 de junio de 1973
  • Víctor Días, subsecretario general del PC en El Siglo, 13 de agosto de 1973
  • Chile Hoy, Nº 40
  • Revista Punto Final (órgano del MIR)
  • Marx, La guerra civil en Francia
  • Marx, carta a a Kugelmann, 12 de abril de 1871

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Cele Fierro en Córdoba participó de la acción contra el golpe en Bolivia https://mst.org.ar/2019/11/11/cele-fierro-en-cordoba-participo-de-accion-golpe-en-bolivia/ Mon, 11 Nov 2019 23:28:44 +0000 https://mst.org.ar/?p=20425 La dirigente de izquierda Cele Fierro participó hoy de la movilización unitaria del FIT-Unidad en Córdoba contra el golpe de Estado en Bolivia junto a la legisladora electa Luciana Echevarría. Ante el Consulado expresó: «Hoy salimos a la calle a brindar todo nuestro apoyo al pueblo trabajador boliviano para enfrentar el golpe patronal y pro imperialista. Rechazamos las declaraciones de Macri que demuestran claramente que está del lado de los golpistas».

Cele Fierro agregó: «La derecha golpista aprovechó el descontento social que había con el gobierno de Evo y que en sus 14 años de gobierno no desmanteló ni el aparato represivo ni el poder de las corporaciones. Quieren usar este golpe para frenar las rebeliones latinoamericanas, pero está en nuestras manos evitar que lo hagan, ahora la tarea central es movilizar en Bolivia y en toda América Latina para evitar que se consoliden los golpistas. Hoy nos movilizamos en todo el país, y desde el MST y la Liga Internacional Socialista proponemos terminar con todos los poderes capitalistas. Que sea el pueblo boliviano, de manera independiente a través de sus organizaciones de base, el que defina qué modelo económico, social y político quiere para su país».

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Lunes 13 hs: el MST se concentra en Obelisco y marcha a la embajada de Bolivia contra el golpe de estado https://mst.org.ar/2019/11/10/lunes-13-hs-mst-se-concentra-en-obelisco-marcha-embajada-de-bolivia-golpe-de/ Mon, 11 Nov 2019 01:51:43 +0000 https://mst.org.ar/?p=20423 El MST en el Frente de Izquierda Unidad llama a movilizar en conjunto con otras fuerzas políticas en repudio al golpe de estado en Bolivia este lunes a las 13 desde el Obelisco a la Embajada de Bolivia.

La dirigente Vilma Ripoll, quien será parte de la marcha, declaró: “El golpe en curso que hay en Bolivia contra lxs trabajadores y el pueblo, está claramente fogoneado por la derecha oligárquica, las patronales y el imperialismo. Estos sectores, agrupados detrás de los reaccionarios Mesa y Camacho, aprovecharon el descontento social con el gobierno para impulsar esta movida que pretende profundizar la dependencia, el saqueo y el modelo capitalista extractivista”.

Guillermo Pacagnini, dirigente del MST y que también estará en la marcha concluyó: “Lamentablemente Morales, así como no realizó los cambios sociales y políticos necesarios y se mantuvo en los límites del capitalismo, ahora cedió a las presiones de la OEA, el establishment
y las fuerzas represivas y no llamó a lxs trabajadorxs y campesinxs a movilizar para frenar el intento de golpe que él mismo denunció. Llamamos a la unidad de acción en las calles, en repudio al golpe y a toda injerencia imperialista, en solidaridad con el pueblo boliviano y su derecho a la autodeterminación. Por 
una asamblea constituyente libre y soberana para que sea el pueblo boliviano el que defina qué modelo económico, social y político quiere para su país, qué hacer con los recursos,cómo garantizar sus derechos y un Estado Plurinacional realmente democrático”.

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