lenin – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Thu, 08 Feb 2024 21:04:23 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png lenin – MST :: https://mst.org.ar 32 32 100 años de la muerte de Lenin. El constructor del Octubre Rojo https://mst.org.ar/2024/02/08/100-anos-de-la-muerte-de-lenin-el-constructor-del-octubre-rojo/ Thu, 08 Feb 2024 21:04:23 +0000 https://mst.org.ar/?p=34937 Escribe: Carlos Carcione

El 21 de enero de 1924 moría en el pueblo de Gorki a pocos kilómetros de Moscú, Vladimir Ilich Ulianov. Pasó a la historia con su nombre de revolucionario: Lenin. Dirigente principal junto a Trotsky de la Insurrección de Octubre que, en 1917, creó la primera República Soviética de la historia. Estudioso de la realidad, desechó la interpretación metafísica de una Rusia feudal para finales del siglo XIX y caracterizó a su país como de desarrollo capitalista. Teórico del socialismo, y militante práctico fue un ejemplo vivo de la definición marxista de Praxis. Fue parte de los principales debates teóricos de su tiempo, incluso en el campo de la filosofía como cuando debatió contra el Criticismo que había penetrado en las filas de los intelectuales revolucionarios de su época oponiéndole la dialéctica.  Lo mismo que de la elaboración de definiciones que sirvieron para reinterpretar el estadío concreto de desarrollo del capitalismo de este periodo, sistematizando la evolución del capitalismo mercantil a su fase senil, imperialista, dominado por el capital financiero.

Como revolucionario militante práctico participó de la Segunda Internacional cuando ésta todavía reivindicaba el marxismo, hasta 1914 en que estalló la Primera Guerra Mundial y esa organización degeneró al social-patriotismo, apoyando los créditos de guerra a sus gobiernos imperiales. Construyó en su país el Partido Bolchevique desde 1903, ala revolucionaria de la socialdemocracia de Rusia y en 1919, una vez en el poder y en medio de la guerra civil, fundó la Tercera Internacional. La enfermedad lo llevó a perder su última batalla, en la que se enfrentaba a Stalin intentando cambiar el rumbo de una burocratización del primer Estado Obrero triunfante de la historia, llevaría a la revolución a la degeneración totalitaria. A los 53 años y cuando sus más queridos camaradas lo seguían llamando El Viejo, la enfermedad apagaba su potente voz que había despertado las esperanzas de un mundo mejor a la clase obrera del planeta entero.

¿Qué Partido?

En el segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso que dio comienzo en julio de 1903 en Bruselas, se produce un debate inesperado que llevará a la división del partido tiempo después. Este no sería el único incidente del Congreso. El mismo se tiene que trasladar de Bruselas a Londres donde culminaría en agosto. Los organizadores habían detectado el seguimiento policial a los delegados, por lo tanto para preservar su seguridad decidieron trasladarlo, con tal mala suerte que según cuenta Trotsky, los delegados fueron atacados por un ejército de insectos que habitaban en el establecimiento donde se realizaba el evento en la Capital inglesa. Sin embargo, el problema no fueron las pulgas.
De las distintas corrientes que participaron del Congreso la organización había quedado en manos de los iskristas, más precisamente en manos de 3 miembros del comité de redacción de Iskra, la publicación que había comenzado a editarse en 1900. Lenín, Plejanov y Martov.  Además de los iskristas que contaban con la mayoría absoluta de delegados de los Socialdemócratas Rusos, participaron el grupo polaco llamado Bund, el grupo de los obreros del sur, y el grupo de La Causa Obrera.

Las primeras sesiones transcurrieron con la aprobación del programa del partido presentado por Lenin y Plejanov, los primero debates se dieron con los polacos que pretendían autonomía para su política a lo que los iskristas respondieron con la más absoluta centralización de la política. Pero el hecho no previsto surge en un debate entre iskristas sobre el carácter del partido, es decir a quiénes se consideraba miembros de la organización.

Mientras que Martov presentaba una fórmula laxa para el reconocimiento de los miembros, de tipo movimiento sin responsabilidades orgánicas para los mismos, Lenin sostenía que solo deberían ser considerados militantes aquellos que además de acompañar el desarrollo partidario, aportar a su sostenimiento, deberían disciplinarse a una organización del partido. En este debate que Lenin, luego de la ruptura, explicará en el Qué Hacer, lo que estaba en juego era la construcción de un partido de tipo movimiento sin mayores responsabilidades orgánicas para los militantes, o el que proponía Lenin construido sobre la base del Centralismo Democrático, es decir, la mayor libertad para la discusión interna y la más férrea disciplina y unidad en la acción y cuyos militantes dedicaran su tiempo libre a la revolución. Pero la ruptura se da por la integración de la nueva redacción de Iskra.
No obstante, había quedado había quedado establecido que esas diferencias eran irreconciliables y se mantuvieron hasta el momento mismo de la Revolución de Octubre. Y no solo en las cuestiones de la organización partidaria sino también en los distintos hechos revolucionarios, por ejemplo, cómo enfrentar la Revolución de 1905, la guerra mundial de 1914 y otros hechos políticos de gran importancia. Trotsky que en principio había quedado del lado de los mencheviques, luego se apartó de ellos y quedó en una situación intermedia intentando, hasta que se unifica con los bolcheviques de Lenin en 1917, buscar una unidad que luego reconocería que no era posible.

Las Tesis de abril y el viraje hacia la revolución socialista

En los primeros 17 años del Siglo XX hubo en el imperio de los Zares 3 revoluciones. El ensayo general fue en 1905, donde surge el primer Soviet: el proceso dura casi todo el año, y termina en una derrota que dará con la mayor parte de los dirigentes de los partidos obreros y sus fracciones en la cárcel, el destierro y el exilio, entre ellos Trotsky. Las otras 2 se dan en un lapso de nueve meses en el año 1917 empujadas por las calamidades de la guerra mundial. Una en febrero que derrumba al zarismo e instala un gobierno provisional y la de Octubre que comienza la construcción del primer Estado Obrero triunfante.

Los debates sobre el balance de la revolución de 1905 establecen 3 concepciones de la futura Revolución, que grosso modo eran las siguientes: los mencheviques plantean que sería una revolución burguesa y que tendría que dirigirla la burguesía con sus partidos mientras que los socialdemócratas tendrían que hacer una tarea de organización de la clase obrera y prepararse para que en un futuro indeterminado se pudiera construir el socialismo. Por otro lado, los bolcheviques y Lenin particularmente, sostenían que, aunque la revolución tendría carácter burgués por las tareas que debería afrontar, para que pudiera triunfar su dirección tendría que ser obrera y campesina, aunque no identificaba los sujetos políticos que la conducirían. Y la tercera, la que sostenía Trotsky en una primera elaboración de su teoría de la revolución permanente, explicaba que una vez comenzada la revolución, la clase obrera no podría detenerse en las tareas democrático burguesas y avanzaría hacia las tareas socialistas.

Pero cuando estalla la Revolución de Febrero de 1917, Lenin exiliado en Suiza logra llegar a Petrogrado el 3 de abril y desde su arribo va planteando una nueva perspectiva. Sostiene una visión distinta de la que hasta entonces tenían los bolcheviques, ahora afirmaba que la revolución sería obrera y que las tareas que debería emprender eran esencialmente socialistas y de un gobierno de los Soviets que estaban formándose apresuradamente. Ese cambio de perspectiva, acercándose a la de Trotsky sorprende a la dirección bolchevique, pero en apenas un mes logra ganar a la mayoría del partido y presenta las Tesis de Abril definiendo esta perspectiva, el carácter de la guerra y las medidas revolucionarias que son necesarias aplicar.  Triunfa el viraje y se comienza a preparar la insurrección con la principal de las tareas “explicar pacientemente a las masas”. Se demuestra una de las grandes virtudes de esta personalidad singular, su enorme sensibilidad para los procesos revolucionarios.

¿Hubiera sucedido el Octubre sin Lenin?

Esta pregunta parece contra fáctica, una especulación intelectual. Pero Trotsky se la hace en su hermoso y potente trabajo histórico sobre la Revolución Rusa y la contesta: no, no habría habido Octubre sin Lenin. Pero ¿qué quiere decir el dirigente del Comité Militar Revolucionario del Soviet que conduce la insurrección?. Alguien que estuvo siempre alejado del culto a la personalidad.

Así como Lenin modifica su perspectiva del tipo de Revolución con las Tesis de Abril, Trotsky cambia en 1917 su posición opuesta a la de Lenin en la evaluación de la necesidad de la construcción del partido, tomando la de este último y hasta el final de su vida define como tarea primordial de un revolucionario la construcción del partido y la internacional.
Trotsky, que solo confiaba hasta entonces en la espontaneidad de los procesos revolucionarios y temía el conservadurismo de la actividad partidaria, reconoce que, sin ese partido bolchevique construido a pulso firme y determinado por Lenin, no hubiera sido posible octubre, pero sin Lenin y sus Tesis y el partido o quizás mejor dicho su dirección, no hubiera salido del estado de conservadurismo en el que se encontraba hasta su llegada en abril de 1917. Por eso mismo su compañero podría afirmar como dice el título de este texto:  Lenin fue sin dudas el constructor del Octubre Rojo y al construirlo junto al partido se construía a sí mismo como factor indispensable del proceso histórico.

 

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22 de abril de 1870, su nacimiento. Lenin: vigencia de un revolucionario https://mst.org.ar/2021/04/14/22-de-abril-de-1870-su-nacimiento-lenin-vigencia-de-un-revolucionario/ Wed, 14 Apr 2021 22:13:03 +0000 https://mst.org.ar/?p=29626 «Para comprenderlo basta recordar el odio concentrado que esta figura provoca y provocará en todos los enemigos de la clase obrera. Porque la naturaleza ha producido una obra maestra al reunir en un solo hombre la personificación del pensamiento revolucionario y la energía indomable de la clase proletaria» L. Trotsky

Escribe: Emilio Poliak

Para lxs marxistas, las grandes transformaciones sociales son fruto de la acción de las masas, en el marco de determinadas condiciones sociales objetivas y de la lucha de clases que esta produce. Sin embargo, el papel de ciertos hombres o mujeres puede ser determinante para que esas condiciones tomen un rumbo que acerque o aleje la posibilidad de los triunfos revolucionarios. Lenin fue este tipo de personas. Su rol fue decisivo para que al calor de la lucha obrera y campesina de Rusia se desarrolle una dirección capaz de dirigir toda la energía de las masas hacia la victoria. Por otra parte, sus aportes teóricos y políticos son de lectura obligada para quienes continuamos la pelea por la revolución socialista. Entre sus trabajos destacados podemos citar el «¿Qué hacer?», «El imperialismo, fase superior del capitalismo», «El Estado y la Revolución» o «El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo».

Un partido para la revolución

Entre sus aportes más importantes al movimiento revolucionario se encuentra su concepción para la construcción de un partido que pueda transformarse en dirección de la revolución. Para Lenin no había posibilidad de forjar una herramienta de combate sin una organización centralizada, capaz de actuar en la legalidad tanto como en la clandestinidad, para lo que era preciso contar con una estructura de militantes profesionales, que hicieran de la actividad revolucionaria el eje de su vida, formándose para eso. Esta característica no tiene nada que ver con la caricatura que el stalinismo hizo de ella. La centralización y unidad necesaria para enfrentar la autocracia y la represión no excluía, por el contrario, implicaba el debate permanente de la estrategia y la táctica a seguir. Basta repasar la historia de los debates y las disputas al interior del Partido Bolchevique para ver que la confortación de ideas, así como la formación de diferentes fracciones, eran comunes y muchas de esas discusiones eran públicas. En muchas Lenin estuvo en minoría, sin embargo, daba la pelea hasta el final, convencido en que la justeza de sus ideas y su perspectiva tarde o temprano serían ratificadas por la realidad.

Para Lenin se trataba de construir el Estado Mayor de la revolución. Tenía una confianza plena en la clase obrera y sus luchas, convencido que un partido sólido en los principios marxistas y flexible en las tácticas sería capaz de agrupar en su seno a los mejores elementos y corrientes revolucionarias en el momento decisivo. Esta idea se confirmó durante los eventos de 1917. En el congreso de agosto de ese año se produjo la unificación del Partido Bolchevique con distintos grupos revolucionarios que confluyeron en la estrategia de la pelea por el paso del poder a los soviets. El caso más emblemático fue el de Trotsky, con quien mantuvo duras polémicas durante más de una década y sin embargo en el momento en que sus visiones coincidieron no dudó en proponer su incorporación a la máxima dirección del partido. En última instancia, los actos de Lenin estaban supeditados exclusivamente a las necesidades de la revolución. En toda la historia del bolchevismo, una vez que las diferencias eran zanjadas por la realidad, aquellos dirigentes que habían encabezado las diferentes fracciones volvían al trabajo de la dirección en tareas de importancia. Tal fue el caso de Kamenev y Zinoviev, o más adelante de Bujarin.

Intervenciones decisivas

Como señalamos anteriormente, en momentos claves su intervención fue determinante. Cuando se produjo la división entre mencheviques y bolcheviques, más allá de los acercamientos coyunturales o unidades episódicas entre las dos fracciones del PSDR que se sucedieron entre 1903 y 1917, Lenin fue inflexible en mantener la fracción bolchevique como una organización democráticamente centralizada, combinando el trabajo clandestino con el aprovechamiento de los resquicios de libertades que se le arrancaban a la autocracia zarista coyunturalmente, lo que permitió forjar los cuadros y dirigentes capaces de intervenir en la revolución.

Al estallar la revolución de febrero que derribó a la monarquía y dio surgimiento al gobierno provisional por un lado y a los soviets por el otro, Lenin se encontraba exiliado en Suiza. Dentro de la socialdemocracia rusa, los mencheviques seguían una política de apoyo crítico al gobierno burgués, coherente con su análisis de que Rusia debía pasar por un período de democracia burguesa antes de emprender la lucha por el socialismo. La dirección del partido Bolchevique encabezada por Kamenev y Stalin seguía un lineamiento similar promoviendo la unificación de las distintas fracciones PSDR. El discurso en la estación de Petrogrado a su regreso del exilio y las Tesis de Abril, fueron claves para torcer el rumbo conciliador de la dirección del Partido. En septiembre volvió a ser decisivo cuando un sector de la dirección dilataba la decisión de llevar a cabo la insurrección.

La lucha contra la burocratización

Lxs críticos del bolchevismo plantean que el surgimiento del satlinismo fue una consecuencia lógica del tipo de partido leninista. El propio Stalin pretendió erigirse como su sucesor. La realidad es que los últimos años de la vida de Lenin están marcados por la lucha contra la burocratización, tanto del Estado como del partido. El aislamiento de la URRSS por la derrota de la revolución europea, el hambre provocada por la guerra civil, la pérdida de gran parte de la vanguardia y de dirigentes importantes, el atraso cultural y tecnológico, junto a la disminución de la clase obrera producto de la crisis, fueron factores objetivos que explican el surgimiento de la burocracia. Lenin emprendió una batalla para combatirla. Durante sus últimos meses de vida impulsó diferentes propuestas, polemizó con Stalin, escribió su testamento donde llamaba a relevarlo del cargo de Secretario General y rompió relaciones personales con él. La muerte prematura, el 21 de abril de 1924, le impidió continuar esa batalla. Es difícil saber si la presencia de Lenin hubiera logrado cambiar el devenir de los hechos, dadas las condiciones objetivas que dieron origen al crecimiento del aparato burocrático. Su compañera, Krupskaya, dijo alguna vez que si hubiera continuado vivo habría acabado en la cárcel o en un campo de concentración. Tal vez su presencia hubiera logrado demorar la consolidación de la burocracia y responder con una política revolucionaria a los nuevos levantamientos en Europa y Asia, revirtiendo el aislamiento del naciente Estado Obrero. Es difícil saberlo. Lo que está claro es que la consolidación de la burocracia se logró con el exterminio físico de la generación que dirigió la revolución, lo que marca que se trató de una contrarrevolución y no de una continuidad del leninismo.

Más vivo que nunca

A 151 años de su nacimiento y 97 de su muerte, sus aportes a la causa revolucionaria mantienen su vigencia. La magnitud de la crisis capitalista y la respuesta de las masas obreras y populares con rebeliones y revoluciones en todo el mundo colocan como tarea de primer orden la lucha por construir una dirección revolucionaria internacional, y en todos los países. El combate a los posibilistas, herederos tardíos del menchevismo, así como la intervención en las luchas en base a sólidos principios marxistas, pero con la necesaria flexibilidad táctica, es la única posibilidad de que la energía de las masas no termine en nuevas derrotas y permita lograr una sociedad sin opresión ni explotación.

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Trotsky y el desarrollo desigual y combinado https://mst.org.ar/2020/08/21/trotsky-y-el-desarrollo-desigual-y-combinado/ Fri, 21 Aug 2020 16:46:55 +0000 https://mst.org.ar/?p=26196 Dejamos este trabajo referido a uno de los aportes más importantes de León Trotsky, la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado, que aún cobra plena vigencia e importancia científica, para el estudio, el análisis y la política de las y los revolucionarios.

Escribe: Sergio García

Se cumplen 80 años del asesinato de León Trotsky, quien fuera junto a Lenin, uno de los máximos dirigentes de la revolución rusa, primera experiencia socialista del siglo XX. Un agente stalinista acabó a traición con su vida. Tenía la orden de la burocracia soviética de liquidar al viejo líder bolchevique, para evitar que sus ideas y su peso dirigente siguieran actuando en la vida política, tras haber fundado dos años antes la Cuarta Internacional. Lograron acabar con su vida, pero 80 años después está muy claro que no frenaron el avance de sus ideas ni de la causa que signó su vida.

Como hemos expresado en otros artículos y videos publicados días atrás en nuestra web, el legado del líder revolucionario mantiene plena vigencia y no casualmente, incluso hasta nuestros días, a lo largo del mundo diversas corrientes burocráticas, reformistas y posibilistas lo atacan y difaman. Y se preocupan al ver que terminando ya la segunda década del siglo XXI, en cada rebelión y revolución que sucede, jóvenes obreros y estudiantes se interesan por las ideas trotskistas, se leen sus obras, se nuclean miles en torno a organizaciones que reivindicamos su legado histórico.

La experiencia práctica y militante a lo largo de toda su vida y el peso notable de sus ideas, ha sido y es un arma de grueso calibre contra quienes pretenden frenar la lucha contra el capitalismo en todas sus formas. No es casual que todas las alas de la burocracia y de funcionarios de gobierno de diversa índole, cuando hay procesos de lucha genuinos y surgen activistas y vanguardias que no quieren frenar la lucha y van por todo, se las intenta descalificar con frases del tipo: “parecen trotskos”, como si eso  fuera un insulto. La sola comparación, tan solo hace más visible la fuerza del trotskismo, y agreguemos del leninismo y el marxismo como tal, que no cede ni capitula y busca siempre llevar hasta el final las luchas sociales y la lucha política anti sistémica. Aunque en su ignorancia crean que la acusación de “trotskos” es un agravio, en realidad es una constatación científica y práctica; las nuevas generaciones que a lo largo del mundo luchan por causas justas y genuinas hasta el final y buscan un camino anticapitalista, reafirman la vigencia del legado del viejo León, sean conscientes o no, de este hecho.

Trotsky y sus aportes teóricos

Además de su larga y revolucionaria actividad por más de cuatro décadas, León fue un gran teórico, escritor y divulgador del marxismo, al cual le hizo, a lo largo de su vida, aportes específicos de notable importancia. Tantos que sería imposible condensarlos en un solo trabajo. Como ya nos hemos referido en artículos recientes, la teoría de la revolución permanente y el Programa de Transición son obras esenciales que reflejan su pensamiento y contribuyeron muy positivamente al movimiento revolucionario.

En el mismo sentido nos queremos referir ahora a otro aporte trascendente de Trotsky, que contribuyó a comprender más integral y científicamente, los procesos sociales y revolucionarios del siglo XX, y aún hoy es una herramienta imprescindible para comprender el proceso de crisis capitalista que vivimos y la combinación, desigual, de diversos procesos económicos y sociales. Nos referimos a su Ley del Desarrollo Desigual y Combinado. La misma fue durante décadas ignorada conscientemente por diferentes ámbitos intelectuales, académicos y políticos, afines al stalinismo del siglo XX. Sucede que esta ley, entre muchas otras cosas, ayudaba a interpretar las relaciones desiguales y combinaciones del desarrollo social, las relaciones de países adelantados y atrasados, y también las distintas tareas encadenadas que tenían la clase obrera y los revolucionarios en su lucha por el poder, partiendo de la real experiencia histórica de la Rusia revolucionaria. Y este enfoque científico molestaba al stalinismo, que inducía por entonces teorías etapistas y de colaboración de clases, nocivas para la revolución.

Contra la corriente, el trotskismo fue intentando divulgar esta ley y su relación con la teoría de la revolución permanente. En medio de estos intentos, durante décadas la ley fue desconocida por muchos sectores, aunque jugaba un rol esencial para comprender el devenir del desarrollo capitalista, sus crisis, desarrollos diferentes, las revoluciones que lo enfrentan y la relación entre las clases en pugna.

No tenemos la pretensión en este trabajo de abarcar la totalidad del tema, pero sí al menos hacer un recorrido sobre el mismo, y generar interés en nuestras y nuestros lectores, en adentrarse más a fondo apelando a otros materiales respectivos.

Sobre la importancia de analizar el desarrollo de una sociedad y las relaciones con las ideas, clases y partidos, para sacar de allí conclusiones políticas útiles para los revolucionarios, Trotsky ya había anticipado en parte estudios importantes tras la revolución de 1905, en un trabajo de 1906, donde entre muchas otras cuestiones analizaba las desigualdades del desarrollo en Rusia y su relación con países europeos más avanzados, y afirmaba: ““El pensamiento ruso se desarrolló, como la economía rusa, bajo la presión directa del pensamiento y de la economía -más avanzados- de occidente. Como a consecuencia del carácter económico natural de la economía, es decir como a consecuencia del comercio exterior muy poco desarrollado, las relaciones con los otros países tenían un carácter principalmente estatal, la influencia que Rusia debía sentir de estos países, antes de poder adoptar la forma de competencia económica directa, se manifestó más bien como una lucha encarnizada por la existencia estatal misma. La economía occidental influenció sobre la rusa por mediación del Estado. Para poder sobrevivir mejor en medio de Estados enemigos y mejor armados, Rusia estaba obligada a introducir fábricas, escuelas de navegación, libros instructivos sobre la construcción de instalaciones de fortificación, etc. Pero si el movimiento general de la economía interior no se hubiera dirigido en este sentido, si la evolución de esta economía no hubiese creado una necesidad de aplicación y generalización de los conocimientos, entonces todos los esfuerzos del Estado hubieran sido infructuosos: la economía nacional, que evolucionaba de una manera normal de la forma de economía natural a la forma de economía dinero-mercancías, solamente reaccionó a las medidas del gobierno que se correspondían con esta evolución, y solamente en la medida en que estaban de acuerdo con ella. La historia de la fábrica rusa, del sistema monetario ruso y del crédito estatal es una prueba contundente de esta interpretación de los hechos que acabamos de exponer” (1). De esta elaboración fue avanzando mucho más tras el triunfo de la revolución de 1917 y terminó condensando más claramente su visión en su gran obra “Historia de la Revolución Rusa” a inicios de la década del treinta.

Un poco de historia sobre el tema

Podemos decir que como fenómeno de estudio, el análisis de las relaciones desiguales de avance de las sociedades tiene sus antecedentes desde mucho tiempo antes. Desde muchos siglos previos se debatía sobre la desigualdad de los procesos en el desarrollo social, ya en la antigua Grecia existieron las primeras observaciones al respecto. Mucho tiempo después, Hegel se adentrará en parte en estos temas; y en el siglo XIX en sus estudios Marx y Engels fueron avanzando más profundamente. El marxista Plejanov aportaría al tema, también Parvus indagó sobre el tema e intercambio con Trotsky. También Lenin hizo referencias importantes y definiciones en igual sentido sin nunca formular, ninguno de ellos, una explicación general o una ley respectiva.  De ahí que tengamos que tomar todo el desarrollo histórico del estudio de estos conceptos pero a la vez reivindicar que fue Trotsky quien avanzó mediante la experiencia de las revoluciones rusas y la sistematización de sus análisis y conclusiones, a desarrollar una explicación profunda e integral sobre el tema como nueva ley y aporte marxista.

Volviendo sobre los antecedentes de esta temática, el propio Marx en sus escritos y estudios sobre el desarrollo de la sociedad y nuevos modos de producción, sin llegar nunca a formular una ley al respecto orillaba conclusiones en sentido similar, en su esfuerzo espectacular por comprender las desigualdades del desarrollo capitalista del siglo XVIII y XIX. En su momento analizaba a los países más avanzados y sus variadas formas productivas, su relación con modos de producción anteriores y con países de desarrollo menos avanzados. Y por dar un ejemplo, en relación a las conquistas hacía notar las desigualdades de su resultado, una nueva “fusión” y afirmaba: Todas las conquistas suponen tres posibilidades: el pueblo conquistador somete al pueblo conquistado a su propio modo de producción (es lo que los ingleses hacen en este siglo en Irlanda y parcialmente en la India); o bien deja subsistir el antiguo modo de producción y se limita a obtener un tributo (por ejemplo, los turcos y los romanos); o bien se produce una interacción de la que nace una forma nueva, una síntesis (particularmente en las conquistas romanas). En todos los casos, el modo de producción, sea el del pueblo conquistador como el del pueblo sometido, o el que resulte de la fusión de los dos, es determinante para la nueva producción que se establece”. (2)

Por otra parte, el propio Lenin se metía en tema de manera parcial y acertada, en función de comprender las etapas de la revolución rusa y las conclusiones para poder prever lo que vendría y las tareas y perspectivas de los bolcheviques. En este sentido decía en el año 1917: El hecho de que la revolución (de febrero) haya ocurrido tan rápidamente… es debido a una coyuntura histórica inusual donde estaban combinados, de una manera «altamente favorable», movimientos absolutamente distintos, intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas» (3)

Tras esta larga serie de ensayos y aproximaciones, como parte de un estudio científico y marxista de todo el proceso de la revolución rusa, de la combinación de tareas, formas de producción, desarrollo social, clases e intereses de clases, Trotsky finalmente le da su definición más precisa a esta ley, en su “Historia de la revolución rusa” donde escribe: “Las leyes de la historia no tienen nada en común con el esquematismo pedantesco. El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que lo patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vénse obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la combinación de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería imposible comprender la historia de Rusia ni de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera sea su grado”.  (4)

Sobre la base de esta explicación científica se comprendía cabalmente por que, un país atrasado, con resabios feudales y con mayoría campesina, que a la vez desarrolló una moderna clase obrera trayendo los avances de la producción capitalista de otros países avanzados a sus propias ciudades, pudo condensar distintas tareas y objetivos en forma encadenada hasta el triunfo de la revolución socialista. Triunfo para el cual fue decisivo el partido bolchevique, forjado en su solidez en el enfrentamiento al zarismo y sus bárbaros métodos represivos. También en este terreno se vio una desigualdad y combinación; la monarquía zarista y un país reflejo del atraso, jugó el rol, sin quererlo, de obligar a templar al partido que con esa experiencia a cuestas, finalmente ganó  el apoyo de las masas en 1917 abriendo paso a un salto colosal hacia adelante del desarrollo de la sociedad rusa, creando el primer Estado socialista.

Agregaría Trotsky también, explicando el alto desarrollo de la organización militante en Rusia, lo siguiente: ““El retraso histórico no significa seguir simplemente las huellas de los países avanzados a una distancia  de cien o doscientos años. Más bien da lugar a una formación social combinada de muy distinto modo, y en la que los adelantos más recientes de la técnica capitalista y de su estructura están integrados en las relaciones sociales de la barbarie feudal y prefeudal, transformándolas, dominándolas y moldeando una singular relación entre las clases. Igual sucede con las ideas. Precisamente por su retraso histórico, Rusia resultó ser el único país europeo en que el marxismo como doctrina y la socialdemocracia como partido, disfrutaron de un poderoso desarrollo aún antes de la revolución burguesa; y es natural, porque el problema de la relación entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo se sometió en Rusia al más profundo examen teórico”. (5)

Otras voces

Reivindicando a fondo este aporte de Trotsky, Nahuel Moreno toma en uno de sus trabajos este tema, como parte de un debate general y muy educativo sobre lógica y ciencia marxista en la década del setenta. Allí, reivindicando el descubrimiento de Trotsky diría: “para nosotros la ley del desarrollo desigual y combinado es la más importante descubierta por el marxismo y la ciencia moderna, como la teoría que unifica las leyes genéticas y estructurales. Ella nos permite darnos una nueva ley del surgimiento de lo nuevo, mucho más rica y correcta que la del salto de cantidad en cualidad. Por último, que esta ley no sólo es objetiva, sino lógica, da unidad a la lógica marxista al permitirnos estructurar las leyes genéticas con las estructurales. Por razones históricas hemos respetado el nombre que el formulador le dio a esta teoría. Es por eso que comúnmente decimos ley y no teoría como corresponde. Efectivamente, debido a que combina y unifica distintas leyes en una estructura es una teoría y no una ley. Es así como explica, entre otras, las leyes de la desaparición de lo viejo, del surgimiento de lo nuevo, las transformaciones y contradicciones internas de una estructura, la forma de ésta, etc”. (6)

Por esos mismos años, otro importante intelectual marxista, el estadounidense George Novack, escribiría un ensayo que por entonces cobraría mucha importancia, ya que contribuiría a comprender mucho mejor el tema y socializarlo entre la militancia trotskista y marxista en general, colaborando en su formación. El propio Nahuel Moreno lo reconocía así diciendo sobre el texto: “Novack ha escrito un folleto o “ensayo” de popularización de la ley del desarrollo desigual y combinado que supera largamente los modestos marcos que él mismo le impuso. “Este ensayo —comienza diciendo— tiene por objeto dar una explicación coherente y comprensiva de una de las fundamentales leyes de la historia humana”. “Esta es la primera oportunidad, que yo sepa, que se ha intentado esto”. (idem)

En ese ensayo, que recomendamos leer en su totalidad, Novack explicaría todo el recorrido de estudios y aportes parciales de diversas personalidades durante siglos y décadas, hasta llegar a la ley final de Trotsky de desarrollo desigual y combinado, y colaborando con su escrito, dando una explicación seria sobre la misma.

En su trabajo, entre muchas otras cosas Novack escribió: “la ley del desarrollo desigual y combinado es una ley científica de la más amplia aplicación en el proceso histórico. Tiene un carácter dual o, mejor dicho, es una fusión de dos leyes íntimamente relacionadas. Su primer aspecto se refiere a las distintas proporciones en el crecimiento de la vida social. El segundo, a la correlación concreta de estos factores desigualmente desarrollados en el proceso histórico…

…Cada síntesis única, que ha surgido del desarrollo desigual y combinado engendra en si misma posteriores crecimientos y cambios, los que a su vez pueden llevar a una eventual desintegración y destrucción de la síntesis. Una formación combinada amalgama elementos derivados de diferentes niveles del desarrollo social. Su estructura interna es, por lo tanto, altamente contradictoria. La oposición de sus polos constituyentes no solamente imparte inestabilidad a la formación, sino que lleva directamente a posteriores desarrollos. Más claramente que a cualquier otra formación, la lucha de los opuestos caracteriza el curso de vida de una formación combinada…

…La reciente historia de Rusia da el ejemplo más extraordinario de esta conversión de un castigo histórico en un privilegio. Al comienzo del siglo XX, Rusia era entre las grandes naciones de Europa la más atrasada. Este atraso abrazaba todos los estratos, desde el campesino abajo hasta la dinastía absolutista de los Romanov arriba. El pueblo ruso y sus nacionalidades oprimidas sufrían ambos las miserias del feudalismo decadente y del retraso del desarrollo burgués en Rusia. Sin embargo, cuando llegó el momento de la solución revolucionaria de estos problemas acumulados, este retraso demostró sus ventajas en muchos terrenos. Primero, el zarismo estaba totalmente alienado de las masas. Segundo, la burguesía era muy débil para tomar el poder en su propio nombre y mantenerlo. Tercero, el campesinado, al no recibir satisfacción de la burguesía, fue obligado a replegarse sobre la clase obrera en busca de dirección. Cuarto, la clase obrera no tenía formas de actividad petrificadas o sindicatos frenadores y burocracias políticas que la hicieran retroceder. Fue más fácil para esta joven y enérgica clase que tenía muy poco que perder y mucho que ganar, adoptar rápidamente la más avanzada teoría, el más claro programa de acción y el más alto tipo de organización partidaria. La revuelta campesina contra el feudalismo, un movimiento que en el occidente de Europa ha caracterizado el surgimiento de las revoluciones democrático-burguesas, se mezcló con la revolución proletaria contra el capitalismo, exclusiva del siglo XX. Como Trotsky señaló en la Historia de la Revolución Rusa, fue la conjunción de estas dos revoluciones diferentes lo que dio su poder expansivo al alzamiento del pueblo ruso y lo que explica la extraordinaria rapidez de su triunfo”. (7)

Novack, también correctamente destacaba la relación de los aportes de Trotsky entre la teoría de la revolución permanente y la ley del desarrollo desigual y combinado, y por eso agregaba lo siguiente: “Trotsky, el teórico, es mas celebrado por la formulación de la teoría de la Revolución Permanente. Sin embargo, su exposición de la Ley del desarrollo desigual y combinado podría ser aparejada a aquella en cuanto a su valor. No solo puso nombre a esta ley sino que también fue el primero que la expuso en su pleno significado y le dio una expresión redondeada. Estas dos contribuciones a la comprensión científica de los movimientos sociales están, de hecho, íntimamente ligadas. La concepción de Trotsky de la Revolución Permanente resultó de su estudio de las peculiaridades del desarrollo histórico ruso, a la luz de los nuevos problemas que se le presentaban al socialismo mundial en la época del imperialismo. Estos problemas eran particularmente agudos y complejos en países atrasados donde la revolución democrático-burguesa no se había dado, y planteaban la solución de sus tareas más elementales en un momento en que estaba planteada la revolución proletaria. Los frutos de sus ideas sobre esta cuestión, confirmados por el desarrollo actual de la Revolución Rusa, prepararon y estimularon su subsecuente elaboración de la ley del desarrollo desigual y combinado. Por cierto la teoría de Trotsky de la Revolución Permanente es la aplicación más fructífera de esta verdadera ley a los problemas claves de la lucha de clases internacional de nuestro tiempo-época de transición de la dominación capitalista al mundo socialista-y ofrece el más alto ejemplo de su penetrante poder”. (idem)

La vigencia de un aporte teórico

Cuando todos los días vemos la pandemia que azota a la humanidad y la crisis integral de un sistema capitalista que se venía incubando mucho antes que el Covid-19 entrara en escena, tenemos la ley del desarrollo desigual y combinado, como una herramienta que cobra plena validez y enorme magnitud, para comprender científicamente el momento que vivimos y sus perspectivas.

Puede suceder que en medio de una crisis global y con el avance de herramientas tecnológicas y audiovisuales que hacen correr las imágenes y las noticias por todo el mundo en cuestión de minutos, se tienda a naturalizar lo que vemos como supuesta realidad inmodificable. Pero lejos de esa naturalización muchas veces inducida por los grandes medios masivos de comunicación y sus gobiernos afines, o las justificaciones provenientes de corrientes reformistas y posibilistas, lo que estamos presenciando es una crisis capitalista de magnitud gigante, que condensa nuevas desigualdades y nuevas combinaciones sociales, productivas y económicas.

Las mismas solo pueden comprenderse correctamente apelando a la ley descubierta por Trotsky. O cómo entender si no que los EEUU, el país más avanzado tecnológicamente de la tierra, tenga hoy los peores niveles de contagio y muerte frente al coronavirus, y que a la vez se haya dado allí una de las mayores rebeliones sociales de los últimos tiempos.

Por otra parte, como no ver, analizando las últimas décadas, que del fracaso de un modelo burocrático stalinista, antisocialista por donde se lo mire, se hayan revertido modelos económicos sociales y restaurado el capitalismo en diversos países, lo cual fue presentado en su momento como el triunfo del capitalismo imperante y el fin de las ideas. Pero a la vez el desarrollo desigual y en tensión permanente de esos cambios, lejos de originar un triunfo y una nueva época de avance reformista, generó la combinación de la extensión del capitalismo a casi todo el mundo, con el advenimiento de un nuevo desorden mundial, el debilitamiento más extremo de la principal hegemonía imperialista y el surgimiento de nuevas capas obreras en países periféricos, más la irrupción del movimiento de mujeres con sus paros mundiales, del movimiento ambiental con acciones globales y, ahora también, de la juventud precarizada con sus paros internacionales. Es notorio este desarrollo de luchas sociales de nuevo tipo, combinadas con procesos de crisis económicas desiguales en su magnitud, entre una China ascendente y una UE en decadencia, por dar solo un ejemplo de actualidad.

Cómo no buscar un análisis más profundo utilizando esta ley, si queremos comprender los avances de China en el escenario mundial, tras integrar en su propio territorio nuevas formas de producción y tecnologías capitalistas, combinadas con altos niveles de masiva mano de obra explotada, lo cual anticipa avances de luchas sociales a futuro. La actual guerra comercial entre EEUU y China, los roces interimperialistas, los intentos de Alemania y la UE por recuperar terreno son consecuencias de los cambios desiguales en curso y, lucha de clases mediante, podrán dar lugar a nuevas combinaciones de poder.

Con la ley de Trotsky podemos comprender mejor y no sorprendernos,  cuando las masas del mundo vuelan en segundos a través de las redes sociales en comunicaciones de continente a continente, y ver que esos mismos avances hayan jugado, en forma combinada, un rol clave para desatar movilizaciones, rebeliones y revoluciones, contra gobiernos y regímenes políticos que no garantizan ni la comida elemental, ni el trabajo, ni el futuro de la juventud. Y esa juventud y una nueva generación de obreros precarizados y despojados, ponen contra las cuerdas en los lugares más dispares del mundo cada día a los capitalistas. En el desarrollo desigual del capitalismo imperialista en su etapa decadente, se puede tener una red social activa y morirse de hambre a la vez. Y la combinación de esas dos situaciones diferentes origina un salto en las luchas sociales que preanuncia nuevos cambios y fenómenos políticos y sociales.

Frente a todo esto, la construcción de organizaciones revolucionarias internacionales y nacionales adquieren plena vigencia y una nueva dimensión. También nuevas combinaciones desiguales en su experiencia y construcción. La internacionalización de la crisis capitalista y la apertura de nuevos procesos, trae aparejada nuevas relaciones entre socialistas y anticapitalistas del mundo, que antes no teníamos lazos ni una experiencia común. En este plano también es muy útil recurrir a esta ley, aunque hay sectores del propio trotskismo que no lo hacen, y creen en construcciones solo evolutivas, en copias de país en país, en desarrollos lineales.

En realidad, también para construir organizaciones revolucionarias hay que apelar y valerse de la rica realidad, que hoy, bajo un programa socialista, se pueden originar combinaciones positivas de diferentes experiencias y desarrollos. La dinámica construcción de la Liga Internacional Socialista de la cual el MST es parte, es un ejemplo positivo de este fenómeno, ya que interviniendo en los procesos más avanzados de la lucha de clases, desde diferentes países y continentes, está condensando en una organización común, experiencias y desarrollos desiguales, combinando saberes y prácticas, construyendo en común internacionalismo militante, frente a una crisis capitalista que combina grandes oportunidades a izquierda como elemento central, con una polarización social que no se detiene.

En el mundo de la pandemia y más adelante de la pospandemia, habrá nuevas combinaciones y desigualdades. El desafío es interpretarlas, comprenderlas, darnos una política y una estrategia revolucionaria, trotskista, para intervenir en esos fenómenos. En los tiempos de las revoluciones rusas, el marxismo tuvo que comprender sobre la marcha la relación entre países atrasados y adelantados, entre tareas democráticas y sociales, entre clase obrera y campesina. Y superar todo dogmatismo y reformismo, para tomar el cielo por asalto. Ellas y ellos hicieron su gran aporte desde el bolchevismo. No tendremos ahora, en medio de una crisis capitalista, menos desafíos que esos y tal vez sí, nuevas oportunidades y dificultades. Tenemos por suerte, la teoría de Trotsky que hoy nos seguirá ayudando a interpretar mejor el mundo. Y a luchar por nuestros objetivos con nuevas desigualdades y combinaciones a cuestas, con la convicción firme de creer en la revolución y el socialismo y el saber que no hay ninguna ley de la historia que diga que es imposible lograrlo.

(1) Resultados y perspectivas, León Trotsky

(2) Karl Marx   

(3) Cartas desde lejos, Lenin

(4) Historia de la revolución rusa, León Trotsky

(5) Tres concepciones de la revolución rusa, León Trotsky

(6) Lógica marxista y ciencias modernas, Nahuel Moreno

(7) La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad, George Novack

 

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Los procesos de Moscú: la consolidación de la contrarrevolución stalinista https://mst.org.ar/2020/08/19/los-procesos-de-moscu-la-consolidacion-de-la-contrarrevolucion-stalinista/ Wed, 19 Aug 2020 12:49:09 +0000 https://mst.org.ar/?p=26015 El 19 de agosto de 1936 dio inicio el primero de los tres juicios que culminarían con la desaparición física de toda la vieja guardia bolchevique que encabezó la revolución en octubre de 1917. Cuando finalicen los procesos, del Comité Central del Partido Bolchevique en tiempos de Lenin los únicos dirigentes que quedarán con vida  serán Stalin y Trotsky, que será asesinado poco tiempo después por un agente stalinista.

Escribe: Emilio Poliak

Analizar el proceso de burocratización y la deriva contrarrevolucionaria de la Unión Soviética y del Partido Bolchevique llevaría varios artículos y no es el objetivo de estas líneas, pero lo cierto es que durante la década del ´20 la burocracia había ido tomando el control del nuevo  Estado Obrero y del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). A mediados de la década del ´30 Stalin ya había liquidado a las distintas oposiciones que se habían sucedido  desde 1923. La derrota de la oposición unificada en 1927 había terminado con la expulsión del partido de casi todos sus dirigentes, muchos de los cuales fueron deportados o encarcelados. Trotsky, desterrado en Alma Ata, cerca de la frontera con China había sido expulsado definitivamente de la URSS en 1929 y se encontraba en  el exilio. La oposición de derecha, encabezada por Bujarín también había sido derrotada a principios del ´30. Pero es a partir de los procesos de Moscú, con el exterminio físico de toda oposición, Stalin consolidará definitivamente su poder.

El asesinato de Kirov

A comienzos de la década el descontento era creciente en la URSS. Las consecuencias de la colectivización forzosa en el campo y los efectos del plan quinquenal y la industrialización acelerada en las ciudades acrecentaron el malestar entre los obreros, los campesinos y la juventud. Aunque ya no había una oposición organizada se extendían los reclamos por las consecuencias de la crisis económica, contra los privilegios de la burocracia y contra el accionar creciente de la GPU, la policía política.

El 1 de diciembre de 1934 fue asesinado Serguei Kirov, miembro de la máxima dirección del partido, por un militante de las juventudes comunistas llamado Nicolaiev, que fue condenado y ejecutado inmediatamente previa “confesión” de que Trotsky había organizado y financiado el atentado. El crimen servirá como excusa para desatar una persecución implacable y llevar adelante una de las  farsas más grandes de  la historia. El hecho nunca fue esclarecido realmente aunque no son pocos los elementos que hacen suponer que detrás habría estado la mano de Stalin. Kírov había sido el miembro del CC con más votos en el congreso de 1934 y encabezaba un ala moderada frente al régimen represivo de Stalin. La falta de custodia en el momento del crimen y el “accidente” que causó la muerte de su guardaespaldas cuando se dirigía a declarar son parte de los hechos que alentaron las sospechas. Sin embargo la acusación de Stalin recaerá sobre Zinoviev, Kamenev y otros dirigentes de Partido de Leningrado.

El juicio a los acusados del crimen, y los dos que le siguieron, se llevaron adelante en el colegio militar de la Corte Suprema de la URSS de manera pública con cobertura de la  prensa nacional y extranjera. El fiscal André Vychinski, viejo abogado menchevique que ingresó al Partido Bolchevique al finalizar la guerra civil,  estuvo encargado de las acusaciones y  las únicas pruebas fueron las confesiones de los propios acusados arrancadas mediante torturas y amenazas contra sus familias.

La vieja guardia

En el primer juicio, llevado adelante entre el 19 y el 24 de agosto de 1936, los acusados son 16, entre los que sobresalen Grigori Zinoviev y Lev Kamenev. Ambos formaban parte del Partido Bolchevique desde sus inicios y fueron de los principales colaboradores de Lenin en las épocas de clandestinidad y durante el exilio. Siendo de los miembros más importantes del CC, luego de la muerte de Lenin encabezaron junto a Stalin “la troika” que tomó la dirección del partido y encabezó la pelea contra el “trotskismo”. Más adelante formarían con  Trotsky la Oposición Unificada para enfrentar el creciente autoritarismo de Stalin. Junto a ellos fue acusado otro miembro de la dirección en tiempos de Lenin: Iván Smirnov.

Durante el segundo juicio, realizado entre 23 y el 30 de enero de 1937,  la acusación ya no tiene que ver con el asesinato de Kirov sino con un supuesto complot orquestado por un centro trotskista-zinovietista que tenía  como objetivo  dar un golpe de Estado y restaurar el capitalismo con la ayuda de las potencias extranjeras. Entre los 17 acusados se encuentran los viejos miembros del Comité Central  Yuri Piatakov, Karl Radek, Grigori Sokolnikov y Leónidas Sérébriakov.

El tercer juicio se desarrolla entre el 2 y el 13 de marzo de 1938. Son llevados al banquillo 21 personas entre las que destacan Nicolás Bujarin, Alexis Rykov,  Nicolás Krestinski  y Christian Racovski, todos miembros del CC en distintos momentos, inculpados de espionaje al servicio de Alemania y Japón. También es procesado Yagoda, anterior jefe de la policía secreta que había sido determinante en las acusaciones del primer juicio. De esa manera Stalin no sólo liquidaba a la oposición, también borraba toda prueba viviente de sus crímenes. Trotsky es juzgado en ausencia y condenado a muerte al igual que su hijo León Sedov.

Casi todos los dirigentes de la revolución y sus familias, la mayoría de los miembros del Comité Central de 1917 a 1923, los tres secretarios del partido entre 1919 y 1921, la mayoría del Comité Ejecutivo entre 1919 y 1924, 108 miembros de los 139 del Comité Central designado en 1934. Tal fue el resultado de las purgas.

La decapitación del Ejército Rojo

Junto a los juicios públicos se realizaron otros secretos. En  junio de 1937 en  una sesión secreta del tribunal militar fueron condenados a muerte al mariscal Tujachevski, la mayor autoridad del Ejército Rojo, y otros  siete generales. Desaparecieron 75 de los 80 miembros del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, ocho almirantes, dos de los cuatro mariscales, 14 de los 16 generales del ejército, 90 por ciento de los generales de los cuerpos del ejército, 35.000 de los 80.000 oficiales. La facilidad inicial con que los nazis entraron a la URSS pocos años después, así como el alto costo en millones de vidas pagado por la URSS durante la segunda Guerra Mundial tiene su explicación, en gran medida, por la decapitación del Ejército Rojo llevada adelante durante las purgas.

Los juicios fueron sólo la parte visible de una purga masiva. Desde el asesinato de Kirov se impusieron expulsiones masivas del partido y de la Internacional Comunista, deportaciones y  más de un millón y medio de opositores terminaron en los campos de concentración mientras que 700.000 fueron directamente ejecutados.

El significado de las purgas

Tan importante como el exterminio físico de la vieja guardia era que estos dirigentes realizaran su propia confesión pública. El objetivo de Stalin no era sólo el aplastamiento definitivo de la oposición, si no su desacreditación completa frente a la vanguardia obrera mundial, sobre todo en momentos en que la Oposición de Izquierda había puesto proa a la fundación de una nueva internacional. Todas las confesiones de los acusados tenían tres cosas en común 1) el reconocimiento de los crímenes de los que se les acusaban 2) la reivindicación de los aciertos de Stalin y de su rol de jefe indiscutido y continuador de Lenin y 3) la denuncia de Trotsky como el  líder e inspirador del complot contra el país como parte de sus pactos con la Alemania Nazi.

“A priori, puedo suponer que Trotsky y mis demás aliados en estos crímenes, así como la II Internacional (…), intentarán defendernos, principalmente a mí. Yo rechazo esta defensa, pues estoy de rodillas ante el país, el Partido y todo el pueblo. La monstruosidad de mis crímenes no tiene límites, sobre todo en esta nueva etapa de la lucha de la U.R.S.S.

Ojalá sea este proceso la última y penosa lección, y compruebe todo el mundo que la tesis contrarrevolucionaria de la estrechez nacional de la U.R.S.S. permanece suspendida en el aire como un miserable guiñapo. Todo el mundo ve la sabia dirección del país, asegurada por Stalin”.

Testimonios como este de Bujarin se repiten en todas las declaraciones de los acusados. Cabe preguntarse entonces cómo dirigentes que habían estado a la cabeza de la revolución, que habían enfrentado y resistido la persecución del zarismo durante años terminaron en semejante humillación y sumisión. Evidentemente las torturas y la necesidad de proteger a sus familiares son factores muy importantes que no pueden menospreciarse, pero también lo es el hecho de que en la mayoría de los casos se trata de dirigentes que ya habían sido derrotados hacía tiempo. Zinoviev, Piatakov, Bujarin y muchos otros que fueron en distintos momentos opositores a la dirección del partido terminaron, para ser aceptados nuevamente dentro del partido, renegando de sus posiciones anteriores, autocriticándose  a pedido del aparato, renunciando a sus opiniones, perdiendo mucho antes de los juicios su integridad y respeto político. Quienes no aceptaron la humillación fueron fusilados en secreto, como Preobashensky o se suicidaron, como Yoffe o Tomsky.  En su Libro Rojo sobre los Juicios de Moscú León Sedov escribió que  “En el banquillo de los acusados se sentaban hombres rotos, aplastados, acabados. Antes de matarlos físicamente Stalin los había roto y matado moralmente”.

También Trotsky escribe: “¿Cuál era la situación de Zinoviev y Kamenev ante la GPU y el tribunal? Desde hace diez años estaban envueltos en una nube de calumnias pagadas duramente. Durante diez años estuvieron suspendidos entre la vida y la muerte, primero en sentido político, luego en sentido moral y por fin en sentido físico. ¿Existen en la historia, otros ejemplos de trabajo tan sistemático, refinado y diabólico destinado a romper la columna vertebral, los nervios y el espíritu? Tanto Zinoviev como Kamenev poseían un carácter más que suficiente para las épocas tranquilas. Pero las tremendas convulsiones sociales y políticas de nuestra época exigían una firmeza fuera de lo común a estos hombres cuya capacidad los había colocado al frente de la revolución. La disparidad entre su capacidad y su voluntad tuvo consecuencias trágicas.”

“Hay que ser Trotsky para no rendirse”

Esta frase de Bujarin en su última declaración durante el juicio, aunque fue pronunciada con el objetivo de inculpar a Trotsky como jefe de todas las conspiraciones no deja de ser una reivindicación al viejo dirigente exiliado. Efectivamente, la voluntad de Trotsky por continuar la pelea en defensa del marxismo y la tradición bolchevique requería responder a las falsedades provenientes de Moscú. Con ese fin Trotsky impulsó la conformación de una comisión investigadora para analizar las acusaciones del fiscal Vychinski contra él y su hijo León Sedov. La comisión fue presidida por el prestigioso filósofo y pedagogo liberal norteamericano John Dewey e integrada por otras personalidades reconocidas, como la periodista liberal Suzanne Lafollete, que no tenían relaciones políticas con Trotsky, por el contrario mantenían una clara oposición política a las ideas del revolucionario ruso que se expresaron durante las audiencias.

La convicción de Trotsky en la falsedad de las acusaciones y en la necesidad de hacerlas públicas era tan grande que declaró: “Estoy dispuesto a comparecer ante una comisión investigadora imparcial y pública, con los documentos y los hechos para descubrir toda la verdad. Y declaro: si esta comisión me encuentra culpable de una mínima parte de los crímenes que me imputa Stalin me comprometo, por anticipado, a entregarme a los verdugos de GPU.” La comisión sesionó en la Casa Azul de Diego Rivera y Frida Kahlo entre el 10 y el 17 de abril de 1937. Trotsky puso a disposición no sólo su testimonio; aportó  archivos, correspondencia, cuentas de ingresos y gastos, además de todos sus escritos. La comisión dio su veredicto en septiembre de 1937 declarando inocentes a Trotsky y León Sedov y denunciando a los Procesos de Moscú como “orquestaciones basadas en falsos testimonios”. El texto completo fue publicado con el nombre de Not Guilty.

La insistencia de Trotsky para llevar adelante su defensa no tenía que ver con salvar su honor personal sino con una convicción mucho más profunda que resumió de esta manera: “La lucha trabada sobrepasa de muy lejos en importancia a las personas, a las fracciones y a los partidos. El porvenir de la Humanidad se decide. Será una lucha dura. Y larga. Los que buscan la tranquilidad y el confort que se aparten de nosotros. En las épocas de reacción, ciertamente, es más cómodo vivir con la burocracia que investigar la verdad. Pero para aquellos para quienes el socialismo no es una palabra vana, para quienes es el contenido de la vida moral, ¡adelante! Ni las amenazas, ni las persecuciones ni la violencia nos detendrán. Será tal vez sobre nuestros huesos, pero la verdad se impondrá. Le abriremos el camino. La verdad vencerá. Bajo los golpes implacables de la suerte, me sentiré dichoso, como en los grandes días de mi juventud, si he logrado contribuir al triunfo de la verdad. Porque la más grande felicidad del hombre no está en la explotación del presente, sino en la modelación del porvenir”.

Bolchevismo vs. Stalinismo

Hay sectores que ubican el surgimiento del stalinismo como la continuidad lógica de la concepción leninista de partido y su régimen basado en el centralismo democrático. Sin embargo los Procesos de Moscú son la  muestra más acabada de lo equivocada de esta apreciación, ya que la consolidación del  stalinismo sólo fue posible no sólo con la  liquidación de toda voz de oposición sino  con el exterminio físico de todo vestigio de la tradición bolchevique.

En el partido dirigido por Lenin las discusiones, polémicas y peleas políticas eran naturales y permanentes. Los agrupamientos que se formaban ante cada debate importante sobre  la situación política, las estrategias o las tácticas eran parte de la cotidianeidad de la vida interna de partido. Peleas muchas veces muy duras que incluso se hacían de manera pública  a través de la prensa. Los ejemplos son muchos: la batalla de Lenin en  abril de 1917 contra la  estrategia de la mayoría de la dirección, la discusión sobre la insurrección, la conformación del grupo de  “los comunistas de izquierda” en torno a la firma de la paz con Alemania, la oposición obrera en la discusión sobre el rol de los sindicatos. Era al calor de la realidad de la lucha de clases que se resolvían cada una de estas luchas políticas y una vez saldados los desacuerdos no había represalias ni pases de factura hacia dirigentes que habían tenido tal o cual posición o habían formado parte de tal o cual grupo. Por ejemplo, Zinoviev fue nombrado presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista pese a su postura durante la insurrección de octubre. Bujarin, que encabezó la oposición de los “comunista de izquierda” llevando casi a la ruptura del partido fue luego reincorporado al Comité Central y luego también fue presidente de la Internacional. El propio Trotsky, que durante muchos años se opuso a la concepción el partido de Lenin y permaneció fuera del partido, a partir de agosto de 1917 no sólo fue incorporado al Comité Central sino que fue el encargado  de la insurrección de octubre y luego nada menos que de la construcción del Ejército Rojo. Fue ese régimen el que permitió incorporar a lo mejor de la vanguardia y a las grandes masas obreras y campesinas para dirigir la revolución.

El surgimiento de la burocracia y la fuerza que adquirió no puede analizarse por fuera de la situación de la lucha de clases. Fue la refracción dentro de la URSS y del Partido de las derrotas del movimiento obrero europeo y el triunfo de la contrarrevolución. No fue continuidad del leninismo, sino ruptura consolidada definitivamente a partir de una verdadera  contrarrevolución, un aplastamiento físico de la oposición y de la tradición revolucionaria del bolchevismo.

El peso adquirido por el stalinismo, sobre todo luego de la segunda guerra mundial, devino en una ubicación marginal del trotskismo, que ante la desaparición de su dirigente más experimentado  incorporó características propias del  stalinismo al interior de sus partidos. Rasgos burocráticos, pensamiento único, pedidos de autocríticas, calumnias, en fin, métodos ajenos a la tradición bolchevique se fueron introduciendo de a poco también en el movimiento trotskista. En la actualidad, cuando las masas se levantan contra un sistema capitalista cada vez más en crisis, cuando los aparatos contrarrevolucionarios son mucho más débiles y el Programa de Transición elaborado por Trotsky se pone a la orden del día y es tomado por  sectores cada vez más numerosos del pueblo trabajador, la tarea de forjar una dirección revolucionaria capaz de darle una perspectiva socialista a la energía de las masas es la tarea esencial de lxs revolucionarixs. Recuperar la esencia del bolchevismo para la construcción de esa dirección es indispensable.

 

 

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Alejandro Bodart: sobre la vida y obra de León Trotsky https://mst.org.ar/2020/08/14/alejandro-bodart-sobre-la-vida-y-obra-leon-trotsky/ Fri, 14 Aug 2020 13:24:55 +0000 https://mst.org.ar/?p=25849 Reproducimos a continuación, el video de la columna que realizara anoche Alejandro Bodart, dirigente del MST y coordinador de la LIS, en el programa “Panorama Internacional, sobre León Trotsky, a pocos días de cumplirse 80 años de su asesinato. Además del video, dejamos a continuación la versión desgrabada de dicha presentación

 

El 21 de agosto se cumplen 80 años del asesinato de León Trotsky. Hoy presentamos el tercer informe de nuestro ciclo conmemorativo de su vida y obra, que culminará en el acto internacional de la LIS que realizaremos el sábado 22 de agosto.

Trotsky se encontraba exiliado en Nueva York cuando estalló la revolución de febrero en 1917 que derrocó al zar. Después de sobrepasar toda una serie de obstáculos diplomáticos, logró llegar a Rusia en mayo.

El poder en la capital rusa y centro de la revolución, Petrogrado, había quedado en manos del soviet de delegados obreros, que reunía representantes electos en las fábricas, pero los dirigentes reformistas que influenciaban a la mayoría de los delegados en el soviet, apoyaban al gobierno provisional que había armado el parlamento burgués.

Estos eran los social revolucionarios, el partido populista de Kerensky, quién pronto asumiría la presidencia del propio gobierno provisional; y los mencheviques, el ala moderada, reformista del Partido Socialdemócrata Ruso.

Como contamos en el ciclo anterior, varios dirigentes del ala bolchevique también inicialmente apoyaron al gobierno provisional y fue Lenin, cuando volvió del exilio en abril, quien ganó al partido para la política de pelear por que los soviets tomaran el poder.

Desde que llegó al país, Trotsky se sumó con todo a esa pelea, aunque por la vorágine de la revolución recién en agosto se incorporaría al Partido Bolchevique.

La influencia de los bolcheviques en los soviets fue creciendo en la medida que el gobierno provisional incumplía las principales demandas y causas de la revolución, manteniendo a Rusia en la Guerra Mundial, lo que profundizaba la carencia y el hambre, y negándose a repartir las tierras a los campesinos. Los bolcheviques le fueron ganando espacio a los social-revolucionarios y mencheviques explicando que solo tomando todo el poder en mano de los soviets se podía cumplir con esas demandas.

A fines de agosto, cuando el general Kornilov intentó un golpe de estado fascista, fueron los bolcheviques quienes encabezaron la defensa de la revolución y derrotaron el golpe. El resultante prestigio los llevó a ganar una mayoría en el soviet de Petrogrado en septiembre, y Trotsky fue electo su presidente nuevamente, como en 1905.

Desde entonces se abrió una discusión muy importante en el Partido Bolchevique. Lenin estaba convencido que había llegado el momento de tomar el poder, y que no se podía demorar porque la ventana de oportunidad no duraría mucho. Un sector de la dirección de la dirección del partido Bolchevique, con Zinovien y Kamenev a la cabeza, se opuso rotundamente. Trotsky coincidia Lenin, pero le daba un peso importante a la legitimidad que le daban los soviets a la revolución, y planteó que había que esperar al Congreso Panruso de los Soviets a fines de octubre, donde los bolcheviques podrían lograr una mayoría. Tras una fuertísima discusión, la dirección bolchevique terminó adoptando la posición de Trotsky, aunque Kamenev y Zinoviev igualmente se terminaron oponiendo, incluso publicando su oposición al plan insurreccional del partido.

La toma del poder se organizó para la noche antes del Congreso de los Soviets, y fue Trotsky, a la cabeza del Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado quién estuvo a cargo de dirigir el operativo.

Al día siguiente el Congreso de los Soviet con delegados venidos de todo el país se reinició con mayoría bolchevique. La primera moción que votó fue el traspaso del poder a los soviets, fundando así el primer Estado Obrero de la historia.

En los siguientes días, el nuevo gobierno soviético hizo todo lo que el Gobierno Provisional no pudo o no quiso hacer en meses. Decretó iniciar negociaciones de paz; abolió los títulos aristocráticos e inició la reforma agraria; decretó el control obrero de la producción; abolió el imperio colonial, otorgando al derecho a la autodeterminación a los pueblos oprimidos por Rusia. Fue el primer país en legalizar el aborto y fue vanguardia mundial en conquistas de derechos democráticos y sociales nunca vistos. Por encima de todo, fue una inspiración mundial que demostró como el pueblo trabajador puede tomar el poder y auto-gobernarse democráticamente.

En su primer cargo dentro del nuevo gobierno, como Comisario del Pueblo para los Asuntos Exteriores del gobierno soviético, Trotsky encabezó la comitiva que negoció el tratado de paz con Alemania.

El tratado negociado en Brest-Litovsk implicó uno de los debates más intensos y democráticos desarrollados en la revolución. Los alemanes exigían la anexión de vastos territorios con las mejores tierras y recursos. Lenin opinaba que a pesar de las duras condiciones, había que aceptar para cumplir con la profunda exigencia de la población de acabar con la guerra, y también para poder estabilizar el nuevo Estado obrero.

Mientras, una fracción liderada por Bujarín rechazaba de plano la firma del acuerdo y defendía la postura de continuar la guerra contra Alemania. Trotsky, a su vez, pensaba estirar la negociación y usarla para hacer propaganda y darle tiempo a que la revolución se desarrollara en Alemania.

El debate de las posiciones encontradas se desarrolló entre los dirigentes y militantes del partido, y también con la población en general, incluso publicando las distintas posturas y el desarrollo de las negociaciones, que duraron más de dos meses.

Esa amplísima discusión permitió que la sociedad rusa de conjunto comprendiera cuando, ante una nueva ofensiva alemana, los bolcheviques terminaron aceptando los términos alemanes y firmando el tratado de paz.

Ante el estallido de la guerra civil, en la que el Ejército Blanco de las fuerzas contrarrevolucionarias, con el apoyo militar de 14 países capitalistas, intentó destruir el joven Estado Obrero, Trotsky fue nombrado Comisario del Pueblo para la Guerra, y encomendado con la tarea monumental de fundar el Ejército Rojo a partir de los restos del ejército zarista desintegrado y las milicias obreras y guardias rojos que se habían formado en medio de la revolución.

En una gesta reconocida por amigos y enemigos por igual, Trotsky logró armar un ejército prácticamente de la nada, pasó la mayor parte de los dos años siguientes, viajando de un frente a otro en un tren blindado convertido en Estado Mayor, y salió victorioso de la brutal guerra civil.

Hacia el final de la guerra civil, ocurrió un hecho que ha sido fuente de fuertes críticas desde sectores hostiles a la revolución, hacia los bolcheviques y contra Trotsky en particular: el levantamiento de Kronstadt. Se trata de una isla fortaleza a pocos kilómetros de Petrogrado. Los marineros estacionados ahí, muchos de ellos campesinos recientemente llegados del campo, se amotinaron contra el Estado Soviético detrás de una dirección anarquista anti-bolchevique.

Sus reclamos, entre ellos una flexibilización económica a favor del campesinado afectado por la crisis y la guerra, no eran del todo descabellados. El gobierno de hecho adopto algunas medidas parecidas una vez finalizada la guerra civil. El problema era que los amotinados amenazaban con dejar pasar las tropas contrarrevolucionarias del Ejército Blanco hacia la capital del país, poniendo en riesgo toda la revolución.

El partido y el gobierno debatieron y tras la negativa de los sublevados a rendirse, definieron aplastar el levantamiento antes de que se descongelara el hielo que bloqueaba el paso, efectivamente salvando la revolución y posibilitando el triunfo de la guerra civil.

Los métodos democráticos del bolchevismo para resolver hasta las políticas más importantes distan de la caricatura monolítica que construiría después el stalinismo, y fueron una constante en los difíciles años posteriores a la revolución. El comunismo de guerra que obligó a poner todos los recursos económicos al servicio de la guerra civil abrió un fuerte debato sobre la relación entre el Estado, el partido y los sindicatos que se desarrolló incluso en artículos públicos.

Cómo reactivar la economía, que estaba completamente colapsada después de la guerra civil, implicó más debates y llevó a la adopción de la Nueva Política Económica, un limitado mercado para la venta de la producción agraria y así evitar el desabastecimiento.

Otro debate fue cómo implementar la autodeterminación nacional de los pueblos oprimidos por el imperio ruso y la relación con el nuevo Estado soviético. Y por encima de todo, la discusión de cómo expandir la revolución internacional.

Trotsky también jugó un rol central en la fundación en 1919 y los primeros congresos de la Tercera Internacional. Trotsky, como Lenin, y como había escrito desde la primera formulación de su teoría de la revolución permanente, entendía que el joven Estado obrero no tenía chances de sobrevivir si la revolución no se expandía hacia Europa. Y efectivamente estallaron revoluciones en la mayor parte del continente en los años posteriores a la I° Guerra Mundial.

Por eso, a pesar del monumental desafío de afrontar un colapso económico y una guerra civil, los bolcheviques destinaron toda la atención, recursos y sus mejores cuadros a construir la internacional. A intentar organizar a los revolucionarios de los demás países e incidir en los procesos revolucionarios para que triunfen.

Trotsky escribiría que los primeros cuatro Congresos de la Tercera Internacional fueron una “escuela de estrategia revolucionaria”. Los debates centrales giraron en torno a cuáles eran las políticas más adecuadas para disputar el poder en medio de los procesos revolucionarios que recorrían Europa y otras partes del mundo. Y vieron a Lenin y Trotsky enfrentarse a corrientes oportunistas por un lado y sectarias por el otro.

El primer Congreso se realiza en 1919, en plena guerra civil, acababa de estallar la primera revolución alemana, se acababa de tomar el poder en Hungría, en Italia se estaban ocupando las fábricas. El centro del Congreso estuvo puesto en cómo organizar los nuevos partidos revolucionarios que habían roto con la socialdemocracia durante la guerra mundial; y en cómo expandir la revolución para que pueda sobrevivir y desarrollarse en Rusia también. Allí se discutió también la posición de los revolucionarios sobre la democracia burguesa y el significado de la dictadura revolucionaria de los trabajadores.

El segundo congreso se realiza el año siguiente, tras el fracaso del primer impulso de la revolución en Europa, pero con partidos comunistas masivos desarrollándose y nuevos procesos comenzando a desarrollarse. Trotsky escribiría que fue entonces que se dieron cuenta que expandir la revolución no se trataba solo de empujar con voluntad y fuerza, sino que haría falta una estrategia y tácticas revolucionarias mucho más elaboradas.

El triunfo de la Revolución de Octubre atrajo a miles de obreros revolucionarios y radicalizados hacia las filas de la Tercera Internacional. Pero también atrajo unos cuantos oportunistas y arribistas que no habían roto del todo con las concepciones reformistas de la Segunda Internacional. Por eso el segundo Congreso de la Tercera Internacional votó una lista de 21 condiciones programáticas para integrar la Internacional y un reglamento de funcionamiento de miembros de la internacional que obtengan cargos parlamentarios para contrarrestar la presión de las instituciones burguesas, asegurar el control del partido revolucionario sobre sus representantes y resguardar la política revolucionaria de sus organizaciones.

En el mismo Congreso, Lenin escribió su famoso texto del Izquierdismo, contra las posiciones sectarias de sectores de los partidos comunistas que directamente se oponían a participar en las elecciones burguesas, en los sindicatos mayoritarios o actuar en unidad con otros sectores del movimiento obrero y de masas.

A lo largo del tercer Congreso en 1921 y el cuarto en 1922, en vísperas de la segunda revolución alemana, se desarrolló un profundo debate político que Trotsky sistematizaría en lo que se denominó como táctica del frente único. Esencialmente, explica que: en la medida que una parte importante de la clase trabajadora siga a direcciones reformistas, el partido revolucionario tiene que tener políticas para ganarla para su lado. Y que muchas veces, la manera de lograr eso es llamando a esas direcciones reformistas a luchar en común por objetivos que su base ve necesarios, para demostrar en los hechos que los revolucionarios son consecuentes con esa lucha cuando los reformistas claudican. Eso sí, para lograr esto, y que la unidad no sirva en cambio a los reformistas, los revolucionarios tienen que mantener absoluta independencia organizativa y política y reservarse el derecho a opinar y criticar.

La táctica del frente único y otras tantas conclusiones de esos primeros cuatro congresos de la Tercera Internacional, están entre los aportes más importantes de Trotsky al movimiento obrero revolucionario hasta nuestros días.

Lamentablemente, la revolución europea fracasó, en Alemania la socialdemocracia, que se había pasado al campo de la burguesía al comenzar la guerra, impidió que la revolución triunfara. En 1919 desde el gobierno se asesinó a Rosa Luxemburgo y Karl Lievkniecht, debilitando al naciente partido comunista y trabajó para derrotar los distintos intentos revolucionarios que se sucedieron los años subsiguientes. Esto significó un golpe a la propia revolución rusa ya que la aisló.

En 1922 se enferma Lenin y muere a principios de 1924, provocando un vacío enorme, imposible de llenar, incluso por Trotsky, ya que Lenin era el dirigente que había formado al partido bolchevique desde sus cimientos. Todo esto sumado a la desaparición física de los mejores representantes de la clase obrera en la guerra civil, creo las condiciones para que triunfara la contrarrevolución interna que encabezó Stalin, iniciando una nueva etapa en la vida política de León Trotsky, pero todo esto y lo que sucedió a partir de ese momento, lo analizaremos la semana que viene.

]]> A 150 años del nacimiento de Lenin. El arquitecto de la revolución https://mst.org.ar/2020/04/30/a-150-anos-del-nacimiento-de-lenin-el-arquitecto-de-la-revolucion/ Thu, 30 Apr 2020 17:12:05 +0000 https://mst.org.ar/?p=22933 El 22 de abril de 1870 nacía en Simbirsk, Vladimir Ilich Ulianov, quién adquirió luego el seudónimo de Lenin. Las lecciones que nos dejó el fundador del partido bolchevique, quién dirigió con Trotsky la revolución rusa y construyó la III Internacional, son imprescindibles para afrontar estos tiempos en que los pueblos se levantarán contra las consecuencias de la pandemia, la explotación y el hambre capitalistas.

Escribe: Gustavo Giménez

Criado en el seno de una familia liberal, su padre fue un inspector de escuelas adherido al movimiento de educación popular de aquellos años y su madre fue una culta maestra, dueña de una pequeña propiedad terrateniente.

Un hecho que en su adolescencia lo va marcar duramente fue el fusilamiento de su hermano Aleksandr Uliánov, acusado por el régimen zarista de pertenecer a una conspiración de la organización populista «Voluntad del Pueblo» para asesinar al zar Alejandro III.

Los primeros pasos

En el año 1887 ingresa a la universidad de Cazán, de la que posteriormente es expulsado por participar en las protestas estudiantiles y termina por correspondencia sus estudios de derecho con notas sobresalientes. En la década de 1890 participa de varios grupos socialistas. En 1893 se instala en Petrogrado donde la obra de Plejanov, el maestro del marxismo ruso, al que visita en Suiza en 1995, lo gana para los postulados del marxismo.

Encarcelado y deportado a Siberia, utiliza su exilio forzoso para estudiar los clásicos del marxismo. Allí se casa con la militante y activista feminista Nadezhda Krúpskaya, quien fuera su compañera de toda la vida. La fundación en 1898 del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR), lo anima a fundar junto a Mártov el periódico Iskra, cuando partió a Suiza luego de cumplir su condena en el año 1900.

El diseño de una estrategia revolucionaria

Luego de enfrentar a los Narodnikis (ultraizquierdistas), dos grandes batallas políticas van a caracterizar al Lenin de estos años. Primero enfrentó a los «economicistas» y a un importante sector de la socialdemocracia, que sostenían que en la semi feudal Rusia había que realizar una revolución democrático burguesa que iba a ser acaudillada por la burguesía liberal. Contra ellos, Lenin tuvo el mérito de señalar que el raquitismo y los lazos de la burguesía rusa con la nobleza y las potencias imperialistas, hacían imposible que esta acaudillará una revolución. Quedaba en manos de los campesinos y los obreros, la pelea por derrocar el régimen zarista y liquidar la propiedad terrateniente de la nobleza.

La otra gran batalla, que se expresó en la publicación del «Que hacer» en 1902 y en la pelea al interior del II Congreso del POSDR en 1903, se refería al tipo de partido necesario para dirigir la revolución y derrotar al zar. Frente a los que, encabezados por Mártov, consideraban que este debía ser una organización de carácter amplio, sin gran disciplina interior, Lenin sostenía que había que crear una organización de cuadros profesionales, que unificara a los distintos grupos del partido detrás de una dirección nacional, que se basara en el centralismo democrático como método de funcionamiento. Fue el nacimiento del partido bolchevique.

El joven Trotsky, que luego encabezó el soviet(1) de Petrogrado en la revolución de 1905, había avanzado más que Lenin en torno al pronóstico de la revolución que se avecinaba en Rusia. Trotsky consideraba que la revolución iba a ser claramente socialista y que la clase obrera iba a convertirse en el caudillo de las masas campesinas, pero no comprendió la necesidad del partido que sostenía Lenin y durante años militó fuera del partido bolchevique.

La primera revolución rusa de 1905 fue, como reconocieron los revolucionarios rusos, un verdadero ensayo de la que triunfó en 1917. En ellas se probaron prácticamente las discusiones en curso. El balance de Lenin de la misma fue que una de sus grandes debilidades consistió en que aún la división entre la fracción bolchevique y la menchevique no era completa.

La guerra imperialista y la revolución

Derrotada la revolución de 1905 Lenin parte nuevamente al exilio y se instala en Finlandia. Mientras duran los años de la reacción zarista, sus historiadores cuentan cómo lejos de intentar conciliar posiciones con el ala menchevique, el gran revolucionario, muchas veces a costa de quedarse solo, insistía en que no podía haber un mismo proyecto partidario como no fuera desarrollando una estrategia y una herramienta política como la que la futura revolución necesitaba.

Cuando en 1914 se desata la Primera Guerra Mundial, el dirigente bolchevique no dudó en caracterizarla como una guerra inter-imperialista, en criticar desde un comienzo la enorme traición de los dirigentes de la Segunda Internacional, que habiendo podido enfrentarla mandaron a los obreros a pelear como carne de cañón de los intereses de su burguesía, y en reclamar una estrategia para la crisis revolucionaria que esta masacre iba a producir, expresada en la tarea de «transformar la guerra imperialista en guerra civil» contra las propias burguesías.

La revolución de 1917

Lenin, que arribó de su exilio en abril, en su discurso frente a los que se habían congregado para recibirlo señaló que era necesario terminar con la guerra. Para ello había que derrocar al gobierno provisional, entregar el poder a los soviets y fundar una república socialista, que expropiara la tierra a los terratenientes y nacionalizara las industrias claves con control de los trabajadores.

Su programa, expresado en las Tesis de Abril, tuvo que enfrentar a las vacilaciones de la dirigencia del partido bolchevique, que claudicaba ante el gobierno provisional. Lenin ganó la batalla, logró que sus posiciones fueran aprobadas y el partido bolchevique puso proa a la toma del poder.

Lenin adoptaba así las posiciones que venía sosteniendo Trotsky. Él y su corriente ingresaron al partido bolchevique reconociéndolo como la herramienta necesaria para dirigir al revolución. Desde ese momento, los viejos adversarios se constituyeron en el equipo de la revolución.

La III Internacional

La guerra del ’14 marcó la crisis definitiva del sistema capitalista y abrió paso a una época revolucionaria. Lenin, como Trotsky, defendía la necesidad imperiosa de crear un partido mundial de la revolución. Rusia revolucionaria fue un faro para los revolucionarios socialistas del mundo. La III, una internacional que llego a tener secciones en muchos puntos del globo, en algunos de ellos grandes partidos con peso en las masas, fue quizás el mayor legado de Lenin a la revolución mundial.

Las últimas batallas

Abrumado por el curso burocrático que Stalin le estaba imprimiendo al partido y al funcionamiento del gobierno, le propuso a Trotsky un acuerdo para enfrentarlo en el seno del Politburó. Esta propuesta no prosperó dado que Lenin sufrió en 1922 un grave brote de la enfermedad que padecía. No obstante antes de morir, llegó a redactar su testamento, que no pudo hacerse público por las decisiones de la burocracia. En él definía claramente a Trotsky como el hombre más capaz para dirigir al partido y clamaba por que se desplazara al «brutal» Stalin de su conducción. El gran revolucionario murió el 21 de enero de 1924. Trotsky continuó con su pelea y fue el encargado de mantener vivas sus ideas y las del marxismo revolucionario.

Su legado

El estalinismo, que se afirmó fruto de una contrarrevolución, destruyó primero al partido de Lenin, luego las conquistas de la revolución rusa y a la III Internacional. La caída de la burocracia encontró a millones enfrentando y derrotando las monstruosidades de sus dictaduras, lo que sumado a la debilidad extrema del trotskismo para convertirse en una alternativa revolucionaria, generó una enorme confusión en las masas y la vanguardia de esos países y del mundo. Parte de esas confusiones fueron igualar al partido de Lenin con las aberraciones del régimen estalinista.

Tres décadas después, cuando la humanidad está atravesando uno de sus momentos más difíciles, enfrentando una pandemia producto del desequilibrio ecológico en que el capitalismo ha metido al planeta, cuando la economía mundial está al borde del crack y se avecinan duras batallas, las enseñanzas de Lenin tienen más vigencia que nunca. Para que las luchas revolucionarias triunfen, hace falta un partido mundial como el que diseñó Lenin. Los socialistas del MST en el FIT-U, como parte de la construcción de la LIS, estamos jugados a contribuir con todas nuestras fuerzas a esa tarea.

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Se presentó “El Estado y la Revolución” https://mst.org.ar/2017/09/30/se-presento-el-revolucion/ Sun, 01 Oct 2017 02:01:01 +0000 https://mst.org.ar/?p=10258 A cien años de haber sido escrito por Lenin, la Comisión para el Centenario de la Revolución de Octubre presentó el libro en el auditorio de la Cámara de Diputados. Tras La Internacional en guitarra y voz, hablaron los panelistas: Alejandro Bodart (MST), Jorge Cardelli (CNES), Carlos Ponce de León (PRT), Beatriz Rajland (CPI), Guillermo Santángelo (PRML), Héctor Santarén (Libres del Sur) y Otto Vargas (PCR).
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El Estado y la Revolución https://mst.org.ar/2017/09/13/revolucion/ Wed, 13 Sep 2017 22:30:58 +0000 https://mst.org.ar/?p=10054 La Comisión por el Centenario de la Revolución Rusa, que integra nuestro partido, como parte de las actividades de homenaje al octubre rojo, ha realizado la edición de varias publicaciones. Esta vez se trata de un clásico de Lenin, El Estado y la Revolución, con prólogos a varias manos. Por parte de nuestra corriente han prologado el libro Alejandro Bodart, Vilma Ripoll, Héctor Bidonde y Guillermo Pacagnini. El viernes 22 a las 18.30 hs en el Auditorio de Diputados se realizará la presentación del libro. Reproducimos el prólogo de Alejandro Bodart.

A un siglo del Octubre ruso, la vigencia del leninismo

Lenin publicó este texto unos meses después del Febrero revolucionario ruso de 1917. Aquí actualiza la teoría del Estado de Marx y Engels a la luz de la experiencia de la Comuna de París y de las revoluciones rusas de 1905 y febrero de 1917, y analiza la transición del capitalismo al socialismo y luego de éste al comunismo. Asimismo, Lenin polemiza a fondo con las posturas del anarquismo y del oportunismo reformista, dos obstáculos ante la tarea concreta que estaba planteada en aquel momento en Rusia: la toma del poder. Esta obra sin duda ayudó a preparar el inminente triunfo de Octubre, cuyo centenario conmemoramos precisamente este año.
En nuestros días, cuando la crisis económica y la inestabilidad política global del capitalismo imperialista ya resultan inocultables, creemos que recobra toda su vigencia el ejemplo de aquella revolución formidable que encabezaron Lenin, Trotsky y los bolcheviques. Por primera vez en la historia, en la atrasada Rusia el pueblo trabajador tomó el cielo por asalto, derrotó al zarismo y a las clases dominantes y se hizo del poder político, económico y social para abrir una perspectiva inédita de progreso. Después de las importantes conquistas de los primeros años, la revolución retrocedió bajo el régimen estalinista, pero esa circunstancia no invalida su enorme significación histórica y presente.
Para millones y millones de personas en todo el mundo hoy el capitalismo es sinónimo de miseria, ajustes, guerras, opresión de la mujer y destrucción de la naturaleza. Y entre el activismo obrero, juvenil, del movimiento de mujeres y popular crece la conciencia de que el sistema capitalista fracasó. Lo que no está tan claro, sin embargo, es la salida socialista ni tampoco la dirección política capaz de conducir ese cambio estructural. Ese sigue siendo entonces el principal desafío para las y los revolucionarios, tarea para la cual El Estado y la revolución y toda la obra de Lenin constituyen una referencia ineludible.

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Centenario de la Revolución Rusa: Las Tesis de Abril https://mst.org.ar/2017/04/12/centenario-de-revolucion-rusa-tesis-de-abril/ Wed, 12 Apr 2017 18:38:46 +0000 http://mst.org.ar/?p=7959 Muchas veces en la historia, los grandes acontecimientos que cambian el mundo suceden en los lugares menos esperados. La Revolución Rusa de 1917 es uno de ellos. 

La teoría marxista del momento indicaba que la revolución socialista sólo era posible en países avanzados como Inglaterra, Francia o Alemania. En países atrasados como Rusia, lo que estaba planteado era la revolución democrático-burguesa. Y la lucha por el socialismo estaría a la orden del día después de un extendido período de desarrollo económico y social capitalista.
Esta ortodoxia gozaba de un consenso casi absoluto en el movimiento socialista. Incluso Lenin, que advirtió que la burguesía rusa era demasiado dependiente del Estado zarista como para dirigir su propia revolución, y que la misma la dirigiría la clase obrera y el campesinado, no cuestionaba que el resultado de dicha revolución sería una república democrático-burguesa con una economía capitalista.
Solamente Trotsky había propuesto una hipótesis disidente, planteando en su “teoría de la revolución permanente” que la economía capitalista mundial había llegado a un punto de desarrollo tal que la revolución socialista estaba planteada globalmente, y que no importaba si esta comenzaba en un país atrasado, mientras se transformara en el primer “acto” de la revolución socialista mundial.

Poder dual

De la revolución de febrero de 1917 que volteó al zar, surgieron dos gobiernos. Por un lado, la Duma (parlamento consultivo) proclamó un gobierno provisional, compuesto por los partidos de los terratenientes y capitalistas. El príncipe Lvov, un aristócrata liberal, fue elegido presidente. El abogado Alejandro Kerensky, del Partido Social Revolucionario, que representaba al campesinado y la clase media urbana, se sumó como ministro de Justicia, cubriendo al nuevo gobierno por izquierda.
Por otro lado, resurgieron los soviets, que habían aparecido por primera vez en la revolución de 1905. Estos consejos de diputados obreros, soldados y campesinos, elegidos como delegados de cada fábrica, lugar de trabajo, zona o cuartel, tenían en sus manos los resortes del poder efectivo tras la caída del zar. Controlaban el transporte, los medios de comunicación, la banca y el tesoro estatal; hasta tenían la última palabra en cuanto a los movimientos del ejército.
Los dos centros de poder eran incompatibles, pero los dirigentes del Gobierno Provisional sabían que el Soviet no se podía ignorar, de hecho no podían gobernar sin su apoyo. También se percataron de que la represión no era una opción inmediata, ya que la mayoría de los soldados consideraban al Soviet su legítimo gobierno.
El Soviet, por su parte, podría haber hecho a un costado a su raquítico competidor, si sus dirigentes hubieran querido. Pero los socialrevolucionarios, que tenían mayoría en el Soviet, opinaban que era el Gobierno Provisional el que debía gobernar y constituir una republica burguesa como las de Europa occidental. Los mencheviques -el ala moderada del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR)- que tenían el segundo bloque en el Soviet, opinábamos parecido. Como en la Rusia atrasada sólo estaba planteada la revolución democrátio-burguesa, había que apoyar al Gobierno Provisional y formar una oposición “leal” al mismo.
Incluso los bolcheviques -el ala radical del POSDR- presos de la misma ortodoxia teórica, inicialmente apoyaron “críticamente” al Gobierno Provisional. Hasta que Lenin volvió del exilio.

Todo el poder a los soviets

El 4 de abril Lenin, recién llegado del exilio, expuso su visión de la revolución y su propuesta sobre las tareas que el partido tenía por delante, en una reunión conjunta de bolcheviques y mencheviques. Los puntos centrales de las que se conocerían como Tesis de Abril aseveraban:
“La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.
Ningún apoyo al Gobierno Provisional; (debemos) explicar la completa falsedad de todas sus promesas.
Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.”
Todo el arco político rechazó la postura de Lenin. La animosidad con la que los mencheviques lo enfrentaron reflejó el abismo que separaría a las alas del socialismo ruso definitivamente en dos partidos. Días antes, las direcciones de ambos habían avanzado en gestiones hacia un reunificación. De hecho, la propia dirección bolchevique rechazó las tesis de Lenin. En una reunión del Comité Bolchevique de Petrogrado el 8 de abril, la posición de Lenin perdió por 13 votos a 2 con una abstención. Al día siguiente, el periódico bolchevique Pravda publicó un editorial escrito por Kamenev que se desmarcaba de Lenin: “Nos parece inaceptable que (el esquema de Lenin) parta de presumir que la revolución democrático-burguesa haya terminado y cuente con una transformación inmediata de esta revolución en una revolución socialista.”
Lenin, enemigo de todo dogma, respondió con dureza que “esta vieja formula de que la revolución democrático-burguesa no ha terminado es obsoleta, no sirve para nada, está muerta y no sirve de nada intentar revivirla”. Le realidad siempre es más rica que la teoría. Lo que Lenin leyó en la revolución y explicó a sus detractores es que la burguesía era incapaz de resolver ninuna de las demandas de la revolución, y los trabajadores sólo podrían confiar en su propia fuerza. El Gobierno Provisional, por su carácter burgués, no podía acabar con la guerra imperialista, no podía resolver el hambre ni distribuir la tierra sin comprometer sus ganancias, sus intereses y su misma existencia como clase capitalista dominante. Las demandas más escenciales de la revolución sólo se podían alcanzar si los trabajadores con sus soviets tomaban el poder, y ninguna teoría podía con esa realidad. En los hechos, Lenin estaba adoptando la teoría de la revolución permanente de Trotsky, que llegaría de su exilio en mayo y terminaría sumándose al Partido Bolchevique.

Explicar pacientemente

A pesar de su inicial aislamiento, Lenin ganó al conjunto de su partido para su posición en algo menos de tres semanas. Algunos historiadores adjudican esta rápida reorientación a un supuesto poder dictatorial que ejercía Lenin. La realidad es que tuvo que pelear por sus posiciones en las publicaciones partidarias y reunión por reunión hasta lograr una mayoría en un congreso partidario a fin de mes. La autoridad que tenía como principal dirigente del partido seguro le ayudó. Sin embargo el factor central que le permitió reorientar al partido fue otro.
Aunque chocaron con la ortodoxia teórica de parte importante de los dirigentes, las ideas de Lenin empalmaron con los cuadros y militantes bolcheviques. Estos mantenían un contacto cotidiano con el movimiento de masas, que se impacientaba rápidamente con el Gobierno Provisional. Para los soldados, acabar con la guerra era de vida o muerte, y no había teoría que relativizara eso. Los reclamos de los obreros y campesinos hambrientos no podían esperar a que se consumara ninguna etapa de la revolución democrático-burguesa.
Hacia fines de abril, con su consigna “todo el poder a los soviets”, los bolcheviques ofrecían la única hoja de ruta hacia los reclamos que motorizaron la revolución de febrero: paz, pan y tierra. Ahora había que ganar a las masas para esa hoja de ruta. ¿Qué propuso Lenin? “Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo, la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros”.

Federico Moreno

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Ecuador: por poco margen ganó el oficialista Lenin Moreno https://mst.org.ar/2017/04/05/ecuador-margen-gano-oficialista-lenin-moreno/ Wed, 05 Apr 2017 19:31:29 +0000 http://mst.org.ar/?p=7818 El pasado domingo 2 de abril se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en el país andino.  Moreno, el candidato de Alianza País, que dirige el presidente Rafael Correa, se impuso al ex banquero Guillermo Lasso de CREO. Los resultados mostraron un retroceso de la formación de Correa y un avance electoral de la derecha.

Los datos oficiales del Consejo Nacional Electoral señalan que con el 99,61% de los votos escrutados, la fórmula Moreno-Glas alcanzaba el 51,16% de los votos mientras que Lasso-Páez suma 48,84%. En un primer momento el candidato de la derecha salió a denunciar fraude sin éxito, ya que los observadores internacionales y luego los países más importantes de la región salieron a reconocer el triunfo de Lenin Voltaire Moreno Garcés.

El triunfo en estas elecciones del oficialismo consolida el triunfo que había obtenido en la primera vuelta del 19 de febrero, en la cual obtuvo casi el 40% de los votos y 75 congresales (sobre un total de 130). En esa oportunidad Guillermo Lasso de CREO obtuvo el 28% y Cinthya Viteri del PSC (Partido Social Cristiano) el 16%. Y el general Paco Moncayo del centroizquierdista Acuerdo Nacional por el Cambio, que lideraba Izquierda Democrática, el 6%.

Estos números representan para la oficialista Alianza País un retroceso de un millón y medio de votos de los sacados en el 2013, cuando Correa se imponía en primera vuelta con el 57 % de los votos y 100 parlamentarios. Lasso sube más de medio millón de votos y para completar el resultado de la derecha debe tomarse en cuenta el millón y medio de votos de Cinthya Viteri del PSC, que en esa oportunidad no se había presentado.

El desgaste del movimiento de Rafael Correa

Cuando triunfa en el 2006 y sube a la presidencia de Ecuador, Correa lo hace como parte de un movimiento “bolivariano” cuyo máximo referente era el comandante Hugo Chávez de Venezuela y que tiene como otra expresión importante a Evo Morales, el presidente de Bolivia. Este proceso logra resonantes triunfos electorales contra las viejas formaciones de derecha y neoliberales, como expresión de importantes luchas de los pueblos de la región contra los intereses y planes que el imperialismo imponía en la región.

A diferencia del kirchnerismo o del PT de Lula, el movimiento bolivariano tuvo importantes roces con los intereses imperialistas en la región y durante sus primeros años, el pueblo ecuatoriano vio mejorar su nivel de vida y conquistas sociales, como resultado de este enfrentamiento y también de un buen momento en el precio de las materias primas (en el caso de Ecuador, el petróleo), que le permitió un ingreso importante de divisas al país. Esto permitió “…el desarrollo y modernización de la economía; el progreso material del país (obras públicas) y los logros sociales en áreas como educación, salud, seguridad social, con redistribución de la riqueza y mayor equidad.” (Matías Zibell, BBC Mundo, Ecuador 02/04/2017).

En este periodo, en el terreno político y de enfrentamiento al imperialismo de la llamada “Revolución Ciudadana”  podemos destacar, entre otros, el desconocimiento de parte de la fraudulenta deuda externa venezolana, la expulsión de Chevron del país, o la incorporación de conquistas democráticas en la Asamblea Constituyente, como la realización de consultas ciudadanas (plebiscitos), siete de los cuales se realizaron y ganaron.

Durante los años de Rafael Correa como presidente, paulatinamente el movimiento político que le dio origen, fue burocratizándose, aislándose de la conjunción de movimientos sociales, centrándose el poder en la burocracia estatal, que fue liquidando las conquistas democráticas y las consultas, como ocurrió en el 2013, cuando por cadena nacional se terminó con el proyecto Yasuni Itt, por el cual se pretendía obtener compensaciones internacionales por no explotar los recursos petroleros al interior del Parque Nacional Yasuní (una de las reservas de mayor biodiversidad del mundo).

El desembarco en Ecuador de la crisis internacional en el año 2015, con la baja de los precios del petróleo, no hizo sino agravar este cuadro. Han sido múltiples los enfrentamientos del gobierno con los movimientos sociales, con el movimiento indígena y su rechazo a la megaminería, con los maestros cuyas huelgas ilegalizó, y distintos sectores populares. En esta última elección impidió que la llamada Coalición de Organizaciones Sociales jugara un rol en la designación de candidatos, reservado esto al aparato electoral. Muchos de estos movimientos acompañaron a “Paco” Moncayo en la primera vuelta, para luego movimientos como la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y varias centrales como la CEOSL, UGT y Cedocut y sindicatos como el de maestros, terminaron apoyando a Lasso en la segunda vuelta contra el autoritarismo de Correa.

La economía cada vez peor

Esta crisis originada en la caída de los precios petroleros y la apreciación del dólar, ha llevado una recesión importante en la economía: solo creció un 0,4 % y el FMI y el Bco. Mundial anuncian tasas negativas para este año de entre el -2 y -4%. A esto habría que sumarle la baja de las exportaciones, el financiamiento de déficit público con deuda externa que ya alcanzaría alrededor del 45% del PBI, la reducción de los depósitos bancarios y de la recaudación de impuestos.

El aumento del desempleo, en un país cuyo empleo formal no supera el 40%, la perdida de conquistas laborales, la eliminación del aporte estatal del 40% para los jubilados del IESS, los campesinos que no pueden acceder a la tierra y el agua, o que han sido desplazados por los proyectos mineros, la falta de apoyo a las pequeñas empresas, la cooptación y desarticulación de distintos movimientos sociales son parte de las consecuencias de esta crisis y de una política que en ha emprendido un ajuste, que ahora Lenin Moreno va a tener que profundizar, y de no tocar las ganancias de las grandes corporaciones, que pese a que los ecuatorianos vieron mejorar sus ingresos en los primeros años de bonanza petrolera, nunca dejaron de engrosar sus ganancias y son los grandes beneficiaros del modelo.(1)

La crisis de los progresismos

La baja de los commodities (materias primas) en el mercado mundial, como consecuencia del arribo de la crisis económica mundial del 2007 a los países emergentes, aceleraron las debilidades estructurales de los modelos “progresistas” latinoamericanos, hayan sido meros administradores de los negocios de las grandes empresas como es el caso del PT o del kirchnerismo, o hayan tenido roces importantes con el imperialismo como sucedió con los países bolivarianos. De estos últimos la crisis venezolana es la que más rápidamente se está desarrollando en estos días. Pero, aunque con ritmos distintos, el desbarranque es general y los abarca a todos. Y es que una vez acabada la “grasa” de los altos precios de las exportaciones, para poder sostener el nivel de vida de las masas y avanzar en la independencia del país, hay que tomar fuertes medidas anti capitalistas, que vayan contra el corazón de las ganancias de las grandes empresas y eso es lo que ni Maduro, ni Correa, ni Evo están dispuestos a hacer.

Muchos señalan que Correa debió haber diversificado la matriz productiva del país aprovechando el generoso ingreso de dólares con los buenos precios del petróleo, justamente para salir de esta economía rentística. La realidad es que el país nunca abandonó en esencia su modelo extractivita exportador, ya que un desarrollo industrial importante hubiera enfrentado al gobierno con los intereses de las grandes empresas, y la necesidad de aplicar medidas anti capitalistas apoyado en la movilización. Líneas que no estaban dispuestos a traspasar.

Para rematarla estos modelos “progresistas” han desarrollado una importante burocracia estatal con fuertes negocios con distintos sectores de la burguesía, generando una trama de corrupción muy importante. En Ecuador durante la campaña el oficialismo ha tenido que soportar el destape de casos de corrupción ligados a los Panamá Papers y a los negociados de Odebrecht. En el primer caso están involucrados funcionarios vinculados a la empresa Petroecuador, en una trama de complicidades que llegan a Jorge Glas, el ex vicepresidente del último mandato de Correa y actual vice en la fórmula con Lenin Moreno. Esto llevo a que Correa lanzará en la primera votación un plebiscito, que ganó, para que los funcionarios no puedan tener fondos en paraísos fiscales. En el segundo caso están involucrados familiares y colaboradores de varios alcaldes de la oposición comprometidos con negocios de la obra pública con el empresario brasilero actualmente preso.

Lo que sigue son planes de ajuste, y medidas represivas para tratar de imponerlos. Pérdida de base política y polarización social, crecimiento de formaciones de derecha neoliberales y oportunidades para la izquierda anti capitalista en la otra punta. Ese es el proceso que está atravesando Ecuador.

Reflejando la polarización mencionada “…se estaría dando un cambio en la composición social del voto de la Alianza PAIS, reapareciendo un voto de clase y un voto regional. Un ejemplo del primero es Quito, donde Moreno gana en los distritos de los sectores medio-bajos, populares y rurales, mientras que Lasso en el distrito de la clase media y alta de la ciudad” (Sin Permiso 02/03/2017). Justamente son estos sectores populares los que van a ser más perjudicados por los “ajustes” que el nuevo gobierno tiene que hacer en la economía y que seguramente saldrán a enfrentarlo.

El nuevo presidente Lenin Moreno, descrito amigablemente por los medios como un “conciliador y teórico de la risa”,  llega con “una figura débil, con su legitimidad cuestionada por algunos sectores”(…)”deberá lidiar con una economía en recesión, con una elevada deuda pública y una clase media muy descontenta por la creciente desocupación y golpe a la capacidad de consumo…”(…) y “no podrá evitar un plan de ajuste para reducir los gastos del Estado” (Clarín 04/04/2017)

La Alianza PAIS gobernante tiene mayoría en el Congreso pero no llega a los dos tercios de los votos para poder imponer las medidas de fondo que su política necesita. Va a tener que pactar con la oposición (de allí el elogio a las características dialoguistas de Moreno). Pero no le va a resultar fácil. En LA vivimos un ascenso sostenido de las luchas de los trabajadores contra los planes de ajuste. En las últimas semanas ha habido movilizaciones de un millón de personas en Brasil, una cantidad similar en Chile, cientos de miles en la Argentina… y los trabajadores y el pueblo ecuatoriano seguramente van a dar pelea. En estas luchas es necesario agrupar a las corrientes que quieran dar una lucha consecuente contra este modelo capitalista imperialista y construir la herramienta política que las masas ecuatorianas necesitan para cumplir el sueño de independencia bolivariano.

                                                                                                                                                      Gustavo Giménez

  • Entre estos beneficiarios podemos mencionar a China, con la cual se tiene una deuda de 8.400 millones de dólares y acuerdos que condicionan la intervención de mano de obra china y una “seguridad jurídica” preferencial para sus inversiones. Las operadoras telefónicas CONECEL (CLARO) Y OTECEL (Movitar), las empresas con concesiones mineras trasnacionales como Kinross, ECSA y Iamgold, empresas de obra pública como DP World Investiments BV, a la que se concesionó el puerto de aguas profundas Posorja y los grandes bancos.

 

 

 

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