Marx – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Sat, 22 Aug 2020 16:50:20 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Marx – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Trotsky y el desarrollo desigual y combinado https://mst.org.ar/2020/08/21/trotsky-y-el-desarrollo-desigual-y-combinado/ Fri, 21 Aug 2020 16:46:55 +0000 https://mst.org.ar/?p=26196 Dejamos este trabajo referido a uno de los aportes más importantes de León Trotsky, la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado, que aún cobra plena vigencia e importancia científica, para el estudio, el análisis y la política de las y los revolucionarios.

Escribe: Sergio García

Se cumplen 80 años del asesinato de León Trotsky, quien fuera junto a Lenin, uno de los máximos dirigentes de la revolución rusa, primera experiencia socialista del siglo XX. Un agente stalinista acabó a traición con su vida. Tenía la orden de la burocracia soviética de liquidar al viejo líder bolchevique, para evitar que sus ideas y su peso dirigente siguieran actuando en la vida política, tras haber fundado dos años antes la Cuarta Internacional. Lograron acabar con su vida, pero 80 años después está muy claro que no frenaron el avance de sus ideas ni de la causa que signó su vida.

Como hemos expresado en otros artículos y videos publicados días atrás en nuestra web, el legado del líder revolucionario mantiene plena vigencia y no casualmente, incluso hasta nuestros días, a lo largo del mundo diversas corrientes burocráticas, reformistas y posibilistas lo atacan y difaman. Y se preocupan al ver que terminando ya la segunda década del siglo XXI, en cada rebelión y revolución que sucede, jóvenes obreros y estudiantes se interesan por las ideas trotskistas, se leen sus obras, se nuclean miles en torno a organizaciones que reivindicamos su legado histórico.

La experiencia práctica y militante a lo largo de toda su vida y el peso notable de sus ideas, ha sido y es un arma de grueso calibre contra quienes pretenden frenar la lucha contra el capitalismo en todas sus formas. No es casual que todas las alas de la burocracia y de funcionarios de gobierno de diversa índole, cuando hay procesos de lucha genuinos y surgen activistas y vanguardias que no quieren frenar la lucha y van por todo, se las intenta descalificar con frases del tipo: “parecen trotskos”, como si eso  fuera un insulto. La sola comparación, tan solo hace más visible la fuerza del trotskismo, y agreguemos del leninismo y el marxismo como tal, que no cede ni capitula y busca siempre llevar hasta el final las luchas sociales y la lucha política anti sistémica. Aunque en su ignorancia crean que la acusación de “trotskos” es un agravio, en realidad es una constatación científica y práctica; las nuevas generaciones que a lo largo del mundo luchan por causas justas y genuinas hasta el final y buscan un camino anticapitalista, reafirman la vigencia del legado del viejo León, sean conscientes o no, de este hecho.

Trotsky y sus aportes teóricos

Además de su larga y revolucionaria actividad por más de cuatro décadas, León fue un gran teórico, escritor y divulgador del marxismo, al cual le hizo, a lo largo de su vida, aportes específicos de notable importancia. Tantos que sería imposible condensarlos en un solo trabajo. Como ya nos hemos referido en artículos recientes, la teoría de la revolución permanente y el Programa de Transición son obras esenciales que reflejan su pensamiento y contribuyeron muy positivamente al movimiento revolucionario.

En el mismo sentido nos queremos referir ahora a otro aporte trascendente de Trotsky, que contribuyó a comprender más integral y científicamente, los procesos sociales y revolucionarios del siglo XX, y aún hoy es una herramienta imprescindible para comprender el proceso de crisis capitalista que vivimos y la combinación, desigual, de diversos procesos económicos y sociales. Nos referimos a su Ley del Desarrollo Desigual y Combinado. La misma fue durante décadas ignorada conscientemente por diferentes ámbitos intelectuales, académicos y políticos, afines al stalinismo del siglo XX. Sucede que esta ley, entre muchas otras cosas, ayudaba a interpretar las relaciones desiguales y combinaciones del desarrollo social, las relaciones de países adelantados y atrasados, y también las distintas tareas encadenadas que tenían la clase obrera y los revolucionarios en su lucha por el poder, partiendo de la real experiencia histórica de la Rusia revolucionaria. Y este enfoque científico molestaba al stalinismo, que inducía por entonces teorías etapistas y de colaboración de clases, nocivas para la revolución.

Contra la corriente, el trotskismo fue intentando divulgar esta ley y su relación con la teoría de la revolución permanente. En medio de estos intentos, durante décadas la ley fue desconocida por muchos sectores, aunque jugaba un rol esencial para comprender el devenir del desarrollo capitalista, sus crisis, desarrollos diferentes, las revoluciones que lo enfrentan y la relación entre las clases en pugna.

No tenemos la pretensión en este trabajo de abarcar la totalidad del tema, pero sí al menos hacer un recorrido sobre el mismo, y generar interés en nuestras y nuestros lectores, en adentrarse más a fondo apelando a otros materiales respectivos.

Sobre la importancia de analizar el desarrollo de una sociedad y las relaciones con las ideas, clases y partidos, para sacar de allí conclusiones políticas útiles para los revolucionarios, Trotsky ya había anticipado en parte estudios importantes tras la revolución de 1905, en un trabajo de 1906, donde entre muchas otras cuestiones analizaba las desigualdades del desarrollo en Rusia y su relación con países europeos más avanzados, y afirmaba: ““El pensamiento ruso se desarrolló, como la economía rusa, bajo la presión directa del pensamiento y de la economía -más avanzados- de occidente. Como a consecuencia del carácter económico natural de la economía, es decir como a consecuencia del comercio exterior muy poco desarrollado, las relaciones con los otros países tenían un carácter principalmente estatal, la influencia que Rusia debía sentir de estos países, antes de poder adoptar la forma de competencia económica directa, se manifestó más bien como una lucha encarnizada por la existencia estatal misma. La economía occidental influenció sobre la rusa por mediación del Estado. Para poder sobrevivir mejor en medio de Estados enemigos y mejor armados, Rusia estaba obligada a introducir fábricas, escuelas de navegación, libros instructivos sobre la construcción de instalaciones de fortificación, etc. Pero si el movimiento general de la economía interior no se hubiera dirigido en este sentido, si la evolución de esta economía no hubiese creado una necesidad de aplicación y generalización de los conocimientos, entonces todos los esfuerzos del Estado hubieran sido infructuosos: la economía nacional, que evolucionaba de una manera normal de la forma de economía natural a la forma de economía dinero-mercancías, solamente reaccionó a las medidas del gobierno que se correspondían con esta evolución, y solamente en la medida en que estaban de acuerdo con ella. La historia de la fábrica rusa, del sistema monetario ruso y del crédito estatal es una prueba contundente de esta interpretación de los hechos que acabamos de exponer” (1). De esta elaboración fue avanzando mucho más tras el triunfo de la revolución de 1917 y terminó condensando más claramente su visión en su gran obra “Historia de la Revolución Rusa” a inicios de la década del treinta.

Un poco de historia sobre el tema

Podemos decir que como fenómeno de estudio, el análisis de las relaciones desiguales de avance de las sociedades tiene sus antecedentes desde mucho tiempo antes. Desde muchos siglos previos se debatía sobre la desigualdad de los procesos en el desarrollo social, ya en la antigua Grecia existieron las primeras observaciones al respecto. Mucho tiempo después, Hegel se adentrará en parte en estos temas; y en el siglo XIX en sus estudios Marx y Engels fueron avanzando más profundamente. El marxista Plejanov aportaría al tema, también Parvus indagó sobre el tema e intercambio con Trotsky. También Lenin hizo referencias importantes y definiciones en igual sentido sin nunca formular, ninguno de ellos, una explicación general o una ley respectiva.  De ahí que tengamos que tomar todo el desarrollo histórico del estudio de estos conceptos pero a la vez reivindicar que fue Trotsky quien avanzó mediante la experiencia de las revoluciones rusas y la sistematización de sus análisis y conclusiones, a desarrollar una explicación profunda e integral sobre el tema como nueva ley y aporte marxista.

Volviendo sobre los antecedentes de esta temática, el propio Marx en sus escritos y estudios sobre el desarrollo de la sociedad y nuevos modos de producción, sin llegar nunca a formular una ley al respecto orillaba conclusiones en sentido similar, en su esfuerzo espectacular por comprender las desigualdades del desarrollo capitalista del siglo XVIII y XIX. En su momento analizaba a los países más avanzados y sus variadas formas productivas, su relación con modos de producción anteriores y con países de desarrollo menos avanzados. Y por dar un ejemplo, en relación a las conquistas hacía notar las desigualdades de su resultado, una nueva “fusión” y afirmaba: Todas las conquistas suponen tres posibilidades: el pueblo conquistador somete al pueblo conquistado a su propio modo de producción (es lo que los ingleses hacen en este siglo en Irlanda y parcialmente en la India); o bien deja subsistir el antiguo modo de producción y se limita a obtener un tributo (por ejemplo, los turcos y los romanos); o bien se produce una interacción de la que nace una forma nueva, una síntesis (particularmente en las conquistas romanas). En todos los casos, el modo de producción, sea el del pueblo conquistador como el del pueblo sometido, o el que resulte de la fusión de los dos, es determinante para la nueva producción que se establece”. (2)

Por otra parte, el propio Lenin se metía en tema de manera parcial y acertada, en función de comprender las etapas de la revolución rusa y las conclusiones para poder prever lo que vendría y las tareas y perspectivas de los bolcheviques. En este sentido decía en el año 1917: El hecho de que la revolución (de febrero) haya ocurrido tan rápidamente… es debido a una coyuntura histórica inusual donde estaban combinados, de una manera «altamente favorable», movimientos absolutamente distintos, intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas» (3)

Tras esta larga serie de ensayos y aproximaciones, como parte de un estudio científico y marxista de todo el proceso de la revolución rusa, de la combinación de tareas, formas de producción, desarrollo social, clases e intereses de clases, Trotsky finalmente le da su definición más precisa a esta ley, en su “Historia de la revolución rusa” donde escribe: “Las leyes de la historia no tienen nada en común con el esquematismo pedantesco. El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que lo patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vénse obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la combinación de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería imposible comprender la historia de Rusia ni de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera sea su grado”.  (4)

Sobre la base de esta explicación científica se comprendía cabalmente por que, un país atrasado, con resabios feudales y con mayoría campesina, que a la vez desarrolló una moderna clase obrera trayendo los avances de la producción capitalista de otros países avanzados a sus propias ciudades, pudo condensar distintas tareas y objetivos en forma encadenada hasta el triunfo de la revolución socialista. Triunfo para el cual fue decisivo el partido bolchevique, forjado en su solidez en el enfrentamiento al zarismo y sus bárbaros métodos represivos. También en este terreno se vio una desigualdad y combinación; la monarquía zarista y un país reflejo del atraso, jugó el rol, sin quererlo, de obligar a templar al partido que con esa experiencia a cuestas, finalmente ganó  el apoyo de las masas en 1917 abriendo paso a un salto colosal hacia adelante del desarrollo de la sociedad rusa, creando el primer Estado socialista.

Agregaría Trotsky también, explicando el alto desarrollo de la organización militante en Rusia, lo siguiente: ““El retraso histórico no significa seguir simplemente las huellas de los países avanzados a una distancia  de cien o doscientos años. Más bien da lugar a una formación social combinada de muy distinto modo, y en la que los adelantos más recientes de la técnica capitalista y de su estructura están integrados en las relaciones sociales de la barbarie feudal y prefeudal, transformándolas, dominándolas y moldeando una singular relación entre las clases. Igual sucede con las ideas. Precisamente por su retraso histórico, Rusia resultó ser el único país europeo en que el marxismo como doctrina y la socialdemocracia como partido, disfrutaron de un poderoso desarrollo aún antes de la revolución burguesa; y es natural, porque el problema de la relación entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo se sometió en Rusia al más profundo examen teórico”. (5)

Otras voces

Reivindicando a fondo este aporte de Trotsky, Nahuel Moreno toma en uno de sus trabajos este tema, como parte de un debate general y muy educativo sobre lógica y ciencia marxista en la década del setenta. Allí, reivindicando el descubrimiento de Trotsky diría: “para nosotros la ley del desarrollo desigual y combinado es la más importante descubierta por el marxismo y la ciencia moderna, como la teoría que unifica las leyes genéticas y estructurales. Ella nos permite darnos una nueva ley del surgimiento de lo nuevo, mucho más rica y correcta que la del salto de cantidad en cualidad. Por último, que esta ley no sólo es objetiva, sino lógica, da unidad a la lógica marxista al permitirnos estructurar las leyes genéticas con las estructurales. Por razones históricas hemos respetado el nombre que el formulador le dio a esta teoría. Es por eso que comúnmente decimos ley y no teoría como corresponde. Efectivamente, debido a que combina y unifica distintas leyes en una estructura es una teoría y no una ley. Es así como explica, entre otras, las leyes de la desaparición de lo viejo, del surgimiento de lo nuevo, las transformaciones y contradicciones internas de una estructura, la forma de ésta, etc”. (6)

Por esos mismos años, otro importante intelectual marxista, el estadounidense George Novack, escribiría un ensayo que por entonces cobraría mucha importancia, ya que contribuiría a comprender mucho mejor el tema y socializarlo entre la militancia trotskista y marxista en general, colaborando en su formación. El propio Nahuel Moreno lo reconocía así diciendo sobre el texto: “Novack ha escrito un folleto o “ensayo” de popularización de la ley del desarrollo desigual y combinado que supera largamente los modestos marcos que él mismo le impuso. “Este ensayo —comienza diciendo— tiene por objeto dar una explicación coherente y comprensiva de una de las fundamentales leyes de la historia humana”. “Esta es la primera oportunidad, que yo sepa, que se ha intentado esto”. (idem)

En ese ensayo, que recomendamos leer en su totalidad, Novack explicaría todo el recorrido de estudios y aportes parciales de diversas personalidades durante siglos y décadas, hasta llegar a la ley final de Trotsky de desarrollo desigual y combinado, y colaborando con su escrito, dando una explicación seria sobre la misma.

En su trabajo, entre muchas otras cosas Novack escribió: “la ley del desarrollo desigual y combinado es una ley científica de la más amplia aplicación en el proceso histórico. Tiene un carácter dual o, mejor dicho, es una fusión de dos leyes íntimamente relacionadas. Su primer aspecto se refiere a las distintas proporciones en el crecimiento de la vida social. El segundo, a la correlación concreta de estos factores desigualmente desarrollados en el proceso histórico…

…Cada síntesis única, que ha surgido del desarrollo desigual y combinado engendra en si misma posteriores crecimientos y cambios, los que a su vez pueden llevar a una eventual desintegración y destrucción de la síntesis. Una formación combinada amalgama elementos derivados de diferentes niveles del desarrollo social. Su estructura interna es, por lo tanto, altamente contradictoria. La oposición de sus polos constituyentes no solamente imparte inestabilidad a la formación, sino que lleva directamente a posteriores desarrollos. Más claramente que a cualquier otra formación, la lucha de los opuestos caracteriza el curso de vida de una formación combinada…

…La reciente historia de Rusia da el ejemplo más extraordinario de esta conversión de un castigo histórico en un privilegio. Al comienzo del siglo XX, Rusia era entre las grandes naciones de Europa la más atrasada. Este atraso abrazaba todos los estratos, desde el campesino abajo hasta la dinastía absolutista de los Romanov arriba. El pueblo ruso y sus nacionalidades oprimidas sufrían ambos las miserias del feudalismo decadente y del retraso del desarrollo burgués en Rusia. Sin embargo, cuando llegó el momento de la solución revolucionaria de estos problemas acumulados, este retraso demostró sus ventajas en muchos terrenos. Primero, el zarismo estaba totalmente alienado de las masas. Segundo, la burguesía era muy débil para tomar el poder en su propio nombre y mantenerlo. Tercero, el campesinado, al no recibir satisfacción de la burguesía, fue obligado a replegarse sobre la clase obrera en busca de dirección. Cuarto, la clase obrera no tenía formas de actividad petrificadas o sindicatos frenadores y burocracias políticas que la hicieran retroceder. Fue más fácil para esta joven y enérgica clase que tenía muy poco que perder y mucho que ganar, adoptar rápidamente la más avanzada teoría, el más claro programa de acción y el más alto tipo de organización partidaria. La revuelta campesina contra el feudalismo, un movimiento que en el occidente de Europa ha caracterizado el surgimiento de las revoluciones democrático-burguesas, se mezcló con la revolución proletaria contra el capitalismo, exclusiva del siglo XX. Como Trotsky señaló en la Historia de la Revolución Rusa, fue la conjunción de estas dos revoluciones diferentes lo que dio su poder expansivo al alzamiento del pueblo ruso y lo que explica la extraordinaria rapidez de su triunfo”. (7)

Novack, también correctamente destacaba la relación de los aportes de Trotsky entre la teoría de la revolución permanente y la ley del desarrollo desigual y combinado, y por eso agregaba lo siguiente: “Trotsky, el teórico, es mas celebrado por la formulación de la teoría de la Revolución Permanente. Sin embargo, su exposición de la Ley del desarrollo desigual y combinado podría ser aparejada a aquella en cuanto a su valor. No solo puso nombre a esta ley sino que también fue el primero que la expuso en su pleno significado y le dio una expresión redondeada. Estas dos contribuciones a la comprensión científica de los movimientos sociales están, de hecho, íntimamente ligadas. La concepción de Trotsky de la Revolución Permanente resultó de su estudio de las peculiaridades del desarrollo histórico ruso, a la luz de los nuevos problemas que se le presentaban al socialismo mundial en la época del imperialismo. Estos problemas eran particularmente agudos y complejos en países atrasados donde la revolución democrático-burguesa no se había dado, y planteaban la solución de sus tareas más elementales en un momento en que estaba planteada la revolución proletaria. Los frutos de sus ideas sobre esta cuestión, confirmados por el desarrollo actual de la Revolución Rusa, prepararon y estimularon su subsecuente elaboración de la ley del desarrollo desigual y combinado. Por cierto la teoría de Trotsky de la Revolución Permanente es la aplicación más fructífera de esta verdadera ley a los problemas claves de la lucha de clases internacional de nuestro tiempo-época de transición de la dominación capitalista al mundo socialista-y ofrece el más alto ejemplo de su penetrante poder”. (idem)

La vigencia de un aporte teórico

Cuando todos los días vemos la pandemia que azota a la humanidad y la crisis integral de un sistema capitalista que se venía incubando mucho antes que el Covid-19 entrara en escena, tenemos la ley del desarrollo desigual y combinado, como una herramienta que cobra plena validez y enorme magnitud, para comprender científicamente el momento que vivimos y sus perspectivas.

Puede suceder que en medio de una crisis global y con el avance de herramientas tecnológicas y audiovisuales que hacen correr las imágenes y las noticias por todo el mundo en cuestión de minutos, se tienda a naturalizar lo que vemos como supuesta realidad inmodificable. Pero lejos de esa naturalización muchas veces inducida por los grandes medios masivos de comunicación y sus gobiernos afines, o las justificaciones provenientes de corrientes reformistas y posibilistas, lo que estamos presenciando es una crisis capitalista de magnitud gigante, que condensa nuevas desigualdades y nuevas combinaciones sociales, productivas y económicas.

Las mismas solo pueden comprenderse correctamente apelando a la ley descubierta por Trotsky. O cómo entender si no que los EEUU, el país más avanzado tecnológicamente de la tierra, tenga hoy los peores niveles de contagio y muerte frente al coronavirus, y que a la vez se haya dado allí una de las mayores rebeliones sociales de los últimos tiempos.

Por otra parte, como no ver, analizando las últimas décadas, que del fracaso de un modelo burocrático stalinista, antisocialista por donde se lo mire, se hayan revertido modelos económicos sociales y restaurado el capitalismo en diversos países, lo cual fue presentado en su momento como el triunfo del capitalismo imperante y el fin de las ideas. Pero a la vez el desarrollo desigual y en tensión permanente de esos cambios, lejos de originar un triunfo y una nueva época de avance reformista, generó la combinación de la extensión del capitalismo a casi todo el mundo, con el advenimiento de un nuevo desorden mundial, el debilitamiento más extremo de la principal hegemonía imperialista y el surgimiento de nuevas capas obreras en países periféricos, más la irrupción del movimiento de mujeres con sus paros mundiales, del movimiento ambiental con acciones globales y, ahora también, de la juventud precarizada con sus paros internacionales. Es notorio este desarrollo de luchas sociales de nuevo tipo, combinadas con procesos de crisis económicas desiguales en su magnitud, entre una China ascendente y una UE en decadencia, por dar solo un ejemplo de actualidad.

Cómo no buscar un análisis más profundo utilizando esta ley, si queremos comprender los avances de China en el escenario mundial, tras integrar en su propio territorio nuevas formas de producción y tecnologías capitalistas, combinadas con altos niveles de masiva mano de obra explotada, lo cual anticipa avances de luchas sociales a futuro. La actual guerra comercial entre EEUU y China, los roces interimperialistas, los intentos de Alemania y la UE por recuperar terreno son consecuencias de los cambios desiguales en curso y, lucha de clases mediante, podrán dar lugar a nuevas combinaciones de poder.

Con la ley de Trotsky podemos comprender mejor y no sorprendernos,  cuando las masas del mundo vuelan en segundos a través de las redes sociales en comunicaciones de continente a continente, y ver que esos mismos avances hayan jugado, en forma combinada, un rol clave para desatar movilizaciones, rebeliones y revoluciones, contra gobiernos y regímenes políticos que no garantizan ni la comida elemental, ni el trabajo, ni el futuro de la juventud. Y esa juventud y una nueva generación de obreros precarizados y despojados, ponen contra las cuerdas en los lugares más dispares del mundo cada día a los capitalistas. En el desarrollo desigual del capitalismo imperialista en su etapa decadente, se puede tener una red social activa y morirse de hambre a la vez. Y la combinación de esas dos situaciones diferentes origina un salto en las luchas sociales que preanuncia nuevos cambios y fenómenos políticos y sociales.

Frente a todo esto, la construcción de organizaciones revolucionarias internacionales y nacionales adquieren plena vigencia y una nueva dimensión. También nuevas combinaciones desiguales en su experiencia y construcción. La internacionalización de la crisis capitalista y la apertura de nuevos procesos, trae aparejada nuevas relaciones entre socialistas y anticapitalistas del mundo, que antes no teníamos lazos ni una experiencia común. En este plano también es muy útil recurrir a esta ley, aunque hay sectores del propio trotskismo que no lo hacen, y creen en construcciones solo evolutivas, en copias de país en país, en desarrollos lineales.

En realidad, también para construir organizaciones revolucionarias hay que apelar y valerse de la rica realidad, que hoy, bajo un programa socialista, se pueden originar combinaciones positivas de diferentes experiencias y desarrollos. La dinámica construcción de la Liga Internacional Socialista de la cual el MST es parte, es un ejemplo positivo de este fenómeno, ya que interviniendo en los procesos más avanzados de la lucha de clases, desde diferentes países y continentes, está condensando en una organización común, experiencias y desarrollos desiguales, combinando saberes y prácticas, construyendo en común internacionalismo militante, frente a una crisis capitalista que combina grandes oportunidades a izquierda como elemento central, con una polarización social que no se detiene.

En el mundo de la pandemia y más adelante de la pospandemia, habrá nuevas combinaciones y desigualdades. El desafío es interpretarlas, comprenderlas, darnos una política y una estrategia revolucionaria, trotskista, para intervenir en esos fenómenos. En los tiempos de las revoluciones rusas, el marxismo tuvo que comprender sobre la marcha la relación entre países atrasados y adelantados, entre tareas democráticas y sociales, entre clase obrera y campesina. Y superar todo dogmatismo y reformismo, para tomar el cielo por asalto. Ellas y ellos hicieron su gran aporte desde el bolchevismo. No tendremos ahora, en medio de una crisis capitalista, menos desafíos que esos y tal vez sí, nuevas oportunidades y dificultades. Tenemos por suerte, la teoría de Trotsky que hoy nos seguirá ayudando a interpretar mejor el mundo. Y a luchar por nuestros objetivos con nuevas desigualdades y combinaciones a cuestas, con la convicción firme de creer en la revolución y el socialismo y el saber que no hay ninguna ley de la historia que diga que es imposible lograrlo.

(1) Resultados y perspectivas, León Trotsky

(2) Karl Marx   

(3) Cartas desde lejos, Lenin

(4) Historia de la revolución rusa, León Trotsky

(5) Tres concepciones de la revolución rusa, León Trotsky

(6) Lógica marxista y ciencias modernas, Nahuel Moreno

(7) La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad, George Novack

 

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Tesis sobre Feuerbach. Material imprescindible para un revolucionario https://mst.org.ar/2020/06/28/tesis-sobre-feuerbach-material-imprescindible-para-un-revolucionario/ Sun, 28 Jun 2020 21:40:10 +0000 https://mst.org.ar/?p=24485 Por Héctor A. Palacios

He publicado una revista con este tema cuyo autor es CARLOS MARX, se trata de la exposición del método básico para entender el materialismo dialéctico como herramienta fundamental para interpretar la naturaleza y la sociedad, quitándoles el “velo” metafísico y fetichista que le impusieron todos los filósofos e intelectuales anteriores y posteriores a este gran revolucionario. En 1888, Federico Engels, agregó como apéndice de su libro “Ludwig Feuerbach…” estas Tesis diciendo que las había encontrado en un viejo cuaderno de Marx; que eran notas escritas a “vuelapluma” (de prisa), no destinadas a publicación, pero de un valor inapreciable por ser el documento en que se contenía “el germen de la nueva concepción del mundo”. Se refería al materialismo dialéctico, una herramienta fundamental para la revolución y los revolucionarios.

Portada de la revista de autoría de Héctor A. Palacios

Marx y Engels, no edificaron su teoría de la nada,  se basaron en el desarrollo de toda la filosofía hasta su época, conservando lo más positivo de ella para superarla según el curso de la historia y la realidad.  Así, llegaron a Hegel en quién se inspiraron por su método dialéctico aunque dejando de lado su sistema y abstracción. Se trataba de un idealista, que ponía todo “cabeza abajo”, volviendo del revés la concatenación del universo. Hegel, de esa manera, arrancó como una negación de lo absoluto pero luego terminó como  suma y compendio de esa verdad absoluta y eso era incompatible con la dialéctica, que implica que el conocimiento del mundo en su totalidad puede progresar de generación en generación, y no se cierra nunca.  Hegel había llegado hasta donde se lo permitió la realidad de su época, se trataba de la Revolución Francesa, y luego Napoleón; la burguesía triunfante contra el feudalismo y el absolutismo. Marx y Engels, en cambio fueron protagonistas de otra época, la de la mitad del siglo XIX, la de las revoluciones burguesas que con el apoyo y el empuje de la clase obrera obtuvieron libertades formales, que luego retacearon traicionando a los trabajadores, que se emanciparon. El “cuarto estado”, se abrió paso no solo en la sociedad sino también en la filosofía. Así apareció la concepción materialista de la historia que expuso al modo capitalista de producción en sus conexiones históricas y como necesario para una época determinada de la historia, demostrando además la posibilidad de su caída poniendo al desnudo su carácter interno, oculto todavía (“La Ideología Alemana”, 1846). Esto se puso de manifiesto también con el descubrimiento de la plusvalía, la explotación del obrero, que tenía por forma fundamental la apropiación de trabajo no retribuido (”El Capital”, 1859/1867). Estos dos grandes descubrimientos, la concepción materialista de la historia y la plusvalía, fueron obra de Carlos Marx. El socialismo se convirtió así en una ciencia, que había que desarrollarla en todos sus detalles y concatenaciones.

Lenín, que era un revolucionario práctico y encabezó la primera revolución proletaria marxista, en Rusia en 1917, decía en su libro “¿Qué hacer?” (1902): Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea. En su estada como exiliado en Suiza, en 1914, se dedicó a estudiar y anotar la Lógica de Hegel en sus famosos “Cuadernos filosóficos”; quién puede dudar entonces sobre el papel fundamental que la teoría cumple en la revolución. Su pensamiento era ése, no hay práctica sin teoría y viceversa. Se trata de una unión entre el conocimiento y la práctica, porque es una actividad humana dirigida a un fin consciente. El criterio de verdad no es, no es pues exterior al conocimiento sino interno a él, en cuanto la práctica entra necesariamente en el conocimiento”. Pero, la práctica es superior al conocimiento (teórico) porque posee no solo la dignidad universal, sino también de la realidad inmediata… o sea, está en relación con ella y produce una nueva realidad, una nueva objetividad, que tiene también la inmediatez de la realidad…”. Está muy claro que el militante revolucionario debe tener muy en cuenta esto: se debe contar con esta herramienta intelectual, como medio de investigación y militancia, para evitar errores muy grandes en sus conocimientos y en su actividad. Es necesario manejar con habilidad y sapiencia el método del materialismo dialéctico. Hay que buscar la verdad del fenómeno, del objeto, abarcándolo y estudiándolo en todos sus aspectos. Las Tesis de Feuerbach nos inician en este camino. La apretada síntesis de ellas admite alguna explicación complementaria como la que intente de modo de facilitar su mejor comprensión. Esperemos haber logrado ese objetivo.

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Los 200 de Marx https://mst.org.ar/2018/05/09/200-de-marx/ Wed, 09 May 2018 18:33:40 +0000 https://mst.org.ar/?p=13639 El 5 de mayo se cumplieron 200 años del nacimiento de Karl Marx. La vigencia de las ideas de un revolucionario que se niega a desaparecer.

Cuando estalló la crisis capitalista mundial de 2008, los libros de Marx volvieron -una vez más- a las listas de los best-sellers. La precisión con la que él describió el funcionamiento del sistema social burgués, sus contradicciones y su tendencia a caer en recurrentes crisis cíclicas no deja de asombrar por su actualidad. Más tomando en cuenta que, en su tiempo, el capitalismo era aun infante, tímido, fragmentado y localizado en unos pocos centros urbanos europeos. Pero Marx capturó su esencia y acertó en su dinámica central, describiendo hace más de siglo y medio, el sistema globalizado, voraz y destructivo que enfrentamos hoy.

¿No había terminado la historia?

Muchas veces se intentó sepultar al marximo, y nunca se estuvo tan cerca de lograrlo como cuando cayó el Muro de Berlín y se derrumbó la Unión Soviética. No importaba que aquellos regímenes totalitarios no tuvieran nada que ver con el socialismo el socialismo había fracasado. La conclusión era inequívoca: la desigualdad es inevitable, y la competencia naturaleza humana. El marxismo es una linda idea, pero utópica y, llevada a la práctica, indefectiblemente deriva en el gulag. El resultado estaba a la vista: aquellos experimentos habían fracasado y vuelto a abrazar las bondades de las libertades del mercado.
Los escribas del liberalismo burgués tuvieron su fiesta, habían ganado. Llegaron a escribir que había terminado la historia, la humanidad había llegado a su zenit, sólo faltaba incorporar a los pobres pueblos de la ex Unión Soviética al mercado mundial para que que capitalismo tuviera un nuevo Renacimiento y extendiera la abundancia y la felicidad al mundo entero. Duro poco la exaltación, las crisis pronto volvieron, la desigualdad ha crecido geométricamente, el hambre y la miseria se han extendido, las guerras proliferan y la destrucción medioambiental se ha transformado en una amenaza de proporciones bíblicas.
Incluso las ideas predominantes en las cabezas de millones se han desplazado significativamente. El utopismo y la imposibilidad del socialismo, ese escepticismo generalizado que se impuso tras la caída de la URSS, ha dado lugar a un cuestionamiento inverso. Hoy, es la viabilidad del sostenimiento del capitalismo en el tiempo lo que está en tela de juicio, de manera cada vez más generalizada.

Esto no da para más

Actualmente se producen en el mundo alimentos suficientes para alimentar dos veces la población mundial, y mueren millones de hambre cada año. Otros tantos mueren por enfermedades que tienen tratamientos efectivos. Además, se sigue aumentando la combustión de petróleo y carbón para producir energía, sabiendo que es ésta la causa del calentamiento global que pone el futuro de la humanidad en riesgo, aunque existe toda la tecnología necesaria para transicionar completamente hacia energías limpias.
Ninguno de estos sinsentidos es consecuencia de una mala administración, sino todo lo contrario. La lógica del capitalismo impone la inexorable necesidad de acumular ganancia. Los alimentos y los medicamentos se tienen que vender a un precio que deje ganancia, y si millones no pueden pagar y se mueren por ello, bueno, podría ser peor. Si bajan los precios, no hay ganancia, cierran empresas, o no invierten, y despiden. Terminan millones más en la calle sin trabajo y sin dinero para comprar comida o medicamentos. Y el petróleo genera tanta ganancia que dejar de comercializarlo llevaría al colapso de ramas enteras de la industria mundial, millones y millones más en la calle y sin dinero.
Abruma la vigencia de la conclusión de Marx de que estas contradicciones del sistema capitalista lo transformarían en un escollo para el desarrollo de la sociedad, por más avances tecnológicos que produjera. Los principales problemas de la humanidad hoy tienen soluciones al alcance de la mano, pero necesariamente están más allá de los límites del capitalismo.

No tiene arreglo

Las clases dominantes de todos los tiempos han infundido la idea de que su realidad es la única posible. La irreverencia de Marx, en ubicar al capitalismo como una más de esas sociedades condenadas a ser superadas, tiene una actualidad polémica. Los posibilistas de hoy disputan en cada terreno las aspiraciones de pueblos enteros alzados en revolución. El balance y la actualidad de los procesos que recorrieron América Latina, la última década y media, son testamento.
Marx llevó esta definición a sus últimas consecuencias. Especialmente a partir del balance de la Comuna de París en 1871 -la primera experiencia de los trabajadores en el poder- marcó una conclusión fundamental. Los explotados deben arrebatar el poder, y solo mediante una revolución se puede desalojar a los explotadores. Hay que barrer con todo su Estado, que no tiene arreglo, y reemplazarlo por uno propio, construido por la clase obrera en movimiento.

El sepultero de la desigualdad

La clase trabajadora también ha sido víctima de intentos por barrerla debajo de la alfombra. Las ideologías posmodernas, que daban cuenta del supuesto fin de la historia, han querido explicar que la robotización acabará con los trabajadores, que la deslocalización de la economía globalizada desarticula a los trabajadores como clase, como sujeto social, y decenas de definiciones confusionistas más. Lo cierto es que la clase obrera se ha extendido y crecido en términos absolutos y relativos en el mundo en las últimas décadas.
El intento por esconder a la clase obrera es bien interesado, y coincide con el motivo por el cual Marx la reconoció como el único sujeto social revolucionario. Es la clase que produce todo en el capitalismo, que tiene el poder de frenar la producción, y de reordenarla bajo su propio control democrático.
Tesis XI
Sin embargo, tal vez el aspecto del legado de Marx que goza de la mayor vigencia es aquel expresado en la famosa frase de sus Tesis sobre Feuerbach: «los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo».
Engels, que vivió algunos años más que su amigo, dijo que Marx fue, ante todo, un revolucionario. No era una valoración moral ni ideológica. Marx dedicó el grueso de su tiempo y de su vida a la militancia. Específicamente, a la construcción de partidos políticos para dirigir la revolución socialista.
Hoy el Manifiesto Comunista se estudia en ámbitos académicos, como un texto analítico, poético y hasta profético. Pero fue lo que su nombre indica: un manifiesto de un partido político -la Liga Comunista- que llamaba a las armas a los proletarios del mundo bajo un programa revolucionario que enumeraba en sus páginas. Ese es el Manifiesto que vamos a reivindicar en una campaña internacional de Anticapitalistas en Red este año.
Algunos años después, Marx fue el artífice central de la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, el primer partido internacional de trabajadores, de la cual también fue su principal dirigente. Ese Marx militante es el que más necesitamos alzar a sus 200 años.

Federico Moreno

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A 170 años del Manifiesto Comunista https://mst.org.ar/2018/02/22/170-anos-manifiesto-comunista/ Thu, 22 Feb 2018 19:40:39 +0000 https://mst.org.ar/?p=11993 El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres la primera edición del Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels en forma de panfleto para difundir las ideas de la Liga de los Comunistas entre los obreros europeos.

Mientras la burguesía consolidaba su poder en Europa y se extendía el régimen de producción capitalista por el viejo continente, la joven clase obrera daba sus primeras luchas contra la miseria y la explotación. La Liga buscaba explicar teóricamente lo que sucedía y al mismo tiempo prepararse para las revoluciones que se avecinaban, dándole una perspectiva a la lucha de la clase obrera. El Manifiesto Comunista fue la piedra fundacional del marxismo como corriente político-ideológica y la base para la organización de la clase obrera y de poderosos partidos marxistas, así como de las diferentes organizaciones internacionales de trabajadores.
En estos 170 años el mundo ha sufrido inmensos cambios y evidentemente algunos aspectos del Manifiesto han quedado desactualizados. El propio Marx junto a Engels y luego otros marxistas como Lenin y Trotsky fueron actualizando la teoría al calor de los nuevos procesos, especialmente las revoluciones de 1848, la Comuna de París y la Revolución Rusa.
Sin embargo, aunque los intelectuales a sueldo de la burguesía lo hayan dado por muerto, el reformismo lo haya declarado caduco y el stalinismo lo haya bastardeado, sus tesis centrales mantienen plena vigencia.

“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”

El Manifiesto comienza con una síntesis de la concepción materialista de la historia, fundamental no sólo para interpretar científicamente el desarrollo de las sociedades sino para ubicar al propio sistema capitalista como parte de ese mismo desarrollo dando por tierra con los argumentos sobre la eternidad de ese régimen de producción.
“Opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.” (…) “La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.”
La lucha de clases nace de los intereses irreconciliables entre explotadores y explotados, en la actualidad la burguesía y el proletariado. La socialdemocracia primero y más tarde el stalinismo con su política de conciliación de clases, al revisar esta tesis fundamental contribuyeron (y lo siguen haciendo) al sostenimiento del orden capitalista. Los revolucionarios seguimos sosteniendo que la transformación social necesaria sólo puede venir de la lucha implacable contra la burguesía.

El sistema capitalista

Aunque es en El Capital que Marx va a desarrollar su crítica a la sociedad capitalista, en el Manifiesto ya esboza las primeras ideas: el pago de la fuerza de trabajo como equivalente al costo de su reproducción y la apropiación de la plusvalía por los capitalistas; la competencia como la ley fundamental de las relaciones sociales; la ruina de las clases intermedias, la concentración de la riqueza en un número siempre decreciente de propietarios en un polo y el crecimiento numérico del proletariado en el otro y la preparación de las pre-condiciones materiales y políticas para el socialismo entre otras.
Como si nos estuviera hablando del mundo actual, describe las crisis cíclicas que llevan a la “epidemia de la superproducción” en la cual la gente muere de hambre porque hay demasiada producción. A diferencia de los Modos de Producción anteriores, en que las crisis se ocasionaban porque la humanidad aún no producía lo suficiente para satisfacer las necesidades básicas, las crisis actuales se deben a la propiedad privada de los medios de producción. La destrucción de fuerzas productivas y conquista de nuevos mercados, así como el aumento de la explotación de los trabajadores permite a la burguesía superar las crisis preparando crisis mayores y aumentando la miseria de las masas populares.
Basta conocer el informe del Foro de Davos que revela que el 82% de la riqueza mundial generada durante el año pasado fue a parar a manos del 1% más rico y que el 56% de la población global vive con entre 2 y 10 dólares por día, para notar la vigencia del Manifiesto.

“Toda lucha de clases es una lucha política”

“Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultado inmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera.”
Mientras exista el capitalismo todo lo que conseguimos por un lado, la burguesía lo recupera por otro. Si, por ejemplo, logramos con una dura lucha un aumento de salarios, la burguesía, a través de la inflación recupera lo que perdió y nosotros perdemos lo que ganamos. La lucha de clases es política porque el objetivo de los trabajadores es avanzar de las peleas reivindicativas a la disputa por el poder. Y eso solamente es posible con la “organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político.”
El anarquismo y el sindicalismo ya desde tiempos de Marx, o el autonomismo en la actualidad intentan disociar las luchas cotidianas de la lucha política. Pero no disputar el poder político implica dejarlo en manos de la burguesía, que lo utiliza para seguir explotando y arrojando a la miseria a la inmensa mayoría del pueblo.

La clase obrera como clase dominante

Para poder transformar las relaciones sociales, la clase trabajadora debe tomar el poder político para comenzar a transformar todas las relaciones sociales; y al liberarse de la explotación, liberará de toda explotación al conjunto de los oprimidos.
“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado.  Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar. El primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia.”. Sólo ahí se puede empezar a hablar de democracia ya que se trata del poder para la clase mayoritaria.

“El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.”
“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría.  El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.”

La revolución es mundial

Aunque empieza siendo nacional (por su forma, no por su contenido) el Manifiesto plantea que la pelea contra la burguesía es internacional. El propio desarrollo capitalista va borrando las diferencias nacionales al conquistar el mundo entero, por lo tanto la revolución no puede detenerse sólo en el plano nacional.
“La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación.  En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras.”

“Un fantasma recorre Europa…”

Con esta frase comienza el Manifiesto Comunista. Expresaba el temor del poder económico, político y religioso a las ideas comunistas que se expandían por Europa. A 170 años, cuando crece la resistencia a los planes de la burguesía en todo el mundo y el conjunto del sistema capitalista está cuestionado, aflora nuevamente el temor a las ideas socialistas que vuelven a ganar fuerza entre sectores cada vez mayores de la vanguardia obrera y juvenil. Así lo reflejan por ejemplo artículos y editoriales de los grandes medios analizando el crecimiento del trotskismo que es hoy la única corriente que mantiene los ejes que detallamos en este artículo. Por nuestra parte reafirmamos, como hace 170 años:
“Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución (socialista).  Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.
¡Proletarios de todos los países, uníos!”

Emilio Poliak

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Lógica marxista y ciencias modernas https://mst.org.ar/2011/05/02/logica-marxista-y-ciencias-modernas/ Mon, 02 May 2011 18:27:47 +0000 http://www.mst.org.ar/2011/05/02/logica-marxista-y-ciencias-modernas/ Click para descargar el .pdf

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