pt – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Thu, 20 Oct 2022 20:41:26 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png pt – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Segundo turno electoral en Brasil: Derrotar a Bolsonaro votando críticamente a Lula https://mst.org.ar/2022/10/20/segundo-turno-electoral-en-brasil-derrotar-a-bolsonaro-votando-criticamente-a-lula/ Thu, 20 Oct 2022 20:41:26 +0000 https://mst.org.ar/?p=31785 El próximo domingo 30 de octubre se realiza la elección de segunda vuelta en Brasil. Se enfrentan en las urnas el actual presidente Bolsonaro, que en estos últimos cuatro años encabezó un gobierno que declaró la guerra al pueblo trabajador, llevó adelante un plan de depredación y destrucción del medio ambiente e impulsó una política sanitaria directamente criminal durante la pandemia; contra el frente amplio encabezado por Lula y el PT, que lleva como candidato a vicepresidente a un político burgués, profundamente conservador y reaccionario como Geraldo Alckmin. Ninguno de los dos proyectos políticos que se enfrentan en Brasil representan los intereses de la clase trabajadora, de las mujeres y las disidencias, de la juventud y del pueblo pobre. Pero es una tarea necesaria y urgente derrotar a Bolsonaro y a la extrema derecha en las calles y en las urnas.

Escribe: Carlos Maradona

Es imposible entender la política brasileña de las últimas décadas sin analizar los 14 años de gobierno del PT, primero con los gobiernos de Lula y después con los de Dilma. La llegada de Lula y el PT al gobierno despertó un gigantesco apoyo y simpatía en amplias franjas de trabajadores, de sectores populares, de las mujeres y las disidencias y de todos los sectores que venían sufriendo los ataques de gobiernos neoliberales y de derecha. Lula y el PT no solo tenían un enorme apoyo popular para desarrollar medidas a favor de los trabajadores y el pueblo y cambiar de raíz la estructura de desigualdad social y miseria que azotó Brasil por larguísimas décadas, sino que gobernaron en un contexto latinoamericano y mundial donde podrían haber impulsado grandes cambios sociales y políticos en el país más grande del continente.

Pero Lula y el PT hicieron todo lo contrario. Durante 14 años gobernaron al servicio de los bancos, del agronegocio y de las grandes empresas nacionales y multinacionales. Aplicaron planes de ajuste y ataques a los trabajadores, a los campesinos y a la seguridad social. Todo esto regado con una tremenda corrupción que atravesó a todos los sectores de la dirigencia del PT. Estos 14 años de un gobierno que no solucionó ninguno de los graves problemas de los trabajadores y el pueblo fue sembrando desconfianza y desmoralización en los sectores populares y fue responsable directo de la aparición y crecimiento de una nueva derecha, vinculada a sectores militaristas y reaccionarios, misóginos y racistas, que fue creciendo de la mano de un discurso anti-sistema.

Bolsonaro y el Partido Liberal crecieron por responsabilidad del PT

Jair Bolsonaro fue un capitán retirado del ejército que nació a la vida política como concejal de Río de Janeiro por el Partido Demócrata Cristiano en 1988. En el año 1990 fue elegido diputado por el Partido Progresista. Nunca se destacó por su labor parlamentaria, pero ante la bronca y la decepción que generaron en amplias capas de la población los 14 años de gobierno del PT, emergió en el año 2018 con el Partido Social Liberal después de la crisis que llevó al impeachment y destitución de Dilma y la causa judicial contra Lula que le impidió ser candidato, y en las elecciones generales de ese año, ganó con el 55,13% de los votos contra el 44,87% de Fernando Hadad del PT. En el año 2021 el Partido Social Liberal se disolvió y Bolsonaro se afilió al Partido Liberal.

Que un exmilitar con un discurso violento y de ataques a los trabajadores y a sus organizaciones, al movimiento feminista y LGBTI, a los sectores negros y afrodescendientes, y con partidos políticos que venían siendo bastante marginales en la política brasileña haya podido ganar las elecciones del 2018 con el 55% de los votos no tiene otra explicación que el rol nefasto que juegan fuerzas políticas que se autodenominan «progresistas» o «populares» que no solo no sirven para enfrentar a la derecha, sino que directamente le abren las puertas.

En Brasil, al igual que en muchos otros países del mundo, se está expresando un enorme proceso de polarización social y política, donde los partidos definidos como de «centroizquierda» como el PT muestran el fracaso del reformismo y el posibilismo, se niegan a cambiar la estructura social y política del país, y terminan aplicando planes de ajuste y abriendo las puertas a salidas que con un discurso anti-sistema se proponen aplicar ataques violentos a los trabajadores y a los pueblos, de la mano del FMI y las multinacionales.

Unirse a la derecha para enfrentar a la extrema derecha. Otro fracaso anunciado
Después de cuatro años de gobierno fue quedando demostrado que detrás de ese falso discurso anti-sistema, Bolsonaro y el PL fueron fieles aplicadores de las políticas de ajuste y depredación del medio ambiente impulsadas por EEUU y el FMI. Y ante la pandemia que azotó al mundo, Bolsonaro se convirtió en uno de los primeros negacionistas y en el responsable directo de decenas de miles de muertes que se podrían haber evitado con una política sanitaria que estuvo ausente.

En el año 2018 hubo un poderoso movimiento popular liderado por las mujeres para enfrentar el surgimiento de Bolsonaro y su acceso a la presidencia. Este movimiento conocido mundialmente con «Ele Nao» ganó las calles de las principales ciudades de Brasil y tuvo repercusión mundial. Pero ni el PT ni la central sindical que dirige, la CUT, se pusieron a la cabeza de este movimiento ni se jugaron a su impulso y desarrollo.
También en el año 2021, después de una pandemia que causó una tragedia en Brasil, se desarrollaron importantes y masivos actos con la consigna de «Fora Bolsonaro» en todas las grandes ciudades. Una vez más el PT faltó a la cita y puso todas sus fichas en el armado de un gran frente amplio para el 2022 y así ganarle las elecciones a Bolsonaro.
Y para lograrlo, Lula y el PT empezaron a armar un frente amplio con sectores de la burguesía y de la derecha clásica. Escogieron de candidato a vicepresidente a Alckmin, dos veces gobernador de Sao Paulo por el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), un conservador vinculado al Opus Dei y represor en ocupaciones de tierras y movilizaciones. También es parte del frente amplio el ex presidente neoliberal Fernando Henrique Cardoso, antiguo rival de Lula y ahora aliado, y Henrique Meirelles, un gran empresario que fue ministro del gobierno ajustador de Temer.

La elección de la primera vuelta el 2 de octubre pasado, mostró que el frente amplio con sectores de la derecha tradicional impulsado por Lula y el PT no alcanzó para ganar la elección y mostró la enorme polarización que atraviesa Brasil. El frente amplio de Lula sacó el 48,43% de los votos y el PL de Bolsonaro obtuvo el 43,20%, pero con sus aliados obtuvo la mayoría de las bancas en el Senado y en Diputados.

Enfrentar a Bolsonaro en las calles y en las urnas. Votamos críticamente a Lula
En las elecciones del 30/10 la tarea fundamental de los trabajadores y el pueblo de Brasil es impedir que Bolsonaro siga gobernando el país por otros 4 años. Sin depositar ni un gramo de confianza en el PT, ni en Lula ni en el frente amplio, y sin dejar de decir que ese proyecto integrado hoy junto a partidos de la derecha tradicional no va a solucionar los problemas del pueblo brasileño, votamos críticamente a Lula y llamamos a la izquierda clasista de Brasil a unirse, a defender un programa anticapitalista ahora y después de las elecciones, a ocupar las calles por todos los derechos postergados y a enfrentar cualquier tipo de ataques a los mismos, venga de donde venga.

Acompañamos a nuestras compañeras y compañeros del Comité de Enlace entre Lucha Socialista y Alternativa Socialista, con quienes integramos la Liga Internacional Socialista, en este llamado a votar muy críticamente al PT y a Lula y a seguir construyendo el partido revolucionario que Brasil tanto necesita.

 

 

]]>
Brasil: Los camioneros pusieron a Temer contra las cuerdas https://mst.org.ar/2018/06/06/brasil-camioneros-pusieron-temer-cuerdas/ Wed, 06 Jun 2018 22:27:59 +0000 https://mst.org.ar/?p=14156 Durante 9 días los camioneros del país vecino cortaron las rutas más importantes y fueron paralizando toda la actividad económica en protesta por un aumento desmesurado en el precio del diesel. Luego salieron al paro los petroleros contra la privatización de Petrobras y el aumento del combustible. Temer y su régimen corrupto, pese a haber autorizado al ejército a desbloquear las rutas, sufrieron un gran golpe y tuvieron que retroceder.

Petrobras, el gigante petrolero estatal, se mueve como si fuera una empresa del sector privado. En consonancia viene aumentando el valor de los combustibles, diesel, gas de cocina, etc., al ritmo del aumento de los precios internacionales del petróleo, que no paran de subir, importando una cuota importante del mismo. En un país que está asentado en un mar de petróleo y que posee refinación propia. ¡En un año los precios aumentaron el 50%!
Esto llevó a medio millón de camioneros a declarar la huelga y realizar más de 500 piquetes. En un paro heroico, le torció el brazo al gobierno neoliberal de Temer, obligándolo a cambiar parte de su política petrolera, reduciendo el precio del combustible, manteniéndolo congelado durante dos meses, disminuyendo el costo del peaje y garantizar la refinación local de una gran parte del volumen de diesel importado.
El presidente de Petrobras, Pedro Parente, representante de las grandes corporaciones financieras internacionales, acaba de renunciar y ser reemplazado.

Un triunfo con gran apoyo popular

Una de las claves para el triunfo de la huelga camionera fue que contó con una enorme simpatía de la mayoría de la población cansada de los ajustes del gobierno. Un apoyo importantísimo si tenemos en cuenta que sobre los sectores populares recayeron las mayores penurias provocadas por el desabastecimiento que produjo la medida.
La protesta fue de tal magnitud que si hubiera empalmado con un paro general habría herido de muerte al actual impopular e ilegitimo mandatario. Si esto no ocurrió fue por responsabilidad del PT y la CUT que se negaron a convocarlo, con distintos argumentos, y que intentan canalizar toda la crisis hacia las elecciones de octubre próximo.
En la otra punta, se ubicaron los grupos sectarios, que como el MRT, partido hermano del PTS argentino, se negaron a apoyarlos diciendo que la medida era un lock out patronal, partiendo de una media verdad: al comienzo empujaron la protesta las grandes patronales del sector. Argumentaron que los subsidios con que se va a frenar el alza del combustible van a ser pagados por toda la población y señalaron que algunos sectores camioneros llamaron a la “intervención militar”.
Los camioneros son un sector de trabajadores cuentapropistas en su gran mayoría. Obligados a endeudarse para hacerse de una herramienta de trabajo a autoexplotarse trabajando jornadas de 12 hs. muy flexibilizadas para igualar el nivel de vida de un trabajador calificado. La patronal los abandonó a los pocos días de empezar la medida, con la primera respuesta parcial del Temer a las demandas que los involucraban.
Su lucha contra el aumento del diesel, aunque parcial, recogía el descontento y el reclamo de todos los brasileros contra el aumento de los combustibles y el encarecimiento de los productos de consumo que dependen del transporte. El hecho de señalar que los subsidios volcados para evitar que suba el precio del diesel los van a pagar otros sectores de la población, en la Argentina sería aceptar el discurso de Macri que chantajea que si no aumenta las tarifas va a tener que reducir otras partidas sociales.
El desprestigio de los políticos tradicionales, la grave crisis política y económica, las traiciones de la vieja dirección petista y las dificultades para construirse una alternativa que ocupe su lugar, generan que haya sectores que puedan ser confundidos por partidarios de una “salvadora” intervención militar. Estos fenómenos contradictorios, no pueden de ninguna manera confundirse con los objetivos y el rol altamente progresivo del movimiento.

Se profundiza la crisis de Temer y de todo el régimen político

Ya Temer ha renunciado a su candidatura a presidente y sobrevive gracias al apoyo de las multinacionales y los partidos del régimen. Lula, el candidato con mayor intención de voto, acaba de lanzar su candidatura con un pobre apoyo en las calles del PT, sigue preso injustamente. Ningún candidato “potable” se le acerca. El ultraderechista Bolsonaro sigue avanzando en las encuestas, reflejando la polarización en curso. Las importantes caídas de la bolsa brasilera luego del conflicto están reflejando esta situación de crisis.
Desde el MST que apoyamos en Brasil al PSOL como una herramienta política que plantea una alternativa unitaria de la izquierda al viejo régimen político en bancarrota, sostenemos que la lucha de los camioneros ha puesto al orden del día la necesidad de una huelga general para derrotar a Temer y su plan de ajuste, impedir la privatización de Petrobras, Electrobras y Correos. Derrotar la reforma laboral, las tercerizaciones y la reforma previsional.
Es necesario parar la creciente represión y militarización del país, responsable del asesinato de la concejal del PSOL, Marielle Franco, en Río de Janeiro. Enfrentar al proceso electoral viciado y llamar a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que reorganice el país sobre nuevas bases y tome las medidas democráticas y anti capitalistas que tanto necesita el pueblo de Brasil.

Gustavo Giménez

]]>
Brasil: Debates ante la detención de Lula https://mst.org.ar/2018/04/18/brasil-debates-detencion-de-lula/ Wed, 18 Apr 2018 20:13:14 +0000 https://mst.org.ar/?p=13408 La detención de Lula provocó un salto de la crisis política que atraviesa Brasil. Rechazamos esta medida proscriptiva y autoritaria, aunque mantenemos que el PT no es una salida para enfrentar a la derecha y proponemos una comisión investigadora independiente para perseguir toda la corrupción.

Finalmente Lula cayó preso. El 5 de abril el Supremo Tribunal Federal (STF) rechazó el hábeas corpus que los abogados del ex presidente habían presentado, y el juez Sergio Moro ordenó su detención. Tras amagar con resistirse, Lula protagonizó un acto en el sindicato metalúrgico de Sao Bernardo do Campo y se entregó a las autoridades.

Una proscripción antidemocrática

Lula fue condenado a 12 años de prisión por recibir un departamento en forma de soborno de la constructora OAS. Pero no existen pruebas materiales de que sea dueño de dicho inmueble, y la única evidencia usada para condenarlo se basa en las declaraciones de dos ejecutivos de OAS que están presos por corrupción y recibieron reducciones de sus penas a cambio de incriminar al ex presidente.

El verdadero motivo del encarcelamiento del líder petista es la convicción de la derecha brasileña de proscribir su candidatura a las elecciones presidenciales que se celebrarán en octubre. Lula encabeza las encuestas, con una intención de voto por encima del 30%, secundado por el ultra-derechista Jair Bolsonaro, que mide 15%. La burguesía brasileña, golpeada por el rechazo masivo al brutal ajuste que viene aplicando, no tiene candidato pero se juega la vida a que sea uno propio que polarice con Bolsonaro. El establishment necesita profundizar el ajuste para recuperar rentabilidad capitalista y, para ese fin, le resulta indispensable contar con un gobierno incondicional de su propio riñón.

La condena a Lula es arbitraria y selectiva. El mismo STF que apresuró su decisión, encubre y retrasa otros casos ligados a la operación Lava Jato, como el del presidente actual Michel Temer. Es una decisión políticamente motivada, autoritaria y completamente antidemocrática. Efectivamente proscribe su candidatura y cercena el derecho democrático de millones de brasileños a votar por quién quieran.

Esta arremetida contra los derechos democráticos es parte de una escalada autoritaria y represiva general. Un primer manotazo fue la destitución de Dilma y la respuesta represiva del ilegítimo presidente Temer a las protestas contra sus medidas de ajuste. La reciente militarización de Río de Janeiro va en el mismo sentido. El cobarde asesinato de Marielle Franco -que no es la única política asesinada estos años- es particularmente característico de la escalada represiva en curso. Marielle era concejal del PSOL, militante socialista, referente de la izquierda y las luchas de trabajadorxs, mujeres, negrxs y la disidencia sexual. Era exponente del ascenso juvenil, democrático y antisistémico que recorre Brasil desde las masivas movilizaciones de 2013. Ascenso que la burguesía pretende y debe derrotar para lograr imponer su ajuste.

La proscripción de Lula viene con la misma marca represiva. No es menor que días antes de que el STF rechazara el hábeas corpus, el jefe del ejército de reserva amenazara públicamente con un golpe de estado si el ex presidente quedaba en libertad.

Por todo esto, desde el MST y nuestra corriente internacional, rechazamos la proscripción de Lula, defendemos su derecho democrático a presentarse en las elecciones de octubre y el de los brasileños que lo quieran votar a poder hacerlo, y exigimos su inmediata liberación. Esto no equivale a eximirlo de culpa por las acusaciones que pesan en su contra. Los gobiernos del PT estuvieron infestados de funcionarios corruptos y entablaron todo tipo de negocios con empresas corruptas. Lula y todos aquellos acusados de corrupción deben ser juzgados, pero no confiamos en una justicia igualmente corrupta y políticamente comprometida. Por eso, proponemos que una comisión investigadora independiente se haga cargo de los casos de corrupción de la casta política y empresarial, porque es la única garantía de llegar a juicios justos para que vaya preso hasta el último de ella.

Lamentablemente, un sector de la izquierda, representada por Izquierda Socialista (FIT) en Argentina y su grupo brasileño, el CST, no parece percibir que la detención y proscripción de Lula se trate de un inaceptable cercenamiento de los derechos democráticos, ni que sea parte de una avanzada represiva dirigida esencialmente contra los trabajadores y el pueblo brasileño. Como afirmó su diputado Juan Carlos Giordano:

Lula fue condenado por corrupción… Lula traicionó a la izquierda y a los trabajadores. Por eso la verdadera izquierda no lo puede defender.

Pero no hace falta defender a Lula para defender los derechos democráticos. La proscripción de un candidato por parte de la justicia burguesa es un grave cercenamiento de esos derechos, por más capitalista que sea el candidato. No ubicarse junto al pueblo trabajador en defensa de sus derechos democráticos lleva a Izquierda Socialista a ubicarse junto a la derecha reaccionaria y su orientación de ajuste y represión.

La metamorfosis del PT

Defender el derecho de Lula a presentarse a las elecciones, sin embargo, no significa apoyarlo políticamente, como hace otro sector de la izquierda. El PT que gobernó Brasil y que encabeza Lula hoy, tiene poco y nada que ver con el PT que surgió del movimiento obrero brasileño en los ´80s.

Nuestra corriente fue parte del PT cuando se fundó en 1980 como alternativa política de los trabajadores que reivindicaba el socialismo. También participamos de la formación de la CUT, que surgió en aquellos años al calor de las huelgas del ABCD paulista, como nueva central sindical, contrapuesta a burocracia de la vieja CGT. Pero a lo largo de los ´90s, en la medida que el PT se hizo electoralmente competente, se fortalecieron los sectores que a su interior impulsaron la adaptación del partido a las reglas de juego de la democracia capitalista. Le siguió un proceso de burocratización, tanto del PT como de la CUT.

Para cuando Lula ganó la presidencia en 2003, el PT estaba terminando su metamorfosis. Una de las primeras medidas de su gobierno fue una reforma jubilatoria contra los trabajadores. Los diputados que fueron expulsados por negarse a votarla, junto a nuestra corriente y otros sectores de izquierda, formamos la base del PSOL que hoy encarna una alternativa por izquierda a la crisis brasileña.

El PT en el gobierno se dedicó a demostrarle a la burguesía que era una opción confiable para sostener sus intereses. Lula, y luego Dilma, gobernaron junto a los bancos, la oligarquía y las multinacionales. Incluso entre los demás gobiernos “progresistas” de la década pasada, el PT se ubicó a la derecha, como contrapeso al bolivarianismo. Se opuso y bicoteó -en sintonía con la burguesía imperialista- las medidas regionales más progresivas del chavismo, como el ALBA y el Banco del Sur. Aunque implementó políticas que aliviaron las condiciones de los sectores más empobrecidos de la sociedad brasileña, no adoptó medidas que afectaran el modelo económico capitalista. El resultado fue una orientación liberal que perjudicó a lxs trabajadorxs y terminó minando la base social del PT.

¿Y si era tan bueno, por qué está preso?

Hay un lógico debate en torno a por qué la derecha brasileña está tan obstinada en sacarse de encima al PT. ¿Si durante años le garantizó fabulosas ganancias, crecimiento y estabilidad a la burguesía, por qué quieren hundir al PT? ¿Por qué destituyeron a Dilma, con la crisis política que les costó? ¿Por qué prefieren la incertidumbre de una elección en la que ganaría el voto en blanco, a la estabilidad de un nuevo mandato de Lula?

Una primera respuesta se encuentra justamente en la pérdida de base social del PT. Este le sirve a la burguesía en la medida en que contiene a las masas frente al avance de políticas favorables al capital. Ante el ascenso revolucionario continental de comienzos del milenio que se llevó puesto los regímenes de varios países y sus partidos tradicionales, a la burguesía no le quedó otra que aceptar gobiernos que entregasen algunas concesiones al movimiento de masas a cambio de salvar lo esencial del modelo capitalista semi-colonial. El PT podía cumplir ese rol mientras gozara de la confianza del movimiento de masas. Las movilizaciones de 2013 demostraron que había perdido esa confianza, y junto con ella, la utilidad que tenía para los intereses de la burguesía.

Pero hay un factor más. Además de la necesidad política de gobiernos que contuvieran, la burguesía también tuvo cierto margen económico para tolerar esos gobiernos que no controlaban directamente, durante la década pasada. Los precios de los commodities que exportan las economías latinoamericanas, que se mantuvieron altos esos años, incluso tras el estallido de la crisis mundial en 2008, hacían posible que gobiernos como el de Lula, Kirchner o Chávez, cedieran algunas concesiones al pueblo, y a la vez, garantizaran altas ganancias a la burguesía. Pero a partir de que la crisis entrara con fuerza en la región en 2012-2013, ese margen se esfumó. Ya no sería posible sostener ese juego a dos puntas. O se ajustaban las ganancias capitalistas, encarando un rumbo de confrontación decidida con la burguesía y medidas anticapitalistas; o se ajustaba al pueblo. Sin excepción, los gobiernos “progresistas” optaron por la segunda.

El brutal ajuste que aplica Temer lo inició Dilma. Al hacerlo, dinamitó su base social. El PT dejó de serle útil a la burguesía y cuando ésta orquestró su impeachment, tampoco hubo una masiva y aguerrida masa dispuesta a defender a Dilma. La jugada no le salió del todo bien a la derecha. El proceso Lava Jato destapó una caja de Pandora que terminó con empresarios de primera línea y políticos de todos los colores procesados por corrupción. Desataron la crisis política que están padeciendo y que no saben donde termina.

Pero no hay vuelta atrás. Hoy la crisis económica no le permite margen alguno a la burguesía, que necesita aplicar un ajuste aún mayor para recuperar rentabilidad. Lula, aunque encabeza las encuestas, ya no tiene la base social como para asegurar que pase ese ajuste. La burguesía necesita un gobierno propio que se juegue, ya no a contener a las masas para ajustar, sino a derrotarlas. Y Lula no les sirve, no constituiría el gobierno directo de la burguesía que están necesitando.

La alternativa es por izquierda y anticapitalista

Si la derecha brasileña logra, o no, derrotar a los trabajadores está por verse. Lo cierto es que necesitaremos una herramienta política tan decidida como la que buscan ellos. Por lo cual, a nosotros tampoco nos sirve Lula. Incluso ante el ataque más autoritario de la derecha, que removió a su partido del poder y lo metió a él en una celda de 15 metros cuadrados, Lula se esmera en demostrar que no enfrentaría al ajuste de la derecha -aclaró explícitamente que no revertiría las medidas de Temer- y asegurar que es un político confiable para el establishment.

Con el discurso que pronunció en el sindicato metalúrgico antes de entregarse, aseguró que él confía en esa justicia que lo está encarcelando y proscribiendo: “Si no creyera en la Justicia, no habría hecho un partido político. Yo habría propuesto una revolución en este país”.

No. Para enfrentar el ajuste de la derecha, hace falta una alternativa que no crea en esa justicia y que sí se proponga hacer una revolución. El PSOL viene creciendo como alternativa a izquierda del PT y referencia de las luchas de lxs trabajadorxs, la juventud, lxs negrxs, las mujeres y la disidencia sexual. Pero no sin problemas. Los sectores más moderados del PSOL han impuesto la candidatura de Guilherme Boulos para las presidenciales de octubre. El dirigente del Movimiento de Trabajadores Sin Techo es muy cercano a Lula y se postula como “heredero” político del ex presidente. Pero para enfrentar la agenda de la derecha y plantear un rumbo distinto no sirve oprimir el botón de reinicio del PT. Hay que hacer algo completamente distinto. Está en manos de la izquierda del PSOL resistir los intentos por reeditar la experiencia del PT y encarar una orientación de ruptura con las estructuras tradicionales de la política capitalista brasileña. Nuestro enérgico apoyo a ellos en esa gran tarea.

Federico Moreno

]]>