rusa – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Sat, 11 Mar 2023 20:38:32 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png rusa – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Panorama internacional. A un año de la invasión rusa a Ucrania https://mst.org.ar/2023/03/09/panorama-internacional-a-un-ano-de-la-invasion-rusa-a-ucrania/ Thu, 09 Mar 2023 13:55:53 +0000 https://mst.org.ar/?p=32708 Transcribimos la editorial de Alejandro Bodart, dirigente nacional del MST en el FIT Unidad y coordinador de la LIS, de la edición especial de Panorama Internacional, programa de la Liga Internacional Socialista, emitido el miércoles 1 /3/23.

Hace pocos días, el 24 de febrero, se cumplió un año de la invasión rusa a Ucrania. Decenas de miles de personas han muerto desde que Putin inició esta guerra fratricida. Son millones los desplazados y los que han perdido sus trabajos y se ha destruido la infraestructura del país que costará años reconstruir. A nivel mundial la guerra profundizó la crisis capitalista, generando más inflación y suba del precio de los alimentos y la energía. La guerra también cambió la situación política en el mundo y generó divisiones y grandes debates en la izquierda.

La invasión rusa a Ucrania se da en medio de una agudización de la disputa entre las potencias imperialistas, entre un imperialismo todavía hegemónico pero en decadencia como el estadounidense y el surgimiento de nuevas potencias imperialistas que intentan ocupar su lugar, principalmente China. Esto ha confundido a gran parte de la izquierda mundial, que solo ve esa disputa interimperialista y pierde de vista que junto con eso estamos asistiendo desde hace un año a una agresión directa de una potencia como Rusia, contra un país semicolonial al que busca someter y dominar.

Los revolucionarios tenemos que tener bien en claro que estos dos procesos, los roces interimperialistas y la guerra en Ucrania, si bien están relacionados no son lo mismo y nos obligan a tener una política para responder a los dos al mismo tiempo. A repudiar a ambos bandos imperialistas en su disputa por la plusvalía mundial, ya que ninguno de los dos tiene nada de progresivo, y a defender al mismo tiempo el derecho a la autodeterminación del pueblo ucraniano.

La integridad territorial de Rusia no estaba amenazada por la OTAN ni por Ucrania cuando Putin decidió invadirla, su objetivo no fue defenderse sino expandir su dominio en toda la región para someter a Ucrania nuevamente, como lo hizo en el pasado reciente, y así posicionarse como un socio importante de China en su disputa con Estados Unidos.
Putin con una superioridad militar cualitativa a su favor pensó que podría ocupar Ucrania rápidamente, llegar a Kiev en pocos días y poner un gobierno títere que le respondiera, pero se encontró con una resistencia tan grande y decidida por parte de la población ucraniana que todos sus planes se le desbarrancaron. Hace un año que sus tropas están empantanadas, han perdido decenas de miles de soldados y la moral de su ejército vacila permanentemente. Esto lo ha obligado a sumar compulsivamente al ejército a cientos de miles de jóvenes, provocando la ira de sus familias, a involucrar a Bielorrusia, a recurrir a la ayuda de Irán y últimamente a reclamarle a China, que se mantienen prescindente, que lo apoye.

Solo después de que el pueblo ucraniano evitara un rápido triunfo ruso, el imperialismo occidental comenzó a apoyar al gobierno de Zelenski y de manera dosificada, con el objetivo de debilitar a Rusia, no de apresurar su derrota. Se habla mucho de las armas de occidente, que efectivamente han jugado un rol importante, pero lo cualitativo no han sido las armas, sino la autoorganización de la población para resistir y la decisión de todo un pueblo de dar su vida para garantizar su derecho a decidir su futuro. Sin esto hubiera sido imposible resistir durante un año como lo vienen haciendo.

Desde la LIS no nos hemos sumado al pedido de armas al imperialismo occidental, pero mucho menos al boicot a dichos envíos que hacen los esbirros de Putin. Estamos con la resistencia ucraniana y es su derecho defenderse utilizando todos los medios a su alcance. Esta justa lucha en defensa de su autodeterminación e integridad territorial debe ser apoyada por todos los revolucionarios del mundo, lo que significa estar por la derrota de Rusia, por la retirada incondicional de su ejército de territorio ucraniano.

Desde la izquierda campista y sus aliados nos dicen que esto fortalecería a Estados Unidos y la OTAN, mostrando que en realidad están por el triunfo de Putin. Este argumento es muy tramposo porque la realidad muestra que la OTAN y Estados Unidos, que estaban muy mal antes de la guerra, se han fortalecido gracias a esta aventura lanzada por Putin y Rusia.

La pregunta que nos tenemos que hacer los revolucionarios es: ¿qué ayudaría más a nuestra clase, a los trabajadores de Ucrania, de Rusia y todo el este europeo? Si un triunfo de Putin que lo refuerce en el poder o lo contrario. En esto no podemos tener dudas, la derrota de Putin, que hoy oprime con su bota a todo el este europeo, liberaría fuerzas de tal manera que abriría la posibilidad de un ascenso revolucionario extendido a toda la región, a la posibilidad de su caída y de todo el régimen represivo que ha armado para garantizar las ganancias de la nueva oligarquía que surgió del derrumbe de la Unión Soviética, de la caída por medio de la movilización de los dictadorzuelos que a fuerza de represiones brutales contienen a las masas en Bielorrusia, Kazajstán y toda el área. A los trabajadores de Ucrania, tonificados por un triunfo, les permitiría volverse con más fuerza contra las medidas antiobreras que Zelenski y la burguesía ucraniana han aprovechado para implementar durante la guerra.

Hoy, más allá de la profundización de los roces imperialistas, no estamos en medio de una tercera guerra mundial, por ahora ninguno de los bandos imperialistas en pugna quiere avanzar en ese sentido. Si la hubiera y en un futuro no podemos descartarla, lógicamente habría que desarrollar una política que responda en primer lugar a ese hecho y la lucha de Ucrania contra la invasión rusa pasaría a un segundo plano detrás de ese hecho central. Pero esa no es la realidad actual y actuar como si lo fuera implica hoy ubicarse junto a una potencia imperialista invasora, como lo es Rusia, contra un pueblo semicolonial que resiste.

Nos basamos en la experiencia de la tradición del marxismo revolucionario y el leninismo. Mientras el hecho central sea un ataque imperialista contra un país oprimido, los revolucionarios estamos con los oprimidos. No es una mera opinión expresada aquí o en artículos y declaraciones, a diferencia de casi todo el resto de la izquierda, la LIS tiene una sección en Ucrania que lleva adelante esta política en la práctica bajo las condiciones más difíciles imaginables.

La Liga Socialista Ucraniana tiene militantes luchando en el frente con unidades nacidas de la autoorganización en los comienzos de la invasión, tiene dirigentes sindicales y activistas jóvenes que intervienen en la cruda realidad de la guerra. Desde la LIS estamos con ellos por el triunfo de las masas ucranianas y la retirada incondicional de las tropas rusas que es la vía más directa a la paz. Estamos por la autodeterminación del pueblo ucraniano y también de las regiones ruso-parlantes que lo quieran. Estamos contra toda injerencia del imperialismo occidental en Ucrania y la región y la retirada y disolución de la OTAN. Estamos por la organización independiente de los trabajadores ucranianos. Estamos por un gobierno de los trabajadores en Ucrania y una federación socialista voluntaria en toda la región. Por eso luchamos y vamos a seguir luchando.

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Revolución Rusa: La reorientación del partido https://mst.org.ar/2017/05/11/revolucion-rusa-reorientacion-partido/ Thu, 11 May 2017 18:21:21 +0000 http://mst.org.ar/?p=8335 La discusión que atravezó el Partido Bolchevique sobre qué orientación adoptar tras la caida del zar demuele la caricatura stalinista del partido de Lenin.

Para justificar su modelo autoritario de partido monolítico y de pensamiento único, el stalinismo reescribió la historia para decir que el Partido Bolchevique siempre había sido así. A Lenin lo presentan como un lider infalible que condujo su partido con autoridad incuestionable, previendo cada giro y marcando cada paso con exactitud, desde su concepción hasta la toma del poder.
Desde entonces, un sinfin de ideólogos se ha encargado de aseverar que ese “pecado original” de Lenin, no sólo predestinó la revolución a la tiranía stalinista, sino que también condena a cualquier organización revolucionaria que busque construir un partido político a la burocratización. Pero la historia fue muy distinta.

La historia verdadera

El Partido Bolchevique no evolucionó linealmente de núcleo revolucionario a partido de masas. De hecho, la mayor parte del tiempo, el bolchevismo fue una fracción, o ala, del más amplio Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Esta ala dirigida por Lenin, y el ala moderada menchevique se dividieron cuando se fundó el partido en 1903, pero se reunificaron tras la revolución de 1905. A pesar de tener visiones muy distintas sobre el balance de este levantamiento, convivieron en un mismo partido hasta 1912. Los primeros dos años, los bolcheviques estuvieron en la minoría, Lenin ni siquiera integró el Comité Central, sino que se dedicó a pelear en el partido por sus ideas. Y en 1907 logró la mayoría que le permitió a los bolcheviques dirigir al partido de conjunto.
Hasta la Primera Guerra Mundial, Lenin sostuvo que los revolucionarios debían integrar y luchar por dirigir partidos más amplios de la clase trabajadora: “todo social-demócrata tiene lugar en un partido donde, en Rusia como en Occidente, deben coexistir elementos revolucionarios y reformistas, pues sólo la revolución, en su calidad de expresión definitiva del desarrollo de la vida política, podrá separarles nítidamente”.
Efectivamente, la Primera Guerra Mundial y el estallido de la revolución de febrero que volteó al zar en 1917 acentuaron ante los hechos las profundas diferencias entre mencheviques y bolcheviques.

Cartas desde lejos

La ortodoxia teórica del marxismo sostenía que la revolución socialista estaba planteada en los paises desarrollados económicamente, y que en países atrasados como Rusia, lo que estaba a la orden del día era la revolución burguesa. Por eso, cuando cayó el zar y surgieron en paralelo un gobierno provisional burgués y los soviets obreros, tanto mencheviques como bolcheviques aceptaron que quien debía gobernar era el gobierno burgués. Incluso iniciaron negociaciones para volver a unificar al POSDR.
Pero Lenin, exiliado en Suiza, vio con preocupación esta política conciliadora de sus compañeros en Rusia. Escribió cuatro cartas al diario del partido Pravda -las llamadas Cartas desde lejos- en las que afirma que hay que constituir una milicia obrera que busque convertirse en el órgano ejecutivo del soviet y preparar de inmediato la revolución socialista. Los dirigentes bolcheviques, convencidos de que Lenin estaba mal informado, sólo publicaron la primera.
Cuando volvió del exilio en abril, Lenin presentó sus ideas a una reunión conjunta de bolcheviques y mencheviques, insistiendo en que el gobierno provisional no cumpliría con las exigencias de la revolución, que no había que apoyarlo. Que por el contrario, había que convencer a una mayoría de que los soviets debian tomar el poder y que la revolución burguesa debía dar lugar a la socialista, adoptando de hecho la teoría de Trotsky de que la revolución podía comenzar en un país atrasado a condición de que luego se expanda.
Contrario a lo que uno se imaginaría de un partido monolítico ante la palabra sagrada de su lider supremo, no sólo los mencheviques, sino la mayoría de los dirigentes bolcheviques enfrentaron a Lenin. Días después de la mencionada reunión conjunta, Pravda publicó un editorial escrito por Kamenev que decía que “tales tesis no representan sino la opinión personal de Lenin”, y que su esquema les “parece inadmisible”. En su primera reunión de la dirección bolchevique Lenin también perdió, 17 a 2 con una abstencion.

La lucha por reorientar al partido

El principal dirigente del partido tuvo que dedicar semanas a pelear por sus posiciones y dar una pelea ardua en una conferencia nacional del partido que reunió el 24 de abril a 149 delegados elegidos por 79.000 miembros. Incluso ahí, Lenin obtubo un triunfo parcial para sus posiciones.
En la resolución para “iniciar un trabajo prolongado con el fin de transferir a los soviets el poder del Estado” consigue 122 votos a favor, 3 en contra y 8 abstenciones. Pero en la resolución que afirmaba la necesidad de emprender la vía de la revolución socialista, sólo reunió 71 votos de un quórum de 118. Y la resolución de avanzar hacia la reunificación del partido, a la que él se opuso, también se aprobó.
Este triunfo parcial, sin embargo, le permitió a Lenin reorientar al partido en la tarea fundamental, que era disputar por el poder de los soviets. Le ayudaron en esto los acontecimientos políticos del momento y el estado de ánimo de la base obrera del partido.
Unos días antes de la conferencia del partido, el gobierno provisional sacó una declaración afirmando que estaba decidido a respetar todos los compromisos contraídos con los aliados, asegurando que “todo el pueblo aspira a proseguir la guerra mundial hasta la victoria final”, provocando movilizaciones callejeras y una crisis ministerial que no se resolvería hasta el 5 de mayo.
La impaciencia de las masas obreras con las demandas de la revolución “paz, pan y tierra” y el gobierno que no las cumplía impactó en la base militante del partido más que los dogmas teóricos, y empalmó con la posición de Lenin.

Un partido para la revolución

La concepción leninista del partido revolucionario es la contracara de la caricatura de la misma que hace el stalisnismo. El propósito fundamental de Lenin era construir un partido para la acción, para la revolución. Por eso arranca de la necesidad de contar con una columna vertebral de militantes profesionales y una estructura centralizada que permita golpear con la fuerza de la unidad. Pero la libre circulación y enfrentamiento de ideas era igualmente importante para Lenin. Un partido vertical, de obsecuentes repetidores de una linea oficial, sirve para mantener el status quo, no para darlo vuelta. Para hacer una revolución hace falta una organización de rebeldes.
El partido de Lenin tuvo un régimen interno en el cual distintos dirigentes y diversas corrientes permanentemente debatieron cuál era el camino a seguir, esquema en el cual el propio Lenin se encontró muchas veces en minoría. Y también alentó la iniciativa y crítica en el partido de conjunto. Lenin insistía con que los comités de base elaboraran y publicaran sus propios volantes, por ejemplo. Y aseveró que “el primero de los deberes de un revolucionario es criticar a sus dirigentes: los discípulos no serían por tanto dignos de su maestro si no se atreviesen a combatir su punto de vista cuando piensan que está equivocado. Un partido revolucionario no se construye con robots.”
Como veremos, este es el partido que lograría dirigir a los trabajadores a tomar el poder y autogobernarse democráticamente.

Federico Moreno

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