Vicente Gaynor – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Fri, 14 Jun 2024 21:39:42 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Vicente Gaynor – MST :: https://mst.org.ar 32 32 México: triunfo contundente de la centroizquierda https://mst.org.ar/2024/06/14/mexico-triunfo-contundente-de-la-centroizquierda/ Fri, 14 Jun 2024 21:39:42 +0000 https://mst.org.ar/?p=35634 La sucesora del actual mandatario ganó los comicios del pasado 2 de junio por amplio margen, derrotando una coalición de la derecha reaccionaria integrada por los tres partidos tradicionales del régimen mexicano. Contrarrestando la tendencia general de avances electorales de la derecha, en México esta es derrotada por una fuerza del progresismo de centroizquierda.

Escribe: Vicente Gaynor

Clara Sheinbaum Pardo, del partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ganó las elecciones presidenciales con alrededor del 60% de los votos. Es un resultado superior al que obtuvo el propio AMLO en 2018. El oficialismo también ganó siete de las nueve gobernaciones y aseguró una mayoría calificada en el parlamento que le permitiría incluso reformar la constitución.

La coalición que agrupa a los sectores más reaccionarios y a los tres partidos tradicionales de México (PAN, PRI y PRD) quedó bastante más atrás con el 27,5% de los votos. La derrota hace probable la separación de la coalición. El candidato del partido de centroderecha Movimiento Ciudadano (MC), a su vez, obtuvo el 10.3% de los votos.
Los partidos tradicionales del régimen mexicano han llegado al punto culminante de su crisis de legitimidad. Tras aplicar las políticas del neoliberalismo durante décadas, son vistos por la inmensa mayoría de la población -no sin razón- como los responsables de la pobreza, la corrupción, la violencia y todas las miserias que padece el pueblo mexicano.
El gobierno de AMLO, en cambio, ha logrado una aprobación mayoritaria (por encima del 55% según las encuestas), fundamentalmente sobre la base de condiciones económicas favorables, el apoyo de la burocracia sindical y de haber implementado medidas que, aunque limitadas, lograron mejorar las condiciones de vida de algunos sectores del movimiento de masas.

El aumento del salario mínimo, la reforma laboral de 2019, la expansión de programas sociales y la descriminalización del aborto son algunas de las principales medidas que le dieron credibilidad al discurso progresista de AMLO y Morena. Sin embargo, es preciso no perder de vista que mantienen al país dentro del esquema del capitalismo imperialista, incluso profundizando algunos aspectos del saqueo y explotación mediante nuevos acuerdos con Estados Unidos.

El aumento del salario mínimo fue significativo, de 88 a 249 pesos, y a 375 pesos en las zonas diferenciadas de los estados fronterizos del norte. Otras reformas regularon parcialmente la tercerización, aumentaron los días de vacaciones y crearon programas sociales de formación laboral.

La reforma laboral aprobada por el Congreso en 2019 estableció que los contratos laborales deben ser renegociados cada cuatro años y aprobados por las bases, y que los dirigentes sindicales deben ser votados por voto directo, libre y secreto. Esto debilitó a la burocracia y permitió que surgieran direcciones independientes en algunos sindicatos, pero no ha evitado que los viejos dirigentes corrompidos sigan controlando la mayoría de los gremios.

Aunque las medidas de AMLO marcan un giro de la política neoliberal de las décadas anteriores y esto genera apoyo y expectativas populares, mantienen al pueblo mexicano bajo el yugo de la explotación imperialista y a México como semi-colonia del imperio yanqui.

El aumento del salario mínimo, aunque significativo, beneficia a un sector limitado de los trabajadores y los salarios siguen corriendo por detrás de la inflación.
El 55,23% de los trabajadores son “informales” y 37% son “trabajadores pobres”, empleados pero ganando por debajo de la canasta básica. Estos niveles de explotación están en el centro del modelo burgués mexicano, que les garantiza al imperialismo y a burgueses locales como Carlos Slim (quién duplicó su fortuna en los últimos años) acumular ganancias produciendo cerca del centro económico mundial con “costos laborales” bajos.

AMLO profundizó los acuerdos con Estados Unidos que garantizan esto, aprovechando el giro de la burguesía yanqui de trasladar su producción del Este asiático a destinos más cercanos. Se han construido y se siguen expandiendo nuevos cordones industriales e infraestructura para expandir la superexplotación de los trabajadores mexicanos.
A pesar del discurso, AMLO ha mantenido o profundizado la colaboración y sumisión a Estados Unidos también con el USMCA, tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá que sostiene el saqueo extractivista de los bienes comunes, y en sus políticas de seguridad e inmigración.

AMLO alineó su política migratoria a las demandas de Trump y Biden, actuando de gendarme fronterizo contra los pueblos de Centroamérica y el Caribe, sosteniendo y participando de un genocidio que se cobra la vida de cientos de migrantes cada año, resaltado trágicamente por el incendio criminal que mató a 40 migrantes guatemaltecos en Ciudad Juárez.

También ha convivido todos estos años con el negocio del narcotráfico que involucra a sectores de la burguesía y el Estado mexicano en todo nivel, manteniendo la “guerra contra las drogas” ordenada por Estados Unidos, que sólo profundiza la militarización del país.

La derrota de la derecha y los partidos tradicionales contrasta con las noticias de avances de la derecha en otras regiones del mundo. Pero en el mundo también abunda la resistencia y las luchas de los pueblos trabajadores. En México, mientras se defienden las limitadas conquistas logradas sera fundamental organizarse y luchar por todo lo que falta para lograr una vida digna para todos los trabajadores y, el pueblo pobre. Para lo cual tambien es indispensable construir una alternativa socialista fuerte, independiente de Morena y de todo sector burgués, algo que todavía está ausente en la realidad mexicana.
La huelga indefinida por salarios que inició el sindicato docente CNTE el 15 de mayo y el acampe estudiantil de solidaridad con Palestina en la Universidad Nacional de México son señales de que hay posibilidades de avanzar en las tareas pendientes.

*Nota publicada ven la web de la Liga Internacional Socialista. https://lis-isl.org

 

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A 150 años, la Comuna de París todavía divide aguas https://mst.org.ar/2021/03/25/a-150-anos-la-comuna-de-paris-todavia-divide-aguas/ Thu, 25 Mar 2021 13:57:12 +0000 https://mst.org.ar/?p=29565 «¿Viva la Comuna?» Así titula The Guardian una nota sobre el 150º aniversario de la Comuna de París. El diario británico resalta que la Comuna no es reivindicada por la historia oficial francesa como la Revolución burguesa de 1789 o el Mayo de 1968. También a nivel internacional hoy la Comuna genera más división que consenso.

Escribe: Vicente Gaynor

Una pancarta de la poderosa huelga ferroviaria que sacudió Francia hace dos años señalaba: «No nos importa mayo del 68, queremos 1871». Mientras tanto, la inocua propuesta de la intendenta de París de plantar un árbol conmemorativo de los comuneros es recibida con una ola de rechazo por amplios sectores de la casta política francesa.

La iniciativa es atacada por «provocadora» y «apologista de la violencia». No es ninguna casualidad que mientras los sectores más radicalizados de la clase obrera reivindiquen a la Comuna, la alta sociedad francesa siga condenando esa experiencia revolucionaria.

Una confrontación inasimilable

La Revolución Francesa de 1789 culminó en el ascenso al poder de la burguesía moderna en el mundo. Hoy, sus contradicciones son relativizadas para hacerla simbolizar el triunfo de la democracia sobre la tiranía y el surgimiento de la civilización humanitaria. El Mayo francés también ha sido asimilado en gran medida. Sus aspectos más radicalizados, y la gigantesca huelga general que puso en jaque al gobierno de De Gaulle, se esconden o minimizan para presentar a ese proceso sólo como un necesario cuestionamiento intelectual y moral a los aspectos más retrógrados de la sociedad capitalista de entonces.

Pero la Comuna es inasimilable. A diferencia de 1789, que elevó la actual clase burguesa al poder, se sublevó contra la misma. A diferencia de 1968, que enfrentó a un gobierno burgués, la Comuna derrotó al gobierno de la Tercera República francesa, lo expulsó de su capital, y tomó el poder en sus manos. Esta es la razón por la cual la Comuna sigue dividiendo aguas y por la cual la ideología burguesa no la puede asimilar, no la puede esterilizar y reivindicar como propia: porque demuestra que los trabajadores podemos derrotar a la burguesía, podemos tomar el poder y podemos gobernar por nuestra cuenta.

El primer gobierno obrero

Cuando el gobierno de «defensa nacional» de la naciente Tercera República encabezada por Adolfo Thiers intentó retirar los cañones de París que estaban en manos de la Guardia Nacional para cumplir con los términos de la rendición que había firmado con Prusia, el pueblo parisino se rebeló. Thiers y su gobierno tuvieron que huir de la ciudad y reubicarse en los palacios monárquicos de Versalles. Los siguieron la mayor parte de los oficiales del ejército regular y la burguesía parisina.

La ciudad quedó entonces en manos de los trabajadores y su Guardia Nacional, que establecieron un gobierno provisional y convocaron a elecciones para formar un Concejo Comunal. Lo que surgió de dichas elecciones fue el primer gobierno obrero de la historia. De arranque la Comuna destruyó una de las mentiras más grandes que la ideología burguesa aún hoy reproduce: que los trabajadores no podemos autogobernarnos, que la estabilidad social y la administración de gobiernos sólo la pueden mantener especialistas políticos, abogados y empresarios exitosos.

Cuando el Concejo Comunal inauguró su primera sesión el 28 de marzo de 1871, casi la mitad de sus miembros eran obreros, y el resto eran profesionales, artesanos y pequeños comerciantes. La mayoría eran republicanos radicales, neo-jacobinos o revolucionarios independientes, como se hacían llamar. Y una importante minoría estaba compuesta por prudonianos, anarquistas y socialistas afiliados a la Asociación Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional, que tenía a Marx entre sus principales dirigentes.

La clase obrera parisina de 1871 no era el proletariado industrial numeroso y concentrado que protagonizaría las revoluciones del siglo XX. Estaba repartida en cientos de talleres pequeños, y los más grandes, situados en la periferia de la ciudad, llegaban a concentrar unos pocos centenares de trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, a la cabeza de su propia revolución, lograron coordinar, tomar el poder y centralizarlo en un gobierno efectivo. Es un dato que deben esquivar los sectores posmodernos, que sostienen que la dispersión y la precarización de la clase obrera en el siglo XXI la descartan como el sujeto de la revolución anticapitalista y socialista.

El cielo por asalto

Los comuneros de París procedieron a implementar una serie de medidas que la ideología dominante y todo el espectro de reformistas y posibilistas de hoy insisten en considerar imposible, impracticable o irrealista.

Absolvieron las deudas de los inquilinos, artesanos y comerciantes; restauraron los salarios y pensiones de la Guardia Nacional; abolieron el trabajo nocturno; establecieron salarios mínimos y prohibieron reducciones salariales; habilitaron a los trabajadores de empresas abandonadas por sus dueños a ocuparlas y ponerlas a trabajar. Otra medida clave fue igualar los salarios de los funcionarios al salario obrero promedio, que Lenin y Trotsky retomarían décadas después para evitar los privilegios burocráticos en la administración del Estado ruso tras la revolución de 1917.

Contra la Iglesia fueron contundentes. La separación del Estado y la Iglesia, que aún hoy en muchos países aparece como algo extremadamente radical, los comuneros la concretaron de un plumazo y de manera completa. Desvincularon a la Iglesia por completo de la educación, suprimieron los salarios que cobraba el clero del Estado y expropiaron sus propiedades y bienes.

Los comuneros se quedaron cortos en un punto estratégico: no tocaron los bancos. En particular, no expropiaron el Banco Nacional de Francia que, estando dentro de París, quedó en manos del gobierno de Thiers. Sin embargo, esto fue por un error político del propio Concejo Comunal y no porque no hubieran podido hacerlo. Como también quedó la duda histórica de si podría haberse extendido la revolución si hubieran marchado contra Versalles inmediatamente después de la insurrección.

El legado y la actualidad de la Comuna

Marx escribiría sobre los logros de la Comuna: «La gran medida social de la Comuna fue su propia existencia, su labor. Sus medidas concretas no podían menos de expresar la línea de conducta de un gobierno del pueblo por el pueblo».

La experiencia global de la Comuna de París demuestra, por sobre todo, que cuando la clase trabajadora se levanta contra el poder burgués y tiene la convicción de hacerlo no hay obstáculo que no pueda superar. Fue el ejemplo y el modelo que siguieron los bolcheviques en la Revolución Rusa y es un ejemplo aún de cómo los trabajadores y trabajadoras podemos ejercer el poder.

La burguesía también tiene claridad sobre este punto. Masacrar a 30.000 parisinos no les alcanzó para aplastar la amenaza latente de ese ejemplo. Tenían que hacer lo posible por enterrar su recuerdo. En la colina de Montmartre, donde comenzó la insurrección de 1871, la burguesía francesa construyó la pomposa iglesia de Sacre Coeur. Al ubicar la piedra fundacional, su arquitecto declaró: «La construcción de una iglesia en el lugar donde fueron arrebatados los cañones para la causa de la insurrección será motivo de alegría». Y en los muros del cementerio de Père Lachaise quedan todavía las marcas del fusilamiento de 147 federados, combatientes de la Comuna.

Las aguas que todavía hoy divide la Comuna de París son las adecuadas. Los reiterados argumentos de ir sólo por «lo posible» o de que «la relación de fuerzas no da» fueron dejados atrás por la audacia y la convicción revolucionaria de las masas parisinas. Lo indigerible que resulta esa gesta obrera para la burguesía un siglo y medio después reafirma la vigencia de su audaz ejemplo para quienes aún pretendemos tomar el cielo por asalto.

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