Villa Azul – MST :: https://mst.org.ar Movimiento Socialista de los Trabajadores Sun, 07 Jun 2020 17:55:50 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://mst.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/cropped-logo-32x32.png Villa Azul – MST :: https://mst.org.ar 32 32 Crónicas villeras: Villa Azul desde adentro https://mst.org.ar/2020/06/07/cronicas-villeras-villa-azul-desde-adentro/ Sun, 07 Jun 2020 17:55:12 +0000 https://mst.org.ar/?p=23956 La pandemia, lejos de ocultar la miseria, acentúa y expone la república de la desigualdad. Los compañeros del MST «Teresa Vive» en Villa Azul nos cuentan cómo se vive en carne propia la desidia y la falta de voluntad política para avanzar por donde hace falta.

Escribe: Camila Vallejos

Hace apenas dos semanas atrás, Villa Azul formaba parte de una postal desconocida y olvidada al sur del Gran Buenos Aires, en el límite entre el primer y el segundo cordón industrial. Para ser más específicos dividida en dos zonas, Quilmes y Avellaneda respectivamente. Esta urbe duerme a orillas del Acceso Sudeste. Allí se levantan casas de un característico tono terracota por la presencia de ladrillos a la vista, señal de lo inacabado, combinado con el grisáceo y marrón de las chapas que cubren los techos. “Villa miseria”, “asentamiento”, “barrio popular”, sea cual fuere la denominación, en estas latitudes cohabitan la carencia y la esperanza de familias enteras, que la pelean día a día para ganarse el pan.

El coronavirus pasea sin demora sobre una población de 5000 habitantes. Los casos confirmados han sido 280 pero debido a la naturaleza del Plan Detectar, se cree que superan actualmente los 300, ya que los testeos se realizan únicamente a personas con síntomas. La respuesta de los municipios y del gobierno provincial, tanto en materia sanitaria como social, es insuficiente. Se pretende que con algunos bolsones de alimento, un poco de carne y unos cuantos testeos la situación no se desborde. Pero los vecinos, nuestros compañeros, alzan la voz para denunciar su criminal actuación. 

La piel del barrio

Magna de las Nieves es su nombre, pero preferimos llamarla simplemente “Nieves”. Ella vive en el barrio desde mediados de los ‘70 cuando junto a su familia se establecieron allí escapando de los años más oscuros de Chile, de la dictadura de Augusto Pinochet. Durante un año fueron inquilinos en el barrio de Wilde hasta que, finalmente, pudieron armar su casita trasladándose a la actual Villa Azul. En aquel entonces el barrio era apenas un pequeño asentamiento muy distinto de como es actualmente y ella, nos detalla, vivía en una pequeña casilla, muy precaria. No era época de cuarentenas, pero si de represiones, de requisas, de detenciones, de militares.

Más de 40 años han pasado desde ese primer momento. La población ha crecido, han llegado y han nacido nuevos vecinos, las casas se han multiplicado. Mucho ha cambiado, sin embargo hay algo que se mantiene: la desigualdad. En el corazón del conurbano se sitúa, de formas abruptas, sin infraestructura, Villa Azul. “Acá no entra Edesur”, nos dice Nieves con tono de resignación, “y menos con lo que está pasando”. La luz va y vuelve constantemente, y no es de extrañar porque el último mantenimiento fue en la década de los ‘90. Ahora, cada vez que se corta el suministro son los propios habitantes quienes trepan peligrosamente los postes podridos por el paso del tiempo, para devolverles algo tan esencial como la electricidad. 

“El lunes tenía un parcial y se cortó la luz […] por suerte el profesor contempló la situación”, nos relata Ezequiel quien también sortea desde adentro las dificultades cotidianas. Él, jóven de 29 años, vive en el barrio que lo vio nacer. Actualmente es estudiante de Abogacía en la Universidad Nacional de Avellaneda y nos cuenta que a la intermitencia eléctrica se suma la falta de servicio de internet. Utilizando únicamente un pack de datos de su teléfono celular asiste a tantas clases virtuales como puede, aunque no sea a todas claramente. Demostrando así su gran fuerza de voluntad y que, contradiciendo a la ex gobernadora, el orgullo villero también pisa las universidades.

Su cara más cruel, la de la desigualdad, se expresa en la falta de oportunidades y en un deseo, para algunos inalcanzable, de progresar. Nieves, con 50 años, hace dos que no trabaja. Solía ser niñera y su marido se desempeñaba en el sector de la construcción. Hoy, nadie en su casa trabaja formalmente, su único ingreso fijo es una Asignación Universal por Hijo y la tarjeta Alimentar. El caso de Ezequiel es muy similar, su madre y su hermana trabajan limpiando por hora, ganándose así el día a día. En la Argentina, familias enteras son desplazadas a la informalidad y son a quienes la pandemia, y sobre todo la cuarentena, los ha encerrado en la disyuntiva entre la posibilidad de infectarse de COVID-19 o morir de hambre ante un Estado ausente. Incluso entre aquellos que tienen un trabajo estable nada está dicho aún, pues la constancia que acredita su pertenencia al barrio no les garantiza ni el sueldo ni la estabilidad laboral.

Y cuando hablamos de ausencia, no nos referimos a ella como mero capricho, sino porque así lo viven y lo sienten los vecinos de Villa Azul. Algunos se fueron enterando de boca en boca lo que sucedía con el cerco del barrio, y de la misma manera Nieves se enteró que estaban entregando alimentos. Cuando llegó al lugar de reparto, reparó que quedaban los últimos bolsones y que, de no haber sido por el aviso de su vecina, se hubiera quedado sin nada en absoluto. Esa fue la única vez que recibieron algo del municipio, a partir de entonces sólo reciben solidaridad de la gente, de clubes, de organizaciones. Ella es militante de nuestro Movimiento Sin Trabajo Teresa Vive y a través de los compañeros recibió alimentos y medicamentos que compartió con otros vecinos. Indigna enterarse que al principio el cerco policial de Berni impedía ingresar esta solidaridad y tuvieron que hacerlo clandestinamente. Parecido es lo que nos cuenta Ezequiel, quien además recibe ayuda de sus hermanos y de compañeros de la facultad con quienes coordina para también dar una mano a los vecinos más vulnerables. 

Así es como les hizo llegar a pacientes de enfermedades crónicas sus medicamentos para poder continuar sus respectivos tratamientos. Porque lo normal es que en la salita, así como en los trailers o las carpas montadas por el operativo no cuenten con ellos y a veces, ni siquiera cuenten con insumos básicos. Nieves, por su parte, toma Enalapril por su problema con la presión, y sólo pudo conseguirlo a través de los compañeros del Movimiento. Si no fuera por la solidaridad de clase y las redes de apoyo, estarían al desamparo total.

La nueva normalidad, impuesta no solamente por la cuarentena sino por el cerco policial al barrio y la nueva fase de aislamiento “focalizado”, imprime a la situación características particulares que sólo se viven allí. Se vive con angustia y con la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Se rumoreaba, nos cuenta Ezequiel, que el cerco se extendería en el tiempo, aunque vemos que esto es así sólo parcialmente. La realidad muestra imágenes nunca vistas: hombres y mujeres con mamelucos blancos, azules o amarillos que deambulan por las calles y pasillos de Villa Azul. Mientras se lava la ropa, mientras se cocina, se los ve escoltando a una familia y se sabe que son “positivos” a quienes se están llevando. Ahora, además, se confirmaron las primeras dos víctimas mortales del barrio, Roberto y Don Luis, quienes además de ser personas de riesgo por ser adultos mayores tenían problemas de salud como diabetes o enfermedades por la edad.

Pero no escoltan a todos los contagiados, sólo a una pequeña parte, a quienes presentan síntomas. Al respecto Nieves nos cuenta la experiencia de su nuera, Patricia. El día viernes le hicieron el test correspondiente, dado que tenía dificultades para respirar, seguido de eso la trasladaron a la Universidad Nacional de Quilmes donde sólo estuvo una noche. Entre otros motivos, porque allí no recibió la alimentación adecuada, no había calefacción en el lugar pero por sobre todo, porque estaba muy cerca de los casos ya confirmados. Por esto, le hicieron firmar un papel y volvió a su casa procurando permanecer aislada y aguardando el resultado. El día domingo finalmente volvieron por ella, el test había dado positivo. Sin embargo, ni su hijo, ni con quienes mantuvo contacto directo fueron sometidos a revisión. Esto nos lleva a considerar que, lejos de “haber controlado la situación” como afirman los intendentes, el virus, a través de los asintomáticos, seguirá propagándose si no se aplican todos los testeos necesarios. 

La sensación de desamparo e impotencia que viven los vecinos es total. La nueva noticia es que el barrio entrará en una nueva fase a partir del lunes 8: con cuarentena obligatoria, sin asistencia y con fuerte presencia policial. Muy similar a la situación de días atrás, sólo que ahora podrán ir a trabajar quienes se desempeñen en áreas esenciales. Pero a pesar de tanta adversidad y de tantas carencias, aún encuentran lugar para la esperanza. Cada día a las 20 hs. el barrio se funde en aplausos, en gritos y palabras de aliento. “Al principio eran pocos, ahora cada vez son más” nos aclara Ezequiel. El ritual de las ocho de la noche es para ellos mismos, para aguantarla el tiempo que dure la pandemia. Para demostrar que desde abajo hay una fuerza arrasadora que lo puede con todo y que no se deja vencer. A veces se escuchan fuegos artificiales y otras de fondo acompaña el ritmo de un surdo, que llega a los oídos de ellos como un susurro de aliento.

]]> V. Azul / Ripoll: «Menos Berni, más salud y combate a la desigualdad» https://mst.org.ar/2020/05/27/villa-azul-vilma-ripoll-menos-berni-mas-salud-asistencia-y-combate-a-la-desigualdad/ Thu, 28 May 2020 01:08:38 +0000 https://mst.org.ar/?p=23608  

Ante los nuevos casos confirmados y el cerco represivo sobre Villa Azul (Avellaneda/Quilmes), la dirigente de izquierda, Vilma Ripoll (MST-FIT Unidad), afirmó: “Si aumentan los casos aquí por encima de un centenar y avanza el salto en los partes diarios del área metropolitana, se debe a que Alberto, Larreta y Kicillof decidieron romper la cuarentena. El costo no debe pagarlo la población más humilde, montando guetos militarizados donde padecen ya con tan alto número de infectados”.

Ripoll agregó: “Como nos cuentan nuestras compañeras, en Villa Azul hay muchas carencias. El despliegue que ordenó Kicillof de fuerzas de seguridad, apunta a contener los reclamos, no a dar respuesta a las carencias sociales. La salida es menos Berni, que se levante el cerco represivo, más salud, más testeos, más asistencia social y combate a la desigualdad que lleva 40 años”.

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Coronavirus y cerco policial en Villa Azul https://mst.org.ar/2020/05/25/coronavirus-y-cerco-policial-en-villa-azul/ Mon, 25 May 2020 20:49:15 +0000 https://mst.org.ar/?p=23533 Coronavirus y cerco policial en Villa Azul

Ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios

Durante la noche del domingo 24 de mayo, todos los medios de comunicación reflejaron una terrible noticia que lamentablemente era cada vez mas previsible. 53 vecinos de Villa Azul, en el límite de Avellaneda y Quilmes dieron positivo de COVID-19 y otros 50 están a la espera de la confirmación de sus diagnósticos. Una noticia que asusta por lo que simboliza: Villa Azul es la punta del iceberg de un fenómeno que mas temprano que tarde se va a extender a otros barrios humildes del conurbano como ya sucedió en los de CABA. Y la respuesta de los gobiernos a esa situación es un ensayo general de lo que vendrá.

A 17 días de la flexibilización de hecho de la cuarentena por parte de Rodríguez Larreta y Kicillof en el área metropolitana, ya comienzan a verse crudamente las consecuencias en el aumento de la circulación comunitaria del virus y el crecimiento geométrico en los barrios populares.

Esa fatídica conferencia de prensa del 9 de mayo, en la que ambos gobernadores sobreactuaban para la tribuna diciendo que el AMBA se mantenía en cuarentena fase 3 y sin cambios por el crecimiento de casos que ya se empezaba a manifestar, fue contrarrestada 24 horas después cuando Kicillof anunció la apertura de mas de mil industrias en el conurbano y Larreta habilitó el funcionamiento de cerca de 45 mil comercios en toda la ciudad. Comenzaba a hacerse evidente que ambos gobiernos no tenían la más mínima intención de invertir los recursos necesarios en subsidios y ayuda social para garantizar una cuarentena estricta que no se desborde por hambre y que además finalmente cedían a las presiones de gran parte del empresariado que en cada declaración pública decían combatir. El doble discurso, marca registrada del gobierno de la década desaprovechada, había vuelto con todo.

El crecimiento acelerado de la circulación de miles de trabajadores producto de esas medidas, tanto desde el conurbano hacia CABA como entre los propios municipios bonaerenses y barrios de la ciudad, echó por tierra en la primera semana el discurso de Larreta de que el problema se circunscribía a las villas y geriátricos, duplicándose los casos también en el resto de los barrios de la ciudad.

Por otro lado, las carencias cada vez mayores producto del abandono del gobierno nacional y provincial a los sectores mas humildes del conurbano generaron una ruptura de hecho de la cuarentena en las villas y barrios populares, desde donde cientos de miles salen cotidianamente a  conseguirse el sustento que el Estado no les garantiza. ¿Alguien cree seriamente que una familia que subsiste con dos o tres planes sociales de 8500 pesos va a resolver sus necesidades sin changuear por tres meses solo con un miserable bono de 3 mil pesos y por única vez? ¿Alguien cree que una empleada doméstica o uno de comercio de los tantos negocios que abrieron y trabajan en negro van a mantener su trabajo porque el presidente firmó un decreto que “prohíbe” los despidos? ¿Se puede ser tan cínico de creer que los cinco millones de trabajadores informales del conurbano de los que  Alberto Fernández “registró” su existencia en estos meses y viven de changas y venta ambulante como único ingreso para mantener a sus familias iban a subsistir con un bono de 10 mil pesos por mes si tuvieron la suerte de cobrarlo?

¿Se puede ser tan hipócrita de declarar que “la comida no le va a faltar a nadie” y (hay que decirlo de una vez porque avergüenza) reducir drásticamente la comida a todos los movimientos sociales y comedores y congelar la movilidad de planes sociales a niveles que ni el gobierno de Cambiemos se animó?

Esta es la cruda realidad que explica hoy lo que pasa en Villa Azul y mañana en los barrios en los que lamentablemente también se descubrirán cientos de casos. No los “hábitos” de higiene de la gente o que los niños jueguen a la pelota en las calles del barrio como se escuchó decir a algunos funcionarios poco funcionales.

Las respuestas del gobierno provincial y las intendencias de Avellaneda y Quilmes en Villa Azul, como ya nos vienen acostumbrando fueron escasas y limitadas. En un barrio donde viven hacinadas más de 5 mil personas, y en el marco del programa Detectar sólo se testeó a las 125 vecinos que manifestaron tener síntomas. A pesar de que 53 de los primeros 75 resultados  dieron positivo, no se testeó a nadie más. Sabemos que es imposible testear a la totalidad del barrio y a nadie se le ocurre plantear semejante locura como a veces se nos atribuye. Pero al menos debería ser testeado el entorno familiar, los vecinos mas cercanos y quienes hayan interactuado con los casos con síntomas para así poder actuar con mayor rapidez antes de que el virus sea esparcido por todo el barrio por los casos asintomáticos que estadísticamente siempre son muchos mas. Se alojó a parte de los 53 positivos en las instalaciones de la UNQUI habilitadas al efecto, pero debería ampliarse esa medida a más vecinos que lo necesiten.

La política central de los gobiernos para el barrio fue rodearlo de policías, gendarmes y militares e impedir la salida de los vecinos y la circulación interna con patrullas armadas. Esa política fue expresada en el terreno por el ex servicio de inteligencia del ejército en Santa Cruz, legalizado por el peronismo como Ministro de Seguridad, Sergio Berni al grito de “Acá no entra ni sale nadie por 14 días…” para suavizar después diciendo “…les vamos a garantizar lo necesario para sobrevivir por ese tiempo”. Llegaron al colmo de correr por derecha al PRO (algo realmente difícil) diciendo que eso mismo debería haberse hecho en la villa 31 de CABA. Decenas de vecinos encendieron fogatas durante la noche en rechazo a esta actitud prepotente, y desesperadas ante el echo cierto de perder sus trabajos.

Mientras escribimos esta nota y a un día de comenzado el cerco, no se ha repartido absolutamente nada a los vecinos aislados. Ni comida, ni artículos de higiene ni nada, mostrando además el nivel de improvisación e ineficacia del operativo.

Varios compañeros de nuestro movimiento “Teresa Vive” que viven en el barrio nos transmiten permanentemente que ninguna autoridad se está contactando con ellos para cubrir sus necesidades.

Nieves, una de ellas nos decía por audios: “…estamos encerrados, está lleno de milicos por todos lados, nadie nos pregunta ni nos informa nada. Por la tele anunciaron un bolsón por familia que no repartieron todavía. En el barrio no hay pan porque impiden ingresar a los panaderos que lo proveían. Ni siquiera pueden dejar las bolsas de pan en el cerco. No nos permiten vernos en las vallas con nuestro movimiento teresa Vive ni siquiera para que nos arrimen productos de primera necesidad que nos ofrecen. La verdad que desde los 70 que no se veía una cosa así…”

Sin invertir en mas testeos, sin aumentar considerablemente los subsidios a todos los que lo necesiten, sin triplicar las raciones de comida que se reparten a los movimientos en los barrios, sin invertir en muchos mas refugios para los contagiados y sus familias y sin garantizar un salario social permanente a aquellos que pierdan sus empleos en negro, no hay posibilidad de sostener una cuarentena estricta en el tiempo. Y es falso el argumento de que no hay recursos para eso. Aplicando verdaderos impuestos progresivos a las grandes fortunas se pueden obtener. No alcanza con alardear ante los medios con un proyecto absolutamente limitado y que ni siquiera están tratando en el parlamento.

Si no se toca a los ricos, la cuarentena termina en represión.

Fernando Villoslada

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