Grabois y el feminismo en debate

“El instinto de clase -digan lo que digan las feministas- siempre muestra ser más poderoso que el noble entusiasmo de las políticas ‘por encima de las clases’. En tanto que las mujeres burguesas y sus ‘hermanas menores’ son iguales en su desigualdad, las primeras pueden, con total sinceridad, hacer grandes esfuerzos en defender los intereses generales de las mujeres. Pero, una vez que se hayan superado estas barreras y las mujeres burguesas hayan accedido a la actividad política, las actuales defensoras de los ‘derechos de todas las mujeres’ se convertirán en defensoras entusiastas de los privilegios de clase, se contentarán con dejar a las hermanas menores sin ningún derecho.” (Alejandra Kollontai)

En las últimas semanas se vienen desarrollando debates sobre el rol del movimiento feminista en la política nacional y el proyecto político a construir. Juan Grabois, dirigente de la CTEP, amigo personal y vocero directo del Papa, es una de las figuras en controversia. Nos parece necesario dar nuestro punto de vista al respecto y plantear la estrategia que proponemos.

Con un lugar protagónico dentro de la nueva ola feminista mundial, en nuestro país las mujeres y las disidencias tomamos las calles y pusimos en la agenda política reclamos centrales. Esto tuvo sus inicios con el #NiUnaMenos, en 2015. Este año, con las jóvenes a la vanguardia, logramos una masividad impensada en el marco de un gobierno de derecha como el de Macri, con el debate social y la conquista de la media sanción en Diputados de la ley de aborto.

Hasta allí podemos decir que existe una mirada bastante compartida sobre lo que estamos viviendo. Pero en recientes notas firmadas por activistas feministas que son parte del nuevo armado Frente Patria Grande[1], aunque junto a nosotras y a miles y miles de mujeres han sido y son parte de la marea verde que inundó todo, llaman a sumar a un espacio político-electoral que borra por completo la agenda del movimiento de mujeres y se subordina a una estrategia y programa digitados desde el Vaticano y el viejo PJ.

“Construir poder”… ¿con el Papa y el PJ?

A diferencia de la joven Ofelia Fernández de la agrupación Oleada Feminista, que propone “dejar de discutir agenda y empezar a discutir poder”, nosotras decimos que la ola feminista no sólo discute poder sino que lo cuestiona desde las calles. Desde abajo nos organizamos en múltiples variantes (asambleas, comisiones de género, agrupaciones) para luchar juntas con fuerza. Y esa movilización, que va contra las instituciones de este sistema capitalista y patriarcal, es la que produce cambios en la realidad. Por el contrario, un armado político cuyo programa excluye nuestra agenda y a lo sumo promete un futuro ministerio dirigido por alguna feminista, lleva a un callejón sin salida.

Hoy la agenda de lucha del movimiento feminista, por el aborto legal, por separar Iglesia y Estado, por actualizar e implementar realmente la Educación Sexual Integral en todo el país, la pelea por todos nuestros derechos, no puede faltar de ningún programa o proyecto político que se reivindique feminista. Discutir y disputar poder requiere levantar bien alto esas banderas, que son la referencia real y concreta del movimiento de mujeres en lucha. En cambio, bajar esas banderas es regalarles espacio ya conquistado a los enemigos de nuestros derechos, a los mismos que enfrentamos día a día. En ese sentido, compartimos las duras y correctas críticas a Grabois que hace el Colectivo Ni Una Menos en su texto de fecha 5N (https://mst.org.ar/2018/11/06/disciplinamiento-mas-feminismo/).

Organizadas bajo nuestras reivindicaciones, somos la amenaza de todas las instituciones anti-derechos. Y su respuesta fue muy clara. Con el Papa a la cabeza, la Iglesia Católica y sus socios evangelistas sostienen una ofensiva sin tregua contra el demonio de la ideología de género. En la casta del Senado encontraron sus mejores aliados para negarnos el aborto legal. Y a ellos se suma el gobierno macrista, con sus políticas de ajuste que vulneran nuestros derechos, y sus cómplices políticos y sindicales.

Ésos son los dinosaurios, nuestros enemigos. No podemos avanzar en defender y conquistar nuestros derechos si las alianzas políticas que tejemos están ligadas o supeditadas a esas viejas estructuras que reproducen el modelo actual y se oponen al cambio de fondo que necesitamos. Ellos quieren seguir garantizando el injusto orden de opresión y explotación existente.

Enfrentar a estos sectores lo hacemos en las calles, organizadas, y por supuesto que en unidad con todas, todos y todes les que comparten las reivindicaciones. Pero esa unidad de acción es muy diferente a promover un proyecto político-electoral que, como el de Grabois, bajo tintes críticos aporta para Cristina Fernández de Kirchner y luego para la unidad con todo el Partido Justicialista. En nombre de enfrentar a Macri, acumula desde cierto progresismo para terminar, una vez más, a la derecha.

“Feminismo”… ¿sin aborto legal ni separar Iglesia-Estado?

Nosotras seguimos planteando lo que expresó el documento unitario del 8M de este año: “Contra toda forma de explotación y opresión, llamamos a nuestras hermanas de todo el mundo a seguir luchando de manera independiente de los gobiernos. Nuestras desobediencias nos abrigan, nos dan fuerza, y nos potencian en las calles y en los hogares, en los barrios y en los lugares de trabajo. Porque el movimiento de mujeres es hijo e hija de esta historia antipatriarcal y anticapitalista, y emerge como alternativa en todo el mundo frente al avance represivo, racista y conservador.”

El intento de ubicar a Bergoglio como alternativa a ese frente anti-derechos es una verdadera burla a la inteligencia de miles y miles de compañeras. Hemos denunciado cada carta, cada homilía, cada ataque suyo. Somos las que por culpa de esas políticas de odio sufrimos persecuciones en colegios y hospitales o agresiones en espacios públicos, acciones con gusto a medioevo y caza de brujas de las que tanto conoce la Iglesia desde hace siglos.

En una nota de opinión, Victoria Freire, referente de Mala Junta, plantea que “hoy la figura del Papa Francisco, nos guste más o menos (o nos enfrente con nuevas contradicciones), es de los principales actores globales que discute contra la depredación neoliberal. ¿Esto quiere decir que la Iglesia sea de pronto ‘buena’? Para nada. ¿Supone que olvidemos las complicidades patriarcales o autoritarias? Tampoco. Pero sí implica asumir que la religiosidad está presente también de manera transversal en todos los sectores sociales, y que es un sentido en disputa.”[2]

Esta posición, al partir de una concepción equivocada, no puede llevar más que a una salida errónea. ¿El Papa es la referencia contra la depredación neoliberal? ¿Cómo, cuándo, dónde? ¿Alguna declaración papal contra la pobreza o la contaminación justifican semejante capitulación?

  • Como jefe máximo de la institución que trabaja para la conciliación de clases, el Papa jamás cuestiona al sistema capitalista y alienta misas en Luján de la CGT que levanta los paros.
  • Como jefe de la institución que se aferra a sus privilegios, el Papa resigna unos pocos pesos de sus obispos a cambio de mantener los multimillonarios subsidios educativos a la Iglesia.
  • Como jefe de la institución más enemiga de todos los derechos de género, el Papa iguala el derecho al aborto con los nazis y los sicarios o manda a la niñez LGBTI al psiquiatra.

A su vez, no negamos la presencia de la religiosidad en los sectores populares. Pero eso jamás puede condicionar las posiciones políticas para lograr mayor “unidad” tras un proyecto capitalista, patriarcal y encima clerical.

No se trata de adaptar nuestro programa para no volver a tener un lugar minoritario: las mujeres hoy somos una referencia ineludible. La unidad política de izquierda que necesitamos construir debe enfrentar todas las viejas estructuras que nos oprimen y obstaculizan nuestra lucha. Lamentablemente, el programa político que respaldan Freire y otras compañeras del espacio de Grabois omite expresamente las exigencias feministas centrales, como el aborto legal y la separación de la Iglesia Católica del Estado.

Somos feministas anticapitalistas

La construcción de unidad no puede negar años de experiencia, como lo hace Freire: “Nos juntamos para reivindicar la referencia de Cristina en su rol de oposición frontal a este gobierno y su candidatura para el 2019. Ella, que proclamó al feminismo como bandera central del movimiento nacional, popular y democrático.” ¿CFK, que durante sus doce años de gobierno cajoneó el proyecto de ley de IVE y pidió “no enojarse con la Iglesia”?

Así también Marina Mariasch y Florencia Minici del Colectivo NUM preguntan: “¿No dejó acaso el kirchnerismo un saldo de acumulación popular de densidad que también es parte de esta nueva resistencia?”[3] Lo cierto es que la acumulación popular que nos dejó el kirchnerismo, esa militancia juvenil genuina, no debe ser traccionada hacia el pasado, hacia el Papa, la Iglesia y el PJ cómplice de Macri, sino que debe avanzar hacia un proyecto feminista, anticlerical, antimperialista y anticapitalista como el que venimos proponiendo. ¡Ese sí sería un feminismo para el 99%!

El movimiento feminista y disidente está ante una oportunidad histórica y por eso necesita la mejor comprensión global del momento político si realmente quiere desarrollarse para disputar poder. Eso implica que el blanco de nuestras batallas sean los Macri, los Trump, los Bolsonaro, los Pichetto, los Bergoglio y todos pero todos los que como gobierno u “oposición” bancan a este capitalismo patriarcal.

Desde Juntas y a la Izquierda y el MST seguimos peleando por construir en unidad una alternativa política de izquierda que no reniegue de ninguna de las batallas que durante todo este 2018 dimos las mujeres, la disidencia, la juventud, la clase trabajadora y los sectores populares.

Cele Fierro y Jeanette Cisneros

[1] Lo integran también La Mella, La Dignidad, Mala Junta y otros sectores.

[2] Página 12, 8/11/18.

[3] Página 12, 12/11/18.