Cuando la vida es mucho más que fútbol

Entrevista a Juan Cruz Komar, jugador profesional de fútbol

Juan Cruz Komar juega al fútbol en Talleres de Córdoba, tiene apenas 22 años pero ya pasó por varias instituciones, Boca Juniors entre ellas. Poco tiempo atrás, en uno de los tantos programas deportivos que analizan una y otra vez los partidos, los periodistas comentaban asombrados, como si se tratara de una jugada destacada del partido, la forma clara y precisa de expresarse de Juan Cruz, lejos del conocido “casette” que tantas bromas le valen a los futbolistas. Este “pibe” no sólo es un crack en el césped, sino que, conversando con él, escuchando sus declaraciones públicas o incluso viéndolo analizar un partido, se nota que es un fuera de serie dentro del híper mercantilizado mundo del fútbol.

En esta entrevista se detiene en varios aspectos fundamentales de la coyuntura política nacional e internacional, cuestiona el machismo en el fútbol, no “desde un pedestal” como él mismo dice, sino como una realidad que supera ampliamente las fronteras del vestuario. Nos cuenta sobre su apasionante viaje a Palestina y las condiciones que sufren millones de personas en verdaderos campos de concentración en pleno siglo XXI.

Con la tranquilidad con la que lo vemos salir del fondo los fines de semana, pelota al pie, nos habla del gobierno de Macri y sus falsas oposiciones y también se interesa por conocer más sobre la situación latinoamericana.

Quedamos en seguir conversando, colaborando. Quedamos contentos de la charla como si se tratara de un picado entre amigues como los que se dan en cualquier calle del país.

Ésta es una entrevista a un futbolista que casi no habla de fútbol, a un militante solidario con las causas de los oprimidos, no sólo del barrio sino que es capaz de viajar al otro lado del mundo para conocer de primera mano cómo vive el pueblo palestino. Te invitamos a leerlo, estamos seguros de que lo vas a disfrutar.

Vestuario, machismo y feminismo

Juan Cruz Komar: Ustedes saben que estamos en un vestuario machista, homofóbico, transfóbico donde te dicen: «yo machista no soy, yo homofóbico no soy porque yo los respeto» pero después te tiran «¿Sos de Villa Allende…? -Ah, los de Villa Allende son todos putos» Y después lo mismo, todos chistes de trans… Entonces es ir planteando «che y ¿por qué hacés ese chiste, por qué tal cosa?».

¿Hubo posiciones muy jodidas con el feminismo, no?

Yo mando los videos de «Caja de Herramientas» al grupo pero parece que no los ve nadie. Y en la mesa hablamos también a veces, o sea, estamos hablando hombres sobre feminismo, ya eso es difícil. Yo les digo que tengo un montón de cosas machistas que corregir, imagínate ellos… Y así con todo. Después no sé, por ejemplo van como cayendo temas porque vemos una noticia, estamos viendo la tele en la concentración y sale algo, o por lo de Lula, o por lo de Bolsonaro, como que van saliendo temas y yo trato de meter, no como hablando desde un pedestal, onda «esto es así», trato de dar opiniones frente a cosas que ellos ya las tienen predeterminadas, como que ya las escucharon en otro lado.

Es un ambiente hostil, pero a la vez… ¿se puede dar batalla, no?

Yo siempre digo que es como un ambiente hostil que te invita a mantenerte en el molde, pero no es sólo en el fútbol. Mi grupo de amigos de Rosario, de la escuela privada a la que yo iba o los pibes de los barrios, están en otra, también. Es como que esto está en toda la sociedad. Se ve más en el fútbol, o con los artistas por ejemplo, porque estamos más expuestos. Pero no deja de ser una cuestión social.

Organización y solidaridad

¿Militás en algún lado?

– No, en este momento no. Estaba en una organización barrial en Villa Boedo, pero se disolvió hace un par de meses. Cuando se disolvió la organización no me atrapaba solo ir a dar clases de fútbol. Me parece que sin el contexto de empoderar a los vecinos y a las vecinas y solo ir a dar clases de fútbol era muy asistencialista, muy  imagen de futbolista caritativo, que va a sacarse la fotito… Sin el marco de la organización, como que a mí no me servía, entonces dejé de ir a la escuelita. Seguimos teniendo relación con los vecinos del comedor, por ahí hacemos algunas rifas, damos una mano con lo que se puede también con otros barrios, pero digamos que no con una militancia cotidiana.

Palestina y sus cárceles a cielo abierto

¿Cómo te acercaste vos a la causa Palestina?

Me empezó a revolotear en la cabeza cuando escuché una canción de Ska-P, ahí me dije «acá hay algo». Me recomendaron leer «100 preguntas y respuestas sobre el conflicto palestino-israelí» de Brieger. Lo leí, me interesó mucho. Después agarré «La Revolución Palestina» de Rodolfo Walsh. Y hace dos años me entraron muchas ganas de ir y por cuestiones de fútbol no tenía más que dos semanas de vacaciones entonces era difícil. Era un día de viaje, más la duda de si iba a poder entrar o no, porque ahí el sionismo es tremendo. Y cuando por el mundial nos dieron un mes, aproveché y me fui para allá. Estuvo genial porque me estuve hospedando en casas de familia que es otra cosa.

¿Qué lugares pudiste conocer?

A Gaza no se puede entrar, es como una cárcel a cielo abierto. No dejan entrar ni a periodistas ni ayuda humanitaria. Estuve en Cisjordania, en muchos lugares estuve porque además está todo cerca porque Israel y Palestina juntos, tienen el tamaño de Tucumán. Cada ciudad es diferente, Jerusalén por ejemplo que supuestamente está administrada por la ONU y es compartida, está bajo un total dominio de Israel y los palestinos son ciudadanos de segunda. Conocí muchos palestinos, con el que más compartí porque me quedé en lo de su familia, tenía un local en el mercado viejo de Jerusalén, en la ciudad vieja  y me contaba que él sí o sí tenía que ofrecer remeras a favor de Israel y en hebreo. Y Más allá de estar en la parte musulmana le prohibían tener banderas palestinas. Me comentó que es imposible la protesta, no hay forma, o por lo menos en Jerusalén porque te agarran y te sacan la licencia y no podés trabajar más y vivir en Jerusalén es carísimo. Así los tienen agarrados. Se nota en sus caras, en su casa están alegres y contentos, pero cuando salen a la vía pública les cambia, porque sienten esa represión de no poder expresarse.

Tienen dos formas de meterte en cana. Una es con un juicio, en hebreo, y en una corte militar israelí. Imaginate las posibilidades que podés tener de salvarte de eso. Es imposible. Hay muchas ONG que aportan sus traductores. Y ésa es la mejor opción. En la otra te meten preso sin juicio 6 meses por “peligrosidad” y esos 6 meses pueden ser repetidos indefinidamente. Estuve con un hombre al que le renovaron 14 veces esos 6 meses, estuvo 7 años en cana, sin cargo ni juicio. Era un militante palestino por los DDHH. Lo detuvieron porque supuestamente  era peligroso. Hay más de 6000 presos políticos por cuestiones como estas, de los cuales 350 son menores de edad que no llegan a 12 o 13 años.

“Lo que hace Israel es contraproducente -me explicaba el hombre que estuvo 7 años preso- si yo estuve 7 años en cana, cuando salga no me voy a quedar callado, voy a seguir protestando». Ellos piensan que así los amedrentan, pero no. El hijo de este hombre ya estuvo 3 veces detenido por tirar piedras. Estar muchos chicos juntos en una esquina es razón para que vayan y los metan presos a todos. El pibe contaba que los agarraron, les taparon los ojos, los llevaron no sabe dónde, los bajaron y los cagaron a palos. Después los subieron a otra combi -pensó que los devolverían pero no-, los llevaron a otro lado y les hicieron un interrogatorio también, con los ojos cerrados. Pasaron la noche ahí y recién al otro día los devolvieron. ¡Imaginate el padre! Si tenés un hijo de 12 años al que le hacen eso, sin saber dónde está, sin un lugar dónde protestar… realmente nefasto. Eso es Hebrón. Es una ciudad muy particular. Israel amuralló cada ciudad palestina y le puso un poblado israelí al lado. Belén por ejemplo tiene 100 mil habitantes y está toda amurallada y al lado tenés  800 israelíes viviendo lo más bien al lado. Hebrón es particular porque los tenés adentro de la ciudad, tomaron un 20% y se amurallaron. Pero en ese 20% vivían 30 mil palestinos. Entonces les empezaron a hacer algo tremendo estos fascistas… Los árabes viven del comercio, viven al día, sin nada fiscal ni nada. La primera medida que tomaron fue prohibirles tener negocio, ¡y casi todos eran comerciantes! Después les prohibieron tener auto, luego hicieron mapas -que los conseguís en cualquier lado- donde están marcadas las calles del 20% por donde no pueden caminar. En su barrio! En su ciudad!

Lo que pasó fue que hubo un éxodo masivo y hoy, donde vivían 30.000 palestinos, sólo quedan unos pocos cientos de palestinos y hay 850 israelíes y 650 soldados. O sea casi 1 soldado por israelí, están en todas las esquinas. Los palestinos que se quedaron lo hicieron porque no  pudieron irse, no tuvieron guita para comprarse una casa en el otro lado o porque como muchos dicen no quieren irse y cederles el lugar que ellos quieren, no le quieren facilitárselo. Les han ofrecido comprar sus casas por 20 veces su valor y no se van.

Ir por esas calles es como estar en una película de posguerra, está todo desolado. Donde vivían 30.000 personas no queda casi nadie, todas las calles están vacías, con un militar armado en cada esquina. Las de los palestinos están sin vidrios, porque pasan y les tiran piedras, las mean.  Hay una ley muy particular: si los militares ven que un judío ataca un palestino, no tienen que interferir. Pero si es al revés, aunque sea en defensa propia, ahí sí pueden interferir. Es realmente inhumano vivir así…

Yo estuve en un pueblo de granjeros de 2000 habitantes donde en el 2001 construyeron un muro. Y a un montón les cortaron sus campos, les quedaron casas y cultivos del otro lado del muro y ya está, la gente que queda adentro sin poder salir, ni a visitar a un familiar. Sólo pueden salir por trabajo, ir y volver en el día, pero para hacerlo tienen que conseguir una visa israelí. Si te quedó un familiar del otro lado no lo viste nunca más, tienen el mar a 30 km y no lo conocen.

Y en estos lugares, que no son como Jerusalén, sí se puede protestar. Pero las protestas son reprimidas. Hay francotiradores que bajan gente. Un chico que me hospedó, que era profesor de inglés, me contó que dos de sus tías recibieron tiros que nunca supieron de dónde vinieron, a una la mataron y la otra quedó cuadripléjica. Estaban en una marcha y las bajaron. Es tremendo.

Un viaje muy duro…

Sí. Y hay dos formas de viajarlo como turista. Como hice yo, viviendo con los palestinos o la otra que a mi es la que más me duele, ya que si vas como turista europeo, occidental, vas a ver todas las cuestiones históricas, religiosas y no ves nada de lo que yo vi, no te enterás de nada. Te muestran lo que ellos quieren. Por ejemplo en Belén, que es una ciudad totalmente amurallada, reservás un colectivo turístico israelí y no pasás por el control militar que yo pasé, que pasan todos. Van por otro lado, entran a la iglesia, salen, como si nada.

Yo por ejemplo entré a Belén atravesando el muro a pie y pensaba «soy turista, occidental, rubiecito, no me va a pasar nada» pero es tremendo, volví con un estrés tremendo. Así era cada vez que cruzabas cualquier muro y son muchos muros…

Me acuerdo que volví a entrenar acá a Talleres y siempre nos hacen exámenes de sangre y los números de la hormona del estrés me dieron 6 veces más altos que el límite. Me tenía que dar 300 y me dio 1800.

Como si volvieras de una guerra…

Es que yo me acuerdo que  ibas en el bondi y en el control militar hacen bajar a los palestinos y los meten en un lugar donde les pegan, los toquetean. Y los ancianos y embarazadas palestinas, junto a los turistas, éramos controlados por un soldado armado, mientras otro nos pedía el pasaporte ¿entendés? A mí nunca me había pasado, yo pensaba «no me van a tirar porque hay un quilombo diplomático» pero a su vez nunca me habían apuntado con un arma así. Estás ahí y no sabés qué va a pasar.

Esa es la situación en estos check point, donde muchos entran caminando, es totalmente inhumano. Cuando yo fui era noviembre, ni siquiera era la época más caliente del año y hacían 35 o 40 grados y las mujeres que ya son oprimidas por la religión y están totalmente tapadas hacen colas de una hora para cruzar. Y ese check point es para ir y volver de  trabajar.

¿Y los niños?

Hay chicos que van al colegio y vos los ves teniendo que cruzar esos check point en esas condiciones y te preguntás cómo puede un niño tener que crecer así. Es una injusticia. Ese pueblo y la causa palestina me generan mucha admiración, es increíble todo lo que pelean.

Contanos algo que te haya llamado mucho la atención…

Lo que más me sorprendió es que nadie puede estar despolitizado. El profe de inglés que me hospedó me decía «yo mucho de política no entiendo, lo que es la derecha la izquierda, pero a mí la política me atraviesa todos los días, tuve que aprender porque yo salgo a la calle y no puedo ir a un pueblo que tengo a 5 kilómetros, tengo 23 años y no conozco el mar». A todos los atraviesa, porque todos tienen un familiar o un amigo que fue víctima o ellos mismos en el check point, porque tienen que pasar todos los días y hay veces que no los dejan pasar. Los militares israelíes son todos pibes, tienen el servicio militar obligatorio, y te dicen «no pasás» y no pasás. Yo he filmado esas esperas de más de una hora y a veces vos los ves que llegan y que se vuelven, no pasan y andá a saber por qué.

Siguió la charla andando y antes de despedirnos, quedamos en reencontrarnos. Juan Cruz Komar es un jugador de fútbol, pero eso no alcanza ni para empezar a describirlo, es un pibe que refleja los nuevos tiempos que vivimos, donde la juventud es protagonista de las transformaciones que se van gestando. No sabemos cómo continuará su carrera futbolística, pero estamos seguros de que en la vida va a seguir haciendo goles, goles que en definitiva son los más importantes, los de la solidaridad, la participación y la coherencia de estar siempre junto a los oprimidos. ¡Gracias Juan Cruz por la nota!

Entrevistamos

Luciana Echevarría y Verónica O’Kelly