La educación y la virtualidad en tiempos de coronavirus

 

Clases suspendidas y plataformas virtuales activadas. Familias, estudiantes y docentes rehenes de medidas educativas que tienen poco norte. Mientras Microsoft promete aulas virtuales “gratuitas” para salir a competir con Google. Les docentes nos debemos el debate: ¿Las aulas virtuales sustituyen la escuela? ¿Qué hacer en este tiempo y quiénes deciden? 

 

Desde que se conocieron los primeros casos en el país, comenzaron los rumores sobre la suspensión de clases. Sin embargo, la discusión de si la escuela debía o no cerrarse se sometía a la necesidad de las empresas y corporaciones de sostener la producción y renta capitalista y no dar días a sus trabajadores para cuidar a sus hijes.

 

Otra vez la escuela “de contención”

 

Ante la situación acuciante y la denuncia de miles de docentes de que no había ni la más mínima condición de salubridad en las escuelas, el domingo 15 y por cadena nacional, Alberto Fernández sale a suspender las clases, pero “aclarando” que las escuelas deberían “estar abiertas”. Quedó poco clara la situación.

Cada conducción educativa y cada jurisdicción, tomó la medida como quiso o le pareció mejor. En algunos distritos, la docencia debía cumplir su horario habitual; en otros, horarios acotados; “guardias mínimas” o solo ir el equipo de dirección.

Ante esto, los gobiernos nacionales y provinciales salieron a decirle dos cosas a la docencia: que debían asistir a las escuelas para ser contención social y repartir viandas, blanqueando cuál es la creencia de este gobierno sobre las escuelas, Y realizar un acompañamiento pedagógico online de menores y adolescentes.

La presión era creciente, pero sin ninguna propuesta clara. Así, cada escuela y cada docente debía utilizar la herramienta que pudiera: mail, whatsapp, classroom, edmodo, padlet… Pero no había ninguna respuesta a las problemáticas que planteábamos: ¿Qué hacemos con niñes y adolescentes que no tienen los medios básicos para la vida o incluso para conectarse? Porque resultaba como mínimo contradictorio, que debiéramos hacer de contención social para familias que no tienen para comer y, a la vez, que llenáramos a esas familias de trabajos y clases online.

Por supuesto, no estamos en desacuerdo con utilizar las nuevas herramientas tecnológicas. De hecho, creemos que favorecen el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y que, con un uso adecuado, pueden ser un soporte y auxiliar extraordinario para cada docente. Sin embargo, hay que poner en debate en qué condiciones deben usarse, ver también con qué intercambio y discusión se definieron y subieron los contenidos centralizados por los gobiernos, qué presupuesto se destinó, qué carencias surgen y qué plata se está pensando destinar para asegurar esta virtualidad educativa.

 

Brecha educativa, estatal y privada o entre provincias

 

El primer problema que genera este tipo de implementación, es la profundización en la brecha entre escuelas privadas y escuelas públicas. Es notorio cómo las privadas, al contar con los recursos del Estado más las cuotas que les cobran a las familias, pudieron armar (o ya tenían armadas) plataformas virtuales, siguiendo los lineamientos institucionales.

Pero también se nota esta diferenciación a lo largo del país. El mal llamado proceso de “federalización” o transferencia educativa hecha por la dictadura del ’76 y el neoliberalismo de los ‘90, deja a las provincias libradas a su propia suerte. Y con una diferenciación enorme de la inversión en los presupuestos educativos, los salarios y la infraestructura.

En este sentido, un informe de 2018 del CIPPEC[1] plantea: “Las diferencias en los indicadores de gasto tienen su origen más profundo en las desigualdades en el desarrollo inter provincial y en las inequidades que presenta el sistema de reparto de recursos fiscales a lo largo del país, la coparticipación federal”.

Para graficar esto, entre otras variables, el estudio señala: “Es importante notar que, al comparar el ranking de ambos indicadores (gasto educativo por alumno estatal y esfuerzo educativo), el orden difiere de gran manera. Es decir, no son las provincias que mayor esfuerzo por la educación realizan las que logran tener un gasto por alumno estatal más elevado”.

Se comprueba también “la heterogeneidad interprovincial en materia de gasto por alumno estatal (datos para el año 2015), en el extremo superior se ubican Tierra del Fuego, Santa Cruz y Neuquén, con niveles que superan los $75.000 por alumno en la primera, los $65.000 en la segunda y los $56.000 en la tercera. En el extremo inferior se encuentran Santiago del Estero, Salta y Corrientes, con $16.000 en la primera y apenas superando los $20.000 en las otras dos”.

Por ende, la infraestructura, el material didáctico escolar y la inversión por estudiante quedan también librados a las políticas económicas y sociales provinciales. Es decir, no será lo mismo aplicar las políticas y el seguimiento “online” en los distritos que menos presupuesto pueden destinar de aquellas provincias con mayores ingresos y presupuesto.

 

¿Seguimos educando o la negación de la realidad?

 

El ministro de educación Trotta salió a anunciar que se darían dos programas educativos en la TV Pública y Pakapaka y en la plataforma Seguimos educando, aclarando que la navegación en dicho portal sería gratuita y no implicaría consumo de los datos del celular, sin importar si es prepago o si tiene plan. Más allá del equivocado agradecimiento que Trotta le hace a las multinacionales Movistar, Claro y Personal por un supuesto “compromiso educativo y social” de patronales que amasan fortunas multimillonarias, caben algunas preguntas.

¿Qué sucede con las familias que no tienen línea, no la pagaron, se les cayó o tienen estudiantes sin un teléfono en condiciones para ingresar, navegar, interactuar, descargar material y poder procesarlo por ser de baja gama? ¿Cómo hacer en familias con múltiples pibes y con pocos dispositivos? Si bien una gran parte de estudiantes podrían ser “nativo digitales” como repiten los gobiernos, ¿cómo van a acompañar las familias si no tienen ciertos conocimientos para hacer operaciones necesarias que, incluso, nos cuestan a buena parte de la docencia por falta de capacitación?

Como por ejemplo, contar con aplicaciones en el celular que regularmente niñes y adolescentes no usan para trabajar, con archivos PDF, Word, Excel u otros programas. No solo imágenes o textos híper cortos como suele hacer la juventud. También cómo hacer para pasar esa información y actividades del teléfono a una computadora o notebook ya que es complejo leer, analizar y realizar ejercicios, operaciones, análisis, reflexiones que son inabordables en dispositivos de menor dimensión como un celular. Incluso muchos tienen teléfonos, pero no con los requisitos o aplicaciones necesarias.

Sobre quienes no tienen conectividad, que son cientos de miles, tampoco hay una línea clara, más allá de plantear que estarían repartiendo materiales impresos. Así de abstracto, sin fecha ni más precisión. Pero esto, nos lleva a otro debate. ¿Qué dicen esos materiales? ¿Con quién consultaron cómo se arman y cuáles los contenidos? ¿Cómo ayudan esos materiales estandarizados a las particularidades de cada zona?

Ya es muy difícil correrse de proponer en las redes o la web cuestiones estrictamente básicas para que les estudiantes lo puedan hacer con la menor interferencia posible. O ver que son contadísimas las familias que tienen posibilidades de imprimir lo que les llega. Y todo esto sin considerar que hay cuestiones de las prácticas áulicas y didácticas de determinadas materias que son imposibles de transitar a la virtualidad, sin un debate e intercambio de criterios. Sin una adecuación concreta, real. Mientras hay prácticas imposibles de transpolar a lo virtual, otras requieren de cierta discusión en cuanto a su enfoque. ¿Dónde se está pensando esto? Con la docencia, seguro que no.

Si pensamos en otros niveles, por ejemplo en Superior, la plataforma es obsoleta. Utilizándola una cantidad de profes ya se saturó. La virtualidad desnuda terriblemente la desigualdad y los circuitos educativos diferenciados. Es la plataforma del INFOD. Cuando en la universidad cuentan con conferencias y plataformas más eficientes, en el nivel terciario nos encontramos sin poder cargar un archivo.

Claro, podrán aducir que en este momento de pandemia “es lo mejor que se puede hacer”. Pero no estamos ante hechos aislados. Los sucesivos gobiernos han armado y desarmado planes de estudio sin ninguna consulta democrática a la docencia y las comunidades educativas, que somos quienes hacemos la escuela todos los días.

De hecho y sólo mencionando el caso de las escuelas secundarias, en el año 2015, en la 84º edición del Consejo Federal de Educación con todos los ministros de educación del país, se aprobó la Secundaria 2030. Bajo un lenguaje de preparar a nuestres estudiantes para las “habilidades del futuro”, evitar la deserción, garantizar la equidad, resolución de problemas y una larga lista de etc., se votó un cambio radical en la organización de contenidos, de formas de evaluación, perfil de egresades…

 

Secundaria 2030 y la secundaria del (no) futuro

 

La Ciudad de Buenos Aires, CABA, fue el primer lugar en el que intentaron aplicar a fondo esta propuesta, que fue resistida desde las escuelas que el gobierno llamó la “Secundaria del (no) Futuro”. Entre muchos cambios que proponía, como por ejemplo que en 5to año hubiera un 50% del tiempo en pasantías y el otro 50% en emprendedurismo, había uno que en este momento queremos volver a poner en debate: se proponía que del total de clases el 30% fuera introducción de contenidos por parte del docente y un 70% fuera trabajo autónomo del estudiante mediado por la tecnología. ¿Les estudiantes podrían resolver ese trabajo desde su casa sin asistir a la escuela? ¿Cada docente pasaría a ser “acompañantes pedagógicos a distancia”?

Círculo de habilidades. Secundaria 2030

Así, en el proyecto de reforma Secundaria, el trabajo del docente quedaba nuevamente desjerarquizado, siendo relegado a la mera introducción de contenidos. Pero aún más, ¿podía avanzarse hacia docentes “multicursos” bajo una misma plataforma y en los mismos horarios? Todas respuestas en clave de ajuste. Pero si no pudieron avanzar, fue por la organización por abajo.

Actualmente esa Secundaria del (no) Futuro, se implementó en muy pocas escuelas, con un híbrido, que incorpora plataformas del gobierno donde docentes deben subir sus planificaciones, unidades didácticas, llenar las nuevas rúbricas evaluativas… Por supuesto, todo trabajo que no es reconocido dentro del salario.

Así mismo, nos parece importante señalar este punto. Si bien les docentes desde las escuelas, armamos formatos para seguir en contacto con nuestres pibes y adolescentes como pudimos, con lo que conocíamos y teníamos más “a mano”, las plataformas que brindan los gobiernos nacional y provinciales presentan muchas aristas desconocidas.

 

Plataformas y mercantilización

 

Corporaciones multinacionales como Microsoft[2], que salen ahora oportunistamente a ofrecer sus servicios, ¿no buscan detrás de eso negociados con el Estado para quedarse con el mercado de plataformas educativas? ¿No lo hacen acaso las grandes telefónicas a las que Trotta les agradece su “compromiso”? Nada es gratis para esta gente. Dijera la abuela, no dan puntada sin hilo… Los contenidos que allí se vuelcan, ¿no están articulados y conectados comercialmente con otras plataformas y editoriales para favorecer el tráfico y publicidad en sus páginas o la compra de sus manuales? Casualmente Microsoft responde solo aquellos comentarios de quienes aprueban su plataforma y no dice nada de quienes desmienten la supuesta “gratuidad” y libre acceso que pregonan.

No será la primera vez ni la última en este sistema regido por la lógica perversa del lucro capitalista. Recordemos el escándalo de las pruebas PISA, que todos los gobiernos insisten en mantener y pagar, y su relación con la editorial Pearson, que utilizaba los resultados de las mismas para sus propios negocios. En una nota del diciembre del 2019 denunciábamos que “(la editorial Pearson) aspira a tener el monopolio en pruebas estandarizadas para medir la “eficacia” del sistema educativo. Para eso acelera su penetración en aprendizajes por medios digitales, en servicios educativos y mercados emergentes. Al controlar los mercados de evaluación, elaborar guías de estudio, plataformas digitales y la producción de libros de texto, busca ser quien defina qué se considera una `educación de calidad`, y vela porque sus productos y servicio aseguren lograrla.”[3]. Así que, bien podrían intentar avanzar en este camino.

Lo decíamos más arriba, pero volvemos a insistir: por supuesto que es importante utilizar las nuevas herramientas tecnológicas. Y claro que debemos usarlas para mantenernos en contacto con las familias y nuestres estudiantes.

 

Nuestra propuesta

 

Pero, debemos alertar que estas herramientas, puestas al servicio de la lógica del sistema educativo capitalista, son un arma no de un “doble filo”, sino de un filo cortante y acerado que pende sobre la docencia y la escuela estatal. Por eso, mientras vamos atravesando esta pandemia, nos organizamos para exigir:

 

  • Aumento del presupuesto educativo al 10% del PBI. Esto permitiría no sólo aumentar los salarios, sino también mejorar las condiciones de infraestructura en las escuelas, entre ellas, la conectividad que apenas llega al 40% de establecimientos del país, además de la provisión de los dispositivos y redes informáticas.
  • Eliminación de los subsidios a las escuelas privadas y confesionales. Hoy más que nunca se evidencia que todos los fondos estatales que ahí se derivan son fundamentales para las escuelas públicas, entendidas como estatales. Las que no tienen ni jabón ni papel ni agua, no ya alcohol en gel o repelentes y desinfectantes para garantizar las condiciones mínimas ante esta pandemia.
  • Renacionalización del sistema educativo: que permita unificar los contenidos y que no deje libradas a la lógica de la producción y la coparticipación federal los presupuestos educativos.
  • Congreso Pedagógico Nacional resolutivo. Si somos quienes hacemos la educación pública, nosotres debemos debatirla y resolver las transformaciones que requiere la escuela estatal. Debemos definir los contenidos, la organización escolar, el perfil de egresades. Es decir, un modelo educativo que esté puesto al servicio del desarrollo del país y la población, no de la ganancia capitalista ni el precario lugar en la distribución internacional del trabajo al que nos condena el imperialismo.
  • Que podamos ser nosotres quienes definamos qué contenidos y en qué formato de plataforma necesitamos para seguir el proceso de enseñanza-aprendizaje, con mecanismos democráticos en la elaboración y toma de decisiones pedagógicas, didácticas, procedimentales.
  • No al pago de la deuda externa: Esta pandemia está dejando de manifiesto problemas cotidianos de los sectores públicos. Necesitamos plata para resolver los problemas educativos, pero también para acompañar a las familias más golpeadas por esta crisis. Y por supuesto, para la realización de testeos masivos, que permitan detectar tempranamente la enfermedad, en el marco de una inversión urgente en les profesionales y la salud pública, entre otras demandas que plantean gremios como la CICOP o la UTS, entre otros.

 

Vanesa Gagliardi, Comisión Directiva de Ademys

Francisco Torres, Sec. Gremial de la FND

Alternativa Docente, ANCLA

Agrupación Nacional Clasista y Antiburocrática

MST en el Frente de Izquierda-Unidad

 

[1] CIPECC, Buenos Aires, febrero de 2108. ¿Qué cambió en el financiamiento educativo en Argentina? [https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2018/02/DT-162-EDU-Financiamiento-educativo_2018-01-VF-2.pdf]

[2] https://twitter.com/MSFTEducacion/status/1239930064634085378

[3] https://mst.org.ar/2019/12/03/pisa-al-horno-evaluacion-social-de-politicas-educativas/