9 de Julio e independencia: la opinión de Cele Fierro y nuestra visión histórica

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la declaración de independencia efectuada en 1816 en Tucumán. Sobre el tema, te dejamos la editorial que nuestra compañera Cele Fierro realizó en el programa “Dar vuelta todo” donde se expresa nuestra visión sobre la independencia, la situación actual del país y las tareas que en la actualidad tenemos las y los socialistas.

También te compartimos, extractos de dos artículos que anteriormente habíamos publicado en nuestra web, sobre nuestra visión histórica de esta fecha.

 

#9deJulio: soberanía pendiente ⚠️

#9deJulio: soberanía pendiente ⚠️Faltan pocos días para que se cumplan los 204 años de la declaración de independencia. Pero, con una economía extranjerizada y concentrada, al punto que bancos y organismos internacionales pueden decidir las políticas del país -históricamente antipopulares- ¿realmente Argentina es soberana? En esta edición de #DarVueltaTodo, te lo cuento 📹

Posted by Cele Fierro on Tuesday, July 7, 2020

 

ANEXO

Extractos de artículos del MST sobre el 9 de Julio

La independencia (pendiente) y definitiva

En 1816 se legalizó la separación del imperio español. Ese episodio conecta con una potente revolución como fue la de Mayo de 1810. El proceso termina pocos años después con la integración dependiente de Argentina al mundo capitalista. De entonces a hoy, con etapas más contradictorias, se consolidó esa naturaleza de nuestro país. Nuestro recorte de análisis para la actualidad. Nuestra plataforma de tareas políticas.

Escribe. Mariano Rosa

Existía hacia 1810 una contradicción entre el desarrollo capitalista concentrado en algunas zonas del imperio español en América y el carácter monárquico-feudal de su sistema político y toda su superestructura institucional. En concreto: zonas como Venezuela o el propio Virreinato del Río de la Plata, experimentaron un desarrollo capitalista que dio origen a una burguesía local que chocó en sus intereses específicos con el imperio de España.
Ese es el contenido social de figuras antiimperialistas del alcance de Bolívar en Venezuela o la radicalidad jacobina de Moreno o San Martín en el Río de la Plata. Eran la representación de burguesías criollas que aspiraban a establecer relaciones directas con el mercado capitalista mundial sin la mediación de España. Se constituyó así frente único anti-colonial que después de la primera etapa de la Revolución atravesó una lucha de fracciones que se terminó resolviendo a favor los sectores más conservadores.

En 1816 ese curso político se estaba consolidando y era fuente de tensiones, por ejemplo, con la estrategia latinoamericanista de San Martín (por eso el boicot sistemático a la campaña del Libertador por parte de la burguesía porteña). El imperio español había dejado su impronta en esta región del mundo, limitada a la provisión de precarias materias primas, aunque de enorme rentabilidad. Se fue perfilando así un tipo de propietario rural ligado a la exportación ganadera sin reinversión en la innovación tecnológica o industrial, y aceptando una ubicación en la división internacional del trabajo capitalista como eslabón semi-colonial, de un mercado ya dominado por la potencia hegemónica del siglo XIX: Inglaterra.

Después de la IIª Guerra Mundial ya en el siglo XX la hegemonía se desplazó a EE.UU. y Argentina entonces, terminó de furgón de esa potencia capitalista. Entrado el siglo XXI, con una revolución inaugural como fue el Argentinazo sin embargo, el país bajo la gestión de una burguesía rastrera y parasitaria, acumula contradicciones que preparan una nueva catástrofe nacional. Los socialistas alertamos sobre esa perspectiva y trazamos un rumbo alternativo como propuesta a toda la clase obrera y el pueblo pobre…

…El sistema financiero está totalmente extranjerizado y oficia de garante de los especuladores que compran dólares para fugarlos de Argentina. El comercio exterior estimula la exportación de soja que cobra en dólares apreciados y liquida en pesos devaluados con ganancia extraordinaria, y con baja de impuestos. Las empresas dominantes en el rubro son Cargill, Monsanto y Nidera.

La industria nacional es una verdadera armaduría con insumos importados, sin desarrollo tecnológico local.

La oferta de bienes de consumo masivo está cartelizada, en manos de pocas empresas que controlan la comida, la energía, el transporte. En resumen: todo.

El territorio concentrado y extranjerizado con el latifundio más presente que nunca.

Todo el sistema político y judicial es una casta de privilegiados, con garantía de impunidad, corruptos y millonarios. Son los gerenciadores del país como territorio controlado en sus resortes soberanos básicos por corporaciones. Por lo tanto, para enfrentar los vaivenes del capitalismo y desplegar un plan de salvataje social de mayoría, la clave es recuperar el control independiente del país. Esa tarea implica desalojar a Macri y desmantelar todo el entramado del poder capitalista del país.

Nuestra plataforma para la independencia definitiva

Frente a la bancarrota nacional hay dos salidas posibles: salvar a los especuladores y las corporaciones, o luchar por las causas obreras y populares. Los socialistas levantamos un conjunto de causas que priorizan en la crisis la defensa del trabajo, la salud, la educación, la democracia real y todas las libertades. Esa orientación social requiere medidas muy concretas:

Contra los fugadores de divisas, corralito a la especulación: suspender el pago de la deuda externa y estatizar el sistema financiero para disponer con sentido de mayoría de todo el ahorro nacional.

Priorizar el acceso al consumo básico de la población, estatizar el comercio exterior, controlar socialmente qué se vende y qué se compra en la relación con otros países sin la distorsión de la ganancia capitalista como referencia.

Shock de inversión industrial, para reactivar toda la economía y diseñar un plan global de desarrollo (empezando por recuperar el sistema ferroviario estatal con control social).

Estatizar todos los servicios públicos, bajo gestión social para garantizarlos como derechos, no como negocio privado.

Invertir toda la carga impositiva, eliminando el IVA, gravando la renta financiera y a las grandes fortunas.

Impulsar todos los derechos democráticos del pueblo a decidir: toda la agenda feminista / disidente; desmantelar el sistema de casta y que todos los funcionarios ganen un salario equivalente a una directora de escuela, que sean revocables y que usen lo público.

Esta agenda de derechos básicos, implican ruptura, confrontación política, de calle (y de clases), de ideas y física. Por eso, requiere un tipo de plataforma programática antiimperialista, anticapitalista, socialista y de alcance internacional, de coalición de pueblos de la región, para empezar. Estos propósitos entonces, suponen preparar un instrumento para ganar esa disputa, una organización de lucha de miles de profesionales de la emancipación social, del cambio del mundo por la base, estructural. Nuestra concepción y militancia revolucionaria, obedece a este diagnóstico y a este sueño: de libertad social, de progreso colectivo. Sin FMI, sin casta, sin burócratas sindicales, sin curas, sin corporaciones. Así concreta la independencia definitiva.

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9 de Julio de 1816

Escribe: Gustavo Giménez

“¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia?” reclamaba al Congreso de Tucumán el general San Martín, que estaba preparando en Mendoza el cruce de los Andes.

El Libertador sabía que se estaban jugando tiempos decisivos. Una oleada de levantamientos revolucionarios que se produjeron en 1810, luego de que el rey de España, Fernando VII, cayera en manos de las tropas napoleónicas, Buenos Aires, Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Dolores (México) habían logrado desplazar a las autoridades de la burocracia española e instalar gobiernos criollos. Pero en 1814, como consecuencias de las derrotas de Napoleón, el rey de España recuperó su trono y no aceptaba ninguna negociación con las nuevas autoridades de sus colonias.

En 1816 la mayoría de los levantamientos habían sido derrotados y el Río de la Plata estaba en la mira de los ejércitos de la Corona española, dispuestos a hacer tronar el escarmiento. La guerra, sumada a las represalias de las tropas españolas, llevaron a Manuel Belgrano a escribir: “Todo es desolación y miseria: las casas abandonadas, las familias fugitivas o arrasadas, los campos desiertos…”. Y a esa situación crítica debemos agregarle las vacilaciones al interios de la burguesía nativa más adinerada, que buscaba a toda costa una negociación con el rey.

Era decisivo un pronunciamiento político del Congreso de Tucumán, la declaración de la independencia, y por eso San Martín les exigía: “Para los hombres de corazón están hechas las empresas. Si esto no se hace, el Congreso es nulo”.

Los debates en el trotskismo

La gesta por la independencia de nuestro país y del resto de las naciones latinoamericanas  fue una gran revolución democrática. Una revolución contra la burocracia virreinal que les permitió a nuestros países romper con la colonia y pegar un gran salto hacia adelante.

La idea de que la independencia fue un simple cambio de mando entre sectores burgueses porque la estructura social no cambió, ya que la de América era una economía capitalista que producía materias primas para el mercado mundial, como sostuvieron Milciades Peña y otros autores, es una concepción equivocada.
De igual manera, el Partido Obrero sostiene: “El Congreso de Tucumán proclamó la independencia con el propósito de acabar con el ciclo revolucionario…”1

Esa postura errada deslegitima aquella gran batalla política. Sobreestima un solo elemento, las divisiones y maniobras de las clases dominantes de la época, que se las arreglaron para dejar afuera del Congreso de Tucumán a los representantes de movimientos revolucionarios agrarios como los que expresaban Artigas o Güemes.

Pero a pesar de esa limitación la lucha política finalmente fue ganada contra los sectores más vacilantes del campo patriota y logró que el 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán declarara “la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata” de los reyes de España. Luego de largos debates se agregó también “de toda otra dominación extranjera”.

Esas concepciones erróneas no valoran el enorme rol progresivo que jugó la burguesía revolucionaria de aquellos años que, aun dividida en distintos sectores de intereses y poseyendo un ala radicalizada jacobina como la de Moreno, Castelli, Belgrano o Monteagudo primero y San Martín y Bolívar después, creó las condiciones políticas necesarias para que nuestro país pudiera desarrollarse y producir un importante avance en el desarrollo de sus fuerzas productivas. Lo que en algún momento de nuestra historia lo colocaron como uno de los países más pujantes del planeta.

Semejante desarrollo hubiera sido imposible si hubiese sido derrotada la gesta independentista y hubiéramos continuado como una colonia española o británica. La pobreza de pueblos que tardaron un siglo más en independizarse, como por ejemplo gran parte de las naciones africanas, nos muestra hasta qué punto el status colonial es sinónimo de estancamiento y pobreza.

La revolución permanente y la independencia latinoamericana

Después de que un ejército libertador integrado por venezolanos, colombianos, argentinos, chilenos y peruanos derrotara definitivamente a los españoles en la batalla de Ayacucho, en 1824, Simón Bolívar mandó una circular a los gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y América Central proponiéndoles que “formásemos una confederación”.
Ese llamado bolivariano fue desoído por las poderosas oligarquías de la época, que privilegiaron sus propios “negocios” y acuerdos con el imperialismo inglés dominante, en lugar de tomar el ejemplo de las ex colonias norteamericanas, que supieron unirse para integrar una gran nación.

Habiendo jugado un rol progresivo muy grande al lograr una importante independencia relativa, ya que no es posible una independencia total dentro del mercado capitalista y luego imperialista, la burguesía criolla de aquellos años mostró sus limitaciones para construir una gran nación en nuestro subcontinente…

… La lucha por una segunda y definitiva independencia seguirá el trayecto que ya Trotsky anticipó en sus Tesis sobre la Revolución Permanente, al señalar que en los países “semicoloniales y coloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado -o sea la revolución socialista-, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida.”