A propósito de “Sopa de Wuhan”

A propósito de “Sopa de Wuhan”. Filosofía de la pandemia.

Pandemia de la filosofía

Escribe: Raúl Gómez

A modo de introducción

Karl Marx redactó en 1845 sus “Tesis sobre sobre Feuerbach”, son once breves notas filosóficas que resumen una crítica a las ideas del joven filósofo post-hegeliano, Ludwig Feuerbach. El texto centralmente critica el materialismo contemplativo de los jóvenes hegelianos. Marx remata su escrito en la muy difundida Tesis 11: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

El objetivo de las Tesis era el papel de la praxis. Marx intenta hacer una ruptura con las ideas de Hegel que los idealistas —entre ellos Feuerbach— no habían logrado consumar. Estos hacían, según la crítica de Marx, una filosofía pujante, pero demasiado abstracta y, por tanto, estéril.

La difusión y popularización de las Tesis (en especial la 11) por algunos grupos marxistas ha contribuido a instalar la noción errónea de una confrontación o antagonismo entre la elaboración teórica/filosófica y la praxis política/revolucionaria. Noción errónea que ha tributado a construir una tradición pseudo-revolucionaria voluntarista que contrapone el hacer al pensar. Contradicción tan ajena a la tradición marxista como sofista.

Casi prefigurando ese uso dogmático y vulgar de las Tesis sobre Feuerbach, Federico Engels advertía en las notas preliminares de su publicación en 1888: “Trátese de notas tomadas para desarrollarlas más tarde, notas escritas a vuelapluma y no destinadas en modo alguno a la publicación, pero de un valor inapreciable, por ser el primer documento en que se contiene el germen genial de la nueva concepción del mundo”.

La pandemia y las ideas

El libro “Sopa de Wuhan” es una idea editorial del argentino Pablo Amadeo, en la que recopila las ideas de 15 pensadores que se publicaron ante el coronavirus. Pablo Amadeo es editor y Profesor de Comunicación Social en la UNPL. A través de su iniciativa editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), decidió recopilar las opiniones de varios intelectuales y filósofos que fueron compartiendo sus ideas a través distintas publicaciones, en su libro “Sopa de Wuhan”, que publicó de manera digital. Es una compilación de pensamiento contemporáneo en torno al COVID 19, la pandemia y las cuarentenas y, por ende, las realidades que se despliegan a lo largo de todo el planeta.

Los autores compilados son: Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado. La compilación reúne la producción filosófica (en clave ensayística, periodística, literaria, etc.) que se publicó a lo largo de un mes –entre el 26 de febrero y el 28 de marzo de 2020.

En palabras del prólogo: la iniciativa busca reflejar las polémicas recientes en torno a los escenarios que se abren con la pandemia del Coronavirus, las miradas sobre el presente y las hipótesis sobre el futuro.

En el momento que fue publicado – primeros días de abril del 2020- y producto de una lectura un poco más que veloz el juego de palabras del título y la referencia a las tesis sobre Feuerbach, emergieron en mí como una suerte de Insight que empujaba a escribir.

La combinación de exceso de tareas con la necesidad de priorizar y administrar esfuerzos fue postergando la escritura. Postergación que sin buscarla se fue ordenando como una suerte de decantación de hechos e ideas que el tiempo – ese viejo artesano- fue labrando en el devenir de la pandemia.

El juicio sobre la razonabilidad o no de escribir recién ahora quedará en manos de las lecturas posibles de este breve ensayo. Al momento de este texto ya el autor de Sopa… ha realizado una segunda compilación denominada “Fiebre” que tendría un sesgo más latinoamericano -si se admite el criterio de la nacionalidad de los autores compilados como el indicador válido de lo situado del pensamiento-. Lo cierto es que los sesgos, omisiones e inclusiones dan para un segundo texto, que intentaré tenga menos desfasaje temporal que este.

Con la arbitrariedad lógica que la autoría permite, he seleccionado a alguno/as de los 15 compilado/as a los fines de exponer ideas centrales que, me parece, pueden aportar a los debates presentes y futuros que la irrupción de la pandemia, en tanto realidad distópica, abrió, cual bomba/usina de cuestionamientos e interrogantes.

El objetivo de estas postergadas líneas es presentar una reseña crítica de las elaboraciones filosóficas esbozadas en el compilado de Amadeo.

La premisa básica para el aprovechamiento de los posibles lectores de este aporte es haber realizado una lectura, aunque sea superficial, de los textos que conforman Sopa de Wuhan.

En la introducción de este ensayo he querido esbozar una referencia a modo de coordenadas teóricas que delimiten los alcances y propósitos de este escrito.

La estructura y método del artículo sigue una suerte de esquema básico donde mediante la cita, a veces literal a veces parafraseada, se intenta exponer las ideas centrales de los artículos compilados. Para la referencia a la filiación de los autores remito al texto original de Sopa de Wuhan, donde se ha realizado una muy breve semblanza de cada uno/a lo/as autores.

Filosofía de la pandemia

El primer autor presentado por la compilación es el filósofo italiano Giorgio Agamben, el cual a su vez es el único del que encontraremos tres (si, tres) artículos en la compilación donde el resto es representado por un solo escrito. En el primer artículo, fechado el 26 de febrero, desde el título mismo deja entrever una suerte negacionismo de izquierda/crítico a la pandemia en ciernes. Su ensayo rotulado como “La invención de una epidemia” parte de calificar categóricamente como       desproporcionado el comportamiento desplegado frente a la epidemia. Agamben presenta,    sin      diferenciarse, la calificación de gripe normal “no muy diferente de las que repiten cada año” hecha por el Consejo Nacional de investigaciones de Italia para referirse a la epidemia de SARS-CoV2.

Tamaña afirmación desatinada le merecerá una réplica tan dura como clara a cargo de Jean-Luc Nancy, la cual se puede leer en la misma compilación que estamos reseñando.

El filósofo italiano factoriza la explicación de ese comportamiento, por él considerado desmedido, en dos ejes. Por un lado, la tendencia a utilizar el “estado de excepción” -categoría tomada de las ciencias jurídicas y recurrentemente trabajada en su obra-, y el estado de miedo en la conciencia de las personas.

Para el autor de Homo sacer la suma de ambos factores implica: “la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.”

Otorgándole el beneficio de ser un escrito temprano en el devenir temporal de la pandemia, puede decirse que de alguna manera anticipa elementos de un debate que atravesara a parte del progresismo y la izquierda y que aún sigue desarrollándose. El acontecimiento pandemia puesto al servicio de un giro autoritario y de sofisticado control social, tan necesario como deseable para los gobiernos expuestos -de mucho antes de la pandemia- a la administración de la crisis capitalista, en el marco de una cada vez más evidente resistencia/ofensiva global de los y las descartados/as del sistema.

El segundo texto de Agamben, publicado el 11 de marzo de 2020, propone desde el casi rebuscado y marketinero título de “Contagio” una profundización y fundamentación de su tesis acerca de la deriva excluyentemente autoritaria de la pandemia.

Sirviéndose de la siempre eficaz analogía con las pestes del medioevo y los mecanismos clásicos de manipulación y control social, señala que una de las consecuencias más crueles del pánico es la idea misma de el contagio y que la misma está en la base de las medidas excepcionales de emergencia adoptadas por el gobierno.

El contagio, que es por cierto es una las características biológicas más peligrosas del virus actual, es según Agamben una suerte de construcción discursiva al servicio del aislamiento y deshumanización premeditada.

El tercer texto de Agamben, con fecha del 27 de marzo de 2020, lleva por título “Reflexiones sobre la peste” y es, por lo menos para el autor de estas líneas, una verdadera incógnita las razones de su inclusión redundante en una compilación cuyo objetivo busca reflejar las polémicas recientes en torno a la pandemia del Coronavirus y presentar las diversas miradas sobre el presente y las hipótesis sobre el futuro.

Advertido de sus pifias previas quizás, anticipadamente aclara que las reflexiones no se refieren a la epidemia, sino a lo que podemos entender por las reacciones de los hombres: “… reflexionar sobre la facilidad con la que toda una sociedad ha aceptado sentirse plagada, aislarse en casa y suspender sus condiciones normales de vida, sus relaciones laborales, amistad, amor e incluso su creencias religiosas y políticas…”.

Al servicio de intentar sustentar su posicionamiento escéptico presenta la pregunta retórica: “¿Por qué no hubo protestas y oposiciones, como era posible imaginar y como es costumbre en estos casos?” Como todo recurso argumentativo, la pregunta está construida sobre la negación de los hechos previos al contexto de pandemia, como han sido las movilizaciones y  rebeliones que atravesaron el mundo desde Chile al Líbano, desde París a Puerto Rico, desde todos los puntos del planeta. Pero que Agamben deliberadamente “no ve”.

Cerrando el círculo de falacias donde los argumentum a silentio son la verdadera plaga, concluye que los hombres ya no creen en nada, excepto en la Nuda vida (otro concepto por él desarrollado en su lectura de la biopolítica Foucoultiana) que debe salvarse a toda costa: “Pero solo una tiranía puede fundarse en el miedo a perder la vida, solo el monstruoso Leviatán con su espada desenvainada.” remata su prédica escéptica.

Llamativamente, en los textos de Agamben no hay una sola referencia a la complicidad del gobierno italiano con la flexibilización de las medidas de aislamiento, que la burguesía impuso sometiendo a lo/as trabajadores a la exposición a la epidemia, causando récord de muertos en la nación europea. La ceguera ideológica sólo puede ser antagonizada por la honestidad intelectual que esperemos en algún momento pueda mostrar Agamben.

El segundo autor en salir a escena en el compilado de Amadeo es el filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno Slavoj Žižek quien, con su habitual estilo provocador y pomposo, titula su artículo: Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo publicado el 27 de febrero del 2020.

Este autor, que tiene como una marca personal valerse del recurso de utilizar en sus estudios y exposiciones ejemplos extraídos de la cultura de masas, especialmente del cine, referenciando desde la obra de Alfred Hitchcock y David Lynch hasta la literatura clásica o popular para sus habituales análisis de política internacional. Desarrolla su tesis de manera coherente con sus antecedentes de actualizar y traer a los debates actuales a autores relegados por la academia como Lenin y Robespierre y a su vez, abordar sin prejuicios temas como el fundamentalismo, el anticapitalismo, la tolerancia, la subjetividad y lo políticamente correcto y conservador de la filosofía posmoderna.

Su ponencia parte de reconocer y señalar la posibilidad de un efecto autoritario/reaccionario expresado en “epidemias” de virus ideológicos que estaban latentes: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo, etc. para rápidamente girar hacia un anuncio tan original como impactante.

Para el autor de El sublime objeto de la ideología la irrupción de la pandemia fundamentalmente abre una situación inédita que posibilitará pensar en una “…sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global…”.

Categórico y a contrapelo de las apresuradas conclusiones de algunos opinólogos defensores del status quo occidental, que rápidamente salieron a vaticinar consecuencias fatales de la propagación del virus para el régimen “comunista” chino en particular, no sólo refuta analogías descontextualizadas, sino que sube la apuesta afirmando que el coronavirus también nos forzará a “reinventar el comunismo basado en la confianza en las personas y en la ciencia”.

Con una alusión cinéfila tan certera como poderosa para explicar su pronóstico radical, Žižek utiliza la escena final de ‘Kill Bill 2’ de Quentin Tarantino, donde Beatrix desarma al malvado Bill y lo golpea con la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” el golpe más mortal en todas las artes marciales. El movimiento consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos a cinco puntos de presión diferentes en el cuerpo de una persona. Después de que la persona se aleja y ha dado cinco pasos, su corazón explota en su cuerpo y cae muerta.

Žižek amplía la analogía señalando que “lo que hace que este ataque sea tan fascinante es el tiempo entre ser golpeado y el momento de la muerte: puedo tener una conversación agradable mientras me siento tranquilo, pero soy consciente de todo este tiempo que en el momento en que empiezo a caminar, mi corazón explotará y caeré muerto.”

Con la contundencia de quien sabe presentar sus ideas de manera que no puedan ser omitidas, sentencia que la epidemia es un tipo de ataque mortal diferido contra el sistema capitalista, la señal de que un cambio radical es necesario. Es el momento en que la referencia a la Técnica de corazón explosivo es puesta al servicio de hacer más convincente el diagnostico de que el capitalismo ha sido herido de muerte y que cualquier síntoma de continuidad vital sólo es la confirmación de que el colapso es inevitable: la pandemia ha herido mortalmente el corazón del capitalismo y aún está por dar sus cinco pasos finales.

El a veces inasible políticamente Zizek desarrolla algunos trazos del comunismo como alternativa al capitalismo actual, una especie de cooperación internacional efectiva deberá ser organizada para producir y compartir los recursos.

Con un optimismo exagerado termina esbozando que la infección viral ha dado también un tremendo impulso a nuevas formas de solidaridad local y global.

Esta mirada con ciertos elementos de candidez política va a ser desarrollada ampliamente en la publicación hecha unas semanas después y escrita en velocidad récord “Pandemic! COVID-19 shakes the world”, un libro que contiene las reflexiones de Zizek respecto de la pandemia.

Este autor, que cuando visitó la Argentina en 2005 nos dejó tempranas definiciones acerca de lo que él denominaba un fenómeno negativo, no propositivo, sino basado en una repulsa: el populismo encarnado por Ernesto Laclau, a la postre Gurú teórico de la “Intelligentsia kirchnerista”.

Desde un posicionamiento claramente de izquierda, consideraba al populismo una implícita admisión de impotencia política autojustificatoria. Un discurso incapaz de imaginar una política emancipatoria y de transformación social. Un intento negacionista del motor de la historia: la lucha de clases. Ya en ese momento su temprano apoyo público al proyecto político del PSOL brasilero (partido fundado en 2004, por la expulsión en el Partido de los Trabajadores de varios dirigentes de la izquierda radical) cuando parecía que la estrella de PT no dejaría de brillar por un buen tiempo, denotaba un posicionamiento que le valdría el ataque de los reformistas como Laclau y compañía que no dudaron en denominarlo “un ultraizquierdista vociferante” por la persistencia de la referencia a la “lucha de clases” como fenómeno universal en sus planteos.

El siguiente autor es el filósofo francés Jean-Luc Nancy, quien en un breve escrito logra de manera muy contundente refutar el negacionismo de Agamben respecto a la pandemia. Con el recurso de tan sólo exponer la omisión en la que incurre Agamben en su disparatada afirmación de que el coronavirus es apenas diferente de una simple gripe, omitiendo que para la gripe “normal” tenemos una vacuna de eficacia probada y que, aun así, esa vacuna necesita ser adaptada a las mutaciones virales cada año. Rematando que además “la gripe “normal” siempre mata a varias personas y el coronavirus para el que no hay vacuna es claramente capaz de una mortalidad mucho mayor”.

Categórico e incurriendo casi en la alevosía verbal, califica la posición de Agamben más como una maniobra de distracción que una reflexión política.

En la compilación, a continuación, hay un nuevo escrito de Agamben que ya hemos reseñado en el primer apartado.

El siguiente autor que aparece es el Franco “Bifo” Berardie, filósofo italiano y docente en Bolonia quien es una importante figura del movimiento autonomista italiano, ha acuñado, entre otros, neologismos como el de Semiocapitalismo.

Para Berardie el Semiocapitalismo es el modo de producción en el cual la acumulación de capital se hace esencialmente por medio de una producción y una acumulación de signos: bienes inmateriales que actúan sobre la mente colectiva, sobre la atención, la imaginación y el psiquismo social.

Utilizando como epígrafe a su artículo del 19 de marzo de 2020 un fragmento de la letra de un tema de Jefferson Airplane, una banda musical norteamericana de la ciudad de San Francisco (California), pionera del movimiento psicodélico influenciado por el LSD, titula su nota: Crónica de la psicodeflación.

El fundador de la primera televisión comunitaria italiana comienza su ensayo con un lúcido y atinado párrafo de una novela escrita por el ensayista y crítico social estadounidense William Burroughs, proponiendo una analogía más que interesante entre el virus y la palabra.

A partir de ahí, utilizando el recurso de “notas de diario personal”, expone una serie de apuntes, reflexiones y crónicas fechadas desde el 21 de febrero al 13 de marzo recurriendo, al borde del abuso, a los neologismos y amalgamas de palabras.

El resultado es una muy rica serie de comentarios y registros críticos e interesantes. Luego de presentar imágenes típicas de lo inédito y disruptivo de la pandemia en los paisajes urbanos cotidianos, a modo de pinceladas en un lienzo textual, ubica el poderío del virus en su condición de desconocido. Más bien, en nuestro desconocimiento. Allí reside su extraordinaria capacidad para paralizar, inmovilizar a la economía en particular y al sistema en general: “…lo ignoto de repente detiene la máquina…” remata.

Su certero análisis sitúa a la pandemia actuando sobre una crisis preexistente, la crisis capitalista producto de lo imposible que resulta un mercado infinito e ilimitado, condición necesaria de la necesidad del crecimiento ilimitado que hace posible la acumulación de capital.

En el mismo sentido, su crónica recupera las movilizaciones que en diferentes puntos del planeta -de Santiago a Barcelona, de París a Hong Kong, de Quito a Beirut- signaron al 2019 como un antecedente necesario del escenario actual. Pero, inmediatamente incorpora a esa narrativa una valoración inferior a esas acciones multitudinarias, indicando una supuesta falta de objetivos, o por lo menos, de tener objetivos contradictorios de las revueltas que enumera.

En esa línea de análisis el autor de Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo recupera la crisis económica del 2008 para valorar esta crisis como superior y más leal para el capitalismo, al entrar en juego un factor extra sistémico. Para él, lo inédito es que la crisis no proviene de factores mercantiles y ni siquiera estrictamente económicos, del juego de la oferta y la demanda. La crisis proviene del cuerpo, señala.

Crítico consecuente del capitalismo, pone a las condiciones en las que se desarrolla la pandemia como producto de los recortes de la salud pública y la hiperexplotación.

A pesar de una orientación esencialmente escéptica, al carecer sus análisis de componentes que permitan pensar en algún actor político social posible que motorice y/o encarne los procesos de cambios, se muestra, aunque sin certezas, optimista ante los posibles futuros que la pandemia traiga. En esas condiciones teóricas, de no poder establecer ni los procesos, ni los sujetos de las trasformaciones sociales y políticas, queda casi como una expresión de deseo su afirmación de que la igualdad ha vuelto al centro de la escena y que es el punto de partida para el tiempo que vendrá.

El siguiente autor es el químico y filósofo nacido en Barcelona Santiago López Petit, representante de las corrientes autonomistas nutridas en la tradición de la filosofía francesa de los sesenta/setenta y el marxismo heterodoxo italiano. Corriente caracterizada por criticar el burocratismo de los partidos y los sindicatos de izquierda clásicos desde un discurso anticapitalista. En el caso de Lopez Petit, la diatriba contra lo que denomina la “izquierda autoritaria” es de un tenor extremo, ya que homologa a los partidos de izquierda a la ideología burguesa en tanto, según él, cumple la misma función de ocultar la dominación de la burguesía como clase (sic).

De manera certera, señala que las enfermedades nos dan información veraz sobre la sociedad que las albergan y las engendra. Así, propone a la pandemia como una declaración de guerra.

Fiel a la tradición testimonial enunciativa de los neoreformismos en la postmodernidad, enumera algunas de las atrocidades recientes, contemporáneas y/o previas al coronavirus: “los ojos arrancados por la policía en Chile, Francia o Irak… los migrantes amontonados en Lesbos… en Yemen, cada diez minutos, muere un niño a causa de los bombardeos y del hambre.” La condición de homicida en masa del sistema capitalista es expresada de manera explícita e irrefutable para señalar a la par las derivas autoritarias posibles patentizadas en el recurso de apelar a un lenguaje bélico justificatorio de los drones y controles policiales en las calles.

Consecuente con el posicionamiento esencialmente escéptico de las corrientes autonomistas, a pesar de poner la situación de pandemia como una amenaza posible al sistema, la ambigüedad retórica cierra su breve artículo: “...El neoliberalismo se pone descaradamente el vestido del Estado guerra. El capital tiene miedo. La incerteza y la inseguridad impugnan la necesidad del mismo Estado. La vida oscura y paroxística, aquello incalculable en su ambivalencia, escapa al algoritmo”.

El siguiente texto pertenece a la filósofa posestructuralista norteamericana Judith Butler. Quien con el título “El capitalismo tiene sus límites” nos presenta un artículo que parte de inquietudes que luego quedarán algo pretenciosas frente a un producto final acotado a la realidad de acceso a la salud en USA y las elecciones presidenciales en curso.

La autora de “El género en disputa”, referente de los estudios de género y teoría feminista, comienza interrogando sobre cuáles son las consecuencias de esta pandemia al pensar en la igualdad, la interdependencia global y nuestras obligaciones mutuas. La pregunta retórica está al servicio de una afirmación tan evidente como necesaria, cuando señala que en la incapacidad de algunos estados o regiones para dar respuesta a la pandemia se evidencia la rapidez con la que la desigualdad extrema, que incluye el nacionalismo, la supremacía blanca, la violencia contra las mujeres, las personas queer y trans, y la explotación capitalista encuentran formas de reproducir y endurecer sus poderes dentro de las zonas donde se desarrolla la epidemia.

Su mirada adscripta a la suerte electoral de las alas progresistas del Partido Demócrata norteamericano (Sanders y Warren) queda casi en el lamento de que la propuesta de salud universal pública revitalizó un imaginario socialista en los Estados Unidos, uno que ahora debe esperar para hacerse realidad como política social y compromiso público en ese país.

El artículo siguiente está escrito por el filósofo y novelista francés Alain Badiou quien rápidamente polemiza con lo inédito, novedoso o excepcional de la pandemia actual. Para lo cual parte de indicar que el verdadero nombre de la epidemia en curso es SARS 2, es decir “Severe Acute Respiratory Syndrom 2”, nominación que inscribe de hecho una identificación en segundo momento, después de la epidemia SARS1, que se expandió durante 2003. Esta evidencia explica la crítica hecha a las autoridades de no haber apoyado lo suficiente la investigación científica sobre el SARS1 que permitiera mejorar la respuesta y/o hasta evitar el SARS2.

El discípulo de Althusser declara su desconcierto ante los pronósticos apresurados y categóricos sobre el devenir del mundo, la sociedad y la historia a partir de esta pandemia que ni siquiera es nueva.

Ante esto, propone un ejercicio de lógica formal que parta de una definición más precisa del problema. Desde este recurso aristotélico esboza la premisa dialéctica de definir la epidemia como un fenómeno complejo, dado que es un punto de articulación entre determinaciones naturales y determinaciones sociales. A partir de estas coordenadas –lo natural y lo social- correctamente definidas como “cartesianas” por Badiou, rápidamente procede a impugnar las fabulas típicamente racistas, respaldadas por imágenes manipuladas según las cuales esto se debe a que los chinos comen murciélagos casi vivos.

El tránsito del virus de una especie a otra para luego desplegarse al nivel de pandemia mundial es atribuido al acceso del capitalismo del Estado chino a un rango imperial, es decir, una presencia intensa y universal en el mercado mundial. De ahí las innumerables redes de difusión propias de las rutas comerciales del capitalismo.

El autor de “El ser y el acontecimiento” despliega un análisis afincado en la perspectiva marxista y, haciendo uso de la dialéctica de la contradicción, señala que la economía capitalista tiene como condición la existencia de un mercado mundial del trabajo, de materias primas y mercancías. Pero, los poderes políticos siguen siendo esencialmente nacionales. La epidemia implica un momento donde esta contradicción entre economía y política se vuelve obvia.

Continuando con un análisis que recurre a las nominaciones marxistas de los fenómenos, refuta a los que intentan mostrar que, producto de la pandemia, el Estado de repente se ha convertido en un Estado “de bienestar”, poniendo a algunas medidas tomadas por Francia como inevitables, dado que en guerra o epidemia, el Estado es obligado, incluso yendo más allá del juego normal de su naturaleza de clase, a aplicar prácticas tanto más autoritarias como más globales para evitar una catástrofe estratégica.

A partir de este planteo, el filósofo de formación maoísta se refiere de manera descalificadora a los movimientos sociales tales como los chalecos amarillos, los sindicalistas y la militancia de izquierda por su incapacidad de prever lo que vendría, señalando incluso que mientras la epidemia ya estaba en marcha en China, estos multiplicaron hasta muy recientemente las reuniones incontroladas y las manifestaciones populares.

Consecuentemente con esa perspectiva escéptica, afirma categóricamente que la epidemia actual no tendrá ninguna consecuencia política significativa en un país como Francia.

Finalmente, intenta esbozar un programa o plan de acción alternativa para los que “desean un cambio real” en los hechos políticos y propone aprovechar el interludio epidémico, e incluso el confinamiento al que señala como necesario, para trabajar en nuevas figuras de la política, en proyectar lugares políticos nuevos y en el progreso internacional de una tercera etapa del comunismo “…después de aquella brillante de su invención, y de aquella, interesante pero finalmente vencida de su experimentación estatal”.

El capítulo siguiente data del 20 de marzo y pertenece al Geógrafo marxista David Harvey cuyo título remite a un propósito de acción: “Política anticapitalista en tiempos de COVID-192”.

Uno de los mayores representantes del marxismo académico presenta un sólido artículo que parte de ubicar la situación abierta con la pandemia con el trasfondo de dos modelos de cómo funciona el capitalismo.

Estos modelos, afirma Harvey, son distintivos, pero se entrecruzan. El primero consiste en el mapa de las contradicciones internas de la circulación y acumulación del capital como flujos del valor del dinero en busca de beneficio a través de los diferentes “momentos” de la producción, realización de la mercancía, distribución y reinversión. Esto es, un mercado como una espiral en infinita expansión y crecimiento.

El segundo modelo hace referencia a la reproducción social en una relación metabólica en curso y siempre en evolución con la naturaleza y toda suerte de formaciones culturales, científicas, religiosas y sociales contingentes que crean las poblaciones humanas, esto es una formación social distintiva. Mientras que el primer modelo se refiere a las contradicciones dentro del motor económico que mueve a esta formación social por ciertas sendas de su evolución histórica y geográfica.

Para este interesante teórico autodenominado “el urbanista rojo”, es claro que la pandemia actúa sobre un estado de situación donde la acumulación de capital ya estaba en dificultades. Prueba de esto eran los movimientos de protesta de Santiago de Chile a Beirut, que evidenciaban el hecho que el modelo económico dominante no estaba funcionando para la mayoría de la población.

Su análisis presenta el “talón de Aquiles” del modelo neoliberal ya que este descansa de manera creciente en el capital ficticio y en una enorme expansión de la oferta de dinero y creación de deuda.

Con  una  lógica  proveniente  de  la  teoría  económica  marxista  se  pregunta:

¿cómo podría el modelo económico dominante, con su decaída legitimidad y delicada salud, absorber y sobrevivir a los inevitables impactos de lo que podría convertirse en  una  pandemia.              

Para    construir    la    respuesta    introduce correctamente la variable tiempo. Para poder estimar el impacto, la pregunta previa es de cuánto pudiera durar y cual es alcance de la pandemia, pues, como señalaba Marx, la desvalorización de la mercancía no se produce porque no se puedan vender sino porque no se pueden vender a tiempo.

Consecuentemente, desarrolla una impecable mirada dialéctica indicando que el capital modifica las condiciones medioambientales de su propia reproducción de manera que descalifica la condición de “natural” para el virus y la consecuente pandemia: “…Los virus van mutando todo el tiempo, a buen seguro. Pero las circunstancias en las que una mutación se convierte en una amenaza para la vida dependen de acciones humanas…”. De esta manera, concluye que las consecuencias económicas y demográficas de la expansión de la epidemia estriban en las fisuras y vulnerabilidades del modelo económico hegemónico.

El artículo continúa desplegando un nivel de erudición acorde a la condición académica del autor, puesto al servicio de denunciar que las grandes industrias farmacéuticas corporativistas no tienen ningún interés en investigaciones sin ánimos de lucro en enfermedades infecciosas; por lo que las grandes farmacéuticas rara vez invierten en prevención. Su plan de negocios está organizado en la proyección de las curas: “…Cuanto más enfermos estemos, más dinero ganan. La prevención no contribuye al valor para los accionistas…”. En la misma línea se incorpora al análisis las secuelas y continuidad de la crisis económica 2007-8 que intentó ser superada con el incremento de los modos de consumismo a fin de poder revertir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia mediante la reducción del tiempo de facturación. En esta estrategia el negocio del turismo internacional es crucial. Así, los viajes internacionales se han incrementado de 800 a 1.400 millones entre 2010 y 2018. Este recurso de acumulación capitalista esta hoy por hoy estallado.

Posteriormente, Harvey completa su análisis de manera coherente, añadiendo la dimensión de clase en el cuadro; desenmascarando las intenciones siniestras en el discurso ideologizado de que “estamos todos juntos en esto”, retórica recurrente de los gobiernos nacionales. La clase trabajadora contemporánea se enfrenta al monstruoso dilema de contagiarse en nombre de los cuidados y actividades esenciales, mientras una elite asalariada trabaja desde casa y recibe su salario igual que antes y los altos ejecutivos vuelan por ahí en aviones y helicópteros privados, denuncia certeramente el profesor Harvey.

El artículo navega hasta el final más o menos en las mismas aguas de erudición y solvente análisis marxista y casi que hace olvidar su omisión fundamental. La promesa de expresada en el título de exponer una “política anticapitalista” ante la pandemia quedará incumplida, aunque el certero y profundo análisis propuesto por Harvey puede que sea un insumo fundamental para ésta, no encontraremos ni un solo párrafo que remita a una acción o línea de acción para enfrentar al capitalismo en el contexto de pandemia o en un escenario posterior a la misma.

El siguiente artículo es Byung-Chul Han, denominado por algunos como el “filósofo de las redes”, a pesar de que el ensayista surcoreano, experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín, manifiesta no utilizar redes sociales.

Byung Chul Han ha acuñado recientemente los términos de “panóptico digital”, ampliando el concepto de la sociedad de control propuesto hace más de 40 años por Michel Foucault. De acuerdo a esto, ya no existe un ojo vigilante con la capacidad de mirar sin ser visto mientras los moradores de las celdas se saben observados y sin posibilidad de comunicarse entre sí. La iluminación en el mundo digital viene de todos los puntos posibles, cada sujeto observa en calidad de observador/observado, la hipercomunicación como forma de vigilancia y auto vigilancia introyectada se ha hecho ilimitada. Los sujetos del panóptico Foucaultiano se sabían vigilados y eran conscientes de las reglas, mientras los habitantes del panóptico digital se creen en libertad.

Las personas del panóptico represivo se escondían, evitaban y se revelaban ante las reglas y la autoridad, en tanto los sujetos del panóptico digital colaboran de manera activa, motivados por su propia necesidad de exhibicionismo y voyeurismo, hacen de la transparencia su forma de vida. No tienen que esconder sus deseos más abyectos ni asociales, sino que colaboran exhibiendo su intimidad casi de manera compulsiva, porque esta exposición es la que supone valor. Fenómenos como el teletrabajo para Byung-Chul Han implican la introyección, por parte de los explotados, de la dialéctica del amo y esclavo.

Para el filosofó nacido en Corea de Sur, la exposición en las redes sociales definitivamente empuja a la uniformidad y disminuye la libertad de acción, sin tener conciencia nos conducimos a una nueva forma de totalitarismo que toma el nombre de psico política. Mientras la biopolítica como concepto trata los fenómenos de influencia del poder en los cuerpos, la psico política se centra en el moldeamiento de los valores, las creencias, las actitudes y los comportamientos, las ideas, la conciencia, la ética.

De esta manera, se impone el estado de vigilancia rápido, mientras los sistemas contemplativos y de atención profunda, se reducen a espacios específicos. Este estado de contemplación es difícil de alcanzar en el mundo del multitasking y la hiperatención que implica el mundo actual. El sujeto del rendimiento no sufre una explotación externa: es “dueño de sí mismo” y por ende se autoexplota.

El texto compilado de Byung Chul Han data del 22 de marzo y lleva por título “La emergencia viral y el mundo de mañana”, parte de señalar las dificultades de Europa para controlar la epidemia en contraste con el manejo asiático de la crisis. Desde su propio marco de referencia, atribuye que esta disparidad de resultados reside en las ventajas que los estados asiáticos tendrían. Ventajas que residen en una mentalidad autoritaria, que proviene de su tradición cultural (Confucianismo). Esto hace que las personas sean menos renuentes y más obedientes que en Europa, confían más en el Estado, su vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente, etc. Y fundamentalmente, la mirada crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente.

En estas condiciones la eficacia de Asia, según Han, se apoya fuertemente en la vigilancia digital y hasta propone que en el Big Data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia y salvar vidas humanas. Así se presenta una situación particular donde las epidemias no son competencia solo de los virólogos y epidemiólogos, sino principalmente de los informáticos y los especialistas en análisis de datos.

El ejemplo más brutal de la vigilancia, control y persecución digital/estatal es China, donde no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Este nivel extremo de vigilancia se complementa con un sistema de scoring similar a los utilizados en una ficción distópica. El estado controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos. Por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen se le suman puntos. El siniestro mecanismo se consuma con la aplicación de premios y castigos: quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo.

Este nivel vigilancia social es posible porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades.

Como complemento a esto, se utilizan alrededor de 200 millones de cámaras de vigilancia, la mayoría provistas de tecnología de reconocimiento facial dotadas de inteligencia artificial que permiten observar y evaluar todo el tiempo, en todos los lugares, a todos los ciudadanos y, además, medir su temperatura corporal. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas.

Byung Chul Han recurre a uno de sus textos emblemáticos, La sociedad del cansancio, para presentar la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basaba en la negatividad del enemigo. La necesidad de dar vía libre a la circulación del capital, implica una globalización que suprime todos los umbrales inmunitarios. ”Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso  de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva. La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo”. Precisa el profesor de la Universidad de las Artes de Berlín, explicitando su crítica al capitalismo global, la sociedad del trabajo, las tecnologías de información y comunicación y la hipertransparencia.

El autor del artículo ¿Por qué hoy no es posible la revolución? encara en la última parte de su ensayo una polémica previsible con Slavov Zizek (ya reseñado en las páginas previas) partiendo de arriesgar la posibilidad de que la crisis abierta por el virus sea en realidad la antesala de una crisis mucho mayor.

Desde un pesimismo analítico pronostica la exportación de un dispositivo de control policial digital chino a occidente y, contrariando el diagnostico de golpe mortal al capitalismo que Zizek, hace su artículo postulando la continuidad del sistema con más vigor que antes. En esa misma dirección, explícitamente coincide con Agamben (ya reseñado) en la posibilidad de un giro autoritario que generalice el Estado de Excepción.

Al final, en un alegato bastante persuasivo indica correctamente que “…El virus no vencerá al capitalismo…”. Ya que la tarea revolucionaria no puede residir en un agente infeccioso microscópico y las medidas distanciamiento social lejos están de generar las condiciones para pensar una sociedad más justa.

Este lúcido filósofo concluye en un cierre casi pomposo, utilizando tipografía en mayúscula a modo de recurso enfático (recordemos que en el leguaje virtual  las mayúsculas significan grito), asignando a la genérica entidad de las PERSONAS la tarea de repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, para salvarnos a nosotros, al clima y al planeta.

Hacia el final de la compilación un interesante artículo del filósofo transgénero Paul B Preciado cierra la selección reivindicando el legado de Michel Foucault en tanto sus elaboraciones teóricas se encuentran las nociones más eficaces “…para pensar la gestión política de la epidemia que, en medio del pánico y la desinformación, se vuelven tan útiles como una buena mascarilla cognitiva”.

Centralmente rescata la noción de biopolítica como la más importante en tanto “…no hay política que no sea una política de los cuerpos”.

Preciado sostiene que toda la producción de Foucault podría pensarse como un estudio histórico de los dispositivos y la tecnología través de las que el poder tramita la vida y la muerte.

En una extrema coherencia con el método Foucaultiano el texto titulado “Aprendiendo del virus” presenta un profuso recorrido histórico analítico que revisa algunas de las epidemias mundiales de los cinco últimos siglos bajo la mirada propuesta por Michel Foucault, Roberto Espósito y Emily Martin para expresar creativamente la ecuación: “… dime cómo tu comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus epidemias y cómo las afrontarás”.

Su escrito ilustrado, profundo y de gran riqueza teórica señala los cambios que la irrupción de la pandemia ha operado, indicando que asistimos a un nuevo modo de entender la soberanía en un contexto en el que la identidad sexual y racial (ejes de la segmentación política del mundo patriarco-colonial hasta ahora) están siendo desarticuladas por los modos de gestión del virus.

El filósofo, discípulo de Jacques Derrida, apoyado en un importante recorrido teórico pero centrado en las elaboraciones de Foucault y continuadores, acuña el axioma de que las distintas estrategias que los distintos países han tomado frente a la pandemia muestran dos tipos de tecnologías biopolíticas totalmente distintas.

La primera es la que se utiliza en Italia, España y Francia, donde se aplican medidas estrictamente disciplinarias, semejantes a las utilizadas clásicamente contra la peste: el confinamiento domiciliario de la totalidad de la población.

La segunda estrategia postulada por Preciado es la utilizada por Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong-Kong, Japón e Israel que claramente es una innovación en biopolitica: utilizando las técnicas farmacopornográficas de biovigilancia, mediante la detección individual del virus utilizando gran cantidad de tests y de la vigilancia digital constante y estricta de los enfermos a través de sus propios dispositivos móviles.

Las consecuencias de esta nueva tecnología de control es que el domicilio personal (no el hospital, fábrica, prisión o el colegio) aparece ahora como el nuevo centro de producción, consumo y control biopolítico.

Condicionado por su marco de referencia teórico, pero visualizando la oportunidad abierta para una praxis subversiva –a la que Preciado adscribe en condición de militante- cierra su ensayo con una suerte de manifiesto programático, convocando a reapropiarnos críticamente de las técnicas de biopolíticas y de sus dispositivos farmacopornográficos. Propone partir de cambiar la relación de nuestros cuerpos con los artefactos de biovigilancia y biocontrol. Esto en base a una suerte de rearme intelectual mediante el estudio de las tradiciones de lucha y resistencia: “Hagamos el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos la revolución que viene”, concluye con prosa profética.

Tal como dije en el principio de este ensayo he optado por reseñar sólo a alguno/as (No a todos) de los 15 compilado/as a los fines de abordar algunas ideas centrales que, desde mi parecer, pueden colaborar con los debates presentes y futuros que la irrupción de la pandemia genera.

A modo de cierre. Pandemia de la filosofía

El juego de palabras utilizado en el título de este ensayo remite al escrito de Karl Marx publicado durante su exilio en París y Bruselas en 1847. En ese texto Marx critica los argumentos económicos y filosóficos expuestos por Pierre- Joseph Proudhon en su libro Filosofía de la miseria.

Con un estilo agresivo e irónico al borde del sarcasmo, Marx ilustra con la mayor amplitud el papel histórico y los objetivos de la lucha de clase del proletariado. Marx señala firmemente que Proudhon no comprendió ni remotamente el papel y la importancia del proletariado en la sociedad contemporánea “ven en la miseria solamente la miseria, sin notar su lado revolucionario, subversivo, el lado que derrocará a la vieja sociedad”.

Marx señala la explotación del trabajo por el capital como la auténtica causa de la miseria de las masas populares, de la opresión y de la pobreza de lo/as trabajadores en particular y de la sociedad en general. Pero en el seno de la propia sociedad capitalista, crece, se organiza, se forja y se templa una nueva clase, el proletariado, el sepulturero del capitalismo y creador de la nueva sociedad.

En el cierre del texto Marx recurre a una cita de George Sand para expresar lo que quizás sea su cuestionamiento más fuerte a las conclusiones que puedan derivarse del texto de Proudhon. Conclusiones que implicarían la inacción política revolucionaria y para Marx es claro que, en vísperas de cada reconstrucción general de la sociedad, la última palabra de la ciencia social será: “El combate o la muerte, la lucha sangrienta o la nada. Es así cómo se plantea inexorablemente cuestión”.

La inédita situación abierta con la pandemia del Coronavirus tuvo como detonante al coronavirus. El virus se transformó en el gatillo que disparó una crisis económica que se ya preparaba como una tormenta perfecta. Desnudó las consecuencias de las políticas de austeridad, la desigualdad creciente, la desarticulación de la salud y los servicios públicos.

Antes de la pandemia, el estallido de la crisis era una cuestión de tiempo. Las causas deben rastrearse en la propia dinámica del sistema capitalista en general, y en las políticas impulsadas por los Estados luego de la crisis del 2008 en particular. Crisis que puso en evidencia la tendencia estructural a la caída de la tasa de ganancia y, consecuentemente, la sobreacumulación de capital que condujo a la creación de una burbuja financiera que finalmente explotó.

La crisis económica consecuente de la pandemia ha propinado un gran golpe a la globalización y al orden mundial basado en la hegemonía norteamericana con sus instituciones internacionales y equilibrios geopolíticos. Esta nueva situación generará mayor inestabilidad y tensiones políticas en el mundo.

Como han referido varios de los reseñados, la pandemia actúa en un mundo donde las y los trabajadores de varios países vienen dando formidables callejeros combates contra la desigualdad estructural, el aumento de la pobreza y la injusticia.

Cualquier pronóstico cerrado de la dinámica y los escenarios posibles a partir del acontecimiento pandemia, rozará la charlatanería y ganará un lugar en las elaboraciones desechadas por su falta de seriedad.

Nada está dicho ni definido, pero lo que se diga en estos tiempos más que nunca recibirá -mucho más temprano de lo que estábamos acostumbrados- el rigor del juicio de la historia.

Parafraseando a Marx lo/as explotados, lo/as oprimidos tendrán, más que nunca, en la filosofía sus armas intelectuales en tanto sujetos de los procesos históricos. Y esto quizás escape a los propios filósofos.