Editorial de Cele Fierro: La cuadratura del círculo

La editorial de hoy se llama, la cuadratura del círculo. Aunque también se podría llamar la quinta pata del gato u otra variante. En realidad, hoy quería hablar de economía. De eso que parece ciencia oculta, que opinólogos de traje y corbata explican difícil en la tele, y que es como una especie de cofre con todos los secretos de la vida. En realidad, esa forma oscura de presentar la producción social, del trabajo, del consumo, de cómo se reparte todo, de quién decide y quiénes se benefician o quiénes se perjudican, es una estrategia para confundir, para manipular, para hacer “sarasa” como dijo el ministro Guzmán.

🔺 Editorial de #DarVueltaTodo: Economía sin traje ni corbata

Economía sin traje ni corbataDesmitificar, aclarar, dejar de sarasear. Barrer con esa forma oscura de presentar a la economía como una ciencia inalcanzable para la mayoría. De eso hablamos en la editorial de #DarVueltaTodo: las perspectivas de la situación económica del país.

Posted by Cele Fierro on Tuesday, September 29, 2020

Saquemos de debate al macrismo, corramos a los impresentables que hundieron todo durante 4 años. Y obvio, por lo menos esta vez, no vamos a polemizar con esa especie de versión bizarra del capitalismo neoliberal que son Espert o Milei. Hoy no es con ellos el asunto. Es con el oficialismo gobernante, con su visión y perspectiva de la economía.

Se supone que estamos frente a una propuesta que dice que reivindica el “Estado presente” como estímulo del consumo, para aumentar por esa vía la producción y entonces fortalecer el mercado interno y así, un circuito llamémosle “virtuoso” de la economía. Es de forma simplificada, la visión keynesiana de un capitalismo “social”, “humano”, “popular”.

Sin embargo, ese planteo, esa orientación necesita recursos. Las únicas veces que de forma absolutamente excepcional y transitoria, que se aplicó algo parecido en nuestro país, tuvo que ver con coyunturas internacionales del capitalismo que “derramaron” en el país: por ejemplo, el viento de cola de la 2° guerra mundial, o bien por supuesto –salvando las distancias- en 2003, con el primer gobierno kirchnerista, a partir de precios récord de la soja por la “locomotora china”, la devaluación del 400 % del “bombero Duhalde” y la medida soberana que impuso la valentía de la movilización en 2001 y no la cobardía endémica de toda la política tradicional: y fue el no pago de la deuda. Es decir: soja a 615 dólares, abaratamiento del salario en 400 % y no pago de la deuda, fueron las 3 claves del “milagro” de la recuperación K.

Como se ve, todos factores externos o bien, los internos –devaluación- fue una expropiación al revés, reaccionaria, al bolsillo popular y el “default soberano”, lo impuso el “qué se vayan todos”.

¿Adónde quiero ir? Que hoy no existen ninguna de esas condiciones, que la perspectiva de la economía mundial según pronósticos del FMI, del BM, es: “dificultades en el horizonte para la inversión y en especial para Argentina y la región”.

No voy a aburrir con mil datos, pero doy los más importantes podría decir:

19 % de desocupación, pero no se cuenta la gente que por el COVID no está buscando. Según el INDEC si se contara eso, el dato de desempleo sería del 30 %; La pobreza es de más del 50 %; La caída de actividad económica del 2° trimestre del año, casi 20 %. Superior a los 2 primeros trimestres del 2002, en medio de la bancarrota nacional.

Obviamente, el reclamo de la enfermería por reconocimiento como profesional, por sus condiciones de trabajo que terminó con represión, o la lucha de las y los trabajadores de LATAM o las tomas de Guernica, no son un invento de la nada: son el emergente de una situación de derrumbe vertical para los de abajo, para los que viven de su salario, de su esfuerzo. No de los parásitos del trabajo de los otros, es decir, de los grandes empresarios.

Y entonces, acá la economía se empieza a abrazar con la política, es decir, la mano se hace “visible” con las decisiones concretas. Y la voluntad de los proyectos que conducen la sociedad se vuelven fundamentales.

Primero: ¿a quiénes hay que rescatar en esta debacle? ¿a los bancos privados, a las corporaciones fugadores de dólares o a la gente que trabaja, a la que no tiene techo, a las y los esenciales en serio? Se necesita plata, recursos ¿Dónde están? ¿Son los 200 dólares por mes que compra la clase media-media, el asalariado que por esa vía se cubre del deterioro de su ingreso porque no lo hacen sus dirigentes sindicales luchando por ejemplo por paritarias?

Segundo: ¿Ante semejante crisis, no se necesita un programa integral de emergencia? ¿No hay que trazar medidas a partir de beneficiar a los que menos espaldas tienen bajo el capitalismo: trabajadores, sectores medios, informales, precarios?

Y tercero: ¿existen esas medidas por fuera del manual de uso de neoliberales privatistas y ajustadores, y keynesianos sin plata, sin viento de cola?

Y entonces, llegamos al nudo de esta editorial: recuperación, reactivación sin plata, sin tocar intereses, sin definir políticamente que la prioridad es la gente que trabaja, es como “la cuadratura del círculo”: no existe, es la utopía más inconsistente del mundo.

Veamos.

El cepo a la compra de dólares a los sectores medios tiene como propósito impedir el vaciamiento de las reservas. Ahora bien: ¿Ustedes sabían que el Banco Central tiene el registro de las grandes empresas que compraron dólares baratos todo el año para fugarlos? No es más lógico, exigir la repatriación, por ejemplo, de esos dólares (más de 25 mil millones), es decir casi 4 veces las reservas actuales del Tesoro Nacional.

Los bancos privados, que atesoran depósitos de enormes fortunas, porque no les falta “liquidez”, les sobra. ¿No tiene sentido declarar de utilidad pública en la emergencia esa riqueza acumulada para reactivación?

Los sojeros, que tienen “pisados” cerca de 7 mil millones de dólares de cosechas que no liquidan, guardadas en las famosas silo-bolsas, ¿No hay que emplazarlos a que las liquiden de forma urgente y sino, también declararlas de utilidad social y hacerlo con intervención estatal?

La sequía de reservas obedece también a gastos en dólares que el Estado no controla, importaciones de corporaciones y sectores de altos ingresos. ¿No tiene que el Estado asumir la administración directa del comercio exterior y definir qué se exporta y qué se importa?

Más todavía: ¿no era que el acuerdo con los bonistas tranquilizaba al “mercado”? ¿no era que el operativo seducción de ese acuerdo de miles de millones de dólares despejaba el horizonte? ¿Por qué entonces a los bonistas se les libera dólares urgente y a los sectores medios se les bloquea comprar 200 por mes? ¿No es ridículo, no es injusto?

¿Y encima ahora arranca una negociación con el FMI para pagar deuda? ¿No es una medida elemental desconocer esa deuda, investigar y declarar de forma unilateral una moratoria?

Todas estas medidas –repatriación de fondos de empresas, los fugadores, estatización del sistema financiero, del comercio exterior, el no-pago de la deuda e incluso un impuesto real a las grandes fortunas corporativas, son medidas elementales, de crisis, posibles, necesarias y urgentes.

¿Saben qué hace falta? Decisión política, coraje y confianza la movilización y empoderamiento de los sectores mayoritarios a los cuales favorecería.

Si en lugar de criminalizar a las tomas, hubiera un gobierno que dijera: “miren, declaramos la emergencia habitacional. Tierra para vivir y un masivo plan de obras públicas en base a un impuesto permanente a la riquezas corporativas”. ¿Saben cuáles serían los efectos? 1) reactivación económica por la construcción masiva y 2) apoyo masivo y popular de millones de trabajadores a quienes se les va la vida en alquileres o que incluso nos les queda otra que ocupar.

¿Y si definiera como prioridad a los esenciales en serio? ¿Y si el personal de salud recibiera reconocimiento profesional, salario equivalente a la canasta, jornada de 6 horas? ¿No apoyaría masivamente al poder político que se anime a hacerlo?

Así, podríamos repasar cada punto. Lo que ocurre es que transitamos un cambio enorme en la etapa del mundo y del país. El capitalismo está en descomposición y no va a morir solo: antes, nos va a arrastrar a todes.

Este sistema, su “modelo”, no puede asegurar lo básico. Toda esa letra muerta de páginas y páginas que memorizamos en el colegio, de la Constitución y todo eso, no se puede asegurar sin suprimir privilegios de corporaciones, banqueros y grandes propietarios. Por eso, luchar por vivienda, trabajo, salario e incluso por democracia de verdad, sin palos, sin casta política, lleva a cuestionar la gran propiedad privada de los bancos, terratenientes, de enormes empresas. Lleva a cuestionar el capitalismo, hay que decirlo. Por eso, ser socialistas en esta situación, es casi una consecuencia lógica de defender los derechos de la clase obrera, de los sectores populares, medios arruinados, de las y los precarizados, de la juventud, de las mujeres, de los desocupados.

No hay vueltas: los socialistas, la izquierda que no se conforma con ser “los que protestan”, sino los que como nosotres queremos gobernar, ser un proyecto masivo, tenemos que explicar una y otra vez, que medidas para rescatar a la mayoría hay, pero la clave es que para hacerlo hay que pasarle por arriba al 1 % que tiene todo, las riquezas y el poder político completamente agarrado. El cielo se toma por asalto, sin pedir permiso.

La izquierda, los socialistas, tenemos este desafío: ser un proyecto masivo y dar una salida de poder para que, de una vez, las vidas que importen sean las nuestras.