La educación como negocio, también en tiempos de coronavirus

 

En el ámbito privado, la educación siempre ha sido un negocio y eso no es una ninguna novedad. Ya sea que hablemos de la mayoría de las instituciones subvencionadas por el Estado o de las minoritarias que no, todas ellas con la premisa de que las familias de sus alumnes son sus clientes, han actuado siempre en consecuencia a ese pilar, y se alejan muchas veces de lo pedagógico que debería ser lo fundante de cualquier institución educativa.

En estos tiempos de COVID-19 no se podía esperar otra cosa más, que saliera a la luz su perfil empresarial. Pero ¿por qué afirmamos esto? Porque hay muchísimos ejemplos que fundamentan esta aseveración y pasaremos a detallarlos.

Las clases no presenciales en el ámbito privado, suelen sobrecargar a su alumnado, con el fin de que las familias no dejen de pagar su cuota, y no soliciten ningún descuento. De esta manera, suponiendo un fin educativo, el resultado es una sobre-exigencia a les estudiantes en todos los niveles educativos, una sobrecarga para sus familias y también para sus docentes sobre-explotades.

Es decir, para sostener un supuesto nivel educativo, solicitan a sus docentes que envíen muchas propuestas para justificar su cuota.

 

La educación inicial como agravamiento de estas políticas

 

En el caso de los “jardines maternales” privados, esta situación se hace muy evidente. Cabe aclarar que allí, aunque algunes asisten por decisiones particulares de sus familias, la gran mayoría lo hace por la baja cantidad de vacantes de 0 a 2 años en el sistema público. Muchas familias, que seguramente hubieran elegido la escuela pública, no lo han podido hacer por no haber conseguido lugar en ella.

Además, cabe aclarar que sólo son obligatorias las salas de 4 y 5 en el Nivel Inicial, por lo cual su reclamo suele quedar en la nada o les sugieren, en nuestra Ciudad de Buenos Aires, inscribirse en los Centros de Primera Infancia (C.P.I.). Los C.P.I. dependen del área de Desarrollo Social, con personal precarizado que no necesariamente es docente, con accesos dudosos al cargo, por fuera del sistema educativo y por fuera del Estatuto. Muchas veces son monotributistas e incluso, en ocasiones, con contratos que cubren sólo el ciclo lectivo.

En síntesis, en los Centros de Primera Infancia no está totalmente garantizada la educación de les niñes que allí asisten. De hecho, en la página del gobierno de la Ciudad se los define como «establecimientos creados con el objetivo de promover el desarrollo saludable de les niñes de 45 días a 3 años».

Lo mismo sucede con los programas socio educativos, como los Espacios Educativos de Primera Infancia, que si bien pertenecen al ministerio de Educación y no de Desarrollo Social, también sufren la desidia del Estado, ya que además de ser programas que están precarizados, cuentan con la mayoría de su personal como monotributista y a la docencia que forma parte de este proyecto, no se les cuenta la antigüedad.

Cabe agregar que el G.C.A.B.A., fomenta dichas instituciones sin invertir en Escuelas Infantiles que contemplen al Nivel Inicial en su totalidad. Desde los actores comprometidos con dicho Nivel, siempre se solicita la creación de los mismos, con su consecuente creación de cargos docentes, para abarcar esa demanda de familias que no obtienen respuesta, y para garantizar de hecho el derecho de la primera infancia a recibir educación gratuita y de calidad.

Con esta realidad compleja, los jardines maternales privados, suelen no estar subvencionados por el Estado, y ante la crisis real de la pandemia, comienzan a perder a sus “clientes”. Es decir, las familias deciden dejar de pagar la cuota, ya que no es obligatoria la educación en esas edades. Por lo tanto, esas instituciones pierden parte de su alumnado, y comienzan a aducir tener dificultades para abonar los sueldos en tiempo y forma a sus empleades. Claro está, que ahora hablan de esos problemas, pero no muestran cuáles fueron sus enormes ganancias en todos los años anteriores.

En una entrevista, una dueña de un jardín privado negaba sus ganancias, aduciendo que el 85% de su recaudación se destina a salarios, cuando la totalidad de quienes trabajamos en jardines privados sabemos que con la cuota de 3 niñes de la sala les alcanza para pagarnos el salario, y que el personal no docente en esas escuelas es escaso.

En algunos de estos jardines, sus docentes han realizado grandes esfuerzos por retener a ese alumnado, que recién estaba iniciando el ciclo lectivo, y también han viralizado su problemática a través de redes sociales con videos realizados por elles, narrando su difícil situación. Creemos que, en este punto, convergen muchas problemáticas, pero que responden a políticas educativas que no se involucran con lo que sucede en el rango etario de 0 a 3 años, por estar afuera de la educación obligatoria en nuestro país.

 

Pero la precarización está en todos los niveles

 

Ahora pasemos a las escuelas privadas, subvencionadas, que en este mes han comenzado a pagar en cuotas o reduciendo salarios a su personal docente y no docente. Estas instituciones no han perdido ingresos, ya que las familias siguen pagando su cuota en tiempo en forma. Y si hubieran aplicado alguna excepción, descuento, o hubieran perdido a alguno de sus “clientes”, esto no justificaría la reducción o el ajuste de sueldos, que ya estarían cubiertos con lo que les otorga el Estado en su subvención, sumado a los ingresos de las cuotas.

En estas instituciones se le solicita al personal que tenga “paciencia”, que continúe con sus clases presenciales, que no cambie nada. Pero el hambre y los vencimientos de las facturas y alquileres no tienen paciencia. Por eso, se hace fundamental que les docentes comiencen a organizarse para reclamar lo que les corresponde. Organizándose, visibilizando y viralizando su problemática, denunciando a las instituciones que están incumpliendo con el pago del salario, empezando a plantearse un paro virtual, explicándole a las familias que continúan abonando desconociendo los negociados y explotación hacia les empleades, que ejerce esa institución elegida para educar a sus hijes. Así, tales docentes podrán unirse y pensar un plan de lucha conjunto ante este atropello.

Creemos que es fundamental visibilizar la realidad docente y educativa en tiempos de pandemia, para seguir reflexionando acerca de las políticas educativas en general.

Los dueños de la educación privada se encuentran haciendo campaña, explicando que la solución a esta situación es que el Estado les otorgue un subsidio. Nosotres tenemos otra propuesta. Creemos que, si la educación fuera universal, laica y gratuita, y no existieran las escuelas de gestión privada, todes accederían a sus vacantes, sea obligatorio o no en su edad, todes les docentes serían personal idóneo elegides por concurso, con formación, y no a criterio de sus dueños.

Todes les docentes tendríamos los mismos derechos y deberes, sin precarización laboral o contratos a corto plazo. Y que debería hacerse entonces un proyecto para que el Estado absorba a todas estas Instituciones y sus trabajadores y matrícula, poniéndolas a funcionar bajo la órbita del Estado.

También creemos que se debe dejar de subvencionar a los cultos religiosos y ese dinero sería parte del presupuesto educativo para todes. Además, y volviendo a la realidad de hoy, las plataformas o clases virtuales serían menos heterogéneas entre el ámbito público y el privado.

Que este tiempo de crisis nos sirva para seguir reflexionando sobre la educación y las desigualdades de oportunidades, y nos permita actuar en consecuencia ahora y cuando volvamos a las aulas, organizándonos para cambiar de raíz un sistema educativo que cada día pone más en evidencia que ya no sirve.

 

Silvana Morillas

Docente de Inicial, CABA